No es que las navidades sean para mí unas fiestas especiales. Mas bien todo lo contrario, no me gusta nada eso del buen rollo institucionalizado y el tener que estar feliz por decreto, este año menos aun donde estoy de cualquier manera menos feliz (por no decir muy triste y desilusionado).
Pero bueno, a pesar de todo, desde hace muchos años si mantengo como costumbre, salvo algún caso excepcional el salir en bici el día de navidad. No soy muy de salir y desparramar la Nochebuena así que tampoco me cuesta demasiado mantener esta tradición.
Habitualmente en Nochebuena suelo estar por el pueblo, Torrecilla del Pinar, una pequeña localidad del norte de la provincia de Segovia, por lo que mis rutas navideñas transcurren por estas tierras con el denominador común del intenso frío, la soledad de las carreteras y muchos kilómetros por delante.
Este año tal como venia pintando la semana en lo climatológico ya lo veía complicado, pero un año más el día de navidad ha amanecido con ese sol de invierno que apenas calienta el ambiente pero si te alegra un poco el ánimo. Así que no lo he dudado y me he enfundado en lycra buscando minimizar los excesos culinarios de la noche anterior, aparte de cumplir con el entrenamiento.
La verdad que tampoco tenía planificada ninguna ruta, así que he salido a improvisar, de hecho he salido con idea de tirar en dirección norte hacia Peñafiel, pero a los pocos kilómetros, viendo por donde venía el escaso aire que soplaba, he decidido al llegar a Hontalbilla continuar hacia el sur camino de Segovia.
Desde aquí, transitando por buenas carreteras y siempre con la premisa de mantener ritmos aeróbicos. Hace un intenso frío aunque mitigado por el agradable solecito. Si algo caracteriza estas jornadas es la soledad más absoluta. Atraviesas los pequeños pueblos sumidos en su letargo invernal, nadie por las calles, ningún coche por las carreteras, solo el rumor de la transmisión de la bicicleta rompe el silencio mientras vas sumando kilómetros.
Tras cruzar Hontalbilla continuamos dirección Segovia hacia la cercana localidad de Lastras. De aquí, nos introducimos de lleno en la conocida como Tierra de Pinares mientras nuestro rodar nos hace atravesar el rio Cega camino de la villa sinodal de Aguilafuente.
El tránsito por este pueblo rompe un poco la monotonía del rodar con su travesía adoquinada. A estas alturas no os voy a ocultar lo que me encantan estos tramos, vestigio de un ciclismo de otra época donde la épica rodeaba a este deporte.
Continuamos siguiendo como referencia las indicaciones hacia Segovia y dirigirnos hacia el valle del río Pirón, hasta alcanzar un cruce donde podemos elegir entre continuar hacia Segovia, a la derecha a Cantimpalos y a la izquierda Pinillos de Polendos, que será la opción que elijamos.
Nos encontramos ahora en una carretera pestosa en continuo sube y baja donde la sensación de soledad se acentúa mas aun si cabe. A los pocos kilómetros tras atravesar Cabañas de Polendos llegamos a un nuevo desvío donde decido continuar hacia la izquierda siguiendo las indicaciones que me mandan hacia la N-110, ya que me encuentro en un terreno completamente desconocido para mí y más o menos voy orientándome por la referencia de la sierra al sur.
Esta nueva carretera es aun más pestosa que la anterior, pero sin embargo la belleza de la misma es enorme. Apenas un estrecho carril con espacio justo para un coche, asfalto rugoso y continuas curvas y sube y baja, rodeado por una frondosa vegetación que en algunos tramos crea un túnel natural sobre la carretera. Podríamos estar en las Ardenas, pienso, mientras recuerdos de Lieja acuden a mi cabeza. Es lo malo de estas rutas tan largas y a este ritmo tan asequible. Te da mucho tiempo a darle vueltas a la cabeza.
Continuando con el recorrido, aparezco en la N-110 en las proximidades de Segovia y decido girar a la izquierda hacia Torrecaballeros para desde ahí encontrar alguna carretera que me lleve de vuelta. Dicho y hecho, según atravieso Torrecaballeros veo un cartel que me indica hacía Turegano. Nuevamente nos volvemos a encontrar en un tramo sube y baja que nos va a devolver hacia el valle del río Pirón, aunque esta vez, con un asfalto exquisito. Muchas veces había escuchado en las retransmisiones de TVE a Perico hablar de estas carreterillas, planteándolas como una buena encerrona. La verdad que tiene toda la razón. El terreno es infernal, constantes repechos y carreteras reviradas. Terreno de clásicas. Finalmente abandonamos esta zona de presierra para regresar a la llanura según nos acercamos a Turegano, que ya se adivina en el horizonte con la inconfundible silueta de su castillo. Hacía años que no pasaba por aquí.
Ya desde aquí es terreno conocido aunque todavía queda un trecho y el tiempo está cambiando. El viento es más intenso y ha rolado, dificultando ahora el avance, aparte que el día se ha ido estropeando con el paso de las horas y hace bastante frío. Me dirijo hacia Cantalejo para desde ahí concluir el bucle por la carretera que lleva hacia Cuellar y que a mitad de camino me devuelve al pueblo.
Nada menos que 120 kms que sumar a la agenda de entrenamientos. Por lo menos parece que vamos a salvar esta semana tan nefasta. Otro día más.






7 comentarios hasta ahora
1 Luis R. // Dic 26, 2009 a las 22:30
Buena crónica Sergio. A ver si organizas alguna “ruta trampa” por allí y aprovechamos para conocer la zona.
2 DANDY // Dic 28, 2009 a las 10:05
Bien aprovechado, yo sólo he podido correr un poquito y todavía tengo agujetas asi que…
3 Neuro // Dic 28, 2009 a las 12:59
Buena ruta y buena cronica.
A ver si me quito las telarañas y la repetimos algun dia.
Mucho animo, hablamos
4 pablobueno // Dic 29, 2009 a las 11:12
Qué poco originales son/somos algunos a la hora de seleccionar rutas de entrenamiento, con la infinidad de posibilidades que plantea nuestra geografía. ¿Será porque todavía hay quien sólo ha entendido lo de “ciclo” y se le ha quedado en el tintero lo de “turismo”?.
Buena crónica para finalizar 2009, que empieces igual de creativo la nueva década Sergio.
5 Manuel // Ene 2, 2010 a las 18:51
¡Qué envidia!
Pero para hacer rutas nuevas hay que meter la bici en el coche… y eso es un derroche.
“Cuando una puerta se cierra, siempre hay otra se abre”
6 Manuel // Ene 2, 2010 a las 18:52
Perdón, quise escribir:
“Cuando una puerta se cierra, siempre hay otra que se abre”
7 ali naveros // Ene 13, 2010 a las 15:11
eres una pena…Escribes como si fueras un profesional y solo vales pa tirar de Frances…
Que si tu entrenador, que si vales para no se que en las carreras de mountain, que si ya tienes el power tap…Relajate, hijo
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