Siempre es un placer regresar a estas tierras. La hospitalidad con que siempre se nos trata, los idílicos paisajes para la práctica del ciclismo y como no, un buen montón de duros puertos que ascender. Ingredientes perfectos para disfrutar una maravillosa jornada haciendo lo que más nos gusta.
Tras no poder acudir la temporada pasada a esta marcha por coincidir con la Luchon-Bayona, ya echaba de menos volver a encontrarme con mis puertos favoritos del Pirineo. Especialmente con el gran coloso Larrau con el que siempre he mantenido una relación amor-odio. Así que el viernes, nada más salir de la redacción encaré rumbo hacia Ochagavia por unas carreteras que prácticamente hago con los ojos cerrados.
Ya os lo iba comentando en anteriores entradas así que no vamos a posponerlo más que luego se me acumulan los temas. Pues si. Esta vez me ha salido esa marcha que llevaba buscando tanto tiempo. Ese día que te sientes poderoso, que das todo sobre la bici, sufriendo al máximo pero con esa sensación de “dolor placentero” (ya sabemos que los ciclistas somos un poco masocas) y además, en la que hoy por hoy es mi marcha preferida del calendario. Esperemos que siga manteniendo ese espíritu, ese trato hacia el ciclista, esa organización, ese recorrido durísimo que ya de por sí supone un reto y ese buen hacer en general y no le ocurra como a alguna otra marcha del calendario.
