Parece mentira, seis participaciones ya. Qué lejos queda aquel año 2004 en que conocíamos por primera vez esta propuesta que desde Urzainki, un pequeño pueblo del valle del Roncal nos hacía Biktor, el alma mater de este proyecto que con el paso de los años se ha ido consolidando y cobrando fuerza.
Para el que no conozca lo que es Pirenaica, podríamos resumirlo en que son las vacaciones perfectas para cualquiera de los que adoramos la bici. 6 días en el bello marco de los pirineos recorriendo desde los puertos más míticos hasta recónditos descubrimientos. Rodeados de otro buen montón de locos como nosotros, sin prisas, sin clasificaciones, simplemente disfrutando de la bici junto a otros y no contra ellos como reza el lema de esta prueba y con una organización exquisita, constantemente volcada en cada uno de los que participamos donde muchas veces se difumina esa fina línea entre organizador y participante ya que ellos son los primeros en mostrar una pasión plena por este evento y así nos consiguen contagiar a cada uno de los que año tras año no dudamos en repetir.
No me apetece hacer esta vez una crónica detallada como las que estilo. Ya hay unas cuantas de ediciones anteriores colgadas en la web de Pirenaica donde podéis encontrar los recorridos descritos al milímetro. Es difícil decir algo nuevo sobre unos puertos que en muchos casos para mí son casi como el pasillo de casa y se pierde esa frescura de la sorpresa. Sin embargo continúo acudiendo a Pirenaica ¿Por qué? Sin duda por el aspecto humano. Año tras año hemos ido coincidiendo unos y otros, personas que solo ves unas pocas veces al año, aquí y en alguna marcha por ahí que se coincide pero con las que durante Pirenaica estableces un fuerte vinculo. Aunque no me guste usar este término, es como una especie de gran familia.
La edición de este año constaba de seis etapas, teniendo como punto de inicio el Val de Aran donde llegaríamos tras un largo viaje en autobús que nos ocupó la mañana del lunes. Antes de eso, el recibimiento en Urzainki donde una vez mas Biktor nos deja bien clarito a todos la filosofía de esta marcha. No es competitivo, se trata de recorrer kilómetros junto a otros, no contra otros. Durante el transcurso de las etapas, el desarrollo es siempre el mismo. A las 8 desayunamos en el hotel y a las 9 iniciamos el recorrido, etapas en torno a 100-130 kms, con una buena cifra de desnivel acumulado y donde el llano brilla por su ausencia. Durante el ascenso a los puertos cada uno sube a su ritmo, unos a fuego buscando el disfrute que proporciona el esfuerzo, otros haciendo grupeta a buen ritmo, algunos entre agradable charleta y también los hay quienes, con una forma más justa, afrontan cada subida como un durísimo reto de superación. Si algo caracteriza a Pirenaica es que todo el mundo y todos los niveles tienen cabida ya que además las etapas suelen incluir algunos puertos que por su localización son calificados como opcionales, aunque claro está todos queremos subir todo. Arriba los camiones de apoyo nos esperan con las puertas abiertas, con abundante avituallamiento tanto solido como liquido. El objetivo es que cada uno de los participantes se sienta mimado.
Volviendo a Vielha, tras aposentarnos en el hotel, nos vestimos de ciclistas para afrontar la que será la primera etapa de esta edición. Una etapa cortita más que nada para soltar piernas después del largo viaje en la que ascenderemos al Pla de Beret. Después del largo invierno parece que esta semana vamos a tener suerte con la climatología y los pirineos nos reciben con un excelente clima que nos permite disfrutar de pleno esta primera ascensión que por otra parte, no tiene nada digno de mención. Tendida, por carretera ancha y en buen estado. Un puerto ideal como digo para soltar piernas entre agradable conversación.
A la mañana siguiente podemos decir que empieza de verdad el cotarro. Sobre el papel podría parecer una etapa sencilla entre Vielha y Luchon, localidades distantes apenas una treintena de kilómetros. Sin embargo el menú es mucho más jugoso. De salida, a fin de evitar la concurrida carretera que por el fondo del valle conduce a Francia, ascenderemos el col de Arres, una pequeña trampa de esas que suelen pasar desapercibidas, pero que en sus primeros kilómetros nos maltrata con unas duras rampas, pero que durante el ascenso, ganando progresivamente altura nos ofrece unas magnificas panorámicas. Desde aquí, descendemos por una estrecha y revirada carretera, que queda apuntada como posible ascensión para futuros usos hacia Bossots, donde, tras apenas 200m llanos, iniciamos la subida al Portillón, un puerto que conocí en mi primera pirenaica con el que mantengo una relación de amor-odio. Por aquel entonces, con un estado de forma infinitamente alejado del que tengo ahora, con una bici más pesada y con un desarrollo clásico con plato de 39 dientes, me agarraba un pajarón memorable, hoy soy yo quien marca el ritmo del grupo en los primeros kilómetros de ascenso hasta que los Luises y Gorka deciden dar una vuelta de tuerca al ritmo y explota la grupeta cabecera. Se nota que las fuerzas están enteras y todos con ganas. Por mi parte, hoy me toca esforzarme, el domingo a la vuelta tengo carrera de BTT y el entrenamiento de esta semana dice que hoy y el jueves entrenemos calidad. Llegamos arriba raspando las 12 del mediodía y claro, un 6 de Julio, rodeados de navarros, no podía faltar una botellita de cava para celebrar el chupinazo que da inicio a las fiestas Sanfermineras.
El descenso de este puerto es una delicatesen para los que gustamos de bajar y nos deja en Luchon donde quien quiera puede dar por concluida la etapa. Es para pensárselo ya que el plato fuerte del día viene a continuación. 40 kms de llano nos separan del que quizás sea uno de los puertos más duros de esta edición, puerto que podremos ver en unos días ser ascendido por los profesionales en el tour, el Port de Bales. Ya la aproximación cuando cogemos el desvío hacia el mismo nos va calentando las patas, los primeros kilómetros del mismo te engañan haciéndote creer que va a ser fácil. Carretera estrecha, asfalto francés de este rugoso que dificulta cada pedalada y un entorno opresivo con la densa vegetación envolviéndonos y una alta humedad, maximizada por la niebla que nos va a ir envolviendo a medida que ganemos metros, ponen todos los ingredientes para una subida épica. Gorka tira hacia delante con fuerza y yo me quedo con los Luises, aunque sé que en cuanto empiecen las rampas duras me va a tocar ceder ante estas sílfides. Es lo que tenemos los que gastamos patorras. Se trata de un puerto de esos que van a rampones, tan pronto tienes un descansito como una durísima rampa. Arriba llego con sensación de haberlo dado todo, entre la niebla, intentando arañar cada gota de aire. Es otra forma de disfrutar los puertos, donde más que embelesarte con paisajes lo que haces es sentirlos, como cada variación del terreno se refleja en tus piernas, como el recorrido va encaramándose sinuosamente a la montaña, cada mínimo cambio de pendiente, la rugosidad del asfalto. Ni mejor ni peor, simplemente diferente.
Regresamos a Luchon por la cara opuesta y para finalizar esta durísima etapa solo nos quedaría Superbagneres, puerto que nos tomamos con más tranquilidad después de la dura jornada que llevábamos encima. Nuevamente en la parte alta no podemos disfrutar de las magnificas vistas que se observan desde aquí porque la niebla vuelve a entrar, pero eso sí, la bajada es memorable.
En Luchon rematamos la jornada con unas cervecitas hasta unas horas poco aconsejables para un ciclista que al día siguiente ha de subir puertos, pero bueno, no se nos puede olvidar que esto son vacaciones. Las risas que nos echamos no nos las quita nadie, aunque al día siguiente el Peyresourde nos esté esperando para recordarnos los excesos.
La siguiente etapa nos va a llevar hacia Saint Lary, atravesando los conocidos Peyresourde y Val Louron-Pla de Azet. De postre para rematar la faena ascenderíamos a los lagos de Cap d’Aumar y Cap de Long, unos viejos conocidos que una vez más supondrán la cota máxima a ascender durante esta edición de Pirenaica. Hoy toca jornada tranquila y me dedico a hacer un poco de vida social. Subir los puertos de charleta, en diferentes grupos. Como se ve aquí hay tiempo y momentos para todo tipo de ciclismo. Esta etapa me trae recuerdos ya que en la primera Pirenaica en la que participé se hizo casi exacta. Por aquel entonces incluso menos dura ya que solo ascendíamos al final al Cap de Long. El día es caluroso de verdad, ni siquiera contamos con el alivio que tuvimos en la jornada de ayer del frescor en la cima de los puertos, aunque yo personalmente lo prefiero tras el durísimo invierno con el que nos ha tocado lidiar esta temporada. El remate de la jornada lo tenemos al coronar Cap de Long donde resulta un placer casi indescriptible el llegar a casi 2200m de altitud sentarse al sol en una terracita y disfrutar de una cerveza helada rodeado de las montañas mas agrestes. Que poco hace falta a veces para sentirnos felices. Si encima lo hacemos rodeado de un montón de buena gente como es el caso pues ya no os quiero ni contar. Ah y que no se me olvide, tras la cena, la gran mayoría ansiosos por irnos a buscar un bar donde nos dejamos notar mientras animábamos a la roja en su pase a la final del mundial. Menudo fin de fiesta.
La tercera etapa (bueno en realidad la cuarta) suele ser el punto álgido de la Pirenaica. Un vistazo rápido al recorrido nos descubre el porqué. Es el día donde se asciende el mito, el puerto que todo el mundo sabe reconocer y este año con más razón aun ya que se celebra el centenario de su ascensión. Está claro que hablo del rey de los Pirineos, el Col du Tourmalet. Pero no adelantemos acontecimientos, para llegar ahí antes tenemos que atravesar la montaña. Lo podemos hacer por la vía habitual, la que siempre utiliza el Tour de Francia en sus recorridos, el col de Aspin, puerto aunque bonito, de mucho tráfico y mucho turista, también tenemos la opción de la bellísima Horquette de Ancizan, con sus cerrados bosques por una cara y sus preciosas campas por la opuesta por donde ya hemos transitado en otras ediciones de Pirenaica. Pero, no, esta vez Biktor nos tiene preparada una grata sorpresa. El desconocido col de Beyréde que parte del pueblo homónimo. Quién nos iba a decir que había en este rincón esta perlita escondida. Bueno, vale, yo ya había oído hablar de él en los foros de APM, pero la verdad que desconocía lo que me iba a encontrar y la sorpresa fue una dura ascensión capaz de hacer flaquear las piernas mas avezadas. Un tremendo kilometro en su parte central al 13% de media, pero con un pequeño detalle, que tiene un descansito en su mitad, por lo que os podéis imaginar las rampas que se puede uno llegar a encontrar y claro está, ese asfalto rugoso de gravilla apisonada al que tanto cariño acabamos cogiendo. La subida transcurre por un valle angosto sobre el que se va retorciendo la carretera, primero con una durísima rampa para alcanzar el pueblo y luego una parte inicial suave que para nada indica que unos kilómetros adelante nos vamos a encontrar con lo que he mencionado. De ahí para arriba la dureza se mantiene mientras cambiamos de lado del valle y en su parte final se encarama a la ladera a base de curvas de herradura. Solo el último kilometro nos permite un respiro, ya sin la protección del bosque para alcanzar unos prados que rápidamente aprovechamos para descansar nuestras maltrechas piernas. El pero es que la bajada, hasta que enlazamos con Payole en la carretera del Aspin, es un autentico patatal incluso con algún trozo donde el asfalto ha desaparecido. Menos mal que venimos del mountain bike.
Proseguimos el descenso hacia la pequeña localidad de Ste. Marie de Campan, casi me siento como en casa mientras circulo por estas carreteras. Al fondo a lo lejos y sobre todo muy alto nos vigila imponente el Pic du Midi. A estas horas del día tenemos un calor asfixiante y a la vez muchas ganas de juerga, se prevé subida memorable al Tourmalet. Así que es iniciar los primeros kilómetros tendidos, donde el ritmo se vuelve vivo. Seguimos rodando a plato y viendo unas cifras de potencia que hacen dudar de nuestra cordura ante la larguísima ascensión que queda por delante. Llega el momento en que la cuerda se rompe, la carretera pone a cada uno en su sitio. Luis se va por delante con una facilidad envidiable, yo me quedo con Katxaple marcando un ritmo constante y duro intentando mantener la distancia y Gorka sufre con los cambios de ritmo y se descuelga momentáneamente para coger su ritmo y adelantarnos un poco más adelante y alcanzar a Luis, justo cuando empiezo a echar números, miro la potencia media y la lógica me dice que no voy a ser capaz de aguantar más de una hora a ese ritmo y menos con este calor. Bajo un puntito para subir en mi umbral y me empiezo a encontrar muy cómodo, no sé que tiene este puerto, lo que me puedo llegar a motivar que nunca lo he ascendido con malas sensaciones, siempre he gozado en sus rampas, si encima la carretera que hace tres semanas cuando estuvimos en la Luchon-Bayona era un patatal ahora es una alfombra pues más razón aun para subir con un puntito mas. Hoy es de esos días maravillosos, las piernas van súper, el entorno es perfecto, la situación es la adecuada. Solo por estos escasos momentos merecen la pena todas las penurias pasadas durante el invierno. Apretando los pedales con fuerza, un piñón menos para avanzar unos cientos de metros de pie, nos volvemos a sentar buscando la agilidad mientras los kilómetros van cayendo casi sin enterarnos en una carretera que conoces como el pasillo de tu casa, realmente nos encontramos en el paraíso del ciclista. Alcanzados los túneles de la Mongie afrontamos lo más duro, a lo que tenemos que sumar que abandonamos la protección del bosque sufriendo con toda su fuerza los rigores del sol. El sudor nos inunda mientras vamos apurando el contenido de los bidones y aun quedan 6 duros kilómetros. Mientras tanto vamos adelantando a un larguísimo rosario de ciclistas que siempre pueblan estas míticas rampas, haga frío o calor, llueva o no se vea a dos metros por la niebla, desde que a mediados de mayo reabren la carretera tras los duros inviernos hasta que comienzan de nuevo las nieves, todos y cada uno de los días una marea de ciclistas transita por estas carreteras. ¿Por qué? Simplemente porque es el Tourmalet. No se puede explicar con palabras lo que se siente en estas rampas. A 2 kms de la cima ya hace un rato que he dejado atrás la civilización representada por los edificios de la estación de esquí, estoy solo contra la montaña. Miro los datos en la pantalla de mi Garmin y me encuentro al límite del esfuerzo y aun así algo me impulsa a dar una vuelta de tuerca más, a mover las piernas con una cadencia que habitualmente solo llevaría en el llano, disfrutando de ese saborcillo a sangre en la boca mientras al fondo ya adivino la última herradura, desnivel brutal con que la montaña intenta evitar por todos los medios que la venzamos. Nada nos para, pongo el ojo en un ciclista que va unos cientos de metros por delante, me propongo cazarlo, ello me sirve de acicate para volar los últimos metros, se percata de mi presencia y baja un piñón mientras yo bajo dos para en un glorioso arreon final coronar allí, en el cielo ciclista.
Arriba, no sé si será la falta de oxigeno o que, pero te sientes pleno a pesar del duro esfuerzo, no me acuerdo ni de preocupaciones ni de malos rollos que en otros momentos llenan mi alma, solo paz, satisfacción y una euforia que te hace aplaudir a los que como tu coronan la cima entre gran esfuerzo, a buscar a quienes durante esta semana están compartiendo contigo esta aventura para sacar un retrato en este lugar tan emblemático, incluso tiempo tenemos de juntarnos con algún que otro español y sacar la vena futbolera festejando con canticos el pase a la final de la selección y como no, sin olvidarnos de dejar la impronta en el libro de firmas del bar que domina la cima. Un paso más por este puerto, siempre especial.
Pero aun nos queda etapa. Si el día lo comenzábamos con una sorpresa, lo vamos a terminar con otra. Una rápida vista al perfil nos indicaba que íbamos a ascender a continuación otro de los puertos míticos de la zona, Luz Ardiden, sin embargo esta vez había que fijarse en la letra pequeña ya que entre paréntesis podíamos leer “vertiente de Viscos”. ¡Anda! ¡Otra vertiente en Luz Ardiden! Como nos explicó Biktor en la charla matutina, se trata de una carreterilla de esas que tanto nos gustan, que sube por Viscos, un pueblo situado valle abajo en dirección a Lourdes y que va a empalmar con la subida clásica a 5 kms de la cima, justo donde empiezan las características herraduras de este puerto. Seguimos desglosando datos y vemos, mismos kilómetros de ascensión y empezamos a subir desde más abajo, uy, uy, que esto se pone interesante. Efectivamente nos encontramos con una preciosa subida, colgada sobre el valle, por una carreterilla donde abunda la gravilla, de estas que solo cabe un coche. Por suerte como el día ha sido intenso y sobre todo extremadamente caluroso, pactamos tregua y decidimos subir a marcheta. Sin embargo, la tranquilidad se rompe al alcanzar la carretera, cuando pasamos por una zona donde sufrimos el ataque de un enjambre de tábanos y claro, hay que salir de ahí cuanto antes, por lo que rematamos el final de la ascensión a buen ritmito, aparte este año quien lo desease podía aceptar la propuesta de continuar por una pista de tierra unos metros más arriba de donde habitualmente se suele coronar. Sí que lo probamos pero tras una centena de metros decidimos que ya habíamos tenido suficiente ración de esfuerzo por hoy. Mejor bajar hacia el hotel antes de que nos cayera encima la tormenta que anunciaban las nubes en lo alto de las montañas.
Para la quinta etapa seguiríamos con nuestra dosis de puertos míticos, aunque para variar, con matices. Ascenderíamos Soulor y Aubisque, pero antes de eso teníamos la opción de subir el col de Spandelles lo que supone subir Soulor por su cara menos conocida, la de Ferrieres. Spandelles para mí es otro viejo conocido de la primera edición de Pirenaica, ya en su momento me pareció precioso y eso que me retorcía con mi plato de 39 dientes. Este año, subiendo tranquilito, entre agradable conversación reafirmé esa sensación. Puerto largo de 14 kms, por carreterilla estrecha y a rampones, por lo que de poco vale ver los desniveles medios de la altimetría, tan pronto estas en un llano como en una rampa de dos dígitos. Desde la cima podemos ver a lo lejos el Aubisque, en estos momentos despejado, aunque un rápido vistazo al fondo del valle nos indica que no va a durar mucho ya que las nubes van ascendiendo con celeridad. Tras una bajada técnica y revirada, llegamos a Ferrieres donde comienza esta cara del Soulor, apenas conocida aunque este año el Tour se ha acordaron y pasará por aquí camino del Tourmalet, pero que sin duda es la forma más dura de empalmar Soulor-Aubisque. La subida es muy constante, de porcentajes medios y con buen firme. Comenzamos rodeados de bosques y en la parte alta, si no nos hubieran alcanzado las nubes hubiéramos podido gozar de unas esplendidas vistas sobre el circo de Litor, pero parece que este puerto tiene algo contra mí ya que las tres últimas veces que he venido ha sido imposible gozar de dicho espectáculo. Como dije antes, hoy toca día suave en mi “entrenamiento” por lo que ruedo en una grupeta intermedia lo que te permite aparte de ir mucho más cómodo, hacer un poco de vida social. Destacar la mejoría de Mari Carmen, una chica que ya conocía de la pirenaica del pasado año que de un año para otro anda como un tiro ya que a pesar de ir tranquilos tampoco vamos ni mucho menos parados tal como veríamos luego en el último puerto de la jornada.
Arriba del Soulor niebla y frio, vuelve a mi cabeza la imagen de hace unas pocas semanas en la Luchon-Bayona. Pufff…ya me había acostumbrado al calor, otra vez frio no. Apenas paramos a echar una foto rápida en el cartel y continuamos rápido hacia el circo de Litor ese par de kilómetros de descenso, con ganas de continuar camino hacia el Aubisque para recuperar temperatura. De hecho en esta última parte ponemos un puntito mas, ya que se empieza a hacer pesada una subida tan larga. No obstante, llevamos casi 30 kms desde Ferrieres. Por suerte poco a poco vamos sobrepasando las nubes y en la cima un agradable solecillo nos recibe mientras a nuestros pies un espectacular mar de nubes nos envuelve. Pena de cámara de fotos que se quedó sin batería en lo mejor.
En la bajada nos volvemos a adentrar en la niebla y el frío, lo cual lo hace bastante duro, aunque bueno, nada que ver con el día de la Luchon-Bayona y para el postre nos queda otro viejo conocido, nada menos que los 28 kms de nuestro amigo el Portalet.
Un ambiente húmedo y fresco nos recibe en Laruns, una ligera brisa del norte, esos días que en la QH son garante de un buen crono final en la línea de llegada. Nuevamente nos juntamos la misma grupeta que a lo largo del día con algún invitado extra que hace que los primeros kilómetros nos los tomemos muy alegres, aunque siempre a ritmos cómodos. La verdad que se ha quedado una tarde muy desapacible y hay ganas de llegar, sin embargo hoy resulta muy placentera la ascensión a este puerto acostumbrados como estamos a subirlo con el cuchillo entre los dientes y sufriendo lo indecible. Así que es inevitable que gran parte de las conversaciones sean batallitas diversas acaecidas en estas rampas durante el transcurso de la afamada marcha. De esta forma, sin agobios nos vamos merendando kilómetros a buen ritmo, alcanzamos la parte dura antes de la presa y el grupo se disgrega un poco, yo hoy sigo en modo de bajo consumo y me quedo en la parte trasera con los que han sido mis acompañantes durante la jornada a quienes además se suma Luis que ha decidido que ya ha tenido suficientes guerras por hoy. Poco a poco vamos alcanzando la parte alta del puerto y tal como me imaginaba, vamos atravesando la niebla y dejando las nubes abajo, lo que nos permite disfrutar de unos placenteros últimos kilómetros con el Midi d’Ossau como testigo. Paro el crono arriba y me sorprendo de que así a lo tonto, sin esfuerzo hemos subido en 1h41m, cuando el año pasado en la QH me costó varios minutos más el mismo ascenso y arrastrándome literalmente sobre la bici, lo que hace la cabeza.
Arriba no nos entretenemos mucho, ya que estamos deseando llegar al hotel para descubrir que nos habían contado la verdad. Esa tarde íbamos a disfrutar de jacuzzi y sauna en el hotel, vamos ya casi como los buenos.
Por la noche, fiestecita como ya es tradicional, de despedida ya que es la última noche de Pirenaica ya que al día siguiente muchos no nos quedaremos a la cena en Urzainki, así que nos desmadramos un poco (….bastante), que no todo es bici. Durante la cena se reconoce la fidelidad en su participación a Korta y a Jon Mikel que este año cumplen su quinta participación en Pirenaica, así como me tocó a mí el año pasado y aparte se sortean un par de juegos de Q-rings cedidos por Rotor, uno de los patrocinadores de Pirenaica y bueno después de eso, digamos que tengo lagunas mentales, jeje, así que vamos con la jornada siguiente.
Y esto se va acabando. Con esa sensación me despierto mientras dejo correr la vista desde la ventana del hotel hacia las pistas de Formigal. Bajo al desayuno y como es costumbre en las etapas españolas, lo primero es ver el encierro de San Fermín y luego ya si nos vamos al desayuno. Puff, que mal cuerpo, demasiado exceso anoche, así que según iniciamos la etapa ascendiendo por el Portalet, decido quemar todo lo malo y me marco una buena seriecita hasta arriba. Bueno esto es otra cosa ya somos un poco persona. Un buen rato de disfrutar de la larguísima bajada del Portalet por donde ayer ascendíamos y hacia el Marie Blanque, en un recorrido que ya empieza a ser sumamente familiar. Nuevamente hoy toca guardar fuerzas ya que como comenté mañana hay carrera de BTT así que subo el Marie Blanque con Maria a quien no había hecho este año aun compañía en ningún puerto (ni avisado de por donde la iba a pasar en las bajadas
). Así a lo tonto entre agradable conversación la verdad que se me pasa súper rápida la ascensión.
Desde aquí nos vamos a dirigir a la búsqueda de la Piedra de San Martin y nuevamente me pongo tontorrón ya que la cara que vamos a ascender es la misma que subí en la primera Pirenaica que hice, a propósito he elegido la ropa para hoy, maillot de Pirata Bike, aquella entrañable grupeta, donde hice buenos amigos pero que hoy solo es un recuerdo de unos magníficos años y muchas quedadas. Algunos siguen siéndolos pero otros se han alejado y la verdad que se pone uno un poco moña recordando aquellos momentos.
En estos pensamientos voy embobado mientras nos vamos acercando a Lourdios donde comienza esta larguísima ascensión de casi 30 kms dividida en tres tramos bien definidos. Pongo ritmo crucero que me lleva a juntarme con los que vienen siendo mis compis de estos días y afrontamos la primera de ella que nos conducirá desde Lourdios hasta el cruce que baja del Col de Houratatte (otra de las vertientes) donde tendremos el primer descanso. Esta es sin duda la parte más bonita del puerto, encajonados en un estrecho valle, por una carretera donde apenas cabe un coche y rodeados de preciosos hayedos. Ya me lo pareció en el 2004 y hoy la sensación sigue siendo igual de mágica. Voy haciendo de guía a mis compañeros de grupeta que nunca habían ascendido esta salvajada y se sorprenden de la inusitada dureza que nos encontramos. Cantándoles lo que nos vamos a ir encontrando y cuando vienen los tramos duros. Alcanzado el mencionado cruce tenemos un par de kilómetros de descanso para afrontar el segundo tramo que nos llevará al Col de Labays. Aquí viene a mi cabeza aquella surrealista ascensión que nos marcamos en el 2005, subiendo entre risas. No dudo en coger el móvil y darle un toque al Pájaro: “oye Jose, que nada, que estoy subiendo un puerto llevadero”. Hoy se me hace muy pestoso con el intenso calor que nos machaca, casi inacabable, pero bueno ahí al tran tran alcanzamos el enlace con la carretera principal que sube de Arette para afrontar la última parte donde el paisaje se abre y nos ofrece unas esplendorosas panorámicas. Ese paisaje tan característico de este macizo kárstico, con sus árboles enclavados entre las rocas y con aspecto retorcido por los rigurosos inviernos que se viven en esta zona. Por más veces que paso por aquí no me deja de impresionar. En los últimos kilómetros del puerto muchos recuerdos vienen a mi cabeza mientras corono y me hago una solitaria foto junto al mojón fronterizo que da nombre a este puerto. Una foto de la que se han caído todos los integrantes menos yo. Durante un rato me pongo muy triste, hasta que vienen a rescatarme, me sacan de estos pensamientos y entonces si puedo disfrutar del reto de una nueva pirenaica conseguida mientras nos estiramos al sol en un maravilloso día.
No permanecemos mucho por allí, lo justo para que suba todo el mundo. Mención especial para María que rompió la patilla del cambio y no pudo concluir la ruta, este año que se lo había peleado como una jabata. Tranquila niña, que con todo lo que has mejorado de un año para otro en cuanto te pongas un poco en serio con la bici seguro que le sacas los colores al Jon Mikel.
Como digo, tras reagrupar arriba, nos lanzamos hacia Belagua donde al igual que el año pasado nos tienen preparado un avituallamiento especial a base de unas exquisitas migas caseras. Solo nos queda rematar la faena con ese suave rodar buscando Isaba y por fin Urzainki en un tramo donde siempre aprovecho para recapitular en mi cabeza lo que ha sido esta magnífica semana. En Urzainki abrazos y enhorabuenas con los componentes de esta gran familia, un simple hasta luego porque ya sabemos que tarde o temprano volveremos a coincidir porque si algo tenemos todos en común es que somos Pirenaicos.
La verdad que poco mas creo que me dejo en el tintero, únicamente darle las gracias a Biktor, Katxaple, Elena, Paco, Eli, Marilen, Jesus Andrés, Doc por mimarnos durante toda la semana, por hacernos sentir como parte de esto y no como unos clientes que disfrutan de un producto. Creo que ese es el gran valor que tiene Pirenaica. El año que viene o al siguiente o cuando sea, pero seguro que habrá más.
Podeis ver todas mis fotos en: http://picasaweb.google.es/serpal/Pirenaica2010

3 comentarios hasta ahora
1 DANDY // jul 21, 2010 a las 11:11
Pirineos, paraiso ciclista. Buena crónica Sergio, saludos.
2 Mari Carmen // jul 26, 2010 a las 22:27
¡Muy bueno Sergio! Todo aderezado con buenos compañeros como tú con los que subir los puertos parece más fácil. Un abrazo,
3 luis del Pozo // ago 13, 2010 a las 11:18
Me he leído el post de arriba a abajo y me ha encantado cómo has descrito el discurrir de la semana.
Yo he completado la Pirenaica en el 3er grupo, tras el paso del tour por los Pirineos y ha sido increible. Ha sido mi 1ª Pirenaica y no va a ser mi última porque el buen rollito que transmite el equipo de Biktor obliga a regresar.
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