Hacía mucho, pero que mucho tiempo que le tenía ganas a esta ascensión. Que se puede decir de ella, cualquiera que guste del buen ciclismo habrá vibrado desde su sofá las numerosas veces que ha llegado aquí la Vuelta a Burgos o la Vuelta Ciclista a España. Seguro que muchos guardan en la retina recitales de autentico ciclismo como el que nos brindó el Chava en aquella vuelta donde un final de etapa en alto prácticamente significaba una victoria suya. Pero entre pitos y flautas nunca me había podido acercar por aquí, incluso este año que el amigo Alvar me invitaba a acudir a la marcha que lleva el nombre de esta subida.
Y cuando menos te lo esperas, las cosas se desencadenan por si solas. Estaba el jueves por la tarde completamente rallado, pensando en algún plan interesante para un fin de semana que se preveía insulso cuando hablando con Jessi, una amiga bilbaína, ella se encontraba en la misma tesitura. Así que en un momento de lucidez sugiere ¿y si nos montamos alguna rutita para el finde? Inmediatamente acudí a googlemaps y a mitad de camino entre Madrid y Bilbao el cursor del ratón se detiene en esta zona de Burgos. Así, improvisado en cosa de 10 minutos.
Elegir la ruta fue fácil, fui a tiro hecho a lo que conocía de la zona y opté por el recorrido que hasta el año pasado realizaba la marcha de las Lagunas de Neila. 120 kms y 3 puertos. Ideal para un buen entrenamiento ya pensando en la Sastre y la Perico que están ahí a la vuelta de la esquina.
Partimos de Quintanar de la Sierra hacia la vecina provincia de Soria por la carretera que va rodeando la sierra de Urbión, con un rio Duero, recién nacido en las faldas de este pico como compañero de estos primeros kilómetros. Esta primera zona es un constante sube y baja pero es fácil rodar rápido mientras transitamos por pueblos como Covaleda o Duruelo, hasta llegar a Vinuesa, donde giramos hacia la izquierda buscando la primera dificultad de la jornada, el puerto de Santa Inés. 18 km nos separan de él desde el pueblo. Los primeros 10 km no se pueden considerar puerto, aunque la carretera se convierte en un largo falso llano que constantemente nos hace ganar altura. No es hasta llegar al desvío que conduce a la Laguna Negra cuando la cosa se pone seria. Una primera zona con rampas importantes nos recuerda que estamos subiendo un puerto. A partir de ahí la cosa se estabiliza en torno al 6-7%. Para mí una subida la mar de agradable aunque Jessi, que lleva casi tres semanas sin salir en bici no parece opinar lo mismo. Sufre, pero sube con pundonor sin perder esa sonrisa que siempre le acompaña. La parte de arriba de la subida, cuando abandonamos la protección de los densos pinares tan típicos de esta zona, nos brinda una espectacular panorámica de la sierra de Urbión con el pico que le da nombre dominando el entorno. Solo un esfuerzo más para alcanzar la divisoria. Arriba, la foto de rigor junto al cartel de puerto, antes de adentrarnos en tierras riojanas.
La bajada resulta un pequeño suplicio. Se encuentra totalmente descarnada y bacheada por los rigores invernales que sufre esta zona, así que cualquier precaución es poca. Al fondo del valle el bonito pueblo de Montenegro de Cameros nos recibe y marca el comienzo de la segunda ascensión el puerto de las Viniegras o de Montenegro tal como reza el cartel de su cima. Supongo que dependerá del lado que reclame la titularidad del mismo.
Aquí el sol nos castiga sin tregua, aunque la ligera brisa hace todo más agradable. La subida es más constante que la del anterior puerto además que vamos viendo toda ella al estar completamente desprovista de vegetación. El entorno es puro páramo, monte bajo y arbusto que transmite una sensación de clima de extremos. Imagino que no habrá quien pare por estas carreteras en pleno invierno. Jessi sube concentrada en mantener un buen ritmo, no se queja pero intuyo que no va fina. Intento no agobiar y marcar un ritmo constante y cómodo, abriendo la boca lo justo para unos ánimos puntuales o indicar algún detalle de la subida. Así, ganando altura poco a poco sobre el barranco coronamos este puerto para descubrir que al otro lado nos espera un terreno si cabe aun más quebrado. De momento intentamos disfrutar de la bajada, que poco a poco se convierte en un falso llano hacia abajo mientras la carretera se introduce en un bonito cañón. En el pueblo de Viniegra de Abajo, decidimos hacer una parada para recuperar fuerzas en una agradable terracita. Coca-cola acompañada de pincho de tortilla. No es que nutricionalmente sea lo más adecuado pero, con la pinta que tenía, era irrechazable.
En esta última zona que nos saca del valle, el terreno se vuelve rompepiernas hasta que desembocamos en una carretera más principal que tomamos hacia la izquierda. Eso de más principal resulta un poco eufemístico, sobre el mapa así es, pero el asfalto es del siglo pasado, botoso y del que se agarra. A este tipo de carreteras me refiero precisamente en las pruebas de las bicis cuando digo que una bici absorbe bien o resulta muy dura. Con una bici demasiado rígida la supuesta ganancia en rendimiento se volverá en nuestra contra machacándonos el cuerpo lo que a la larga termina perjudicando ese rendimiento, con una bici demasiado blanda resulta imposible mantener un buen ritmo perdiendo mucho en cada pedalada.
De todas formas hoy no se trata de buscar ese rendimiento sino de disfrutar del entorno que nos rodea, ahora circulando junto al embalse de Mansilla con la ventaja de un viento que se ha vuelto favorable según ha ido girando la ruta. Con los kilómetros que llevamos en las piernas el ritmo ha bajado mucho, hace un mucho calor y son muchas las horas que llevamos sobre la bici. Miro a Jessi y la verdad que me sabe un poco mal, por mi ansia de hacer esta ruta pienso que igual me he sobrado un poco con el recorrido teniendo en cuenta lo que comentaba antes de las tres semanas que lleva parada. Pero se porta excelentemente bien, demostrando una tremenda capacidad de sufrimiento, sin descomponer el gesto sobre la bici en ningún momento. No me debería de sorprender ya que he seguido su evolución durante estos años, un incansable trabajo de hormiguita.
Así llegamos a Villavelayo donde giramos de nuevo a la izquierda para dirigirnos de nuevo hacia el monte, hacia la siguiente y última dificultad montañosa de la jornada. Primero como calentamiento tenemos una zona de repechos que no se puede considerar puerto pero si que pica lo suficiente como para que las patas piquen lo que ya resulta la puntilla para mi acompañante, así que vamos descontando mentalmente los kilómetros deseando que llegue cuanto antes el pueblo de Neila. Allí hacemos una nueva parada en una terracita para recuperar fuerzas. Jessi toma una decisión sensata y opta por no tratar de subir a las lagunas. Desde aquí aun quedan 4 kilómetros de ascenso hasta coronar El Collado, donde se encuentra el cruce que conduce a las Lagunas o se puede descender directamente a Quintanar. Tras recuperar fuerzas, quedamos en el coche y yo tiro para arriba que si que voy a subir las lagunas.
Sin calentar ni nada salgo escopetado, cogiendo ritmo sobre la marcha. Vamos a testear el motor. Los primeros kilómetros desde el pueblo, que conducen al puerto de El Collado, son muy suaves, en torno al 6% por lo que se puede ir muy rápido. Cojo ritmo fácil, aunque las piernas se resienten tras las horas que llevo sobre la bici, aunque estas hayan sido suaves. Una última rampa un poco más dura me permite alcanzar el mencionado puerto donde giro a la derecha y empiezan las verdaderas Lagunas de Neila. De golpe y porrazo me encuentro con el 34×25 metido y culebreando por la carretera. Quizás pago el esfuerzo de subir tan rápido desde el pueblo, pero no, solo es levantar la vista y observar que la pendiente es realmente dura en este punto. A ello hay que sumarle que la carretera está completamente bacheada con un asfalto rugoso y descarnado. La bici no quiere avanzar. Transito entre pinos, entre un bosque cerrado que junto al esfuerzo provoca una fuerte sensación de agobio. Intento concentrarme en la cifra de los vatios, no dejar que baje, pero tras los dos primeros kilómetros veo que las piernas no están para mantener un esfuerzo máximo, así que nos quedaremos en ritmo intenso, no hay otra manera de subir aquí.
El siguiente kilómetro nos da un pequeño respiro, aun en cifras duras, pero tras el inhumano paredón de antes, por lo menos aquí puedo subir a más de 10 km/h con una cadencia mínimamente aceptable. Dejo a la izquierda una carreterita forestal que conduce a Quintanar y por la que luego bajaré y prosigo hacia un área de aparcamiento donde hay una barrera que conduce hacia la parte final. Nuevamente toca redoblar el esfuerzo, aunque en este último tramo la carretera está recién arreglada y teniendo la misma dificultad que la parte inferior, su ascenso resulta mucho más sencillo plantándome casi sin darme cuenta en la línea de meta que permanece pintada en la explanada donde se corona de la multitud de veces que los profesionales han llegado a este lugar.
La verdad que la parte de arriba no tiene mucho que ver. Para observar las lagunas es necesario caminar. Desando unos metros hasta un mirador que ofrece una bonita panorámica de la ascensión, del pueblo de Neila y sobre todo de la sierra de Urbión al fondo que hemos rodeado en esta ruta. Si que hemos hecho una buena tirada. Y nada, a abrigarme un poco, que la sudada ha sido intensa y hacia abajo que imagino que Jessi ya estará esperándome en Quintanar donde dejamos aparcada la furgo.
Como de bici terminamos sobrados con esta ruta, el resto del fin de semana nos trasladamos a Vinuesa para al día siguiente hacer una ruta montañera ascendiendo el pico Urbión desde la Laguna Negra. Un recorrido que me trae muchísimos recuerdos, de cuando vine con los amigos del pueblo, pero sobre todo de cuando vine con los amigos de la asociación de montaña Mountain Byte de la Escuela de Informática de la Politécnica de Madrid, en los tiempos que estaba en la universidad. Por aquel entonces, escribía aquella crónica para un pequeño site web que hicimos, en html puro y duro, para la práctica de una asignatura. Me pongo a pensar y aquello es el germen de este blog y de que yo me encuentre ahora trabajando en esta revista y eso data de 1998. La verdad que marea solo pensarlo.
Realmente un fin de semana fenomenal que me hacía mucha falta. Relajante, con buenísima compañía, pudiendo charlar largo y tendido, olvidar las movidas del día a día, por una zona preciosa. Ideal para recargar las pilas y volver de nuevo a la carga.

4 comentarios hasta ahora
1 Clark // ago 6, 2011 a las 9:19
me la apujnto
2 inaxio // ago 11, 2011 a las 21:23
ese mismo día subimos tres amigos también desde Quintantar a las Lagunas de Neila. Subida dura de verdad. Posteriormente a la ducha nos fuimos a comer a Neila, allí os vimos llegar a los dos a la terracita que mencionas. Eramos un grupo con las mujeres e hijos. A pesar de leer tus publicaciones no te conocía personalmente por lo que no pude saludarte. Quizás en otra ocasión coincidamos en alguna otra subida.
3 Álvar // ago 15, 2011 a las 18:14
Me alegro que os gustase la ruta. Solo una aclaración: El mal estado del descenso de Sta Inés, más que por los rigores invernales (que también), se debe a la despreocupación de la administración titular de la misma… y tal y como están las arcas publicas, me temo que su acondicionamiento irá para largo.
Respecto al espectáculo que nos brindan los ciclistas en Las Lagunas, solo hizo falta ver la última etapa de la Vuelta a Burgos 2011. Apasionante.
Un saludo!
4 Rompiendo la racha | Cicloturista de profesión // ene 2, 2012 a las 8:33
[...] esos baches me sacó una rubia que de locuras entiende bastante con un maravilloso fin de semana en tierras sorianas. Así nos adentrábamos en el mes de agosto donde la máquina seguía engrasada y con la cabeza de [...]
Escribir un comentario: