Cada año cuando llegan estas fechas lo vemos en la tele. Gente que se dedica a nadar en un lago helado, los saltos de esquí, las San Silvestres, esas cosas. Yo como ya sabréis los que me seguís una que no falla es la rutita el día de navidad, habitualmente por tierras segovianas, este año además, he recuperado otra que tenía un poco abandonada, irme al pueblo en bici y es que el hacer un recorrido en línea, no se, para mi tiene un sabor especial. Te da esa sensación de que has ido a algún sitio…aparte de lo vacilón que queda cuando con orgullo lo cuentas durante la cena de Nochebuena a familiares y amigos.
Estando de vacaciones y con bastante trabajo previsto para la cuesta de enero ya me dejó claro Julio –mi entrenador – que tocaba acumular kilómetros, así que decidí desempolvar del baúl de los recuerdos una locura que hice en 2005 y 2006 –uff, no tenía la sensación de que hubiera pasado tanto tiempo- Esta vez decido cambiar la ruta para evitarme el periplo en transporte público y salir desde la puerta de casa.
Tal como viene siendo este mes de diciembre, amanece soleado, sin una brizna de viento y con una temperatura por encima de cero que resulta hasta agradable así comienzo mi rodar, calentando poco a poco mientras salgo de Leganés en dirección a Madrid. Es la parte más fea de la ruta, pero si queremos ir hacia el norte no queda otro remedio. Bordeo por Aluche para buscar la salida hacia Pozuelo de Alarcón. En esta parte no tengo demasiado claro el camino ya que siempre que lo he hecho ha sido de vuelta e iba con gente que lo conocía, aun así me voy acordando. Hay que admitir que es un poco pestoso, rondas de circunvalación de doble carril, arcenes sucios, para variar nuestros políticos en lo último que han pensado a la hora de echar cemento es en las bicicletas. Por suerte, siendo Nochebuena la verdad que el tráfico es bastante escaso. Así llego a Majadahonda donde meto la pata al hacer caso a los carteles que indican hacia la A6 en vez de a mi instinto añadiendo varios kilómetros a la ruta. Tras el despiste echo un vistazo al móvil y googlemaps me saca rápido de mi error y reencuentro rápido el camino hacia Las Rozas. Desde ahí ya es fácil, se llega a la A6 y se coge la vía de servicio, ruta típica de los ciclistas de esta zona.
Aunque sea un poco pestoso circular junto a una gran autopista, pero ya a partir de aquí da sensación de carretera abierta y comienzo a coger ritmo. Menos mal porque desde este punto ya pica claramente hacia arriba según nos vamos aproximando a la sierra. Así paso por Las Matas, Torrelodones, La Berzosa, hasta alcanzar Collado Villalba donde abandono la compañía de la A6 dirigiéndome hacía el puerto de Navacerrada. Según subía hacia Villalba, me deja un poco intranquilo las nubes que veo en la zona del Alto del León que parecen pasar desde Segovia, sin embargo al comenzar a afrontar Navacerrada aparece claro y despejado, esperemos que esté bien al otro lado, que llevan toda la semana sin ver el sol a causa de la niebla.
Poco a poco voy cogiendo ritmo de puerto y la verdad que no me encuentro las piernas como en semanas anteriores. La bici que llevo de prueba, de una talla pequeña para lo que me corresponde quizás tenga algo de culpa en que no encuentre ese golpe de pedal que te hace subir cómodo. Aun así, en modo caracol, voy ganando altura y disfrutando de la Sierra de Guadarrama que a pesar de todo siempre tiene un sabor y un olor especiales. Por unos paisajes que se me de memoria y a pesar de todo no me canso de mirar, el calvario a la izquierda, arriba los siete picos, a la derecha en la aproximación la Maliciosa dominando todo el entorno o la pelada mole rocosa de la Pedriza cuyo granito se muestra reluciente con este sol de invierno. Lo que es un poco triste es que estando a mediados de diciembre no haya ni un copo de nieve acumulado en las cunetas. Aun así, la cima del puerto se encuentra animada con gente que ha decidido venir a pasar la mañana caminando por el monte.
Fotos de rigor para dejar constancia, me abrigo y para abajo por las siete revueltas. Con mucho cuidado porque la carretera está húmeda de la helada nocturna. Aparte bajando por la umbría hace un frío helador y los dedos quedan entumecidos. En estos momentos es donde me acuerdo del cambio eléctrico. Aun así voy pensando “no seas nenaza, si bajaste por aquí nevando cuando el Camino de Santiago”. Como aquella vez, deseando llegar al puente de la Cantina para poder empezar a pedalear con fuerza mientras voy recordando el día de gloria en la Perico este año como bajaba por aquí. Recuperada la temperatura, me noto con buenas piernas y avanzo a buen ritmo hacia la capital castellana. No llego a entrar en la ciudad sino que tiro por la circunvalación hasta la Lastrilla. Para evitar carreteras principales voy a seguir la ruta del río Pirón por los diminutos pueblos de Espirdo, la Higuera o Cabañas de Polendos. Es una carretera que descubrí en forma de ruta improvisada en mi ruta navideña de hace un par de años. Unas carreteritas solitarias y serpenteantes de esas que te recuerdan porque te encanta este deporte.
Pena que sea un tramo relativamente corto. Llego a Pinillos de Polendos y salgo a una carretera general de más tráfico y con unas rectas interminables. Esta será la tónica de esta última parte mientras busco pueblo como Escalona del Prado, Aguilafuente –en cuyo pavés no puedo evitar calentarme –, Lastras de Cuellar y Hontalbilla. Aquí ya huelo la meta pero es justo donde el tío del mazo llega. De repente apenas a falta de 8 kms para concluir me pega un buen arreón. Me arrastro esos últimos kilómetros con el objetivo de una ducha caliente en la cabeza. Tras una pequeña colina aparece Torrecilla del Pinar al fondo. Una vez más prueba superada. Estás cansado, estás helado, estás dolorido pero con una sensación de alegría tremenda tras 6h y 160 km de bici.
Para rematarlo al día siguiente, la típica ruta del día de navidad y nada mejor que uno de mis recorridos favoritos, por el entorno de las Hoces del Duratón. No me voy a enrollar con ello ya que lo pudisteis leer el año pasado. Únicamente recomendaros que si tenéis un hueco en vuestros calendarios, no dejéis de visitar la zona. A poco más de una hora de Madrid, unas carreteras preciosas, uno de los cañones más impresionantes que conozco y siempre se puede rematar la ruta con unos cuartos de cordero asado.

2 comentarios hasta ahora
1 Cascoloco // feb 2, 2012 a las 16:30
¿Te diste la ducha caliente en Segovia o volviste a Madrid en transporte público?
2 Pueblos del río Pirón | Cicloturista de profesión // may 2, 2012 a las 19:48
[...] ahí al pueblo, el recorrido es idéntico al de mi ruta navideña de este año pasado. La verdad que es una buena oportunidad de comparar la evolución de forma, [...]
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