Y con esta entrada, llegamos al final de los relatos de mis vacaciones. Seis intensas etapas en las que he podido ascender alguno de mis puertos soñados, algunos de esos que llevaban mucho tiempo en la sala de espera de los lugares pendientes de visitar. Seis etapas y el día antes de esta marcha dedicado a recoger dorsales y sobre todo darle una vuelta a la cabeza. Sobre todo a pensar en los avatares hasta llegar a hacerla, en como el pasado año todo se torció y se alinearon los astros para que yo no viniera aquí. Precisamente unos días antes hablaba de ello con Ernesto, que por diferentes circusntancias a las mias tampoco pudo acudir el año anterior. Realmente me siento bastante pleno poco antes de salir simplemente por haber sorteado todos esos avatares y ahora estar aquí, aunque no puedo evitar sentirme un poco triste al recordar todo lo que hizo que no pudiera acudir el pasado año. De una forma u otra, al final las cosas ocurren por que tienen que pasar y lo importante es que me encuentro dispuesto a afrontar una de las marchas más duras y prestigiosas de Europa, además en una edición especial que supone el 25 aniversario de la misma.
Dejamos a un lado los sentimentalismos y es el momento de centrarse en lo que tenemos entre manos. Son las 5 de la mañana cuando me despierto con los riffs de guitarra del famoso tema de Survivor: Eye of the Tiger, sonando en mi móvil. Ya se aprecia claridad en el cielo al mantener la misma hora que en España y encontrarnos bastante más al Este. No nos podemos entretener mucho ya que la salida es a las 6:30, pero la carretera que conduce desde Corvara, donde nos encontramos y se sitúa la meta, hasta la Villa donde se da la salida se corta al tráfico, incluidas bicis a las 6:10. Desayuno típico a base de cereales, algo de pan untado en Nutella y la verdad que poco más. A esas horas es complicado meter nada sólido al estomago. Confiemos en que el copioso aporte de pasta de la noche anterior resulte suficiente para que los depósitos de glucógeno se encuentren rebosantes.
Nos encaminamos hacia la salida. Apenas 4 kilómetros separan ambos pueblos por donde desciende una marabunta de ciclistas. Por suerte, la organización, tal como pudimos apreciar ayer en la recogida de dorsales y el area expo, es perfecta y rápido encontramos la via que nos encamina hacia nuestros respectivos cajones. Me despido de Ernesto con quien he bajado hasta aquí, deseándonos suerte.
Los cajones se encuentran identificados por los diferentes patrocinadores. Delante el Enel, en el que yo salgo, destinado a quienes acrediten un tiempo en alguna de las cuatro últimas ediciones inferior a 5:25, las chicas con menos de 7:30, VIPs y Prensa, como voy acreditado, este es mi lugar. Una ventaja a la hora de evitar los atascos que más de 9000 participantes, provocan en los primeros puertos tal como me contarían estos que salieron Ernesto y Alvar en el tercer cajón, el Pinarello, al tener inscripción del año anterior, mientras que Sainza, Soto y Oscar salían un cajón por detrás por ser su primera participación.
La espera previa a la salida está amenizada por grupos de saltimbanquis. Unos minutos antes los actos protocolarios, donde nos comentan que entre los participantes VIPs se encuentra el expiloto de Formula 1 Alex Zanardi, que para quien no siga este deporte, perdió hace unos años ambas piernas en un accidente y afronta esta durísima marcha en su handy-bike, acompañado nada menos que por el ilustre Paolo Bettini. Se le canta el cumpleaños feliz a la Maratona, cuyo arco de salida es una enorme tarta y lo que me resulta curioso es la bendición que nos echa un párroco para que finalicemos sanos y salvo, que culmina con el rezo de un padrenuestro.
Con puntualidad británica se da la salida. Apenas un minuto después atravieso el arco y pulso el botón de inicio en el garmin mientras cargo el plato ya que como buena ciclodeportiva que es, se sale a mil por hora. Con el frío mañanero, sin calentar, sufro como un perro. Me sorprende la gran cantidad de chicas y sobre todo el nivel que hay. Intento coger alguna rueda mientras las pulsaciones se ponen por las nubes. A pesar de la vista nublada, acierto a ver cuando adelantamos a Zanardi que lleva un ritmo increíble para hacerlo sobre esa máquina y con lo que queda por delante.
En un suspiro alcanzamos Corvara, donde las aceras de la calle principal que atraviesa el pueblo y que supone el comienzo de Campolongo, primera dificultad del día, se encuentran abarrotadas de un enfervorizado público animando el paso de los ciclistas. Empiezo a subir arrastrado por la vorágine, aguantando aun el plato a pesar de llevar las piernas hinchadas y sin sensaciones. Así que a la salida del pueblo me espatarro y al quitar el plato paso unos minutos de crisis debido al calentón inicial. Poco a poco voy cogiendo algo parecido a ritmo mientras decenas de ciclistas me adelantan por todos los lados como aviones. No conviene dejarse llevar. En esta marcha se sale todo el mundo junto y es cada uno, en los diferentes desvíos quien opta por la Sella Ronda, la marcha corta de apenas 56 km, el recorrido intermedio de 105 km o la Maratona completa con sus 138 km y 4000 m de desnivel acumulado.
Volviendo a la bici, consigo estabilizarme en un grupo, sufriendo me mantengo agarrado a rueda en un puerto que seguramente sea lo más blando que he subido esta semana, más o menos como un Canencia por poner un símil conocido que en su primera parte desde el pueblo ha ascendido entre amplias herraduras, ofreciéndonos una bella panorámica no solo del valle de Badia, sino también de la marabunta de participantes que vienen ascendiendo por sus rampas. En la parte media, suaviza y se mantiene hasta casi coronar donde un par de rampas sueltas nos vuelven a hacer apretar. Atravieso la pancarta de alto de la montaña, marcando el lap, me subo los manguitos y para abajo. Aunque es temprano, ni una nube se ve en el cielo y la temperatura es muy agradable, parámetro que se mantendrá todo el día. La bajada es rápida, con un asfalto perfecto y sobre todo una cosa muy importante. En la Maratona el 100 % del recorrido se encuentra cerrado al tráfico. Realmente una gozada bajar trazando sin tener que estar pendiente de otra cosa que no sea el pilotaje. Así llego a Arabba donde directamente, sin un metro llano, toca quitar el plato y comenzar a ascender uno de los puertos míticos de la zona el Pordoi. Al ritmo que vamos, se hace duro desde el comienzo. Me encuentro en un grupito con varias chicas que van luchando la posición a un ritmo que ya les gustaría llevar a muchos. Me quedo con una que lleva un ritmo similar al mio y en perfecta sintonía comenzamos a relevarnos. Yendo a rueda me lleva fuerte, estirándome el cuello pero en ese punto de sufrir y aguantar. Ello hace que vaya cogiendo poco a poco el ritmo y la cadencia retorne a mis piernas. A mitad de puerto rompo definitivamente a sudar y todo comienza a funcionar, de repente las sensaciones son excelentes. En la parte media a la chica esta, se le comienza a hacer pelota la subida, típico de empezar a subir demasiado fuerte y la devuelvo el favor de la parte de abajo, levantando un poco el pie y marcándole un buen ritmo. Vamos subiendo muy alegres. Con un entorno similar al del puerto anterior pero mayor dureza y distancia, vamos superando tornante tras tornante entre grandes prados e instalaciones de esquí que por esta zona predominan. Lo bueno es que vas viendo constantemente todo el valle y tienes la referencia de donde acaba el puerto para regular el esfuerzo. Un poquito más y ya son dos los que están en la saca y llevamos apenas 23 km.
La bajada nuevamente divertidísima. Muy rápida y la verdad que cortita, no da tiempo casi a recuperar cuando enzalamos con otra carretera que asciende del valle y toca volver a quitar el plato para afrontar una de las trampas de la jornada. El passo Sella, sobre el papel parece que no tiene chicha con sus poco más de 5 km, pero un poco de inquietud y buscar las altimetrías me confirmó lo que me temía. Una autentica trampa. Al llegar aquí me queda claro el porqué. El paisaje ha cambiado y nos encontramos incrustados en un rincón de roca, bajo enormes paredes verticales donde es imposible adivinar por donde sale la carretera. A pie de puerto un grupo de espectadores animan cargados de cencerros y carracas, bueno, que remedio, a por ello. Es un puerto de rampones y descansitos, pero de rampones muy serios, especialmente en la parte de abajo, hasta que comenzamos a abandonar el bosque y la carretera se remonta sobre las rocas con varios tornanti consecutivos y alcanzamos la parte de arriba más suave. Uff, menos mal que era corto porque este puerto con un par de kilómetros más podría ser matador. Cambio de valle y descendemos hacia Val Gardena, uno de los valles más típicos de los Dolomítas y la verdad que no me extraña ya que aunque agote el calificativo, el sitio es precioso. Nuevamente no da tiempo a disfrutarlo en demasía ya que la bajada termina súbitamente cuando nos desviamos a la derecha y sin un metro llano vamos a por la cuarta dificultad de este carrusel de puertos, el Passo Gardena. Este seguramente es el puerto más suave de la marcha, no es muy largo y las pendientes son contenidas. Pasamos un avituallamiento perfectamente surtido, donde además, al estar al comienzo de la marcha nos dan liquido sobre la marcha, con lo que me bebo un par de vasos del tirón para ahorrar liquido en mis bidones, aquí el puerto tiene un descansito donde apretar fuerte con el plato y te deja en los dos últimos kilómetros, también muy suaves para coronar y regresar al valle de Badia. La bajada hacia Corvara es espectacular, con unas apuradas de frenada tipo MotoGP. Casi sin darme cuenta alcanzo las calles de Corvara donde el recorrido se encuentra vallado como si fuera una etapa del Giro, encaramos la recta de meta donde finalizan los participantes en el recorrido Sella Ronda, mientras que el resto continuamos hacia arriba encarando de nuevo el passo Campolongo.
Esta vez ya lo conozco y no voy con la euforia de la salida con lo que subo regulando y con buena cadencia. Me pego a rueda de un alemán que va tensando y me lleva en ese punto de sufrimiento donde aguantas bien a pesar de ir con el cuello estirado. Prácticamente no me entero del puerto. La bajada hacia Arabba es fugaz, ya no por lo corta sino que al conocerla del paso anterior la hago con mayor confianza y soltura. Allí, en vez de girar a la derecha como hicimos antes, lo hacemos al contrario para dirigirnos en claro descenso hacia Caprile. Aunque la carretera es favorable es zona de mucho pedaleo y curveo. Voy con otros tres tíos. Tras recuperar un poco a rueda y alimentarme, comienzo a pasar al relevo, sobre todo viéndome con fuerzas y con una grupeta muy interesante al fondo. Voy trazando fino y no tardamos en echarles mano con lo que se puede aprovechar para recuperar de cara a lo que nos viene. Subimos un pequeño repecho no puntuable donde se ve que la gente va bastante justa, tras el cual se encuentra el desvío donde los que deseen hacer la marcha intermedia giran a la izquierda para afrontar la subida a Falzarego mientras que el recorrido Maratona prosigue valle abajo en dirección a Selva de Cadore. Aquí, más o menos un cuarto de la grupeta se va por el recorrido medio con lo que nos quedamos unos 20, con la gente ya escaqueándose. Me pongo a colaborar con otros 4 o 5 en los relevos y unos kilómetros más adelante tenemos un pequeño aperitivo de lo que nos espera. El Colle de Santa Lucia. Una tachuelilla, pero con rampas duritas que hacen doler las piernas después de tantos kilómetros favorables. Arriba avituallamiento donde hago un rápido stop & go para rellenar los bidones y una bajada fugaz que nos deja en Selva de Cadore, por donde el otro día pasábamos camino del passo Staulanza. Esta vez no cruzamos el pueblo sino que giramos a la izquierda encarando el coco del día, el passo Giau. 10 km de ascensión y una pendiente media por encima del 9%, suficiente para asustar a los más entrenados.
El comienzo de la subida resulta desolador, no se si son los kilómetros a plato, pero las piernas no tienen ritmo, el constante 9-11 % que marca el clinómetro tampoco es que ayude demasiado a lograr buenas sensaciones. Tiro de cabeza y de técnicas psicológicas para mantener la concentración en mi ritmo, no cebarme en las ruedas de algunos de los acompañantes de la grupeta que tiran hacia delante. Será cerca de una hora de ascenso así que no voy a caer en el error de agobiarme.
Esta primera parte es sencillamente infame. Agobiante, con una constante sucesión de tornanti como anuncia la señal al comienzo del puerto que indica que nos quedan 29 curvas de herradura por delante.
Poco a poco, vamos abandonando la fea parte del fondo del valle y adentrándonos en el mundo de roca. El desnivel medio suaviza un poquito, no es tan inhumano como en los primeros kilómetros. Las piernas recuperan ritmo superando la pequeña crisis y comienzo a mover el desarrollo con soltura, volviendo a alcanzar a muchos de los compañeros que iban en la grupeta. Ello me sirve de acicate y me hace redoblar el esfuerzo, una subida de menos a más. En la parte final la carretera pasa a estar rodeada de amplios prados y se observa perfectamente el lugar donde corona este mítico passo a 2236 m de altitud. Voy pletórico.
Al coronar, hay avituallamiento en la cima, no paro, pero me meto por la línea donde está ubicado y al haber poca gente cojo un par de vasos de coca cola al vuelo. Plato y a lanzarme en un vertiginoso descenso ya que las duras pendientes que acabamos de ascender tienen su reflejo en el lado opuesto. Cuando alcanzo Pocol, pueblo donde finaliza la bajada y comienza Falzarego, sin lugar al descanso, pulso lap en el Garmin y me quedo impresionado. Me he bajado el Giau, que me ha costado 58 minutos subirlo, en apenas ¡13 minutos! Si es que vamos como locos.
Es girar a la izquierda para encarar el Falzarego, un puerto largo para lo que se estila por aquí con 12 kilómetros de ascenso ya que tras coronarlo continuamos un poco más hasta el passo Valparola. Es un puerto bastante tendido, me recuerda por los desniveles, aunque la comparación de paisajes sea imposible a nuestro madrileño puerto de Cotos. Muy machacón y más a estas alturas de marcha con 7 puertos ya ascendidos.
Nuevamente al comienzo del puerto las piernas se quejan, pero ahora no es falta de ritmo sino que ya empiezo a notar un pequeño bajón de energía. Me enchufo un gel lo primero e intento capear la situación. Ayer vinimos por esta carretera de vuelta de Cortina de Ampezo y memoricé el mismo, por lo que sé que tras los primeros kilómetros hay una zona de falso llano de ir a plato. Llego ahí y pasa un grupito de 4 o 5, a los que me agarro como una lapa. Van realmente fuerte, pero me mentalizo para engancharme ahí hasta reventar. Finaliza el descansito y los relevos, a los que yo no podía ni entrar, cesan y es uno de ellos quien asume la labor de poner ritmo. Se nota que va fuerte, tensando el grupo muchísimo. Se ve que trata de soltarnos para no llevar garrapatas a rueda, entre las que hoy me incluyo, no por perrrería sino porque ya no hay más. Por suerte como el puerto es tendido y se que hasta los dos últimos kilómetros donde hay una zona de herraduras no vuelve a haber rampas duras, continuo ahí agarrado, sufriendo como un perro mientras ascendemos en torno a 17 km/h adelantando pequeños grupos con auténticos cadáveres.
Llegamos a los tornanti que mencionaba antes y el que va tirando hace el n-esimo cambio de ritmo desmontando ahora si el grupo. Como me lo veía venir, no me descompongo, me concentro en mantener la cadencia. Ello me sirve para coger a alguno de los que intentaron seguir la rueda. Así corono Falzarego donde se nos unen los de la marcha mediana que ascienden por la otra cara y todos juntos continuamos ascendiendo por el kilómetro y medio que nos separa del passo Valparola que se aprecia al fondo. Esta parte se hace ya anestesiado, con la cima a la vista. Aquí ya si que voy disfrutando porque llego entero y la marcha está prácticamente finiquitada. Solo me queda disfrutar de un espectacular y largo descenso donde me gusto, especialmente cuando veo a los fotógrafos de la organización en las cunetas y me acuerdo de cuando Cesar me pide que pase una y otra vez en las sesiones de fotos para la revista.
Voy ya sin guardarme absolutamente nada, bajando fuerte y cuando llega la parte más llana pedaleando con toda la tranca, así alcanzo la Villa donde salíamos varias horas antes y encaro el último tramo ascendente hacia Corvara que ha hicimos esta mañana de salida. Mantengo el plato, con fuerza, paladeando estos últimos kilómetros, especialmente cuando entro en la zona vallada y aparece ante mi el arco con el triangulo rojo que marca el último kilómetro, alcanzo un grupo de unos 15 tíos y ya me crezco, los paso y se me pegan a rueda, giro a derechas para dejar la calle principal. Acelero un punto más estirando lo que me queda, última curva a izquierdas que cojo a tope para soltar a mis perseguidores y entrar completamente emocionado en meta tras poco más de 5h y media de durísimo recorrido.
Sencillamente no tengo palabras. Como mencionaba en la entradilla, han sido muchos los avatares para llegar hasta aquí. Si le sumamos, el recorrido, la organización, el entorno incomparable, un día de esos en los que vas súper, el buen tiempo con una excelente temperatura, queda uno de esos días perfectos que recordar para siempre y que culmina unas perfectas vacaciones donde todo, absolutamente todo, ha salido tal como lo tenía ideado. Dicen que la perfección no existe, pero esta vez no se ha cumplido, no podía haber imaginado unos días mejores, encima con la buena compañía de Ernesto, Alvar, Oscar, Sainza y Soto que hemos formado una grupeta muy homogénea. La pena es que al día siguiente toca emprender el regreso, aunque me llevo el corazón repleto de ánimos y buenos recuerdos. Y por supuesto, una cosa está clara, volveré por aquí.

5 comentarios hasta ahora
1 sainzajump medina // jul 29, 2011 a las 15:33
Que grande……!!!!!!!
fue una pasada compartir la zona dolomítica contigo.Y la maratona, aún lo estoy asimilando…..una gozada;la mejor marcha sin duda …..de todas las que he ido
saludos
2 Pedaleta // ago 1, 2011 a las 17:14
He seguido tus relatos con el Google Earth abierto. Impresionante! De momento tengo unos cuantos tracks que he creado siguiendo tus rutas. A ver si algún año puedo desplazarme hasta esos paraísos.
Gracias por compartir.
3 Álvar // ago 15, 2011 a las 18:14
Uffff que recuerdos!
4 Victor // nov 18, 2011 a las 16:43
Gracias por el relato!!! A mí me ha tocado hoy participar en el 2012 y ya tengo ganas!!
Sabes si se organizan viajes o dónde se puede compartir con alguien el viaje desde aqui???
Un saludo!!!!
5 Rompiendo la racha | Cicloturista de profesión // dic 31, 2011 a las 20:58
[...] la fenomenal compañía de Oscar, Ernesto, Alvar, Sainza, Soto, Luigi, culminado todo ello por la Maratona de los Dolomitas. Un montón de días de bici por unos parajes de ensueño y sobre todo con unas piernas que [...]
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