
…en los que llegas a casa de entrenar, completamente empapado, cansado y con las piernas doloridas por el esfuerzo y la humedad. Buscas la ducha y mientras el agua caliente te devuelve a la vida un sentimiento de satisfacción te invade y una tenue mueca se dibuja en tu cara.
Unas pocas horas antes has madrugado, como casi cada día para cumplir con el entrenamiento. Anoche te acostaste sabiendo que te esperaba un día de perros pero aun así programaste el despertador con la esperanza de que las previsiones se equivocaran, pero no. Al levantar la persiana el desasosiego es la nota predominante. El suelo encharcado, las gotas de agua dibujándose sin cesar en cada charco y unas nubes densas y grises en el cielo completan el panorama. Vuelves a la cama, aunque ya no puedes dormir, estas demasiado acostumbrado a la rutina diaria. Nuevamente te pones en pie, desayunas, enciendes el ordenador intentando buscar algún sitio que te diga que en una hora un radiante sol lo va a llenar todo, pero no lo encuentras. De nuevo vuelta a la cama, aunque no por mucho rato. Te niegas a pasar toda la mañana en casa, tu solo, mirando a las paredes, piensas en la opción del rodillo pero el entrenamiento de hoy son casi tres horas de series.
En un momento dado, sin saber como, una chispa atraviesa tu cabeza “¿y por que no?”, tu cerebro ha dado la señal y casi con ansia buscas en el armario ropa que ponerte, culote largo, apenas un maillot corto debajo porque sabes que toca buena sudada y el chubasquero de gore-tex, vigilas que no quede ningún resquicio entre la ropa por donde pueda entrar el agua, bajas al trastero a por la bici y le instalas los guardabarros y te cruzas con algún vecino que te mira de arriba a abajo dudando de tu poca salud mental.
Hoy es de esos días en los que sales a sabiendas de que vas a sufrir, el agua te molesta en la cara y te empaña las gafas. A pesar de calentar progresivamente te notas las piernas agarrotadas y cuando comienzas a apretar te cuesta alcanzar el objetivo de cada serie, pero a pesar de todo hoy estas decidido a sufrir y poniendo el alma vas pasando pitidos del pulsómetro, que te indican que te queda un poquito menos.
Cuando por fin concluyes el trabajo, aun te queda un rato para volver a casa, soltando piernas. Ha dejado de llover y a pesar de las nubes, el día se ha vuelto luminoso. Respiras hondo dejando que el aire cargado de humedad llene tu olfato. Te sientes a gusto porque esta mañana has vencido la desgana y la desilusión, porque has dejado a un lado la lógica y te has dejado llevar y porque de un día que comenzaba horrible has conseguido sacar uno bueno.
Nos vemos por esas carreteras, alguno de esos días….






5 comentarios hasta ahora
1 Ryder // Dic 7, 2009 a las 15:31
Gran artículo Sergio!!!
2 Alberto // Dic 7, 2009 a las 15:56
muy bueno
3 Jessica // Dic 7, 2009 a las 20:44
¡BIEN! Sabía que ibas a poder con el oso….
4 Neuro // Dic 9, 2009 a las 21:56
Ya has hecho algo que yo apenas he conseguido hacer un par de veces en todo el año(en mi defensa tengo la piscina,jejeje).
Mucho animo, que pronto pasara eso que tu y yo sabemos y vas a disfrutar como un enano hartandote de entrar en el top 15.
Ademas recuerda que tienes una cuenta pendiente junto a mi en el Soplao en Mayo.
A mi señal ira y fuego!!!!!(era asi verdad??)
5 Blanca // Dic 13, 2009 a las 20:43
Muy bonito! Al leerlo, casi he tenido la sensación de que me mojaba la lluvia. Qué bien describes las cosas…
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