Ya casi había olvidado el sabor de las cicloturistas europeas. No obstante desde que hice Tilff-Bastogne-Tilff, la réplica cicloturista de la Lieja, no había participado en ninguna. Ese ambiente donde se participa sin prisas, sin tiempos, sin chip. Únicamente tú, otro montón de ciclistas, una tarjeta para ir sellando en los diferentes controles y la carretera. Allá te apañes y no hace falta más para montar una marcha. Uno piensa a veces que tal funcionaría este modelo en nuestro país, un estilo a lo que son los brevets y la verdad que seguro que tenía su público, pero bueno dejemos las disertaciones para otra ocasión, algún día contaré por aquí mis reflexiones acerca del cicloturismo y el ciclodeporte.
Este fin de semana, he estado en Alemania, concretamente en la ciudad de Coblenza invitado por Canyon España a visitar su fábrica y de paso participar en la Gran Fondo Canyon. Un evento que cumple su segunda edición donde se podían realizar diversas rutas tanto de BTT como de carretera para que cualquiera, fuera cual fuera su nivel pudiera disfrutar de un fantástico día de bici. Todo ello complementado con un área de exposición donde entre otras cosas se podían probar las bicis Canyon. Nosotros como íbamos enchufados, pudimos realizar la Gran Fondo con nada menos que su modelo tope de gama. Una fantástica Aeroad montada con Dura-Ace y ruedas Mavic Cosmic, el mismo modelo que utilizan los corredores de Omega-Pharma Lotto. Entre las opciones disponibles, cuando me preguntaron que opción prefería, no me lo pensé. La más larga, 200 km y 2000 y pico metros de desnivel. Tonterías las justas y no es que venga uno a Alemania todos los días como para no aprovechar bien.
Lo malo de estas cosas es que implican un madrugón de impresión, a las 5:30 estaba arriba. Madrugada fresca, pero las previsiones anuncian que podremos ir de corto. No me puedo quejar de la suerte que he tenido siempre con el tiempo en todas las clásicas europeas en las que he participado. Llego a la sede de Canyon tras vagar un buen rato por las calles de Coblenza y tras registrarme, dorsal 4 – uff que poca gente se va a apuntar a la larga – aprovecho para desayunar ya que en el hotel a esas horas como que no. En este aspecto perfecto el tema. Un completo buffet con cereales, pan, mermelada y bueno esas cosas que estilan para desayunar por estas tierras como salchichas, huevos, bacón, lo ideal antes de una marcha de este calado. Aunque la salida es abierta entre las 7 y las 8 de la mañana, a las 7 en punto nos encontramos unos 50 ciclistas esperando bajo el arco para iniciar nuestra andadura. Con un pistoletazo da comienzo el evento y comenzamos a rodar por un terreno completamente llano remontando el rio Mosela. Llevamos el viento ligeramente de culo por lo que vamos quemando los primeros kilómetros con facilidad. Sorprende ver que debo de ser el más joven de la grupeta. De momento dejamos hacer mientras me voy desperezando poco a poco y procuro olvidarme del fresquete mañanero sin olvidarme eso si de comer y beber cada poco. Al cruzar un puente sobre el rio, unos cuantos ponen casi sin proponérselo un punto más y la grupeta inicial se divide y delante nos quedamos unos 15 o así que mostramos más ganas de juerga, de hecho el ritmo se acelera al regresar al llano. Así hasta el primer control. Parada rápida, sellado de la tarjeta de paso, un par de galletas, rellenar bidones y a tirar. Los avituallamientos la verdad que no eran cosa de otro mundo pero bueno, correctos. Galletas príncipe, barritas de muesli, algo de bollería, zumo, isotónico y agua, agua con gas…..agrrhh. Para beber está bien, a mi me gusta, pero en el bidón de la bici y encima mezclada con sobrecitos de sales que llevaba. Terrible mezcla.
Salimos del control un poco cada uno a su bola a la búsqueda de la primera cota del día donde se encuentra ubicado el Stoppomat. Esto es una historia que han montado los de canyon en una subida de unos 8 km, con una caseta al comienzo de la misma donde coges una tarjeta, la rellenas con tus datos y la sellas en la máquina que hay quedando impreso la hora exacta. Esta caseta está sincronizada con otra que hay en la cima donde volveremos a sellar con lo que tenemos el tiempo de ascensión que queda registrado en la web dedicada al asunto pudiendo establecer un ranking, picarte con los colegas y esas cosas. En nuestra pasada visita a la marcha de los Valls de la Marina, nos contaron que en el Coll de Rates han puesto una igual. Yo sello mi tarjeta únicamente por cumplir ya que con 170 km aun por delante como que no voy a quemar las naves aquí. De todas formas es una subida que invita al relax. Con un desnivel suave, rondando todo el rato el 5 % y por un vallecito en medio de un bosque siguiendo el curso de un arroyo. Un entorno de cuento. Encima, al parar a sellar, me he quedado completamente solo por lo que disfruto el ascenso como un enano. En la parte final voy alcanzando a los que pasaron antes que yo y tras coronar, nos encontramos en una zona sobre el valle donde no hay bajada sino terreno invernal de repechos. Veo a tres ciclistas al fondo y aprieto los dientes para ir acompañado ya que aquí arriba el viento machaca bastante. Me doy un buen calentón, pero van tirando fuerte y les reduzco muy poco a poco. No es hasta que llega la bajada de vuelta al valle del Mosela cuando les cojo y nos juntamos delante un grupito de 5 que iremos juntos ya gran parte de la ruta.
Sin palabras nos vamos entendiendo perfectamente y relevando regularmente todos con lo que el ritmo continua vivo y devoramos kilómetros con rapidez en esta nueva parte llana a orillas de Mosela. Nos desviamos nuevamente a la izquierda lo que indica que una nueva ascensión nos espera. La cosa comienza suave hasta alcanzar un precioso pueblo donde se encuentra el segundo control. Repetimos el ritual y sin parar demasiado salimos los cinco para encontrarnos de golpe a la salida del pueblo unos rampones infernales en torno al 15%. No me viene nada mal el 28 que monta mi bici junto con plato compact de 34 dientes. Subo sentado con cadencia marcando el ritmo de la subida. Me gusta, las sensaciones de hace 15 días en Denia vuelve a estar ahí tras el fiasco del fin de semana anterior con la BTT. Me encuentro ágil y fuerte con lo que casi sin querer voy tensando el grupo. La subida pierde un poco de pendiente tras los primeros kilómetros pero se mantiene en porcentajes duros. Cuando llegamos arriba giro la cabeza y solo estamos un alemán con una BMC y yo mientras que el resto del grupo han perdido un poco de comba. Levanto y pie para reagrupar ya que quedan aun muchos kilómetros por delante y no vendrá mal la compañía. Esta vez si hay bajada, de un par de kilómetros y gran inclinación, pero solo para descubrir que detrás viene otro repechón descomunal donde esta vez no me sobro para que el grupo permanezca junto. Es la leche cuando eres tu el que corta el bacalao y decide que ritmo es el bueno.
Tras ello, otra vez tenemos terreno rompepiernas y en el paisaje se alternan zonas de bosque cerrado con enormes campos. Me recuerda un montón a Lieja y las Ardenas. De hecho estamos a apenas 60 km de Bélgica más o menos. Justo el tipo de terreno donde más cómodo me encuentro. I love classics! Lo mejor de todo que el sol comienza a asomar tímidamente entre las nubes y comienza a hacer una agradable temperatura. Tras un rato de repechos, pueblecitos y tal, volvemos a buscar el rio en un descenso no demasiado pronunciado y donde se ve quienes empiezan a ir con lo justo que algunos no pasan ya a relevo. De vuelta al llano junto al Mosela, apenas unos pocos kilómetros que me como yo solo cara al aire después de llevar un rato tirando con lo que me chino un poco así que cuando de repente delante aparece un desvío a la derecha y un rampón de impresión al 10% por donde tenemos que ir, no me lo pienso y tenso el tema. Momento pletórico. Voy viendo el clinómetro clavado en el 10% y yo subiendo con una cadencia de impresión de esas veces que vas gustándote. A rueda el alemán de la BMC pegado a mí y el resto desparramados a lo largo de la subida. Serán unos 6 km así a ojo. Constantes en esas cifras. Una buena cota. No llevo pulsómetro ya que olvidé la cinta en Madrid por lo que hoy toca fiarse de las sensaciones. Espero que no me engañen. Arriba ni un respiro, coronamos y el alemán pasa fuerte al relevo. Sin apenas descanso ya que sigue una zona de repechos de esos de a plato. Por suerte esta vez dura poco y rápido encaramos una nueva bajada que nos devuelve al río. Unos kilómetros más de llano y tercer control con la centena de kilómetros ya superada. Nos lo tomamos con calma por lo que pronto llegan los otros tres que componían la grupeta.
Repuestas las fuerzas de vuelta a rodar por el llano hasta llegar a la parte más alejada de Coblenza, cruzar el río y emprender el camino de vuelta. Un par de pueblos grandes con bastante turismo y ahora nos va a tocar conocer las cotas del otro lado del valle. Tras callejear un poco por uno de estos pueblos nos adentramos en una carretera que serpentea junto a un río. De nuevo se repite el guión en cuanto las cifras se colocan entre el 7-8%. Yo marcando ritmo, el alemán a mi rueda. Los otros tres descolgados a las primeras de cambio. Subida larga y constante, pero sigo bien de fuerzas aunque ya no tan súper como en las anteriores. Empieza a molestarme un poco el cuello y la espalda por la geometría tan racing que tiene la bici. En esta subida es la única que flojeo algo y el alemán pasa a tirar, pero a un ritmo que aguanto perfectamente, mide 1,90 lo menos y se ve que este no es su terreno. Arriba, en este lado del valle hay mucha menos vegetación y el entorno está dominado por los campos de cultivo lo que tiene como punto negativo que quedamos claramente expuestos al fuerte viento que pega como atestiguan varios aerogeneradores que salpican las diferentes colinas. Repechos y más repechos y el plato grande que comienza a pesar. Aun así el ritmo sigue siendo bueno. Otro control más donde mientras sellamos y repostamos recuperamos a uno de nuestros acompañantes y otra vez rápido descenso buscando el Mosela. En el llano imagino que deben de ir ya justos ya que no pasan a relevo y me pego un buen hartón a tirar. Según mis cálculos solo nos queda un último bucle por la altiplanicie y por tanto aun me guardo un puntito. Dicho y hecho, nuevo desvío a la derecha y nos metemos en una carreterita preciosa, muy bucólica de asfalto rugoso y estrecha donde a las primeras de cambio el tercero en discordia pierde la rueda. Tras el trabajo del llano me contengo y permanezco a rueda del alemán toda la primera parte de la subida, pero me lleva a ese ritmo donde no encuentras el desarrollo justo, las piernas me piden un punto más, así que pasó a tirar repitiendo el guión del día.
Arriba giramos la carretera tiende a girar a la izquierda por lo que en esta parte el viento resulta brutal, completamente frontal y los repechos son largos y mantenidos. Nos olvidamos de plato, lo decido después de subir uno de ellos y sentir como queman las patas. Voy tirando fuerte y autoanimandome. Es curioso lo que desparrama la cabeza tras unos días por aquí hablando en mi precario inglés, que mis pensamientos de autoánimo me salen en el idioma de Shakespeare: “Come on, keep on pushing!”, “You’ve got good pace!”, “only ten more k and flat terrain to the finish”. En esto voy pensando en esos repechos sin fin o fijándome como un par de chicos aprovechan un campo de futbol para practicar su swing. Finalmente alcanzamos lo alto de una colina y giramos a la derecha con lo que el viento se apiada un poco de nosotros y encarar un rápido descenso hacia el pueblo donde está ubicado el último control.
Con más ganas de terminar que otra cosa, reponemos rápido y salimos zumbando de allí continuando calle abajo. A los pocos kilómetros alcanzamos un cruce donde dudamos sobre el camino a elegir ya que la única señal de la marcha que hay es poco visible. Qué raro, todo el camino perfectamente señalizado y esta se les ha escapado. Más raro aun girar otra vez a la derecha y otra vez repechos y viento infernal. Algo no me cuadra. Tengo una clara sensación de deja vu, que se confirma cuando veo a dos chicos jugando al golf en un campo de futbol. Dioos, creo que nos hemos colado en algún cruce. Me vengo un poco abajo, cuando me ocurren estas cosas encima de la bici me suele quedar muy choff. Esa cabecita, al igual que me ocurrió en Denia tras la caída. Llegamos de nuevo al control y la mujer que lo atendía aparece corriendo para indicarnos donde nos hemos confundido. Efectivamente hay una señal para girar a la izquierda que no vimos con el ansia de sellar el control y salir cuanto antes y que nos ha costado unos 5-10 km más. Reencontrado el camino, ahora por lo menos la carretera tiene una tendencia descendente aunque los repechos siguen. He vuelto a recuperar de mi mini crisis mental y me concentro en tirar con fuerza en cada relevo a ver si conseguimos enganchar a los otros de la grupeta que seguro que nos han pasado. Al primero lo cogemos al poco de salir del control. Va cascado porque no dura ni un kilómetro a rueda. Al otro un poco más adelante. En el llano aguanta bien, pero cuando llegamos a un repecho un poco más duro también se suelta. Otra vez estamos en la cabeza oficiosa de carrera – vale que es una marcha y cicloturista de verdad – apenas unos cuantos repechos más y empezamos a meternos un vallecito con una serpenteante carretera y un arroyo a nuestro lado. Ya no hay pérdida, siguiendo el río acabamos en el Mosela fijo. Efectivamente, tras unos kilómetros de bajada reaparece la gran lámina de agua y giramos definitivamente a la izquierda para afrontar los últimos 20 km.
El problema de este tramo va a ser nuevamente el viento. Frontal y del costado izquierdo. Aun así las ganas de terminar y que estoy bastante entero de piernas hacen que mantenga un crucero elevado, todo el rato 30-35 km/h. Mi compi hace rato que no pasa a relevo, le ha debido dar el bajón definitivo, hasta que a falta de 10 km le tengo que pedir que me deje respirar un poco ya que me estaba empezando a fundir con tanto aire. Durante 5 km recupero para volver a pasar y finalizar los últimos de forma pletórica. En la recta de llegada saludo entre caballeros para felicitarnos por un fenomenal día y un perfecto entendimiento. Uno español, otro alemán y un idioma común, el del ciclismo con el que nos hemos entendido perfectamente durante 7 largas horas.
Por último, agradecer a Canyon y en especial a Fernando, su representante en España, el fenomenal fin de semana, donde a pesar de venir a trabajar no he llegado a tener esa sensación en ningún momento con un ambiente excepcional y acogedor entre todos los que estábamos allí, periodistas, gente de Canyon. Volvemos con las pilas cargadas a Madrid y pensando ya en las próximas aventuras que aguardan en el calendario.

4 comentarios hasta ahora
1 Rafa "Pana" // abr 11, 2011 a las 10:28
Ufffff Sergio, gran crónica, parece como si hubiese estado allí, detrás de vosotros…… gracias por estos “ratos”. Saludos
2 Luis // abr 12, 2011 a las 21:49
Como estás disfrutando de tu nuevo curro………..y quien no disfrutaría?
3 José Ángel // abr 18, 2011 a las 7:48
Hola Sergio, soy tu vecino del 4º, me alegro mucho de que seas tan feliz en este curro. La verdad es que la gente de Canyon es majísima, yo también les conozco y son un encanto. Espero volver a verles este año en Eurobike. Un abrazo Sergio.
4 Rompiendo la racha | Cicloturista de profesión // dic 31, 2011 a las 20:57
[...] avión en la marcha de los Vals de la Marina, o el fenomenal fin de semana en Alemania visitando la fábrica de Canyon donde anduve sin cadena en una preciosa marcha de 200 kms, con el resto de periodistas flipando y [...]
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