Etapa 5: Ligonde – Santiago
Esto se acaba. Me levanto con una sensación contradictoria en el cuerpo. Por un lado con un montón de cansancio
acumulado de estos días atrás deseando por fin alcanzar el final de esta aventura, por otro lado triste porque esta maravillosa va tocando a su fin. Repito por última vez el ritual ya casi automatizado de ordenar todas mis pertenencias y colocarlas en su exacta ubicación en las alforjas, me despido de mis compañeros de albergue que tampoco han hecho mucho por madrugar, mientras comienzo mi suave rodar por esa carreterilla estrecha y rompepiernas que ayer casi me mata y hoy me parece el lugar más bonito del mundo, transitando entre minúsculas aldeas gallegas. Pero pronto se rompe el hechizo ya que alcanzo la nacional que seguiré hasta el mismo Santiago. Agacho la cabeza y pongo velocidad de crucero buscando llegar a Palas de Rei donde he decidido parar a desayunar.
Desde aquí el trayecto que me queda la verdad que es bastante feote para hacer en bici de carretera, como digo una carretera nacional con bastante tráfico, en constante sube y baja como buena carretera gallega que se precie y transitando por zonas cada vez mas urbanas según nos acercamos a Santiago.
compañeros de albergue comienzan a recoger para salir tempranito, es lo que tiene ir caminando. Yo estoy muy a gusto en el saco y racaneo un poco, pero justo antes de que se vayan no puedo evitar levantarme para despedirme de ellos. Ya entonces si, me desperezo y comienzo a recoger con una sensación de frio tremenda. Nuevamente el cielo raso y una helada de consideración va a ser lo primero que me encuentre nada más salir a la calle.
cierto miedo. Me asomo a la ventana y lo que se ve no anima para nada a salir, el cielo completamente raso, sin una nube y los primeros rayos de sol mostrando unos campos cubiertos de escarcha. Bueno, que mejor forma de entrar en calor que dando pedales. Me tapo bien de forma que no quede ni una pizca de piel expuesta al gélido frío y me lanzo a la carretera. Puff, dolor es poco. A los pocos kilómetros los pies son dos muñones y las puntas de los dedos duelen y tengo que andar constantemente cambiando de postura sobre el manillar y poniéndome de pie cada poco para no quedarme congelado. A la salida del siguiente pueblo, Villalón de Campos saco una descriptiva foto mientras el termómetro me dice que son -5ºC la temperatura que me hace sentir así. Por suerte a estas horas el tiempo esta calmado.
Nuevamente a las 8 de la mañana suena el despertador. Las piernas doloridas del día anterior aunque parece que hemos recuperado decentemente ya que no me cuesta levantarme. Recojo todo el chiringuito y decido salir hasta el siguiente pueblo ya que allí a esas horas no hay nada abierto para desayunar, así que enfilo en dirección hacia Nava de la Asunción y como me parece poco continúo hasta Coca.



Después de cuatro días creo que ya es tiempo mas que suficiente para haber reposado esta nueva edición de la Quebrantahuesos. Viendo el título que me ha salido ya os podéis hacer una idea de cual es la sensación que me ha dejado. Total y absoluta indiferencia. Tras seis participaciones consecutivas la verdad que resulta complicado encontrar algo que te sorprenda que te haga sentir otra vez ese gusanillo y si varios aspectos y circunstancias que han pesado en contra.