Cada año cuando llegan estas fechas lo vemos en la tele. Gente que se dedica a nadar en un lago helado, los saltos de esquí, las San Silvestres, esas cosas. Yo como ya sabréis los que me seguís una que no falla es la rutita el día de navidad, habitualmente por tierras segovianas, este año además, he recuperado otra que tenía un poco abandonada, irme al pueblo en bici y es que el hacer un recorrido en línea, no se, para mi tiene un sabor especial. Te da esa sensación de que has ido a algún sitio…aparte de lo vacilón que queda cuando con orgullo lo cuentas durante la cena de Nochebuena a familiares y amigos.
Estando de vacaciones y con bastante trabajo previsto para la cuesta de enero ya me dejó claro Julio –mi entrenador – que tocaba acumular kilómetros, así que decidí desempolvar del baúl de los recuerdos una locura que hice en 2005 y 2006 –uff, no tenía la sensación de que hubiera pasado tanto tiempo- Esta vez decido cambiar la ruta para evitarme el periplo en transporte público y salir desde la puerta de casa.





No hace falta ser Marty McFly, ni el doctor Brown, ni tan siquiera tener un DeLorean equipado con condensador de fluzo para pasar unos días en el pasado. En una época donde el ciclismo y los ciclistas eran de otra manera, destilando elegancia, sin miedo a afrontar los más duros recorridos y por lo que eran recompensados con la fama y la gloria de ser considerados auténticos héroes, que diferente de la imagen actual de este deporte.

