Cuando sales día si, día también por los mismos recorridos, la verdad que hay veces que estas deseando que algo cambie para sacarte de esa monotonía. Hoy la verdad que ha sido uno de esos días y la verdad que la que me ha pasado es cuanto menos curiosa.
Iba yo camino del carril bici, hoy con el ojo puesto en el pulsómetro, día de rodar y rodar, en esto que al fondo veo a un coche parado, con los intermitentes de emergencia encendidos y yo pensando “no tendrá mejor sitio donde parar”, por decirlo de manera fina, porque la verdad se encontraba en un sitio nada conveniente, cuando veo que junto al coche esta su conductora con pinta de bastante desesperación. Según me acerco me hace señales y paro. La mujer todo agobiada, a ver si me puedes ayudar, que el coche, que se ha parado, que ha empezado a dar tirones, creo que se ha quedado sin gasolina. Intento tranquilizarla y sin dudarlo la digo que espere que me acerco en un momento a la gasolinera que la verdad estaba cerca, a menos de un par de kilómetros. Para allá voy, cojo una garrafa, el dependiente descojonándose cuando ve a un tío vestido de ciclista, aparcar la bici, entrar allí y pedir gasolina. Total, que regreso con la garrafa al punto donde estaba la mujer, relleno el deposito ya que la mujer estaba tan nerviosa que no acertaba ni a quitar el tapón y resulta que arranca sin problemas. La mujer se deshacía en halagos y agradecimientos mientras me dispongo a continuar con el entrenamiento.
Luego ya en marcha, como uno tiene la costumbre de darle vueltas a la cabeza en esas largas jornadas de fondo rodando al tran-tran, me pongo a pensar en ello. Creo que hemos ganado un conductor para la causa. Intento imaginar que esta mujer a partir de ahora cuando vaya por la carretera, en primer lugar verá a los ciclistas, lo que implica que seguramente los tendrá en cuenta y lo que redundará en el tan demandado respeto tan anhelado desde nuestro colectivo.
La verdad que pensado así, uno se siente bien por aportar un pequeño granito, mas y cuando la imagen del ciclista para una gran parte de los conductores nos considera poco menos que un estorbo que debería ser erradicado de las carreteras, especialmente en entornos con tanto tráfico como Madrid y con la gente tan estresada de continuo. No hay mas que echar un vistazo a los foros automovilísticos para encontrar perlitas del tipo: “Debería estar prohibido que circulasen por estas carreteras ya que muchas veces nos la tenemos que jugar para adelantarles, eso si, dejándole el metro y medio reglamentario al pobrecito ciclista que lo único que hace es estorbar y ponernos peligro“.
La verdad que hay que admitir que muchas veces tenemos culpa en que los conductores nos vean de esta manera. Que levante la mano el que no se ha saltado un semáforo yendo en bici o el que cumple a rajatabla todas las normas, o todos hemos visto alguna que otra vez como entran en las rotondas algunas grupetas sin importarles para nada lo que circula dentro, o hemos ido subiendo un puerto viendo el paisaje sin preocuparnos si íbamos o no pegados a la derecha, o hemos circulado a mogollón en vez de en fila de a dos como nos permite el reglamento.
La conclusión que saco de esta reflexión es precisamente que hemos de poner un poquito de nuestra parte para hacer entender a los conductores que tenemos tanto derecho como ellos a estar ahí, a explicarles el porque de ciertas cosas, a no buscar la confrontación sino la convivencia. Pasito a pasito, hoy hemos ganado una conductora para la causa, estaría bien ganar alguno mas cada día, seguro que llegaría el momento en que nos podríamos sentir como si transitáramos por Holanda o Bélgica.
Esperemos verlo algún día.



