Ya estoy recuperado, no es que se trate de un esfuerzo sobrehumano, pero la ascensión de ayer hasta la cumbre del Pico de las Nieves merece un descanso y, como no, una reflexión.
Muchos la han etiquetado como “la montaña más dura de Europa”, que es como decir que es lo más difícil a lo que cualquiera de los mortales que frecuentamos el cicloturismo vocacional nos enfrentaremos jamás de los jamases. En este momento no voy a entrar en este tipo de valoraciones, los amantes de las cifras y las estadísticas escaladoras seguro que ya lo tienen catalogado, la mayoría sin haberlo subido, pero, tras ascenderlo con la de ayer en 12 ocasiones por la vertiente de La Pasadilla (más otras cuatro por otros itinerarios a cuál más duro), he vuelto a resucitar ese espíritu aventurero que a todos nos hace subir tanto la autoestima, que muchos no entienden y, lo peor de todo, que jamás comprenderán.
Debido a mi trabajo, que la mayoría de los que entráis en esta bitácora conocéis, me ha tocado describir esta ascensión en muchas ocasiones, por lo que me vais a permitir que la resuma: larga, dura, atractiva y, sobre todo, desafiante. Para llegar a la cumbre del Pico de las Nieves no basta con ir entrenado y tener controladas las pulsaciones, hace falta algo más. Salvo los “gallos” que cada año, desde hace ocho, logran cubrir los 23 kilómetros cronometrados que separan las calles de la población de Ingenio de la cumbre en menos de 90 minutos, el resto de los que lo intentamos, en un momento determinado nos encontramos pedaleando en solitario. Aquí no sirven las pedaladas de referencia de otro cicloturista, ni ir a rueda, ni tan siquiera los mensajes de ánimo de la infinidad de personas que acuden a las cunetas para disfrutar del espectáculo en el que se ha convertido esta escalada; cuando superas la población de La Pasadilla te encuentras pedaleando con tu conciencia, haciéndote la pregunta más elemental: ¿qué hago aquí?
La cruda realidad
Los pedales se clavan, la velocidad apenas supera los 7 km/h y, si levantas la mirada, ves a otros cicloturistas retorciéndose como tú, pero cinco pisos más arriba del edificio virtual en el que se convierte la conocida como Loma de la Morisca o el Lomo del Caballo. Un porcentaje superior al 20% supone que, por cada 10 metros que avances, estarás ascendiendo dos metros en vertical… pero las rampas tienen bastante más de 10 metros de longitud. Llega un momento en el que, si echas cuentas, llegas a la conclusión que a esa velocidad tardarás una hora en salir de esa zona en la que mantenerte en equilibrio ya es todo un desafío. En ese momento entra en juego el verdadero entrenamiento de calidad: el entrenamiento mental. Ahora debes convencerte que lo que estás haciendo es participar en el escenario de una de esas metas que nos proponemos en la vida, y no es un objetivo cualquiera, esto requiere de toda nuestra atención. La fuerza física pasa a un segundo término, ahora se trata de que la cabeza oriente a nuestro sistema neurovegetativo y el optimismo sea la única energía de reserva que nos permita olvidarnos del esfuerzo y convertir la dificultad en un elemento alentador.
La otra historia
Esta es la parte más o menos poética, pero la realidad que viví ayer fue otra. Al superar las primeras rampas de La
Pasadilla veo en la pantalla de la cámara de vídeo el mensaje “memoria completa”. El excesivo celo que he puesto para haceros llegar entrevistas, planos y ciclistas retorciéndose, han acabado con los gigabytes de la tarjeta. En estas que aparece Iñaki Lopetegi, el fotógrafo oficial de la Vuelta a Maspalomas, y me dice que me puede dejar una tarjeta de poca capacidad, pero al menos me salvará unas cuantas tomas. Aprovechando un pequeño llano me detengo y cambio la tarjeta de memoria. Espero unos minutos a que lleguen cicloturistas y así captar tomas que os puedan hacer vivir esta escalada. Hago un par de tomas y vuelve a aparecer el mensaje. Efectivamente la tarjeta que me pasó Iñaki era muy pequeña. Pero todavía me quedaba otro recurso: saqué el teléfono móvil y decidí que lo de menos sería la calidad, con tal de haceros llegar las imágenes del Pico de las Nieves. Después de todo, la luz era fantástica y la tecnología avanza que es un primor y en el vídeo que colgué ilustrando la crónica de esta etapa no se aprecia demasiada diferencia de calidad. Como también me quedé sin poder hacer fotos (utilizo la misma cámara para foto y vídeo) fue el Nokia el encargado de sacar la mayoría de las fotos que he incluido en ese reportaje.
Enfrascado en estas ideas, de pronto, levantas la mirada y te das cuenta que hace más de una hora que comenzaste esta lucha de gigantes y que frente a ti aparece la Caldera de los Marteles, un lugar paradisiaco que te hace olvidar el sufrimiento. Este paisaje lo has ganado con tu esfuerzo y seguro que sabes disfrutarlo, como cada una de las pedaladas que te quedan hasta llegar a la cumbre, rodeados por un bosque de coníferas, con el Pico del Teide de la cercana isla de Tenerife como telón de fondo de esta película que ahora estamos viviendo.
La mejor de las sorpresas
Llega la cumbre, siempre atestada de gente: familiares festejando la prueba superada de sus más queridos, ciclistas y cicloturistas felices, aunque con el gesto desencajado por el esfuerzo, infinidad de medios de comunicación buscando colocar la etiqueta de héroe a los más veloces, curiosos que, a la vista del hormiguero, se han sumado al gentío… Entre todos aparece la sonrisa de Tere, la madre de Mireya y a su lado, como no podían faltar, Luis y David. Entre parar para hacer las fotos, los vídeos, cambiar las tarjetas… llevaban esperándome desde hacía más de media hora. Un amigo es el que lo demuestra cuando menos lo esperas… y cuando más lo necesitas. Comí un exquisito plátano canario de los que siempre pone a nuestra disposición la organización de la prueba, cargué los dos botellines con agua y, en menos de cinco minutos, nos encontrábamos los tres bajando por la vertiente sur del Pico de las Nieves. Para los que no lo conozcan, la organización da por concluida la etapa en la cumbre y, desde allí, se baja a todos los participantes en un autobús hasta Maspalomas. Pero siempre prefiero bajar en bicicleta: es casi tan reconfortante como haber llegado satisfecho a la cumbre. El escenario es indescriptible: 52 kilómetros de descenso (aunque hay un puerto de unos 3 kilómetros, con rampas del 12%, antes de llegar a Maspalomas) atravesando lugares tan increíblemente bellos como el Roque Nublo, Ayacata, el Barranco de San Bartolomé de Tirajana, la Montaña Blanca de Taidía o Fataga.
Con Luis García Landa ya he bajado en más ocasiones. Es de las pocas personas que conozco de las que te puedes fiar para ir a rueda y David le va a la zaga (ha tenido al mejor maestro). Bajamos muy rápido, pero con sensatez, entre infinidad de curvas, a cual más ratonera, y, sin cambiar una sola palabra sobre la organización de esta grupeta improvisada, vamos relevando cada uno a la cabeza para marcar el ritmo. A Luis y a mi se nos hace corto, ya hemos bajado unas cuantas veces por aquí, pero David, que era su primera vez, hace varios comentarios sobre la especie de videojuego que estábamos viviendo y que no parece acabarse nunca.
En poco más de 1 hora nos encontrábamos peleándonos con los coches en las rotondas de Maspalomas (mucho “guiri” acostumbrado a conducir con el volante a la derecha y algún “aborigen” pasado de rosca) y la jornada tocaba a su fin.
Hace 12 años Ángel Bara, el organizador de la Vuelta a Maspalomas, sin conocerme nada más que por leer mis artículos en Ciclismo a Fondo, me llevó hasta la localidad de Ingenio para que midiera “una subida terrible” que había en el interior de esta isla. En aquel momento nació el mito del Pico de las Nieves hoy, para casi nadie, no es una montaña más.
PD: para los que leyéseis el post anterior, informaros que la Cannondale Synapse funciona como si se tratase de un reloj Suizo.













9 comentarios hasta ahora
1 sergiopalomar // Dic 7, 2009 a las 17:07
Envidia sana
Algun año…..
2 Frank y Montse // Dic 8, 2009 a las 13:14
Un placer haber disfrutado del sol y de éstas carreteras en buena compañía.
Nosotros 2 días de sol y de piscina, ji, ji, ji…
Nos vemos en la próxima!!!
3 cascoloco // Dic 16, 2009 a las 14:01
A ver si para 2010 me animo…
¿Con qué desarrollo subías las rampas más duras? ¿34 x 27?
¿Te parece más duro que el Angliru?
4 Pablo Bueno // Dic 16, 2009 a las 15:48
La bici que alquilé llevaba un 30×25 creo recordar. Para mi es más duro el de las Nieves, el Angliru lo he subido 3 veces y este alguna más, y siempre sufro mucho más en este. El puerto asturiano creo que es para ciclistas con más potencia, ya que hay un tramo mantenido donde se suceden pendientes siempre superiores al 14%, pero son sólo 6 kilómetros de ascensión muy dura, mientras que el Pico de las Nieves, como lo cojas desde el principio, en Carrizal, tiene 26 kilómetros y 2.000 metros de desnivel… vamos, que echas la mañana.
Pero esto es un tema muy subjetivo, a mi me van mejor los puertos duros y cortos: sufro más en los largos, creo que no se pueden comparar puertos tan diferentes.
5 Henry Hernandez. // Dic 17, 2009 a las 22:47
saludos desde colombia y felicitaciones por tan exelente revista lastima que aqui nos llegue tan retardada.
6 LUIS // Dic 19, 2009 a las 12:47
Puntualmente yo creo que la “cueña de les cabres” es más dura que cualquier rampa del Pico de la Nieves, pero valorando el puerto en la totalidad éste es peor; cuando ya has pasado de Cazadores aun te quedan varios km. por ascender y si no has regulado convenientemente corres el riesgo de ver asomar la sombra del “hombre del mazo”.
7 Eugenio // Dic 19, 2009 a las 17:54
Hola Pablo, quería publicar en el blog un artículo con el escaneo de un artículo de CAF de 1993, y quería preguntar si habría algún problema en ello. Gracias por la atención y… ¡vaya puertaco!
8 pablobueno // Dic 20, 2009 a las 18:47
Eugenio, siempre que cites la fuented de la revista no hay ningún problema.
Saludos
9 Eugenio // Dic 20, 2009 a las 20:59
Gracias, ya está publicada la entrada.
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