Todo ha quedado atrás: ya hemos celebrado la kedada que habíamos convocado el pasado 23 de octubre en nuestro Foro y ahora es el momento de disfrutar con los recuerdos.
La idea original, que a unos les atraía en exceso y a otros les ahuyentaba, era la de romper los moldes y celebrar una marcha invernal, a sabiendas que el frío y la mala climatología podrían ser enemigos mucho más rebeldes que los porcentajes de los puertos a superar. Al final no resultó tan dramático como podía parecer, pero el rigor climático estuvo presente, más en forma de fuerte viento que con bajas temperaturas, lluvia o nieve. Pero nada que pusiera en peligro las intenciones de la treintena larga de cicloturistas ilusionados que nos dimos cita en la localidad alavesa de Laguardia el pasado 6 de febrero.
La jornada previa
Aunque no está demasiado lejos de mi lugar de residencia, desde Madrid a Laguardia hay unos 400 kilómetros, por lo que decidí realizar el viaje el viernes por la tarde. A las 3 ya estábamos en la carretera, con todo cargado -sobre todo las ilusiones- y soportando los atascos itinerantes que bloquean las entradas y salidas de la villa y corte en los momentos más inoportunos. Una parada técnica en La Cabrera para atacar unas raciones de calamares y continuamos viaje.
Nuestro incombustible Txema López de Munain nos había resuelto toda la logística del viaje, y las siete parejas que
íbamos a dormir en Laguardia ya teníamos todas las reservas hechas y el plan de viaje perfectamente organizado por nuestro anfitrión riojano. Al abandonar el peaje para tomar la carretera de Logroño, contactamos con Txema y acordó salir a nuestro encuentro en Labastida para guiarnos hasta el mismo hotel. En poco más de una hora, nos encontrábamos todos los convocados tomando unos vinos por las callejas de la increíble localidad de Laguardia.
Era inevitable: ninguno dejábamos de mirar hacia el cielo y nos preguntábamos si las nubes saltarinas que sobrevolaban sobre la torre de la iglesia de Laguardia nos darían alguna sorpresa al día siguiente. Con la tranquilidad absoluta que reina en esta población nos fuimos a la cama.
Las seis de la mañana
Aunque la kedada estaba convocada a las 10 de la mañana, resulta imposible desprogramar el chip en tan sólo un fin de semana, y a la hora de costumbre ya estaba despierto. Por la ventana se veía despuntar una mañana bastante antipática. Mucho viento, restos de nubes correteando por el horizonte y las cimas de la Sierra de Cantabria, la que tendríamos que atravesar por dos lugares diferentes a lo largo de la marcha, enmarañadas de gruesas capas de nubes.
A la hora convenida nos reunimos todos en el desayuno y, pasados pocos minutos de las 9, nos asomamos por la ventana y empezamos a ver movimiento ciclista delante del hotel: el punto de partida pactado con todos los participantes. El primero en llegar fue David Ibáñez, nuestro ángel de la guarda durante toda la ruta, con el furgón de Campagnolo. Con él venía Alfonso (un bigote tras el que se esconde un ciclista), en pocos minutos apareció Txema y el movimiento ya no se pararía hasta que comenzó la marcha.
Los momentos previos a la salida fueron de lo más animado: allí les pusimos cara a algunos foreros (no voy a nombrar a ninguno para evitar dejar a alguien fuera de la lista), revivimos tantas y tantas rutas con los amigos de siempre (Jorge Bartolomé, Luis García Landa, Javier Oroquieta, Juan Carlos Alvaré …) , al tiempo que ellos mismos nos presentaban a otros tantos amigos que se había unido a esta convocatoria. Esto es lo mejor de la familia ciclista: en pocos minutos se adoptan primos, tíos, hermanos, sobrinos… y hasta abuelos, porque Jesús Ibisate, nuestro más querido patriarca, perfectamente pertrechado con prendas invernales, era el primero dispuesto a pedalear, con la mira puesta en anotarse una marcha más en su lista de a las miles que habrá recorrido a sus 82 años de edad.
Las diez menos cinco
Nos reunimos para la foto de familia y contamos 33 cicloturistas: más tarde nos daríamos cuenta que Ibisate, para no ralentizar la marcha (es educado hasta la saciedad) había salido 5 minutos antes pensando que nuestro ritmo sería mucho más rápido que el de él.
A la hora prevista comenzábamos a pedalear: La Siberiana había dejado de ser un sueño. Hacía fresquete, pero el viento soplaba del oeste y nos iba dando en la espalda (malos augurios para la segunda parte de la ruta), por lo que el
ritmo era muy vivo, aunque tranquilo. Todo el mundo charlando y guardando la compostura, como podréis comprobar en el vídeo adjunto. Antes de lo que pensábamos se presentan las primeras rampas del puerto de la Aldea. La carretera se embosca y la pendiente se mantiene en torno a un 6% de inclinación media; nada que fuera preocupante. La carretera va poniendo a cada uno en su sitio, aunque nadie pierde la elegancia y el ritmo es bastante relajado. Luis García Landa, que siempre va preocupándose de lo que pasa a cola del pelotón, me pregunta que cuánto queda para la cumbre y, al averiguar que sólo faltan dos kilómetros, se despide, carga piñones y, en dos pedaladas, desaparece como una exhalación. Su reto era personal, es el clásico gesto del que pretende probarse para ver cómo se encuentra de estado de forma. Cuando afronto los 400 metros finales, Luis ya estaba descendiendo, en sentido contrario al de la marcha, para ir a buscar la cola del pelotón, por si era necesaria su ayuda para algún compañero: genio y figura. Por algo es uno de los cicloturistas más queridos de nuestro país.
Pasada la cumbre, en los primeros metros del descenso, estaba el furgón de Campagnolo. Reagrupamiento, primeras batallitas, algunas fotos… Txema aparece comentándonos de Mitxelo había tenido una contractura y que venía sufriendo un poco. Enseguida aparece en la cumbre, hace estiramientos, se masajea la pierna afectada y decidimos reagruparnos en Bernedo, la población que hay debajo del puerto, donde haría menos frío.
Un incómodo compañero
En Bernedo algunos aprovecharon para tomar un café calentito mientras nos agrupábamos, pero recibimos una invitación de Fernando, que vive en la cercana localidad de Peñacerrada, para visitar el centro de interpretación de Lagrán, población que estaba en nuestro camino. Hacia allí nos dirigimos todos y aprovechamos para hacer un descanso de unos 15 minutos. Al ponernos en marcha alguien hizo la pregunta del millón de dólares: ¿alguien ha visto a Jesús Ibisate?
Emprendemos la marcha en dirección al puerto de Herrera, y pronto padecemos la visita de un incómodo compañero: un fuerte viento de cara nos zarandea hasta que, en las proximidades de Pipaón, la carretera se esconde entre árboles y logramos recuperar el resuello. La pierna de Mitxelo dice basta, y con gran pesar, tiene que hacer de copiloto en el furgón de Campagnolo. Ahora la carretera se convierte en una estrecha pista asfaltada, pero en muy buen estado de conservación, aunque las rampas, de hasta el 17% de inclinación, nos recuerdan que esto del cicloturismo también tiene sus normas.
Suena el móvil, me detengo para contestar y escucho la voz de Iñaki Lopetegui: “¿por dónde estáis?” Iñaki, que se gana la vida como cámara de televisión y fotógrafo (con más de 10 Giros, Vueltas y Tours a sus espaldas), me había prometido que si estaba libre el día 6 de febrero vendría a hacernos alguna foto. Había estado grabando un concierto hasta las 3 de la mañana, lo que no le impidió salir zumbando de Tolosa al amanecer para estar con nosotros cuanto antes.
Herrera, el balcón de la Rioja
Se termina la pista y desembocamos en la carretera general que viene desde Vitoria por Peñacerrada. Allí están todos
los familiares esperándonos y el furgón de Campagnolo marcando el cruce para hacernos visibles para los coches que transitan por esta carretera. Enseguida llegamos al paso de montaña y allí nos encontramos con Jesús Ibisate que llevaba un buen rato esperándonos. Tan fresco como una lechuga. ¿Se os ocurre algún ciclista más apropiado que este para admirar?
Tras unos minutos de descanso descendemos a gran velocidad por la vertiente riojana de Herrera. La velocidad que se alcanza en este puerto es endiablada (tiene kilómetros completos con más del 10% de pendiente), pero hoy es muy peligroso correr, porque el viento lateral nos hace cambiar de carril sin que nosotros lo deseemos.
En la base del puerto decidimos hacer reagrupamiento para llegar en pelotón hasta Laguardia, que tan sólo dista 4 kilómetros del lugar donde nos encontramos.
A medida que descubríamos sobre la línea del horizonte las murallas y castilletes de la población que sería nuestro fin de trayecto, sentimientos enfrentados nos invadían: alegría por haber visto cumplido este proyecto, y pena porque estaba muy cercano el final.
Aun pedaleando a un ritmo muy relajado, y parando en todos los lugares que consideramos pintorescos, llegamos a Laguardia casi con una hora de antelación, por lo que hablamos con el restaurante para que adelantase la hora de la comida. La fiesta continuaba y 50 compañeros, entre cicloturistas y familiares, apuramos hasta bien entrada la tarde el ambientazo de esta kedada. Nuestro buen Jesús Ibisate, junto con el presidente de la Sociedad Ciclista Vitoriana (los organizadores de la Marcha Vitoria-Vitoria, muy recomendable para los amantes de las largas distancias), nos agradecieron la visita que habíamos hecho a su tierra, regalándonos una botella de vino de Rioja a cada asistente.
No dejéis de pasaros por el Foro, porque ya está convocada la siguiente kedada, que será en Sabiñánigo el 15 de mayo, con la intención de dar la vuelta a la comarca natural de El Serrablo.
Los imprescindibles
Sin la colaboración de Txema, David Ibáñez (Campagnolo), Iñaki Lopetegi, Juan Carlos Alvaré, Ana Ibarra y Antonio Peiró, habría sido muy difícil que La Siberiana hubiera sido una realidad y que las imágenes que ahora podéis contemplar existieran. Nuestro agradecimiento infinito para ellos.
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5 comentarios hasta ahora
1 Chema Arguedas // feb 9, 2010 a las 22:45
¡Qué bien! A la siguiente me apunto. Espero tener bien el dedo, jeje
2 Pablo Bayo // feb 10, 2010 a las 9:25
Muy buen reportaje. Me lo pase de vicio, lastima que tenia compromiso familiar en Soria, la proxima me quedo a comer con todos. Un saludo
3 luis // feb 10, 2010 a las 15:08
Precioso Pablo, como siempre. Cuenta con nosotros y muchos de nuestros amigos para la siguiente. Un beso. Tere
4 luis // feb 11, 2010 a las 1:18
Buena crónica Pablo, divertido como siempre el estar entre amigos.
A repetir.
Luis (Ahora si )
5 JAVIER ÁLVAREZ MUÑIZ // feb 11, 2010 a las 8:45
Buenas, me identifico , soy el “invitado” de Luis y Tere. Solo espero la próxima para poder compartir momentos de amistad y compañerismo en carretera como los vividos en La Guardia con todos vosotros. Gracias y Saludos.
Nos vemos en la “Vuelta al Serrablo 2010″
P.D. Yo de Mayor quiero ser ” Jesús Ibisate”
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