La pasada semana coincidí por sorpresa con Perico en la presentación de un libro que hacía un amigo común en una famosa librería de Madrid. Al terminar el acto estuvimos charlando un buen rato y Pedro Delgado me estuvo comentando sobre el empeño que ha puesto en difundir el Manifiesto Ciclista con el que pretendemos conseguir un apoyo importante de los usuarios de la bicicleta frente a la Administración. Ese manifiesto es una iniciativa que parte desde nuestra redacción, le hemos dado un ámbito anónimo para que nadie pensase que detrás había intereses comerciales y, es más, los depositarios de todos los datos obtenidos son la propia Asociación de Ciclistas Profesionales (ACP) quienes, en colaboración con el propio Perico, emprenderán las acciones legales oportunas que tengan como finalidad ver reconocidos nuestros derechos. Hasta aquí todo parece una presentación rutinaria de esta acción, bajo el convencimiento que en una sociedad en la que las leyes son las que rigen nuestro comportamiento y que los malos son siempre castigados por los buenos que administran la paz y el orden.
Indignación
Como la primavera nos empieza a sonreír ya se pueden hacer recorridos por las zonas de montaña donde el
invierno se muestra más intransigente. Así que decidí hacer un recorrido por los puertos de Madrid. Había ambientillo ciclista, buena temperatura, no demasiado tráfico rodado… todo perfecto hasta que, en plena subida al puerto de Cotos, me pasa una moto de la Guardia Civil de Tráfico. Iba yo pensando que enseguida pasaría el otro, ya que, hasta el momento, siempre van en pareja. Cual es mi sorpresa cuando lo primero que pasa a mi lado, ¡rozándome a menos de 10 centímetros!, es la aleta de un coche azul. Lancé un exabrupto, hice un gesto exagerado con la mano y, casualidades de la vida, a continuación me adelanta el otro motorista de la Guardia Civil de Tráfico. La reacción del policía al presenciar ese acto fue acelerar, hacer un par de señales con el claxon, ponerse a la altura de la ventanilla de automovilista y regañarle.
Yo estaba convencido que, en alguno de los rellanos del puerto me encontraría al coche detenido siendo sancionado por la autoridad. Adelantar a un ciclista a menos de 1,5 metros se considera sanción grave, al no tener como resultado un accidente al conductor le cae una multa y la retirada de cuatro puntos del carné de conducir. Confiando en la acción de la justicia iba yo elucubrando lo que debería de hacer: pararía, me identificaría (siempre llevo el DNI o el carné de conducir cuando voy en bici) y presentaría una denuncia particular, además de la que estuviera realizando el agente.
Para mi sorpresa nadie paro a nadie y el conductor que casi me tira se fue a su casa con una regañina del “señor agente”.
Todavía recuerdo, como si fuera ayer, en una reunión que tuvimos con el Sr. Pere Navarro que, al pedirle cuentas sobre la cantidad de denuncias que se habían registrado por no respetar el metro y medio a los ciclistas, él nos comentaba que “al ser un acto tan fugaz (utilizó ese término exacto) y difícil de identificar”, ya que tendría que producirse frente a los ojos de la autoridad, era difícilmente sancionable. Alfonso Triviño estaba conmigo en esa reunión y podrá testificar la veracidad de mis palabras.
Señor Pere Navarro, el sábado 10 de abril, a las 12:30 de la mañana, justo delante del cruce del bar la Isla, en la subida del puerto de Cotos, un agente de la Jefatura que usted dirige presenció un hecho delictivo… y no hizo nada. Otra mentira más acumulada sobre la losa que llevamos encima los ciclistas.
Más indignación
Tras la parada preceptiva en Venta Marcelino para tomarme un bocadillo de tortilla calentito y una lata de
isotónico fresquita, continúo mi ruta. En el tramo llano que hay entre Cotos y Navacerrada, veo que delante de mi pedalea una grupeta de media docena de cicloturistas (aunque actuaban como si les hubiese contratado Armstrong de gregarios) de un conocido club del norte de Madrid. Rodaban en paralelo de ¡hasta cuatro ciclistas! Uno de ellos sin caso (claro, los “profesionales” no lo utilizan). El colmo llegó cuando incluso se llegaban a pasar al carril contrario para trazar las curvas. Era sábado, esa carretera, sin ser peligrosa para los ciclistas, tiene bastante tráfico y en un par de minutos había unos cuantos coches haciendo caravana tras nuestros amigos cicloturistas. Yo seguía pedaleando desde atrás observando la aventura. Los coches no les podían adelantar porque iban ocupando la totalidad de la calzada. Ningún automovilista les pitó, todos se acomodaron a su ritmo y, al llegar a Navacerrada, la cola era de más de 10 coches. Comienzan a bajar el puerto en tropel, como el ejército de Pancho Villa, ocupando todo el ancho de la carretera, cambiando de carril en las curvas… uno de los coches que logra adelantarles es insultado, le increpan y vociferan. Por muy rápido que baje un ciclista ese peurto, se trata de una carretera nacional en la que los automóviles pueden circular a 100 km/h por lo que, siguiendo las normas de tráfico actuales, cualquier vehículo (la bicicleta no deja de serlo) que vaya a ser adelantado tiene la obligación de facilitar la maniobra. Realmente se estaban produciendo situaciones de mucho peligro. Adapté mi ritmo a la realidad del tráfico y, afortunadamente, les perdí de vista.
Sentí vergüenza ajena. ¿A estos ciclistas es a los que Pedro Delgado, Alfonso Triviño, la ACP y un montón de
personas más, que trabajan desde el anonimato, representan para que se les reconozcan derechos sobre el asfalto y mejore su seguridad vial?
La guinda del pastel estaba por llegar. Pensé que ya no vería más a estos ciclistas suicidas, pero lo mejor estaba por llegar: en lugar de hacer la raqueta obligatoria, necesaria para cambiar desde la carretera de Navacerrada a la de Colmenar Viejo, me los volví a encontrar saltándose todas las normas de circulación, haciendo un giro prohibido para cambiar de carretera, en el punto más alto del Collado del Portazgo; un lugar bastante peligroso ya que los coches que ascienden desde Cercedilla o desde el pueblo de Navacerrada pueden verse sorprendidos por esa maniobra y provocar un grave accidente.
Nunca me gustaría tener que escribir post como este, pero esta jungla en la que se está convirtiendo el tráfico para los ciclistas no puede dejarnos indiferentes a muchos.

7 comentarios hasta ahora
1 jaume // abr 13, 2010 a las 9:33
Lamentablemente, en cada salida tengo que ver cómo coches me adelantan sin dejar tan sólo medio metro de distancia, en curvas sin visibilidad, y también, y esto me jode más, ver a ciclistas (la última vez fe la semana pasada, dos cadetes mallorquines que corren en un equipo de la península, que se creen profesionales) que bajando puertos se meten en el otro carril para trazar mejor. NO sé qué COÑO hacían porque yo, sin salir de mi carril, los seguía perfectamente. Así no aprenderán a controlar la bici, y además, se ponen en peligro y ponen en peligro a los conductores de vehículos motorizados (que no por el hecho de llevar motor hay que demonizarlos). También me encuentro con ciclistas que van de tres en tres o de cuatro en cuatro, o que pedalean en medio del carril cuando tienen un bonito arcén o pueden hacerlo arrimados a la derecha, pisando la línea del arcén.
Y cuando me encuentro con algún amigo que me dice que los ciclistas vamos como locos, por culpa de esos energúmenos, me quedo sin argumentos. Sólo me queda decir que como en todos lados, en el colectivo ciclista también tenemos GILIPOLLAS.
2 alfonsotrivio // abr 13, 2010 a las 9:52
Doy fe que lo que cuenta Pablo sobre la charla con Pere Navarro al hilo de la entrevista que publicamos, es al cien por cien exacto.
Un pequeño detalle es que en vez de los cuatro los puntos que debieron quitarle al famoso hombre de Cotos, el motorista de la Guardia Civil se limitó a amonestar “verbalmente” al infractor. Una de las normas legales más incumplidas es la que obliga a los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado a denunciar obligatoriamente a quien cometiera una infracción a las normas de tráfico cuando poseen competencia directa en la materia. Lo más triste es que el General Rogelio Fernández Masegosa (responsable de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil) se comprometió con nuestro grupo estando Perico delante, a velar por la protección de los ciclistas y ordenar a los mandos una vigilancia más estrecha contra conductas que nos pusieran en peligro. Se ve que la estructura piramidal en algún punto se interrumpe. Uno de los muchos motivos que han forzado a crear el manifiesto. Por cierto, que si con cada tío que abronca a quien le haga una pirula tuviéramos una firma de adhesión, pasaríamos del millón de ellas, seguro. Una lástima que añade si cabe más frustración a los que estamos metidos en esta batalla.
Sobre la actitud de los grupos de ciclistas en salidas de clubes, llevo muchos años denunciando que los piques entre la grupeta provocan situaciones muy peligrosas con circulación abierta, y desgraciadamente en algunas ocasiones he tenido problemas con compañeros por pedirles que no ocupen el ancho del carril.
La clave es la educación. La mayoría de los conductores son respetuosos, nos adelantan bastantes con una paciencia infinita y sin percibir peligro por nuestra parte, pero en cada salida hay varios sustos que nos provocan energúmenos. Si todos lo fueran, sería imposible salir a la puerta de casa. Lo mismo ocurre con los ciclistas, la mayoría es gente consciente y prudente, pero con dos o tres de cada grupo grande que se pongan de a tres hace que una fila paralela de ciclistas se convierta en un pelotón que ocupa todo el carril.
En definitiva, el ciclista infractor será un conductor infractor al subirse al coche. Es la persona, no el vehículo, el que infringe.
3 tuareg // abr 14, 2010 a las 18:30
Desgraciadamente es así Pablo, muchos de nuestros colegas van por ahí como que fuese toda la carretera coto suyo, y los automovilistas nos tratan a todos por igual, lo mismo que exigimos que a un conductor se le multe por una maniobra peligrosa, que sa haga exactamente igual si un ciclista va mal… Si queremos que se cumpla la ley, nosotros demos ejemplo.
4 Cascoloco // abr 15, 2010 a las 23:52
Tenéis razón,
Pero una infracción o fallo del ciclista (intencionado o no) que acaba en accidente, el ciclista siempre sale perdiendo ante el coche.
Y si el que provoca el accidente es el vehículo motorizado (la mayoría, como bien sabemos por las estadísticas), nuevamente es el ciclista el que sale peor parado.
Todos somos humanos y cometemos errores, pero los que comete el que lleva un vehículo de más de una tonelada a gran velocidad… suelen ser irreparables.
Para montar en bici no hace falta carnet, para los vehículos a motor, si. Son un arma de fuego siempre cargada.
Saludos,
Cascoloco
5 ayala5 // abr 16, 2010 a las 23:21
Eso es lo malo, que por el comportamiento irresponsable de unos cuantos paga todo el colectivo y casi con razón, porque muchas veces pasa al revés, que por unos cuantos conductores que actúan peligrosamente ya tachamos a todos ellos de la misma manera y es injusto.
Por la zona por la que yo salgo también tenemos sustos de coches que no respetan el límite de separación legal, pero también es cierto que es frecuente ver comportamientos negativos de ciclistas al circular en paralelo más de 2 corredores, gente sin casco, sin ir por el arcén, etc….
Lo que está claro es que ambos colectivos tenemos que poner de nuestra parte y más si cabe el colectivo ciclista, porque al fín y al cabo es lo que vosotros decís, que sea quién sea el culpable del posible accidente, el máximo perjudicado del mismo en el 100% de las ocasiones va a ser el ciclista.
6 FRANCESC FELIPE // abr 24, 2010 a las 16:45
PABLO ,lamentable mente esta es la penosa realidad en todas las salidas nosenconcotramos con estos DOS CASOS.Cuando un conductor sin motivos nos jalea nopodemos protestar,Estoy dacuerdo con el primer comentario totalmente.Pablo tesperamos el viernes .
7 picaedro // abr 25, 2010 a las 17:08
En efecto esta es la realidad diária, en nuestra jungla de asfalto. Imperan en ella, por desgracia, dos leyes fundamentales: la del mas fuerte y la del más inconsciente.
No son sus seguidores mayoría, aunque unos pocos bastan para crispar el ambiente y poner en juego las vidas y los buenos propósitos del resto. Ante estas situaciones solo cabe reclamar RESPETO, a todas las partes y por supuesto también para nuestros Derechos.
La Administración, es el agente obligado en salvaguardarlos, aunque hay otros organismos que según parece tampoco predican con el ejemplo. Es absolutamente vergonzosa la Forma de actuar de nuestra Federación de Ciclismo en este aspecto. Si no defiende a sus federados, por favor que me digan: ¿Para que los queremos?
Seguimos esperando que pidan la adhesión al Manifiesto.
Un saludo, compañeros
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