Los que frecuentáis el Foro de la Web y esta bitácora, en la que voy plasmando algunas informaciones y vivencias a partes proporcionales, ya estaréis suficientemente informados del devenir de la ruta que realizamos en la comarca natural del Serrablo el pasado día 15 de mayo. Entretenidos cronistas como, Koro, Chema Arguedas, Peternac, Montero o Jaume ya han contado un montón de chascarrillos e interioridades de la kedada y en la sección de cicloturismo ya disponéis de los detalles de la ruta, por lo que en este post intentaré tratar otros aspectos de una de estas actividades entre amigos.
La magia de la bici
Metal, fibra de carbono, caucho, poliéster… con diferentes mezclas de estos materiales se construye una bicicleta. Sin alma, sin personalidad definida, sin empatía con su propietario: así debería ser. Pero hay algo en este ingenio mecánico que atraviesa la membrana neural del ser humano y desata sentimientos y, lo que es peor, cuando varios individuos comparten esa afición por ese cacharro que se mueve a pedales, establecen vínculos de amistad muy fuertes. ¿Tiene esto alguna justificación racional? Posiblemente si. Hace ya unos cuantos años coincidí con el gran Maurizio Fondriest en la Vuelta Cicloturista a Maspalomas y en un coloquio en el que el bravo ciclista italiano participó, tuvo que responder a una pregunta bastante compleja:
- ¿Qué te ha aportado el ciclismo, ahora que ya no eres profesional?
A lo que Maurizio respondió con una de esas frases que se nos graban a fuego en el cerebro, pero sobre todo en el corazón: “la bicicleta me ha dado todo lo que he necesitado para resolver mi vida: me ha enseñado a sufrir, a disfrutar, a ser humilde, a trabajar sobre unos objetivos, a lograrlos…”
Asimilando esta sentencia del ex campeón del mundo italiano al resto de los ciclistas, no es complicado establecer muchos nexos de unión que justificarían los fuertes lazos de amistad que surgen entre los aficionados a este deporte ¿o más que un deporte es, en realidad, una manera de vivir?
