Pablo Bueno

Pedalada a pedalada

Entradas de febrero 2010

Esto se alarga

Publicado el febrero 21st, 2010 por pablobueno | Tags: General

Sierra Norte Madrid (5)

Un grado negativo ha sido la temperatura media del día

Lo dicen nuestros mayores: “lo de antes si que eran inviernos…”, y seguro que en las estadísticas de la Agencia Estatal de Meteorología se guardan datos de aquel año en el que se batieron todos los récords de frío o lluvia, pero el caso es que, a día de hoy, el de 2010 será uno de los inviernos más intensos de la historia reciente. El rigor meteorológico es el que es, pero nuestras ganas de montar en bici no cambian y si existe un reloj biológico que gobierna nuestras ganas de pedalear, este nos está diciendo que, a final de febrero, ya va siendo hora de comenzar los entrenamientos rutinarios que se deberían prolongar hasta bien finalizado el verano. Esta es la teoría. En la práctica sucede algo bien distinto.

Esta crónica la escribo tras haber pasado un día fantástico pedaleando por la Sierra Norte de Madrid, algo que sólo ha sido posible por, eso que llaman los meteorólogos, “una ventana de buen tiempo”, que me ha permitido poder pedalear 90 kilómetros por los rincones más espectaculares de las montañas más olvidadas de la geografía madrileña. Pero ese “buen tiempo” era tan relativo como para que la temperatura media haya sido de -1 grado centígrado y en los puertos de la Fragüela y la Puebla hubiera grandes placas de hielo. Por suerte era lo que se denomina “verglas” y el propio peso de la bicicleta, proyectado sobre unos neumáticos de tan insignificante anchura, provocaba que se fuera rompiendo a medida que rodaba sobre las placas… aunque algún susto me he llevado (en el vídeo lo podéis ver con bastante nitidez).

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Una vez más he tenido que poner en práctica todas esas teorías que, a modo de consejo, he repetido una y otra vez en este espacio de Internet: ropa interior térmica, calcetines aislantes, cubrezapatillas de doble capa, guantes de seda y otros aislantes en el exterior, gorrillo de lycra térmica bajo el casco… Y ha vuelto a suceder lo que tantas veces: a medida que iba haciendo kilómetros, en el tronco y piernas no sentía frío, pero las manos y los pies, lugares donde peor circula la sangre, se han quedado dormidos durante, al menos, un par de horas. Si la vestimenta no hubiera sido la adecuada, seguramente, una exposición tan larga a temperaturas por debajo de cero grados, con viento continuo y una sensación térmica nefasta, hubiera desembocado en una hipotermia severa o, incluso, en principios de congelación. Pero, una vez más, la tecnología ha estado a nuestro servicio y, aunque los astros no se pongan de nuestro lado, podemos continuar pedaleando en casi cualquier situación meteorológica, por muy severa que parezca.

Lo que no he conseguido todavía es hacer fotos y vídeos con el móvil sin quitarme los dos pares de guantes. El paisaje estaba como para hacer un gran reportaje sobre esta sierra, pero la sensatez me ha aconsejado sólo disparar las tomas que podéis ver ilustrando estos renglones. Al menos he podido compartir con vosotros la grandeza de estas montañas… también en pleno invierno.

Sierra Norte Madrid (2)Sierra Norte Madrid (3)Sierra Norte MadridSierra Norte Madrid (4)

La Siberiana, entre amigos

Publicado el febrero 9th, 2010 por pablobueno | Tags: General

Todo ha quedado atrás: ya hemos celebrado la kedada que habíamos convocado el pasado 23 de octubre en nuestro Foro y ahora es el momento de disfrutar con los recuerdos.

La idea original, que a unos les atraía en exceso y a otros les ahuyentaba, era la de romper los moldes y celebrar una marcha invernal, a sabiendas que el frío y la mala climatología podrían ser enemigos mucho más rebeldes que los porcentajes de los puertos a superar. Al final no resultó tan dramático como podía parecer, pero el rigor climático estuvo presente, más en forma de fuerte viento que con bajas temperaturas, lluvia o nieve. Pero nada que pusiera en peligro las intenciones de la treintena larga de cicloturistas ilusionados que nos dimos cita en la localidad alavesa de Laguardia el pasado 6 de febrero.

 

La jornada previa

Aunque no está demasiado lejos de mi lugar de residencia, desde Madrid a Laguardia hay unos 400 kilómetros, por lo que decidí realizar el viaje el viernes por la tarde. A las 3 ya estábamos en la carretera, con todo cargado -sobre todo las ilusiones- y soportando los atascos itinerantes que bloquean las entradas y salidas de la villa y corte en los momentos más inoportunos. Una parada técnica en La Cabrera para atacar unas raciones de calamares y continuamos viaje.

Nuestro incombustible Txema López de Munain nos había resuelto toda la logística del viaje, y las siete parejas queSiberiana (1) íbamos a dormir en Laguardia ya teníamos todas las reservas hechas y el plan de viaje perfectamente organizado por nuestro anfitrión riojano. Al abandonar el peaje para tomar la carretera de Logroño, contactamos con Txema y acordó salir a nuestro encuentro en Labastida para guiarnos hasta el mismo hotel. En poco más de una hora, nos encontrábamos todos los convocados tomando unos vinos por las callejas de la increíble localidad de Laguardia.

Era inevitable: ninguno dejábamos de mirar hacia el cielo y nos preguntábamos si las nubes saltarinas que sobrevolaban sobre la torre de la iglesia de Laguardia nos darían alguna sorpresa al día siguiente. Con la tranquilidad absoluta que reina en esta población nos fuimos a la cama.

 

Las seis de la mañana

Aunque la kedada estaba convocada a las 10 de la mañana, resulta imposible desprogramar el chip en tan sólo un fin de semana, y a la hora de costumbre ya estaba despierto. Por la ventana se veía despuntar una mañana bastante antipática. Mucho viento, restos de nubes correteando por el horizonte y las cimas de la Sierra de Cantabria, la que tendríamos que atravesar por dos lugares diferentes a lo largo de la marcha, enmarañadas de gruesas capas de nubes.

Siberiana (2)A la hora convenida nos reunimos todos en el desayuno y, pasados pocos minutos de las 9, nos asomamos por la ventana y empezamos a ver movimiento ciclista delante del hotel: el punto de partida pactado con todos los participantes. El primero en llegar fue David Ibáñez, nuestro ángel de la guarda durante toda la ruta, con el furgón de Campagnolo. Con él venía Alfonso (un bigote tras el que se esconde un ciclista), en pocos minutos apareció Txema y el movimiento ya no se pararía hasta que comenzó la marcha.

Los momentos previos a la salida fueron de lo más animado: allí les pusimos cara a algunos foreros (no voy a nombrar a ninguno para evitar dejar a alguien fuera de la lista), revivimos tantas y tantas rutas con los amigos de siempre (Jorge Bartolomé, Luis García Landa, Javier Oroquieta, Juan Carlos Alvaré …) , al tiempo que ellos mismos nos presentaban a otros tantos amigos que se había unido a esta convocatoria. Esto es lo mejor de la familia ciclista: en pocos minutos se adoptan primos, tíos, hermanos, sobrinos… y hasta abuelos, porque Jesús Ibisate, nuestro más querido patriarca, perfectamente pertrechado con prendas invernales, era el primero dispuesto a pedalear, con la mira puesta en anotarse una marcha más en su lista de a las miles que habrá recorrido a sus 82 años de edad. Leer más →

… también en invierno

Publicado el febrero 3rd, 2010 por pablobueno | Tags: General

Mi pasión por las montañas me lleva de manera continua a visitarlas cuando el trabajo lo permite. Sin dudarlo prefiero recorrerlas en bici o caminando, pero no le hago feos a disfrutar de unas jornadas de esquí o, ya de manera poco habitual, escalando (eso quedó para otra época). El caso es disfrutar de la grandeza de los paisajes, integrándote en la montaña con la actividad que pretendes realizar.

Dificultad, tesón, esfuerzo, arrojo, voluntad, osadía… son facetas del ser humano que es necesario cultivar para no ser devorado por la rutina urbana en la que, una gran mayoría, permanecemos atrapados durante la mayor parte de nuestra vida.

El pasado enero, como cada temporada, aprovecho los pocos días sueltos de vacaciones que no me suele dar tiempoOvalo Isra a disfrutar durante los 12 meses, que componen el año natural, para escaparme a esquiar. Intento que sea siempre entre semana y durante los últimos días del mes: así me aseguro la ausencia de tumulto. Los que amamos la montaña somos a veces así, un tanto uraños a la hora de compartir este tipo de sentimientos y rayando en la “sociopatía”, como si identificásemos las montañas con una propiedad privada. Dependiendo de la información que me llega de amigos y “expertos” en estas lides, me decanto por esquiar en Formigal, Candanchú, Astún, Cerler, Andorra… todo va en función de la cantidad y calidad de nieve que haya en cada una de estas estaciones y de la meteorología.

Pero nunca consigo disociar por completo esa especie de ADN que nos marca a los ciclistas. Si estoy esquiando en Anayet o Sarrio, no puedo evitar subir hasta las nuevas pistas de Portalet a ver cómo está teñida de blanco la bajada de la Quebrantahuesos, cuando estoy en Candanchú siempre miro hacia atrás para comprobar las pendientes de las últimas rampas del Somport, en el Circo de Ampriu se divisa perfectamente dónde se pone la meta cuando la Vuelta o el Tour tienen final de etapa en Cerler… este año me ha tocado Andorra y, como cada vez que visito el principado, me he decantado por Arcalís; una de las estaciones de esquí más pintorescas que conozco. Es un lugar mágico, metido entre grandes circos de moles rocosas donde, debido a la dificultad de sus vertiginosos descensos (apenas hay pistas de principiantes)  no suele acudir demasiada gente.

En esta ocasión he utilizado una de las pistas más populares y sencillas de la estación para descender hasta el plató inferior. En realidad se trata de la famosa carretera, totalmente cubierta de nieve, por la que hemos visto las jornadas más épicas del ciclismo. Sí, sí, esa en la que estás pensando, en la que un inconformista Contador, dio su primer golpe de mano durante el pasado Tour de Francia de 2009. Justo en el lugar donde atacó el de Pinto, a unos dos kilómetros de la meta, se alza un enorme anillo metálico que domina el paisaje. Siempre que he pasado por aquí me ha llamado la atención, pero nunca había investigado sobre su origen. Este anillo, de más de 12 metros de diámetro, se llama L’Anella d’Ordino y propone un rendido homenaje a una de las leyendas pirenaicas.

 

Carlomagno estuvo aquí

Port d’Incles, con una cota de 2.262 metros de altura, es una de las cimas que dominan entre las montañas más próximas a Arcalís. No sé identificar a ciencia cierta si el topónimo correcto es el de Incles o el más popular Fontargent, pero el caso es que en la cumbre de esta montaña, según cuenta la leyenda, había unas anillas metálicas, clavadas por Carlomagno, donde se dice que él ató su caballo, después de derrotar a los árabes gracias a la ayuda de los guerrilleros andorranos.

Según relata mi buen amigo Alfredo Merino (El Mundo), esas mismas argollas han dado lugar a oAnilla Ordinotra leyenda, la cual asegura que sirvió a Noé para amarrar el Arca, cuando descendió el nivel de las aguas que cayeron en el Diluvio universal. Hay quien afirma que sus restos aún perduran entre sus pedrizas. Aun a sabiendas de su fantasía, el sobrecogedor escenario que conforman estas altivas cumbres, hacen dudar por un momento sobre su irreal certeza.

Cada montaña esconde un encanto, unas veces en forma de cascada, otras como un talud, en ocasiones formando profundos barrancos… y en otras es la leyenda la que nos cautiva por completo.

No dejéis de disfrutar de cada montaña que visitéis y aprovechad para descubrir todos los secretos que esconden.

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