Ya estoy recuperado, no es que se trate de un esfuerzo sobrehumano, pero la ascensión de ayer hasta la cumbre del Pico de las Nieves merece un descanso y, como no, una reflexión.
Muchos la han etiquetado como “la montaña más dura de Europa”, que es como decir que es lo más difícil a lo que cualquiera de los mortales que frecuentamos el cicloturismo vocacional nos enfrentaremos jamás de los jamases. En este momento no voy a entrar en este tipo de valoraciones, los amantes de las cifras y las estadísticas escaladoras seguro que ya lo tienen catalogado, la mayoría sin haberlo subido, pero, tras ascenderlo con la de ayer en 12 ocasiones por la vertiente de La Pasadilla (más otras cuatro por otros itinerarios a cuál más duro), he vuelto a resucitar ese espíritu aventurero que a todos nos hace subir tanto la autoestima, que muchos no entienden y, lo peor de todo, que jamás comprenderán.
Debido a mi trabajo, que la mayoría de los que entráis en esta bitácora conocéis, me ha tocado describir esta ascensión en muchas ocasiones, por lo que me vais a permitir que la resuma: larga, dura, atractiva y, sobre todo, desafiante. Para llegar a la cumbre del Pico de las Nieves no basta con ir entrenado y tener controladas las pulsaciones, hace falta algo más. Salvo los “gallos” que cada año, desde hace ocho, logran cubrir los 23 kilómetros cronometrados que separan las calles de la población de Ingenio de la cumbre en menos de 90 minutos, el resto de los que lo intentamos, en un momento determinado nos encontramos pedaleando en solitario. Aquí no sirven las pedaladas de referencia de otro cicloturista, ni ir a rueda, ni tan siquiera los mensajes de ánimo de la infinidad de personas que acuden a las cunetas para disfrutar del espectáculo en el que se ha convertido esta escalada; cuando superas la población de La Pasadilla te encuentras pedaleando con tu conciencia, haciéndote la pregunta más elemental: ¿qué hago aquí? Leer más →