Hoy escribo esta entrada en el blog porque con esto de que se acaba el año a uno le da por hacer reflexiones, algunas se circunscriben a los propósitos para la próxima temporada y otras al análisis de lo acontecido durante los últimos doce meses. He de reconocerlo; me declaro abiertamente agnóstico, apolítico, aconfesional… casi rayando en el convencimiento que la acracia, en pleno siglo XXI, todavía es una alternativa social. Con estas premisas, respetando por encima de todo a los que albergan sentimientos religiosos (confundidos frecuentemente con ciertas conductas morales), podéis imaginar que para mi la Navidad significa poco más que una celebración comercial que se ha diseñado (y perfeccionado con el paso de los años) para dilapidar esa “paga extraordinaria” que -todavía- a muchos ciudadanos les alegra los últimos días de cada año. Pero lo que sí valoro con gran reverencia es el final de esa etapa que marca el calendario anual y regreso al comentario introspectivo con el que he comenzado este texto, que rozará en la perorata si no le doy pronta resolución.
Quedan pocas horas para que finalice el año y se me viene a la cabeza que el día 1 de enero, mi buen amigo Jesús Ibisate cumple 81 años. Los que habéis seguido las crónicas de la Vuelta Cicloturista a Maspalomas de los últimos años, seguro que le conocéis (ver el último vídeo en el que le entrevisto), para el resto hago una ligera presentación. Jesús es uno de los máximos responsables de la marcha cicloturista Vitoria-Vitoria, una de las más relevantes de nuestro calendario anual. Tras caer en una profunda depresión hace una década, cuando falleció su esposa, vio en el cicloturismo, un deporte que siempre ha practicado, la salida a su lamentable estado de ánimo. Sin dudarlo se ha apuntado a todo tipo de actividades deportivas en las que ha podido participar y muchos os lo habréis encontrado en los pelotones más variopintos. Siempre ha sido una referencia para mí. Todos tenemos familiares que, al llegar la tercera edad, se acomodan a la degeneración de nuestra capacidad física y lamentan la pérdida de facultades de su juventud, sin hacer poco más que… eso, lamentarse. Pero Jesús rompe con las leyes fisiológicas y demuestra que eso de la degeneración celular, la oxidación del ácido ribonucléico y la necrosis de los neurotransmisores son pamplinas y que está en nuestra mano luchar contra eso que algunos denominan “ritmo natural del envejecimiento”. Desde luego si Armstrong le conociera le convertiría en su ídolo: para mi tiene mucho más mérito lo que hace Ibisate, día a día, que lo que logra el americano ayudado por la bio-tecnología más avanzada. Leer más →



