El refranero está repleto de citas: “para los Santos, la nieve en los altos” o “la nieve en octubre, siete meses cubre” pero el más popular es el que reza: “cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo”. Por el momento la nieve no ha hecho acto de presencia, pero el mercurio, de manera especial en las provincias del norte de nuestra Península Ibérica, ya ha bajado de los cero grados, y los grajos ya planean muy cerquita de la hierba. Las pruebas cicloturistas y las competiciones ya casi ha tocado a su fin y lo cierto es que la climatología tampoco invita demasiado a salir a montar en bicicleta, por lo que, quien más y quien menos, imprime algunos cambios en su rutina deportiva.
Salvo un sector de incondicionales -más o menos radicales- de la bicicleta, al resto nos ataca el virus la vaguería. Los fines de semana por la mañana se está muy bien en la cama, la Quebrantahuesos 09 casi se ha borrado de la memoria y la de 2010 todavía es un proyecto poco definido, la hierba del jardín que se ve por la ventana está llena de escarcha y sólo pensar en que se nos quede el sudor frío en el cogote tras afrontar cualquier descenso, nos hace cambiar de rutina sin demasiado esfuerzo.
Los “sensatos” le harán caso a Chema Arguedas y llevarán a cabo un descanso activo, alternando otros deportes y cuidando que la báscula no se convierta en pocas semanas en nuestra enemiga. Para ellos la llegada de la primavera será un punto y seguido, tras el que comprobarán in situ cómo en pocas semanas su cuerpo estará listo para lanzar demarrajes incontestables.
Los “pros” ya tienen preparada la bici de ciclocross o la mountain bike y no rebajan la tensión ni una décima: para ellos la bicicleta es la quintaesencia de la existencia y no renuncian a pedalear aunque esté cayéndose el cielo sobre la tierra. Me gustaría saber de donde sacan tiempo para estar los 12 meses del año en forma: ¡qué envidia!
Y por último estamos los “discípulos del oso Yogui”, esos que celebramos lo bien que ha ido la temporada y la de kilómetros que hemos hecho sin habérnoslo
propuesto, comiendo todas las pizzas de las que nos hemos privado durante los meses anteriores en busca de conseguir la mejor relación peso/potencia que, aún sufriendo las peores restricciones gastronómicas, no hemos logrado convertirnos en los escaladores que, de manera continua, pretendemos ser. Y cuando nos hayamos saciado de productos italianos, llegarán los turrones, y luego las torrijas…
Pero la voz de nuestra conciencia es muy puñetera. Seguro que, cuando llevemos algo más de dos semanas sin coger la bici, ya nos andará reconcomiendo la moral y, a la mínima oportunidad, buscaremos cualquier excusa o un momento de sol invernal inesperado para salir a pedalear. Volveremos a escuchar el retintín de nuestra media naranja: “¿a qué hora vendrás a comer?”, “¿Pero no habías dicho que ya no saldrías hasta la primavera?” y otras tantas frases hechas que me ahorro plasmar en esta entrada del blog.
Así que, si no tienes una buena chaquetilla cortavientos, guantes abrigaditos y un buen conjunto de ropa interior térmica, empieza a mirar el presupuesto de que dispones y prepara tu equipación invernal, porque estamos seguros que algún día vas a pisar nieve con tu bici de carretera.


