Al abrir el correo esta mañana me encuentro un mensaje de mi buen amigo Roberto Iglesias, el responsable directo de la organización de la marcha de Sabiñánigo, con una nota informativa referente a la campaña de limpieza que, de manera habitual, realizan los días posteriores a la marcha. Noto el tono preocupado de Roberto, la basura crece año tras año y empieza a ser un problema su recogida. Y no estamos hablando de objetos abandonados en torno a los avituallamientos que, vistas las medidas de recogida (este año incluso había unas cestas para hacer puntería, de manera que invitaban a tirar dentro los desperdicios), no deberían producirse, si no de los miles de envoltorios no biodegradables (aluminio, plástico…) de suplementos dietéticos que los participantes, una vez consumidos, tiran sobre la carretera.
Para que os hagáis una idea, 36 horas después de terminar la marcha, los 21 voluntarios que veis en la foto, realizan todo el recorrido a pie. Son VOLUNTARIOS, o sea, que lo hacen de motu propio, para que la imagen de la Quebrantahuesos no quede dañada frente a las autoridades que, en cualquier momento, pueden denegar los permisos para que se celebren próximas ediciones, y lo hacen sin pedir nada a cambio. Estos son los verdaderos héroes de la QH, no los que la hacen en tanto o cuánto tiempo manteniendo un comportamiento incosciente.
Este año han retirado más porquería que nunca, más de 70 bolsas gigantes, de las que se emplean en los cubos de basura industriales, que, a una media de 10 kilos por bolsa, suponen 700 kilos, o sea casi tres cuartos de tonelada de desperdicios.
Para mi desgracia convivo en el centro de Madrid, donde resido, con una multitud de energúmenos que, un fin de semana tras otro, tapizan las calles del Madrid histórico de toneladas de basura; es el resultado de noches de juerga y alcohol y los pobres descerebrados puede que no coordinen como para analizar que ese comportamiento es antisocial y dañino para todos los moradores de ese entorno, pero nunca comprenderé lo que lleva a un supuesto deportista a tirar un envase al suelo en pleno parque natural, porque, si alguien no se ha dado cuenta, más de la mitad del trazado de la Quebrantahuesos discurre por una reserva natural francesa.
Lo que más me molesta es la actitud arrogante que hay detrás de un individuo que mantiene este comportamiento: me parece que está insultando a las personas que, de manera filantrópica, dejan los Pirineos relucientes para que el próximo año los vuelvan a ensuciar los mismos de siempre. ¿Es que son sus criados?
En el mensaje que ha enviado Roberto estaba incluido este texto:
“Las campañas no surten el efecto deseado, aumentan los participantes y aumentan los residuos, ¿será el momento de plantear un aumento en el precio de la inscripción a modo de ecotasa de limpieza?, ¿de echar fuera de manera efectiva y fulminante a todo el que arroje el minino residuo y sea sorprendido en su acción por personal de la organización? Habrá que pasar a la acción de manera decidida”
En este aspecto me muestro radical: que le quiten el dorsal y, aún más, que lo denuncien a las autoridades por ensuciar la montaña. Si se incrementase el precio de la inscripción para cubrir un eventual servicio de recogida de basura, todavía habría quien justificaría su acción aduciendo que, a fin de cuentas, lo está pagando.
Cada uno disponemos de nuestra visión sobre los fallos y aciertos de la Quebrantahuesos, tenemos la gran ventaja de que sus responsables siempre han estado abiertos a cualquier tipo de sugerencia y nos consta que tienen en cuenta todo tipo de consejo: ese es uno de los motivos de que se haya convertido en la más grande de nuestras actividades cicloturistas, pero poco se poco se puede hacer cuando la organización trabaja en un sentido determinado y algunos participantes tiran piedras contra su propio tejado.