Pablo Bueno

Pedalada a pedalada

Enamorados de los Alpes

Publicado el abril 29th, 2009 por pablobueno | Tags: General

Somos muchos los que no lo podemos remediar, nos gustan las montañas, y si un día salimos a entrenar y no ascendemos al menos un puerto es como si no hubiésemos pedaleado. Los mundos verticales nos afectan de manera intensa y no conseguimos encontrarnos cómodos si en el paisaje que nos rodea no hay crestas, taludes, barrancos o gargantas. No se si es la máxima expresión del ciclismo, pero algo tendrá cuando embruja a la mayoría.

Los que sienten ese algo especial al pedalear en dirección a lo más alto, tarde o temprano tienen un encuentro con los Alpes, las montañas a las que todos los aficionados al ciclismo han de viajar alguna vez. Alemanes, holandeses, suecos, rusos, americanos, canadienses, japoneses, uruguayos, portugueses… he tenido el honor de compartir muchas de las subidas de esas montañas con ciudadanos de esas nacionalidades que, aunque sólo fuera por una vez en la vida, sacrificaron todo para viajar con su bicicleta hasta las míticas localidades de Grenoble, Chamonix, Bourg d´Oisans, Gap, La Chambre, Barcelonette, Briançon… y emprender desde aquí las más espectaculares ascensiones hasta esas montañas que todos tenemos presentes en la memoria.

Mi primer encuentro con los Alpes fue a principio de los años 80, ya había recorrido infinidad de rutas por los Pirineos, Picos de Europa, Gredos o Sierra Nevada, pero eran tantas las crónicas que había leído de esas montañas que resultaba inevitable la visita. Ya había devorado algunos libros de la editorial Altigraph, los padres de los perfiles altigráficos y de los que todos hemos aprendido (y copiado) algo y ahora era el momento de verlo en el sitio. Por aquel entonces cayeron en mis manos “Les Profils Dolin”, una obra incunable, en la que ya había perfiles altigráficos, fechados en 1897 (hoy en día la ha vuelto a editar Altigraph), y donde se podían ver itinerarios cicloturistas perfectamente descritos por lugares recónditos de la Alta Saboya: eso había que vivirlo. En aquel viaje conocí el Galibier, la Madeleine, Izoard, Glandon e Iseran. El daño ya estaba hecho; esto se había convertido en una enfermedad.

Me siento muy afortunado porque mi trabajo me ha llevado durante los últimos 12 años a tener que convivir, de manera “obligada”, con los Alpes, y aquel primer flechazo ha tenido continuidad. Al final de cada primavera he viajado hasta estas montañas para estudiar los recorridos nuevos que se habían incluido en el Tour de Francia, de manera que pudiéramos ofrecer a los lectores, de primera mano, toda esta información.

Siempre he podido organizar a conciencia esta visita, de modo que disponía de tiempo para conocer algunas subidas diferentes a las clásicas, porque, no nos engañemos, el Tour ha logrado un espectáculo inamovible sin quebrarse demasiado la cabeza y con una cincuentena de puertos, de los miles que hay en los Alpes, soluciona cada temporada el recorrido.

Me he topado con puertos durísimos, como el Col du Coq, con 13 kilómetros a una media del 9%, el Mont Noir, con más de 17 kilómetros de longitud y tramos interminables donde el inclinómetro no bajaba del 11%,  la subida al lago de Pramol, por Les Karellis, que deja en ridículo a su vecino Glandon, o el Parpaillon, con el tercio superior surcado por una pista de tierra y un túnel en su cumbre que se utilizó el la primera guerra mundial… y una infinidad de subidas que, seguramente, para muchos de vosotros son desconocidas, como los collados de Areche, Salese, Cayolle, Val Claret, Gordolasque, Allos, Oberalp, Umbrail, Bucher, Gondran, Maljasset, Les Fonds, Chapelle de Clausis, Avérole, Granon, Orgere, Arola, Sabot, Sarenne, Valmeynier, Joly, Lachat, Val Thorens, Croix de Coeur, Grande Dixence, Vall Ferret, Albula, Furka, Grimsel,  Julier, Ofen … y no se trata de subidas marginales que llevan a “ninguna parte”: todos estos son puertos tienen su cumbre entre los 1.700 y los 2.500 metros de altitud y la mayoría pasan de los 20 kilómetros de longitud. Como para no enamorarse.

A los aficionados españoles nos gustaría que nuestra Vuelta sufriera una cura de rejuvenecimiento y surcara nuevos caminos pero, a la vista de la infinidad de posibles recorridos que ofrecen las montañas francesas, suizas o italianas, imaginamos que los aficionados galos también estarán reivindicando que su grande bucle transforme los recorridos tradicionales para poder descubrir al gran público todas esas maravillas escondidas que hay en los Alpes.

Yo, por mi parte, cada vez que pueda, seguiré escapándome a los Alpes para continuar descubriendo cada vez más rincones ocultos para disfrutar de la bicicleta pero, sobre todo, de las montañas.

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