Pablo Bueno

Pedalada a pedalada

Entradas de marzo 2009

¿Evolución o involución?

Publicado el marzo 31st, 2009 por pablobueno | Tags: General

La bicicleta es un invento perfecto por su sencillez, por lo tanto cualquier complejidad que acompañe a su evolución irá en contra de la filosofía existencial con la que se creó, ya que convertirá en más complejo su funcionamiento mecánico.

Unas llantas de acero son más sólidas que otras de aluminio o carbono, una bicicleta con piñón fijo se avería menos que otra con 11 velocidades, los frenos de varilla daban menos guerra que los de cable… pero vivimos en la era del consumismo y si no se le agrega un valor añadido a todo lo que se comercializa, no existen argumentos para introducirlo en el mercado.

Hace 70 años te podías quedar tirado con la bicicleta si pinchabas, hace 50 si pinchabas y se te rompía la cadena, hace 30 si se te rompía, además, un cable de freno o cambio y, en muy poco tiempo, si se te agota la carga de la batería y la bicicleta deja de cambiar… a ver quién es el “machote” que sube un puerto si el cambio se ha quedado sin batería cuando rodabamos con un 53/11.

Esta presentación ha pecado de radical, porque hay un punto medio entre una bicicleta de 20 kilos de peso y otra con un grupo electrónico, pero enfrentando estos extremos podemos analizar cuál es el estado real de la tecnología que nos espera: de dónde viene y hacia dónde irá el diseño de la bicicleta.

Pero sólo triunfará una tecnología para el futuro que permita mantener la sencillez de la propia bicicleta, ya que los usuarios no van a renunciar a conducir un vehículo tan simple como eficaz porque los dictados de la moda aconsejen algo diferente. O sea que, por ejemplo, todos estamos dispuestos a apretar un botón, en lugar de girar varios centímetros una palanca, para cambiar de corona, pero si ello no conlleva cuidados y mantenimiento específicos o desproporcionados.

Por el momento se está utilizando la cordura y las pruebas que hemos hecho de los más modernos engendros mecánicos mantienen estos principios. Tal es el caso del cambio electrónico Di2 comercializado por Shimano que, a cambio de poner la batería en la base del cargador cada muchos kilómetros, nos permite unas cuantas jornadas de pedaleo placentero, despreocupándonos de si lo que llevamos es electrónico o mecánico. Este nos parece un buen camino y, con la dirección que está llevando la evolución del mundo de la automoción, no nos estrañaría que pronto nos presentasen un sistema de antibloqueo en los frenos similar al célebre ABS institucionalizado en los vehículos motorizados.

Del mismo modo que estamos dispuestos a censurar la complejidad tecnológica, también queremos defender el progreso. Somos hijos de la era en la que nos ha tocado vivir y si hemos adoptado gestos como el de cargar cada pocos días el móvil o la batería de la cámara de fotos, introducir una rutina similar con alguno de los componentes de nuestra querida bicicleta merece la misma catalogación.

Por el momento los consumidores somos los jueces finales y si lo que los fabricantes nos proponen no se acomoda a nuestras espectativas… pues ese pretendido progreso se detendrá y la bicicleta seguirá disfrutando por muchas décadas de su deliciosa simplicidad estructural y mecánica.

Por el momento debemos sentirnos muy afortunados por estar siendo espectadores y protagonistas de todos estos cambios: nuestros abuelos vieron pasar varias generaciones subidos sobre un sillín de muelles, con cubierta de cuero natural, en sus bicicletas en las que nunca cambiaba nada… ni tan siquiera las coronas.

No somos nadie

Publicado el marzo 21st, 2009 por pablobueno | Tags: General

¡Bienvenidos a la primavera!, creo que este año nos la hemos ganado, el rodillo ya estaba a punto de pasar la revisión de los 100.000 km debido al uso intensivo al que le hemos sometido este crudo y desesperante invierno, pero todo termina y el regalo de los cielos azules y el astro rey brillando en lo más alto ya es una realidad que ninguno de los que vivimos por y para la bici vamos a dejar pasar.

Este puente del Día del Padre he aprovechado para descansar en Madrid. Salir de aquí es una locura en fiestas tan “condensadas” como esta y en los alrededores de esta gran urbe hay infinidad de posibilidades para disfrutar al máximo de la bicicleta.

Para ayudarme aún más en la decisión de quedarme en la ciudad, recibí la semana pasada una bicicleta montada con el nuevo cambio electrónico Di2 de Shimano y ese era el mejor argumento para rodar con ella por la sierra madrileña, por los mismos itinerarios en los que entreno durante tantos y tantos años; es la mejor manera de establecer una comparación fiable con el material clásico que siempre empleo por estos lugares.

Del resultado de la prueba del nuevo grupo de Shimano pronto tendréis un informe en la Web, con fotos y vídeos, pero este post lo he querido escribir para protestar por algo que creo que es tremendamente injusto para los ciclistas, a la postre usuarios con pleno derecho de cualquiera de nuestras carreteras.

La primera jornada de pruebas la realicé subiendo el puerto de la Morcuera y, con posterioridad, el de Cotos y Navacerrada. Un circuito clásico para los ciclistas madrileños que conocemos al dedillo. Cada curva, cada tramo, los desarrollos concretos en todo momento… pero qué gran sorpresa me llevé al descubrir que en varias curvas, en el descenso entre Morcuera y Rascafría, están llenas de montones de sal esparcida sobre el asfalto. En una carretera muy frecuentada por ciclistas y motoristas esto es una verdadera trampa mortal y os puedo asegurar que es más resbaladiza que la gravilla. Imaginamos que es un descuido, pero hay que tener muy claro que alguien está cobrando por el mantenimiento de esta vía y no está haciendo bien sus deberes. Imagino que esta sal corresponde a la pérdida de este producto desde algunos de los camiones que la distribuyen cuando hay amenaza de heladas, pero ahora mismo no cumple ninguna función y convierte a esta carretera en un lugar peligroso para montar sobre vehículos de dos ruedas.

La segunda jornada de pruebas decidí realizarla en la Sierra Norte, uno de los mejores lugares que conozco para pedalear con tranquilidad: la ausencia total de tráfico motorizado convierten a las carreterillas de la Sierra del Rincón y el Valle de la Puebla en un paraíso para la bicicleta… bueno, esa es la teoría.

Sierra Norte, carreteras solitarias ideales para el cicloturismo

Sierra Norte, carreteras solitarias ideales para el cicloturismo

Como consecuencia de los rigores invernales soportados en las carreteras de montaña, el tramo de carretera asfaltada (¿?) que comunica Robledillo de la Jara con La Puebla de la Sierra está destrozado. Hay tramos donde hay más agujeros que asfalto. Esta carreterilla nunca ha gozado de muy buen firme, pero entre parches y reparaciones de fortuna se podía recorrer en bicicleta con total tranquilidad. Ahora mismo hay varios descensos peligrosos, llenos de agujeros y con la superficie del asfalto llena de gravilla y tierra suelta.

A la espera de que terminen de asfaltar la carretera que comunicará el Puerto de la Puebla con el de la Hiruela utilicé el itinerario clásico que va por Montejo de la Sierra, para dar la vuelta por el Cardoso y regresar por Paredes de Buitrago hasta el Berrueco, punto donde inicié la ruta. Ni se os ocurra hacerlo con una bicicleta de carretera. El asfalto está destrozado y nadie se preocupa de limpiar de tierra y grava la carretera. A la altura del pueblo de El Cardoso hay tales agujeros que hasta los coches necesitan hacer maniobras para sortearlos.

Lo que he relatado hasta ahora son despropósitos que, en un país civilizado, y en las carreteras de la capital del estado no deberían suceder, pero los que conocimos la España de la chufla y la pandereta nos lo tomamos a guasa y recordamos aquella muletilla de los años 60 de “Spain is diferent”.

Pero lo que no tiene calificación alguna es lo que encontré al regresar hacia el Berrueco por la carretera que une Prádena del Rincón con Paredes de Buitrago (M-127). Hace unos meses comenté con Sergio Palomar, otro enamorado de la Sierra Norte, que ¡por fin! estaban reparando este tramo de carretera: había máquinas, las cunetas se habían limpiado (¿un futuro ensanche con arcén?) y casi olía a asfalto nuevecito.

Nada de nada, cuál ha sido mi sorpresa al comprobar que han hecho la peor de las chapuzas imaginables: la carretera la han asfaltado por tramos y ¡sólo el carril que peor estaba! O sea, que te encuentras pedaleando por una superficie desastrosa (las máquinas has terminado de destrozar el antiguo asfaltado) y ves que hay tramos del carril contrario con asfalto nuevo. A los pocos metros es nuestro carril es que tiene asfalto nuevo y por el otro está todo lleno de baches de grandes dimensiones. Lo peor es que, con tanto parche, hay infinidad de juntas de asfalto donde, como se meta la rueda de la bicicleta, te vas al suelo.

Asfaltado "chapucero" y trampa para ciclistas

Asfaltado trampa para ciclistas

No era posible lo que estaba viendo, en un principio imaginé que primero asfaltaban una calzada y luego la contraria, pero ya no había máquinas trabajando y, lo definitivo, han pintado perfectamente la línea de las cunetas y la mediana de esta carretera.

¿Pero realmente alguien revisa este tipo de reparaciones?

Pues ya lo veis, si había pocos sitios donde poder practicar el ciclismo sin el peligro de los automóviles pasándonos a pocos centímetros, nos los han llenado de trampas… ¡No somos nadie!

Vuelta a la ¿normalidad?

Publicado el marzo 17th, 2009 por pablobueno | Tags: General

Esto de los blogs es, por definición, un espacio personal en el que, mucho más allá de lo que supone escribir una columna de información, podemos mostrar otra faceta de nosotros mismos, resultando un sistema de comunicación con los lectores más próximo; por esa misma razón se necesitan grandes dosis de inspiración para alejarnos de los datos cartesianos de un clásico artículo de información técnica o deportiva. Este es el motivo que ha hecho complicado cambiar el “chip” y comenzar a llenar esta página con el texto que ahora estáis leyendo; los desgraciados sucesos que os relataba en mi último post han obligado a la reflexión y no creaban el ambiente necesario para poder hablar con ligereza de lo cotidiano.

 

Las máquinas de un campeón

Ganar siete Tour consecutivos no está al alcance de cualquiera, es más, a día de hoy sólo ha estado al alcance de uno. Ni ha sido el ciclista más grande, ni (de manera evidente) el más carismático, tampoco tenía el perfil de un firme candidato a ganar en esta carrera… pero la suma de una serie de factores ha permitido a Lance Armstrong colgarse las siete medallas de la carrera ciclista más importante del mundo.

No voy a entrar en capítulos enrevesados refiriéndome a la preparación física específica o a la compañía de uno de los mejores equipos del mundo, sencillamente me centraré en las bicicletas que han acompañado al texano por las carreteras de Francia.

Lance siempre ha confiado en Trek y, de manera curiosa, en plena efervescencia de los cuadros de aluminio aeronáutico, él siempre ha llevado bicicletas de fibra de carbono (5900, TTX, Madone 5.9…), salvo en rarísimas ocasiones en las que ha utilizado prototipos de aluminio/borón para alguna escalada (Alpe d´Huez). Ahora todas las máquinas de competición están elaboradas con fibra de carbono y muchos fabricantes imitan el proceso que emplea tradicionalmente Trek (OCLV) para homogeneizar la estructura de cada tubo, por lo que podemos confirmar que la empresa de Madison caminaba por el camino correcto.

Las fotografías adjuntas las hice en el museo que tiene Trek en su fábrica central y cada una corresponde a un año diferente, incluso guardan, como oro en paño, la bicicleta que en 2003 llevaba el americano cuando se vio implicado en una caída, en plena fase decisiva de la etapa con final en Luz Ardiden, en la que arrastró a Iban Mayo: como consecuencia del impacto contra el asfalto la vaina derecha de la Trek se rompió y sobre la bicicleta reza un cartel que traducido dice algo así como “fabricamos bicicletas para ganar carreras, no para caernos”.

Que disfrutéis de las imágenes.

Mireya

Publicado el marzo 7th, 2009 por pablobueno | Tags: General

Qué difícil resulta escribir estas líneas, pero es la única manera que se me ocurre para mostrar mi apoyo y cariño a una familia que ahora está sumida en el dolor. Una familia de la que todos somos miembros, porque cuando algo le sucede a un ciclista nos está sucediendo a todos.

Damos pedales a la par que luchamos contra el viento, la lluvia, el cansancio, los kilómetros, los coches que se nos arriman demasiado… esto nos mantiene unidos, todos formamos parte de un colectivo ejemplar, en el que nos sentimos como hermanos y hoy una de nuestras “benjaminas” no ha podido vencer al destino.

Mireya y Luis, Quebrantahuesos 2008

Mireya y Luis, Quebrantahuesos 2008

Se llama Mireya, y ahora nos acompaña desde la cumbre más alta, esa en la que los porcentajes no vienen a cuento y los kilómetros de asfalto están teñidos de azul celeste, seguro que se ha ganado el mejor puesto en el pelotón desde el que nos contempla, porque es el lugar en el que, si existe una justicia divina, la habrán colocado.

El pasado domingo 1 de marzo, mientras asistía como espectadora, con el entusiasmo que ella ponía en todo lo que hacía, a la Clásica de Almería para ver a su chico, que debutaba en las filas del equipo que dirige Melcior Mauri, se vio involucrada en un accidente absurdo,  y sufrió un atropello.

Durante una semana ha luchado contra el destino, los que ya la empezábamos a echar de menos albergábamos todas las esperanzas a sabiendas de su gran fortaleza física, pero el segundo absurdo sucedió y anoche nos abandonó para siempre.

Mireya ya no sufrirá más, y dispondrá de los mejores paisajes para pedalear sin mirar a ningún pulsómetro, pero los que nos quedamos aquí estamos inundados de tristeza.

Sus padres, Luis y Tere, y su hermano David, son personas muy queridas en todos los ambientes ciclistas y su morada está en la meca del cicloturismo, Sabiñánigo, desde donde nos han recibido cada año, ese tercer fin de semana de junio, para compartir con nosotros tantas y tantas Quebrantahuesos. Luis, uno de los padrinos de esa marcha cicloturista, es de las personas que más se ha preocupado porque nadie se sintiera incómodo en esos doscientos y pico kilómetros y siempre ha estado aportando sus conocimientos y reflexiones a la organización para corregir posibles deficiencias; Tere, nuestra incombustible rubia sonriente, es una especie de “central de reservas” capaz de coordinar todos los alojamientos libres que hay en Sabiñánigo y alrededores para que ningún despistado de última hora se quedase sin cama esa noche del viernes tan especial en la villa pirenaica, y no ha dudado en llenar el salón de su casa de colchonetas por el suelo para atender a sus amigos. ¿Cómo no vamos a estar destrozados de dolor pensando lo que ahora deben estar pasando?

Luis, conmigo y Alvaro G. de Galdeano

Luis, conmigo y Alvaro G. de Galdeano

En los más de 20 años que me llevo dedicando al periodismo del ciclismo he perdido a muchos amigos, pero esta ha sido una pérdida incomprensible, que no responde a ningún estereotipo de los que, por desgracia, nos hemos acostumbrado, por eso es más dolorosa, para esto ninguno estábamos preparados.

Los días pasarán y esta noticia se perderá en el recuerdo de los que no tengan ningún vínculo próximo con esta desgracia: ahora todos estamos con Luis, Tere y David, son nuestra familia: cuando se haya borrado de la memoria de muchos, otros seguiremos estando con ellos, como siempre ellos han estado cuidando de nosotros.

El Col de la Madone

Publicado el marzo 1st, 2009 por pablobueno | Tags: General

El nombre de este puerto salió a la luz hace 5 años, cuando un inasequible Lance Armstrong comentó que era el lugar donde siempre hacía su último test antes de participar en el Tour de Francia. Los que no lo conocíamos, o sea la mayoría, pensábamos que debía ser un puerto tan terrible como ignoto, a la vista de los resultados del rendimiento del texano en las etapas de montaña. Estaba en nuestro punto de mira para el siguiente viaje a los Alpes, pero los americanos de Trek se nos adelantaron, invitándonos a ir hasta Menton, una célebre localidad de la Costa Azul, situada en la misma frontera con Italia (a menos de 1 kilómetro de Ventimiglia) y a unos 15 minutos del Principado de Mónaco, para asistir a la presentación de una revolucionaria bicicleta que sería la novedad de 2004 en el mercado mundial.

Como podéis imaginar se trataba de la presentación de la Trek Madone, y no había un sitio mejor que el collado que llevaba su nombre para que la novedosa bicicleta recibiera su bautizo. En aquella ocasión sólo fuimos invitados una docena de periodistas especializados, entre otros motivos porque todavía no había bicicletas disponibles y las pocas que se habían fabricado se habían cedido al US Postal para equipar a los escuderos de Armstrong. Salvo la bicicleta que veis en las fotos y alguna más, se trataba de prototipos sin pintar ni decorar, ya que los cuadros se habían terminado de fabricar un par de días antes de esta presentación en la sede central de Trek en Madison (USA).

La cosa tenía su atractivo, un puerto exclusivo, una bici exclusiva… Los americanos tenían todo perfectamente cronometrado para realizar la presentación tal día a tal hora y, hasta ese momento, había preparado una especie de programa de animación para los periodistas pero, utilizando nuestras influencias con el responsable de marketing en España, nuestro buen amigo Chris Tartlon, logramos escaparnos un día antes con una de las nuevas Madone (creo recordar que, como no estaban todavía perfectamente puestas a punto nos llevamos la del ingeniero jefe de Trek) que, dicho sea de paso, no creo que se enterase de nuestra maniobra.

Nos costó trabajo encontrarlo, apenas había referencias en los mapas y fue a base de preguntar como logramos tomar el camino correcto, pero conseguimos ascender al Col de la Madone por primera vez. Aprovechando la “privacidad” de esta ascensión, puse en marcha los chismes de medir puertos y capté todas las rampas.

Desde el punto de vista técnico no es un puerto complicado, pero en un día de sol, con la proximidad de Mediterráneo, hace que la humedad sea tan alta como para agobiarse si el ritmo impuesto no es el apropiado que, por supuesto, no era nuestro caso. Al llegar a la cumbre disfrutamos de un fantástico paisaje y del “gusanillo” de haber ascendido a un lugar tan peculiar. En la misma cumbre hay una escultura férrea elaborada con restos de metralla, en honor a la “Madona de la Paz”. A posteriori, después de traducir la inscripción que hay en la escultura y recabando información de aquel lugar, descubrimos que se trataba de un monumento alegórico a las guerras que nunca deberían volver a producirse.

Al regresar al hotel no pude resistirlo y, utilizando un papel de carta de esos que siempre hay en las mesitas de los hoteles, construí una cuadrícula y pasé los datos de la altimetría, lo cierto es que, siguiendo el mensaje que ya nos habían comunicado las piernas al ascenderlo, no se trataba de un puerto de una extrema dureza. Durante la cena, los responsables máximos de Trek, presentaron el programa del día siguiente y se sorprendieron al ver que alguien, entre la documentación que utilizaban para organizar la agenda de la jornada posterior, les había metido el gráfico garabateado del Col de la Madone. Hubo una risa generalizada y no se hicieron más preguntas.

A la hora en punto prevista (y luego criticamos a los alemanes) se daba la salida al pelotón de periodistas que ascenderíamos a la Madone. Enseguida me llamó la atención ver que esas personas tan serias y responsables, que hasta el momento habían realizado una presentación muy meticulosa del nuevo producto, se volvieron como locos al subirse a una bicicleta. Se saltaban los semáforos, aprovechaban las aceras para atajar en los cruces, se lanzaban ataques “asesinos” cuando uno cogía la rueda de otro… ¡estos americanos!

Una vez alcanzado el Col de la Madone decidimos hacer una ruta circular, descendiendo por la otra vertiente, para no regresar por el mismo camino. Sólo uno sabía el camino de regreso y no podíamos perder su rueda: para más INRI, era el más loco de todos. Creo que incluso llegué a pasar miedo descendiendo hacia Montecarlo: curvas ciegas, mucho tráfico de frente, cruces inesperados… desde luego pusimos a prueba la estabilidad de la nueva Trek Madone en más de una ocasión.

Y para terminar la jornada, manteniendo la adrenalina muy alta, en un momento dado nos damos cuenta que estamos media docena de ciclistas (los otros habían descendido del Col de la Madone por el mismo camino de ida) parados en la aduana de Mónaco, intentando salir hacia Francia. Ninguno llevábamos documentación… menos mal que los gendarmes, al ver a media docena de chalados vestidos de Lance Armstrong, nos dieron paso con una sonrisa cómplice.

A los pocos meses de aquella presentación me enteré que, unos años atrás, Lance había comprado una casita entre Niza y Mónaco (otra más de las muchas que tiene en diferentes países), que era donde se preparaba en las últimas jornadas que precedían al Tour. O sea, que el secreto del Col de la Madone no era otro que el de que al americano le pillaba cerca de casa.

El mito murió, pero fue divertido y se lo recomiendo a todo el mundo que guste de las escaladas de gran belleza.

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