Pablo Bueno

Pedalada a pedalada

… también en invierno

Publicado el febrero 3rd, 2010 por pablobueno | Clasificado en: General |

Mi pasión por las montañas me lleva de manera continua a visitarlas cuando el trabajo lo permite. Sin dudarlo prefiero recorrerlas en bici o caminando, pero no le hago feos a disfrutar de unas jornadas de esquí o, ya de manera poco habitual, escalando (eso quedó para otra época). El caso es disfrutar de la grandeza de los paisajes, integrándote en la montaña con la actividad que pretendes realizar.

Dificultad, tesón, esfuerzo, arrojo, voluntad, osadía… son facetas del ser humano que es necesario cultivar para no ser devorado por la rutina urbana en la que, una gran mayoría, permanecemos atrapados durante la mayor parte de nuestra vida.

El pasado enero, como cada temporada, aprovecho los pocos días sueltos de vacaciones que no me suele dar tiempoOvalo Isra a disfrutar durante los 12 meses, que componen el año natural, para escaparme a esquiar. Intento que sea siempre entre semana y durante los últimos días del mes: así me aseguro la ausencia de tumulto. Los que amamos la montaña somos a veces así, un tanto uraños a la hora de compartir este tipo de sentimientos y rayando en la “sociopatía”, como si identificásemos las montañas con una propiedad privada. Dependiendo de la información que me llega de amigos y “expertos” en estas lides, me decanto por esquiar en Formigal, Candanchú, Astún, Cerler, Andorra… todo va en función de la cantidad y calidad de nieve que haya en cada una de estas estaciones y de la meteorología.

Pero nunca consigo disociar por completo esa especie de ADN que nos marca a los ciclistas. Si estoy esquiando en Anayet o Sarrio, no puedo evitar subir hasta las nuevas pistas de Portalet a ver cómo está teñida de blanco la bajada de la Quebrantahuesos, cuando estoy en Candanchú siempre miro hacia atrás para comprobar las pendientes de las últimas rampas del Somport, en el Circo de Ampriu se divisa perfectamente dónde se pone la meta cuando la Vuelta o el Tour tienen final de etapa en Cerler… este año me ha tocado Andorra y, como cada vez que visito el principado, me he decantado por Arcalís; una de las estaciones de esquí más pintorescas que conozco. Es un lugar mágico, metido entre grandes circos de moles rocosas donde, debido a la dificultad de sus vertiginosos descensos (apenas hay pistas de principiantes)  no suele acudir demasiada gente.

En esta ocasión he utilizado una de las pistas más populares y sencillas de la estación para descender hasta el plató inferior. En realidad se trata de la famosa carretera, totalmente cubierta de nieve, por la que hemos visto las jornadas más épicas del ciclismo. Sí, sí, esa en la que estás pensando, en la que un inconformista Contador, dio su primer golpe de mano durante el pasado Tour de Francia de 2009. Justo en el lugar donde atacó el de Pinto, a unos dos kilómetros de la meta, se alza un enorme anillo metálico que domina el paisaje. Siempre que he pasado por aquí me ha llamado la atención, pero nunca había investigado sobre su origen. Este anillo, de más de 12 metros de diámetro, se llama L’Anella d’Ordino y propone un rendido homenaje a una de las leyendas pirenaicas.

 

Carlomagno estuvo aquí

Port d’Incles, con una cota de 2.262 metros de altura, es una de las cimas que dominan entre las montañas más próximas a Arcalís. No sé identificar a ciencia cierta si el topónimo correcto es el de Incles o el más popular Fontargent, pero el caso es que en la cumbre de esta montaña, según cuenta la leyenda, había unas anillas metálicas, clavadas por Carlomagno, donde se dice que él ató su caballo, después de derrotar a los árabes gracias a la ayuda de los guerrilleros andorranos.

Según relata mi buen amigo Alfredo Merino (El Mundo), esas mismas argollas han dado lugar a oAnilla Ordinotra leyenda, la cual asegura que sirvió a Noé para amarrar el Arca, cuando descendió el nivel de las aguas que cayeron en el Diluvio universal. Hay quien afirma que sus restos aún perduran entre sus pedrizas. Aun a sabiendas de su fantasía, el sobrecogedor escenario que conforman estas altivas cumbres, hacen dudar por un momento sobre su irreal certeza.

Cada montaña esconde un encanto, unas veces en forma de cascada, otras como un talud, en ocasiones formando profundos barrancos… y en otras es la leyenda la que nos cautiva por completo.

No dejéis de disfrutar de cada montaña que visitéis y aprovechad para descubrir todos los secretos que esconden.

(Either JavaScript is not active or you are using an old version of Adobe Flash Player. Please install the newest Flash Player.)

3 comentarios hasta ahora

  • 1 jaume // feb 3, 2010 a las 21:32

    En este fragmento describes perfectamente lo que siento. Sabía que lo sentía pero no sabía expresarlo de manera tan sencilla. ¡Me lo apunto!

    “Los que amamos la montaña somos a veces así, un tanto uraños a la hora de compartir este tipo de sentimientos y rayando en la “sociopatía”, como si identificásemos las montañas con una propiedad privada. “

  • 2 FRANK // feb 4, 2010 a las 17:22

    Es curioso
    Acabamos de bajar de Ordino despues de 2 dias de ski
    lastima de no saber que estabas por allí para saludarte

  • 3 Gonso // feb 5, 2010 a las 7:41

    Muy buen relato, es otra manera de vivir las montañas, pero desde una ciudad.

Escribir un comentario:

publicidad