¿Cuántas veces tus amigos o familiares te han recordado el topicazo de “Las bicicletas son para el verano”?
Este post lo escribo un día en el que si miras por la ventana de la mayoría de las grandes ciudades españolas, lo ves todo nevado. Pero, aun así, somos muchos los que continuamos con nuestros objetivos, como si esta batalla no fuera en contra nuestra. Entrenar, bajar unos kilitos para dejar atrás las comilonas de Navidad, ir pensando en cambiar la cadena, que ya tiene muchos kilómetros y empieza a sonar… todo esto se nos ocurre con el termómetro bajando muchos grados de cero y un asfalto imposible de negociar subidos en una bicicleta.
Pero, si en un par de días mejora un ápice la climatología, las cunetas de todas nuestras carreteras volverán a poblarse de ciclistas.
Ahora es más sencillo que hace un par de décadas: antes eran más la buena voluntad que la tecnología y errábamos una y otra vez al equiparnos para el invierno: prendas de lana, chaquetillas de neopreno, calcetines de clorofibra… nada, no había manera, nada de esto funcionaba, como hiciera frío de verdad, todos acabábamos haciendo tablas y castañeteando los dientes. Recuerdo una bajada invernal del puerto de Navafría en la que tuve que parar, pues era tan intensa la tiritona que afectaba al manillar de la bicicleta y descendía haciendo eses como si estuviera borracho.
Hoy en día raro es el cicloturista que no dispone de prendas de fibra polar, equipadas con membrana microporosa (WindStopper, GoreTex…), guantes, mascarillas y calcetines específicos para el frío… es más confortable, el frío se sigue sintiendo, pero podemos pedalear con un mayor margen de racionalidad.
No obstante deberíamos hacernos algunas preguntas a nosotros mismos: ¿qué objeto tiene salir a pedalear en estas condiciones?, ¿realmente sirve como entrenamiento una sesión realizada al borde de nuestros límites fisiológicos?, ¿nos damos cuenta del riesgo que asumimos al rodar sobre carreteras empapadas o plagadas de placas de hielo?
Yo no pienso responder esas cuestiones, se las dejo a los que se han quedado con el tópico que un día escribió, de manera magistral, Fernando Fernán Gómez, para mi las bicicletas también son para el invierno y, seguramente, si has llegado hasta estas líneas del post, para ti también.

2 comentarios hasta ahora
1 Jaume // ene 14, 2009 a las 21:24
Una afición que si dejas de practicarla enfermas
2 Mayte // ene 27, 2009 a las 17:52
No es que me guste salir a sufrir con la bici, hay días en que me asomo a la ventana y ni lo intento. Pero el día que te apetece, que te apetece de verdad, no importa que llueva, que el barro se te incruste en cada pieza de la bici, ni el frío. Y ese día casi disfrutas más de la “batalla épica” que estás librando contra los elementos. Para mí es una afición y un vicio, que después de algún fin de semana mal llevado acaba con enfermedad, pero no hay catarro que cien años dure…
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