Al final lo dicho; esta pasada semana no pude salir, pero en la que estamos es otra cosa y por fin he dado mis nuevas pedaladas y además…nuevas pedaladas como más tarde contaré.
Como ya dije, ayer tenía cita con Jon Iriberri para realizarme el estudio biomecánico. Como iba con dos bicicletas y después tenía que visitar a otros dos ciclistas, que venían de Valladolid, me citó a las ocho de la mañana. O sea, esto quiere decir madrugón. Me tuve que levantar a las 5h 45’ de la mañana y coger autopista dirección Logroño y tomar la salida en Lodosa. Hasta aquí todo perfecto, hasta que se me puso delante una maquinaria en un repecho a la salida de Lodosa, que con una pierna hubiese subido más deprisa que con el coche. Porqué será que cualquier repecho que vemos, aunque vayamos con el coche, pensamos siempre… ¡Jo, esto con la bici tiene que ser la leche!
Ya vi que iba justo de tiempo y más justo porque tuve que hacer una parada estratégica por cuestiones fisiológicas. Y cómo no, me equivoque de ruta y aparecí en Estella cuando tenía que haber tomado otra carretera local. Llamé a Jon y me indicó el camino.
No me gusta correr (con la bici sí), pero iba nervioso porque eran las ocho y cuarto, aunque me quedaba apenas cinco kilómetros para llegar. Era una carretera local y sin tráfico, salvo un coche que veía que iba alcanzando, ya que él iba bastante despacio. Cómo no, debía ir de prácticas ya que llevaba el indicador de autoescuela encima del coche, aunque se veía mal porque daba el sol de frente.
Ya sé cuál es el título del próximo: “Planifica tus adelantadas”. Justo cuando estaba casi encima de él y le iba a dar una lijada que le iba a quitar hasta las pegatinas de la autoescuela, observo que lo que yo pensaba que era el indicador de autoescuela, era el indicador de los forales de navarra en su coche rojo.
Lo que iba a resultar una lijada a lo Hamilton, se convirtió en un adelantamiento a lo tartaja o también conocido como biadelantamiento (dícese del adelantamiento que se efectúa dos veces al mismo coche y en la misma maniobra). Eso quiere decir que cuando ya había iniciado el adelantamiento, levanté el pie, frené en décimas de segundo y en otras décimas pensé que si no lo adelantaba iba quedar peor. Por lo que volví a acelerar otro poco, puse el intermitente contario y lo adelanté. O sea, que les vi la cara, dejé de vérsela cuando frené y volví a vérsela cuando volví a pasar. Por lo tanto, ya me veía viéndoles una tercera vez pero de forma estática en el arcén.
Pues nada, debió ser que me costó tanto adelantarlos y estuvieron tanto tiempo viéndome a su lado, que me debieron coger cariño y no me dijeron nada.
Por fin llegué a la cita, aunque veinte minutos tarde. El estudio para qué os voy a decir: una pasada. Si acudí a él es porque durante este año, he tenido muchas molestias en los soleos y se me sobrecargaban en exceso. Hasta el punto de sufrir los calambres en esa zona en lugar de lo habitual que son los aductores o cuádriceps. Aparte de desaprovechar mucha potencia.
Nada más subirme a la bicicleta me apuntó con un puntero a las piernas y observó que mis rodillas, sobre todo la derecha, las metía hacia adentro y que los brazos los llevaba apoyados como dos palos, sin flexión alguna y ejerciendo todo el peso sobre el manillar, sin ningún tipo de amortiguación. Eso es ir cuadrado. Así imposible no tener miedo en las bajadas ya que no tenía maniobrabilidad. Lo primero que había que hacer era subir el manillar para relajar los brazos y disponer de maniobra sin presión en la zona de la espalda a nivel superior. Como hace días, tuve la infeliz idea de cortar la horquilla a lo Moya (a rasss), la única solución era darle la vuelta a la potencia. O sea, que cuando vaya a correr en master-pro tour, y me vean con la potencia al revés… ya tengo el carnet de globero especial en grado sumo. Pero como que quiero es ir cómodo, será un orgullo ser globero.
La otra historia: el modelo de zapatillas que utilizo tienen distinto grosor en la parte exterior e interior de las mismas.
*Aviso importante: Si no me conoces personalmente o no me has visto nunca, no tengo nada que ver con el árbol genealógico de Quasimodo, el jorobado de Nostradamus. Lo comento antes de leer cómo sigue el estudio.
Si añadimos que tengo los pies cavos, acortamiento de isquiotibiales (sobre todo en izquierda) y algo de escoliosis (un poco lo tenemos casi todos), se producía un coctel que circunstancias, que me provocaba una rotación de la cadera para compensar mi acortamiento isquiotibial y una sobrecarga a nivel de soleo para compensar la desproporción en zapatillas y posicionamiento de las calas. Unas simples alzas debajo de cada cala, a distinta graduación ha solucionado el problema. Evidente a la vista e informáticamente, ya que todo esto es visionado con un ordenador que ve como se compensa la pedalada y se hace redonda, cuando al principio la descompensación era evidente. Iñaqui, compañero de Jon Iriberri es el que se encarga de la grabación y fotográfica del estudio
Y la otra bicicleta, al ser de la misma marca y talla, sólo hubo que hacer lo mismo. Ah! Una salvedad. Mi sillín de carbono ya lo puedo aventar por un ribazo y cambiarlo por otro. En ésta sí que corre prisa el cambio del sillín. En la primera es aconsejable más que primordial, todo ello por mi comodidad. Os adjunto parte del estudio. No vale reírse del pedazo de cuerpo que tengo en estos momentos. Juro que algún día volveré.
