Chema Arguedas

El entrenamiento divertido

Un cafecito siempre viene bien

Publicado el julio 26th, 2010 por chemaarguedas | Tags: General

Se me pasan los días volando. Atrás ha quedado una semana de las que puedes guardarla en el baúl de los recuerdos, y todo gracias a la comida a la que asistí el viernes. Una comida que tenía título: “Deporte y Café”.

Foto Heraldo de Aragón

Foto Heraldo de Aragón

En el momento de llegar al recinto donde se encuentra  Ágora Café, aparqué mi coche  al mismo tiempo que lo hacía el protagonista del ágape: el montañero Carlos Pauner. Enseguida nos recibió Javier Marco, uno de los organizadores del evento. Y también enseguida, gracias a su recibimiento,  me di cuenta que iba a encontrarme muy a gusto. Y eso que iba a compartir mesa con unos comensales de una trayectoria deportiva y profesional de mucho prestigio. Hicimos entrada en Ágora café y al subir las escaleras, vimos que éramos los primeros invitados en llegar, aunque pronto irían llegando el resto. Al poco hicieron acto de presencia, parte de los invitados. Para no olvidarme de ninguno, prefiero no citar nombres.

Como integrante de los anfitriones, Arturo Gastón fue nuestro maestro de ceremonias. Nos dio la bienvenida al mismo tiempo que tomábamos un cóctel exquisito a base de una crema de café.

La cafeína es un excelente estimulante del sistema nervioso central. Nos mantiene alerta y estimula la segregación de ciertas catecolaminas, como la adrenalina, activando el sistema vegetativo, más concretamente al simpático, con una incitación del nervio vago y consecuente aumento del ritmo cardiaco. Así como promover el consumo de grasas por parte del organismo, debido a la fragmentación de los triglicéridos.

Pero sin embargo, fue algo distinto a la cafeína del cóctel de bienvenida lo que hizo incitar mi nervio vago, el que no es vago, se acelerase mi ritmo cardiaco, segregasen catecolaminas, glándulas sudoríparas y empezasen a temblarme las canillas (tanto tiempo haciendo series de fuerza resistencia para fortalecer mis piernas y en un momento habían quedado reducidas a canillas). ¿Qué fue lo que provocó dicha reacción en mí?

Pues algo que llevaba un joven sobre su hombro. No sé que habréis pensado que es, pero de momento no tengo miedo a los pájaros. Ojalá hubiese sido un loro. Pero no, daba un resplandor muy grande y luminoso  para ser un loro… ¡Era una cámara de televisión que empezó a pasear sobre los presentes!

Pues hombre, los allí presentes, acostumbrados a ruedas de prensa y actividades similares, se debían encontrar como pez en el agua, pero en mi caso al ser más bien de secano, estaba a punto de mascarse la tragedia.

Una joven bien parecida, con micrófono en mano, se acercó al mismo tiempo que me decía:

-¿Podría hacerte unas preguntas?

La traducción de dichos vocablos, una vez atravesaron mis pabellones auditivos, eran bien distinta:

Ven aquí majo, la caída del imperio romano ha sido una anécdota en comparación con la caída de tus derechos de imagen, si es que los he tenido alguna vez.

Al mismo tiempo, las partes identificativas de mi identidad, emigraron y pasaron a formar parte de mis amígdalas. De ahí la dificultad en expresarme posteriormente durante el pequeño y breve interrogatorio. Y lo peor de todo es que el próximo sábado las emiten en Aragón televisión. Espero que la mayoría de mis conocidos y amigos se encuentren en la playa de vacaciones. Como muestra, analizaremos una de las preguntas que me hizo:

-¿Qué café tomas?

Acojonante la pregunta,  sobre todo si te la hacen en las instalaciones de una prestigiosa marca de café como es Orús. Por supuesto, no te puedes tirar tres días pensando la respuesta porque tienes al tío con el loro colgado del hombro, perdón quiero decir cámara, y sabes que te está viendo un montón de gente. Pues nada, después de pensar dos días, contesté:

-Tomo café Orús

Al loro que la cámara seguía grabando (al final el loro forma parte de la historia) y resulta que  la pregunta iba por otros derroteros.

No, no, me refiero que si es sólo, cortado o con leche.

Tenía que haberle contestado que cortado estaba yo y que el café me lo tomaba sólo.

Bueno, una vez mi arruinado mi prestigio, pasamos a escuchar la pequeña pero interesante charla que nos ofreció Carlos Pauner. Posteriormente nos sirvieron un menú de lujo, preparado por uno de los mejores chef de Zaragoza, José Ignacio Acirón, del restaurante La Bastilla.

Aquí ya me encontraba relajado y estuvimos charlando sobre distintos temas y compartiendo inquietudes. Posteriormente pasamos a un salón contiguo y compartimos más distendidamente. La pena es que me tuve que retirar antes de lo que me hubiese gustado, ya que un tren me estaba esperando. Aún así estuve desde las dos de la tarde hasta las seis. Sólo puedo decir que estoy muy agradecido por la invitación, que me hicieron sentirme muy a gusto y que es gente encantadora.

Sergio y Víctor

Sergio y Víctor

El sábado fue mi cumpleaños. Ni voy a contar lo que tenía en el correo cuando lo abrí al llegar a casa. Esto del Facebook  es una película de cuidado. Y luego encima no me entero, porque en lugar de contestar, lo iba colgando en lo que dicen que es el muro. Ni sé las invitaciones que tengo a eventos, abrazos, invitaciones a cerveza… De todas las formas, gracias a todos. Pero sin embargo, ¡Qué presión! Muchas felicitaciones iban en el mismo sentido:

“Felicidades desde…, Chema espero impaciente tu segundo libro”
Y el domingo, por segunda vez en esta semana, salí a soltar piernas ya que no se puede llamar entrenar. A ver si la próxima semana, comienzo a salir todos los días un par de horitas, ya que me encontraré de vacaciones ferroviarias. Subimos a Jaca el sábado por la tarde, ya que teníamos que dejar las bicicletas de cara a la próxima semana. Quedé con un par de colegas, Víctor y Sergio, y subimos a San Juan de la Peña por Oroel. Fuimos charlando tranquilamente, por lo que no me hice mucho “daño”.  Hasta la próxima semana.

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