Esta semana he recibido mi nuevo juguete. Una rueda con el powertap y el Joule 2.0 con el transmisor de frecuencia cardiaca. Vatioman se moderniza. Me llego el miércoles pasado y todavía no he podido estrenarlo. Con un poco de suerte, este miércoles saldré a probarlo.
Desde La Quebrantahuesos, sólo he podido salir dos días en bicicleta. El domingo pasado y ayer. A ver si me voy despejando un poco de trabajo y los turnos me permiten entrenar algo. La primera semana de agosto tengo mis vacaciones de verano. Estoy por enclaustrarme en algún monasterio y concentrarme en escribir el libro, porque cuando no es una cosa es otra. Y para esto hay que centrarse. En agosto, la idea que llevo es madrugar y salir a entrenar todos los días un par de horas como mucho. Llegar a casa y encerrarme a escribir. Como no tengo que trabajar y muchos de mis pupilos están de vacaciones, dispondré de más tiempo.
Mientras tanto haremos lo que se pueda. Como por ejemplo, este fin de semana se celebraba, “La extrema desértica de Belchite”. Este año incorporaban la modalidad de BTT, el domingo por la mañana. El sábado era una carrera pedestre de 9 kilómetros, el domingo otros 25 kilómetros pedestres y la prueba de 43km de BTT. Mi mujer se apuntó a la carrera del sábado y a la de bicicleta del domingo, a la cual le acompañaría.
La pobrecilla fue a correr el sábado y le salió un poco caro. Mientras se estaba duchando, alguna amiga de lo ajeno, le abrió la bolsa y le quitó su Garmin al que tanto cariño le tenía y sus gafas de sol para correr. El Garmin tenía para ella una importante carga sentimental, más que por lo que costó, por su valía, que no es lo mismo.
Pues nada, espero que nuestra amiga de lo ajeno se gaste la extraordinaria en medicinas.
El sábado me tocó trabajar por lo que no pude acompañarla. Pero el domingo, ahí estábamos. Ella con su flamante bicicleta de montaña, regalo de estas navidades y yo con una bicicleta que me dio mi hermano ya que a él le iba algo pequeña. El mide 1,88cm y yo 1,78. Por lo que a él le viene pequeña y a mí algo grande. La bicicleta hay que verla.
Es marca Gian automatic. A la vejez, a nosotros se nos caen los dientes y a las bicicletas normalmente las pegatinas. Por lo tanto, algún día fue marca Giant. Lo de automatic debe venir porque allí donde va, automáticamente todos se me quedan mirando.
Lo mejor sus prestaciones:
Suspensión inexistente, salvo que me diese por hacer alguna en el aire. Todo podía ser.
Frenos específicos y mejor que los de disco. Frenos ahí va ese (AVS), que a diferencia de los ABS, llevan incorporada sonería a la vez que se frena. Siempre que se observe algún obstáculo en la trayectoria o alguien intercepta el camino, al mismo tiempo que tocas el freno, te sale de la boca: ¡Co, co, co, quita de ahí! (Adjunto documento multimedia, en lo referente a este vocablo maño)
Por supuesto, los pedales automáticos no se habían inventado en aquella época. Por lo tanto, rastrales y zapatillas de correr.
Salida a las 10h 30 minutos de la mañana. ¡Sí señor! ¡Por fin!, una carrera sin tener que madrugar. Mi mujer estaba mirando en la clasificación del día anterior, a la distancia que tenía a sus rivales, ya que iba cuarta y las tres primeras tenían premio.
Ella me decía:
¡Vete, vete a tu marcha!
A lo que yo le decía:
-Faltaría más cariño, me quedo contigo (puntos extras en la cartilla).
Cuando dieron la salida, tomábamos una curva a izquierdas y una calle lateral nos llevaba al inicio del camino al desierto. Pues bueno, al final de esa calle ya sufría de tortícolis debido a los giros de cabeza, derecha e izquierda, para ver a que lado se situaba mi jefa de filas.
Venga, vamos, pégate, coge rueda, acelera, ven, más rápido, etc., etc., son algunos de los vocablos con los que fui amenizando la salida del pueblo, al mismo tiempo que nos pasaban unos caracoles que participaban en las paraolimpiadas de gasterópodos. Momento en el cuál decidí que si seguía así los cuarenta y dos kilómetros restantes, iba a terminar afónico y con un collarín.

Por lo tanto, decidí poner cubiertas en polvorosa y arranqué. A pesar de jugarme unos puntos en mi cartilla conyugal, ataqué a la líder del equipo. Había recibido órdenes de esa neurona que tengo por ahí alterada. Comencé adelantar ciclistas, al mismo tiempo que comprobaba en mis huesos, la importancia de lo que es llevar una suspensión, en este caso la carencia de ella. Si de por sí ya calentaba el sol, con el calentón que me estaba dando, no creo que fuese muy lejos. Recorté mucho y en el kilómetro quince aproximadamente, estaba muy cerca de coger a la cabeza de la carrera; la llevaba a menos de un minuto. Iba una quincena de bikers, pero ya veía que no los iba a alcanzar. Por lo tanto, una vez soltada la adrenalina, aflojé hasta dejar que me alcanzase mi mujer. Me puse a su par y me dediqué a grabar videos, que después de todo no me han servido para nada. Cuando los he ido a montar, no los quiere el programa para colgarlos.
Venía una subida de un par de kilómetros o tres. La mayoría iba andando y en mi caso iba con total comodidad y subiendo muy bien. Al final, tuve que esperar un rato a que llegase ella y lo que nos quedaba era bajada y llano. En la parte final del recorrido coincidíamos con los que hacían la carrera pedestre. Hace unos años se me ocurrió participar corriendo a pata, y al llegar era una ampolla viviente.
Al final se quedó cuarta y contenta. Una ducha, cervecita con los amigos y a comer con unos compañeros de su grupo 7:45 y hasta otro año. Quiero decir a la prueba, no a los amigos, ¿eh?
