Chema Arguedas

El entrenamiento divertido

Entradas de mayo 2010

Los minutos de gloria…mejor al final

Publicado el mayo 31st, 2010 por chemaarguedas | Tags: General

Después de la tempestad viene la calma. Y así transcurrió mi semana pasada. Había que llegar fresco a los Puertos de la Ribagorza. Uno de los días, el miércoles, Fran Ventoso, que actualmente milita en las filas del Carmiroo italiano, junto a mi amigo Diego Tamayo, se pasó por Zaragoza. Un apellido muy apropiado para venir por nuestra tierra. Pude charlar con él sobre  sus entrenamientos con vatios. Él tiene el título de entrenador nacional y además tiene muchos años de experiencia a sus espaldas, o mejor dicho, en sus piernas. Es bueno compartir experiencias.

Los prosEl viernes por la tarde, cuando vi que Arroyo se quedaba al comienzo del Mortirolo y ver cómo iban los del Liquigas, empecé a ponerme nervioso y decidí cargar el coche con todos los bártulos y las dos bicicletas. Ya me enteraría del final de etapa.
A Graus me acompañaba mi mujer, que desde este sábado, es conocida en aquellos lares como “el águila de La Puebla de Mon”. Sigue con el entrenamiento para su Treparriscos y junto con una amiga, se hicieron el primer bucle de la marcha hasta el paso por Graus.  Y como se quedó con ganas, se hizo un puertecillo de dos kilómetros, que había en ese pueblecito cercano, hasta cuatro veces. Una variedad nueva, denominada  interval porto training.  En la tercera subida, un lugareño salió a su paso, preocupado de ver a dos jovenzanas (esto me suma dos o tres puntos en la cartilla) subir tantas veces, pensando que se habrían perdido.
Por la tarde estuvimos en el pabellón, recogiendo el dorsal y charlando con amigos y conocidos. Con algunos hay que aprovechar para hablar cuando están sin subirse a la bicicleta, porque en cuenta les toca el culo el sillín, se ponen muy violentos. Estuve charlando con un violento de éstos, que la semana anterior, había hecho entrenando la Quebrantahuesos entera en 5h 45m.
En plan de coña, le comenté a alguien, que si supiese que arrancaba y llegaba con ventaja al primer puerto, me iba de salida ya que hay once kilómetros hasta llegar al  cruce donde comienza. Se mascaba la tragedia.

salidaA las ocho y media de la mañana se daba la salida a la “marcha cicloturista”. Mañana estupenda en lo meteorológico.  Antes de nada, el que me siga en el blog, recordará que he estado más de dos meses de baja por culpa de un dedo, en los primeros diecisiete días de este mes, sólo salí dos veces y sólo he cogido continuidad desde la kedada de Ciclismoafondo, que tuvimos en Sabiñánigo.  Todos estos detalles son interesantes de reseñar, para el entendimiento de lo que posteriormente ocurrió, o mejor dicho, para ver hasta dónde llega mi estado de consciencia o mejor dicho, inconsciencia.
Hay una parte del consciente (parte del cerebro que debe estar más regada) y otra del subconsciente (esta la suele liar muy a menudo).
A mí, esta última parte del cerebro es la que me afectó el sábado. Debido a la inactividad o falta de constancia en los entrenamientos,  es sabido que mi peso me ha traído de cabeza este invierno…como a muchos. Sobre todo debido a mi buena gana a la hora de comer.  Y para hacerme flaquear ante la mesa, éste subconsciente se ha debido quedar rallado, después de haber estado todo el invierno diciéndome: el que come escapa, el que come escapa, el que come…
Y eso es lo que debió pasar. Todavía no habíamos salido de la localidad de Graus, cuando se me debió cruzar alguna neurona  que decía, el que come… se escapa. Y se me ocurrió decir, en voz alta:
-A que arranco…
Y sólo faltó que Alberto Roca, reconocido ex ciclista y colega, dos veces campeón de España de Ciclismo en Pista, dijese:
-Si sales, yo te acompaño.
A esto último, mi neurona le debió dar una traducción un tanto particular y como le vino en gana, ya que debió entender algo así como lo de…a que no hay güevos.
Pues nada, sólo me faltó gritar, ¡Banzai!, ¡el tío de la Vara!, ¡dejarme solo! o vocablos similares, porque allí que levanto el culo del sillín, cargo el 53×12 y allá que me voy. Eso sí, todos los coches que abrían cabeza revolucionados, ya que me les echaba encima y comenzando a pitarse pidiéndose paso unos a otros, las motos comenzaron a arrancar, la sirena de los guardias civiles comenzó a sonar y empecé a ver sólo asfalto.
En esto que alguien, otro suicida, había salido adosado a mi rueda. Era Alberto Roca, hombre de palabra, que por si me hacía falta convicción o no me había dado cuenta,  me dijo:
-¡Venga, que nos vamos! (solo le faltó añadir “a prender fuego”)
Por un momento se me pasaba por la cabeza: “¡hombre, que esto va de cachondeo!”. Pero nos encontrábamos en una encrucijada y estábamos en el punto de no retorno. Había que tirar para delante, salvo que quisiésemos hacer más risa que la que luego hicimos. La verdad es que no quería mirar atrás, y esperaba que en breves me viese rodeado de nuevo, por bicicletas. Pero no, lejos de oír el ruedo del pelotón, lo siguiente que escuché por parte de Alberto, no con mucha ilusión por cierto, fue:
¡Qué mamones, que nos dejan marchar!
Estas palabras traducidas a nuestra situación, suponía que nos íbamos a pegar una abrasada, y en frío, que ya veía descojonándose a la Garza en algún punto del recorrido, como mal menor.
Eso sí, no sé que harán con todas las fotos que nos hicieron, pero debo tener por ahí unas cuantas. Y el sponsor tampoco se puede quejar de publicidad. Giraba la cabeza y el pelotón ni se veía. En eso que se acerca un coche del Spiuk y nos dice:
-Lleváis un minuto largo. Si necesitáis algo lo pedís.
¿Necesitar algo? ¡Ja! Ya ves. Y yo pensando si me paraba o no me paraba en el arcén, y hacer como que se me había roto la bicicleta, para tener la excusa perfecta y terminar con esa agonía. Pero no podía dejar en la estacada a mi compañero de escapada, aunque quizás él debía estar pensando haber si pinchaba.

Chema y Koro

Chema y Koro

¿No dicen que un minuto de gloria? Pues nosotros tuvimos quince o veinte minutos. Lo que tardamos en llegar al desvío para empezar el puerto. Podían habernos cogido en una bajada, en un llano, pero no, justo cuando comenzaba la primera rampa fuerte del puerto.
En esos momentos, con las piernas como botijos, con sabor a sangre y ácido láctico hasta en las uñas de los pies, me pasó hasta el primo del apuntador. Me hubiese venido muy bien, más que mi compañero de escapada, Juanito Oiarzabal o Edurne Pasaban, a ver cómo subía aquella montaña. Al final me costó horrores coger el ritmo y lo siguiente era a ver cómo me convencía de que al paso por Graus, no me quedaba en el coche. Son cosas que es inevitable que se pasen por la cabeza en esos momentos.
Me recuperé y después de decirme gilipollas unas doscientas veces, y adaptarme a un grupo…pasan como dos obuses dos colegas de entrenamiento semanal, tirando de un paquete de considerables dimensiones. Rodolfo y Ángel (más conocido, como el hombre que no sabe ir despacio). Habían salido tarde e iban recuperando posiciones. Pues hala, con lo tranquilo que iba, a currar y echarles una mano dentro de lo que pudiese. Al paso por Graus, desistí y pasé a descansar en el grupo. Ahora me tocaba decirme otras trescientas veces, porqué narices me había apuntado a la marcha larga.
Llegamos a Campo. Estábamos a punto de afrontar las primeras rampas, del segundo puerto de la jornada. ¡Venga! Otra vez a escuchar eso de:
-¡Venga Chema!
A ver que día me toca a mí y tengo que pegarme todo el puerto diciendo:
¡Venga Carlos, Juan, Andrés, Raúl, etc., etc. ¡
Una vez arriba coronado el puerto y comprobado que tenía todas las pegatinas del cuadro en su sitio, me lancé tumba medioabierta, a la vez que charlaba con un colega de Zaragoza. Recordando viejos tiempos en los que iba en posiciones más adelantadas.
El siguiente puerto, lo subí mucho mejor de lo que esperaba e incluso dejé a gente. Pero en la bajada, me volvieron a coger. En las bajadas, dejó que la bicicleta se lance. Al llegar a la curva, freno y trazo bien o mal, pero la bicicleta está dominada. Al salir de la curva se vuelve a lanzar por la inercia y así hasta abajo. No entiendo, como teniendo que ir a trabajar el lunes, con familia e hijos, algunos se lanzan como si les fuese la vida en ello. Vi unas galletas de flipar. Ciclistas ensangrentados y tirados en el arcén, por supuesto estaban ya siendo atendidos. La verdad es que me entristece y no lo entiendo. Y en todas las marchas igual.
Bueno, quedaba el más duro de todos. Seis kilómetros al 7,5% de media. Pero mira por dónde, comencé despacio y a ritmo cansino, hasta que conseguí coger un ritmo bastante majo. Tras coronar el último puerto, y bajar con precaución, me adosaba a un grupo no muy numeroso.
Graus, 47 kilómetros y un viento de cara de asustar. Y mis piernas no estaban para ayudar. De hecho en uno de los repechos, me visitó la Garza brevemente. Me fastidia mucho no poder echar una mano en esas circunstancias, pero no podía hacer más. Cuando nos quedaban unos treinta kilómetros, nos cogió un grupo muy numeroso, comandado por un cicloturista que cuando lo vi me alegré mucho ya que lo conozco y tirando es una máquina.

Iñaqui, Koro y mi mujer

Iñaqui, Koro y mi mujer

 

Como se suele decir, nos llevó en volandas. Pues bien, aún hay parásitos, porque es lo que son, cicloturistas insolidarios, que son incapaces de asomar el morro para que no se despeinen y cuando faltan los últimos kilómetros empiezan a aparecer por cabeza del grupo para luego justificar un sprint. Pobrecillos, hay que entenderlos, por favor. No es lo mismo hacer el 425 de la general que el 436…Lo siento pero no puedo con ellos.
Encima son los que muchas veces provocan las caídas al final. Y para lo único que debían pasar por delante, es para dar las gracias al que les ha llevado a rueda.
Al final, 6h 19m y satisfecho. Llegué cansado, bastante cansado, pero después de mis entrenamientos, es lo mínimo que puedo esperar.

El sábado la Jacetania.

Ahora entiendo a Rambo

Publicado el mayo 24th, 2010 por chemaarguedas | Tags: General

Ayer por la tarde me compré una lata de Redbull y la dejé en la mesilla de noche. Confiaba en que si tenía que levantarme a mitad de noche, me daría alas…y así no tendría que apoyar mis piernas, o lo que queda de ellas, en el suelo. Con un poco de suerte, podría levitar sobre el pasillo al ir a beber agua o flotar sobre la taza del baño, en caso de ser menester.
¡Dios mío, no siento las piernas!
Esto es lo que sería un caso de empatía con Rambo.  Del vocablo griego antiguo εμπαθεια, formado εν, ‘en el interior de’, y πάθoς, ‘sufrimiento, lo que se sufre’ (En este caso, en el interior de las piernas). Según Howard Gardner (que no tiene nada que ver con Ava Gardner),  la empatía, es la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que un individuo diferente puede sentir.
En nuestro caso, la empatía tiene mayor coincidencia. Em “proveniente de” y patía “patas”. O sea que ninguno de los dos sentimos las piernas. Él en su lucha y batalla y yo en la mía, otra batalla.
Cada salida que hago es casi una guerra, una lucha contra todos. Es la guerra de “A ver quién la tiene más larga”. Ya estamos pensando mal, hombre. Me refiero a mayor resistencia. En cada repecho, en cada alto, en cada relevo… Luego cuento porqué no las siento.
Una semana bastante completa y ajetreada, en todos los sentidos.  El lunes hacía una visita a Alabike.com, para tomarme las medidas exactas en la bicicleta donde he cambiado los pedales. Y efectivamente, había que retocar bastantes medidas, tanto de calas como de tija y sillín. Ataros los machos, que ya estoy bien puesto (me parece que doy poco miedo).

bikefitting (Poniéndote en tu sitio)

bikefitting (Poniéndote en tu sitio)

A continuación tenía una reunión en Millenium “Health & Fitness Center”. Por fin, a partir del mes de julio, vamos a tener en Zaragoza un Centro de Alto Rendimiento, donde cualquier aficionado a cualquier deporte, podrá acceder a una amplia oferta de pruebas de distinta índole deportiva. Tanto con fines meramente saludables, como con fines de aplicación deportiva. Un equipo médico de prestigio y preparadores físicos para las distintas prácticas deportivas. En esta última faceta es donde entro a formar parte del equipo. En principio, para el asesoramiento en ciclismo y atletismo, tanto a nivel de entrenamiento y nutricional.
El martes no pude entrenar. El miércoles hice 90 kilómetros, haciendo algo de calidad. Para variar, fue el día que más viento hizo de toda la semana. Y aquí es donde viene lo bueno,
Viernes 185 km (5h 59’); Sábado 91 km (2h 55’); Domingo 125 km (4h 30’)
Los resultados beneficiosos de este entrenamiento…saldrán. De momento han salido en dolor de piernas. Cuatrocientos kilómetros en tres días.
Aprovechando la kedada de Sabiñánigo, había que seguir el tirón. El viernes fue una salida de fondo, donde se me hizo más pesado el ir solo, que la consecuencia del desgaste físico. La verdad es que acabé muy bien. Las primeras tres horas las hice con la grupeta de siempre.

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El sábado una salida tranquila, aunque al existir numerosas subidas y un final en puerto, me hizo exigirme algo más. Aún hice algún intervalo intensivo de larga duración y tenía piernas.
A la vuelta, mi colega Carlos estrenaba sillín. Le habían dejado uno de prueba y se tomó bastante a pecho  la misma. Cuando bajábamos hacia Zaragoza, se puso a tirar de un grupo, para cazar a otro. Yo me había retrasado un poco, para ir a buscar a un amigo que había venido de Madrid e iba un poco más rezagado.
Cuando de repente, veo que se mete en las hierbas del arcén y desaparece en una zanja. Llover no había llovido, por lo que caracoles no había ido a buscar. Y no creo que se tirase a recoger algo que se le hubiese caído a otro ciclista.
Lo siguiente que veo es la bicicleta volando entre las hierbas y unas piernas que aparecen de entre los arbustos, haciendo un giro completo. Será un pájaro, será un avión, ¡No! es Carlos que se había metido una galleta de las buenas. Eso pasa por girar la cabeza cuando vas a cincuenta por hora y alcanzas a los que van delante a treinta. Una de dos, o jugaba al bowling Cycling o se iba a la zanja. Ahora me lo tomo a coña, pero creo que ya no me sentó bien la comida aquel día, del vuelco que me dio el estómago. Eso sí, el sillín ni un rasguño. Todo lo contrario que él, que podría haber aprovechado para contarnos ese chiste que termina diciendo…” ¡Qué pasa, el gato es mío y me lo cepillo cuando quiero!” (Por ser fino).  Pues eso, un susto bastante majo.
El domingo me hubiese quedado en la cama, pero me vendría muy bien el tercer día de entrenamiento.  Para resucitar hay que morir (Chema Arguedas, 24-05-2010)
Otras cuatro horas y media con tres puertos, uno más duro que las peladillas que me quedan de navidad y lo mejor es que los últimos veinte kilómetros los hice con el aire de cara y sin bajar prácticamente de los 250 vatios, y mucho tiempo por encima de 300 vatios. Así tengo las piernas hoy.  El viernes por la tarde, iremos a Graus y el sábado los Puertos de la Ribagorza. Y parece ser que el tiempo, va acompañar.

Una siberiana en primavera

Publicado el mayo 16th, 2010 por chemaarguedas | Tags: General

El viernes por la tarde salíamos dirección Sabiñánigo, donde habíamos quedado para cenar con la avanzadilla de nuestra kedada. Le había dicho a mi mujer que si prefería que acudiésemos primero a Jaca para dejar las cosas y de paso, ver si la casa estaba fría y dejábamos puesta la calefacción. Porque con con el tiempo que está haciendo…
Pero dijo que no hacía falta, ya que desde la última vez que habíamos estado, hacía dos semanas, la casa no estaría tan fría. (Dato muy importante. Y Ciertamente es así…, siempre y cuando no te dejes una ventana abierta al marcharte).
Volviendo al evento, ¿Cuál es el sitio más propicio para alguien que se queda en todas las carreras?
Efectivamente, una kedada y encima entre amigos. Acudimos directamente al hotel donde se alojaban parte de los integrantes de la misma y después de las presentaciones y saludos, pasábamos a cenar. Tres horas entre cena y café que dieron tiempo suficiente para echar unas risas, en las que de vez en cuando, tenía que coger la servilleta para secarme alguna lágrima debido a lo gracioso de algunas anécdotas. La pena es que había que madrugar. Por cierto, menos mal que íbamos a tener que esperar a Koro. ¡Ni le vimos el pelo! Este año cae un tiempazo en la QH.
Había que irse a dormir, que a las 9h 30 AM, había que estar en el punto de salida. Al salir al exterior del hotel, la noche era muy fría y al subir al coche, el interior estaba helado. Pero bueno, sería algo así como el Campo I, para la adaptación al Campo II.
Llegábamos a casa o lo que es lo mismo, al Campo II. Diez grados marcaba el termómetro del salón. Y dentro de la cama, o nevera en este caso, aunque no tengo termómetro,  podía pasar por el Campo III.

Un ruiseñor nocturno

A mitad de noche, algo me despertó. No sé si ya comenté en una de mis entradas del blog, que al lado de casa tengo un parque, el cuál está  iluminado durante la noche.
Pues hay un pájaro (desconozco a la marca que pertenece), que se pone a cantar a partir de las tres de la mañana. Este colega debió faltar a clase, el día que enseñaron que la luz de una farola no es igual que la del sol. El caso es que me tiene frito y a este paso, cualquier noche me veo por el parque con un tirachinas. Me volví a quedar dormido y a las siete y media sonó el despertador. Según estaba en la cama, haciendo un acto de conciencia para levantarme… ¡qué bien, silencio! Normal, pensé, el mamón se había debido quedar afónico después de la noche que me había dado. Mientras me despertaba, pensaba mirando al techo, que mis padres debían tener mucha razón cuando me decían que tenía demasiados pájaros en la cabeza.Y ya lo creo que llevaban razón. De momento, La Garza, el ruiseñor nocturno y un pavo. Sí, mi hija ha entrado en la edad del pavo. El que haya sufrido este tema, sabrá de lo que hablo.
Aunque pronto pude comprobar que era normal que se hubiese callado. Salvo que estuviese pegado con loctite a la rama, el  vendaval impresionante lo tenía que haber aventado por ahí.
Cuando me asomé a la ventana, las ramas de los árboles iban de lado a lado y el cielo estaba de todos los colores, y azul es el que menos abundaba. Menos mal que me había llevado toda la ropa de invierno, incluida chaquetilla, guantes y braga para el cuello. Cuando bajaba a Sabiñánigo, y veía la zona hacia la que teníamos que ir, daban ganas de echarse a llorar. Tenía pintas de estar cayendo la del pulpo. El coche marcaba 3ºC.
Aparqué al lado de mi amigo Guillermo que había subido a acompañarnos. En seguida comenzó a aparecer el personal. También madrugó Peternac, otro forero que vino desde La Muela (Zaragoza) y que tuvo que optar por cambiarse de ropa y decantarse por la colección otoño-invierno. Aún quedaba tiempo para tomar un café rápido. Casi nos perdemos la foto de familia y sin darnos cuenta, comenzaba la ruta.

Vamos, que nos vamos

salida

Unos primeros kilómetros acompañados por las obras de la carretera, hasta que llegásemos al desvío que nos dirigiese a Boltaña.
Antes de salir del pueblo, coincidía con alguien que pronto supe de quién se trataba. Se nota que veo CSI en las Vegas o en Miami. Esto me ha servido para saber analizar los indicios. Me preguntó:
¿Tú eres Chema?
Cuando leí en su chaquetilla, Bimont Bicicletes y escuché su acento, enseguida supe que no venía de Burgos. Era Jaume. Moderador y forero mallorquín. Llevaba unos cuantos días por la zona y pudo comprobar in situ el tiempo que llevamos sufriendo desde hace muchos meses. Su intención no es volver por navidad, sino más bien en verano. Estuvimos charlando un rato, hasta que le dije que me quedaba más rezagado para poder ir con gente que va más tranquila. Hoy quería hacer fondo, no quería ningún calentón y quería salir a disfrutar de la bicicleta. Pero no iba a poder disfrutar del todo, por culpa de los pedales. He cambiado de pedales y el anclaje del pie izquierdo, perfecto, pero el derecho iba demasiado suelto. Además tenía la sensación de que las calas no debían estar demasiado bien colocadas, porque notaba que no trabajaban los cuádriceps cuando hacía fuerza. Notaba demasiada tensión en la zona del soleo y gemelo.
Una vez en pleno puerto, el aire favorecía claramente. Pero esto lo íbamos a pagar. Conozco la zona y sabía que al llegar al cruce de Boltaña nos iban a esperar más de treinta kilómetros con el aire de cara y precisamente no era una brisa.
Hice casi toda la subida hasta Laguarta, charlando con Jordi Trías. Allí íbamos a tener un reagrupamiento. Cuando vi las casas del pueblo, me di la vuelta y baje hasta ver el furgón de Campagnolo, “el furgón para que nunca te quedes solo”. Ocupada por Mauleón y Javier Oroquieta, que vino a pasar el día con nosotros a pesar de no poder salir por estar convaleciente de una pequeña lesión.
Así hacía más kilómetros y podía saludar a algún rezagado. Ya subían Luis y Tere con el Mireyatandem y una parejita rezagada. También me encontré con Jesús, corredor empedernido. La semana anterior había estado en la maratón de Praga y hoy en la kedada. También coincidí con él, en la maratón de Barcelona y en la de Berlín.
Pronto me di cuenta, que tenía que dejar de hacer “exhibiciones solidarias”, porque veía que no iba nada cómodo por culpa de los pedales y quizás podía tener alguna sobrecarga demasiado importante. Quedaba mucho día. Llegábamos al alto del Serrablo. Tras fotos y tomar aliento, un descenso rápido de dieciocho kilómetros. En el cruce, al final del puerto, reagrupamiento general.

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Tomábamos camino dirección Broto. Un vendaval de cara. Me encontraba muy fresco, salvo por los pedales. Iba tirando del grupo Guillermo y fui a echarle una mano. En días así, hay que ser generoso y además los maños, estamos especializados en vendavales.
El primer relevo que le di, fue en una pequeña subida tendida. Cuando llegamos arriba, íbamos solos, junto con Montero. Vaya, no era mi intención. El grupo numeroso se partió en dos y como había sido el causante de la ruptura, me descolgué para tirar del grupo que se había quedado. Pero me ponía a tirar y no me seguían rueda. Total que mejor ir un poco por delante, manteniendo la distancia. Según nos acercábamos a Broto, el día empeoraba, pintaba negro en el Cotefablo y venían unas gotas.
En Broto, nos habían preparado un ágape de lujo. Antes de pasar a comer, conocí a Montero, que había venido desde Asturias. Un buen tío y que se nota que disfruta con el ciclismo.

Al ataqueer

Diez euros por barba y croquetas caseras, tortillas de patata, quesos, embutidos y bebidas. Todo ello a discreción. ¡Ah! pan de Broto y cafés. Con lo bien que se estaba allí y charlando tranquilamente, me apetecía más una siesta que salir a dar pedales. Cuando salimos todavía estaba el furgón de Campagnolo. Me dejaron una llave alen y pude apretar el pedal. ¡Que bien! Ya no se movía nada. Qué pena no haberlo hecho antes. Pero cuando quise darme cuenta, había salido casi todo el mundo. Apreté un poco hasta ponerme a la altura de Jordi. Esa era la marcha ideal, para evitar que las croquetas y la tortilla no las llevase el resto de la tarde en la boca del estómago. Algunos venían por detrás más alegres y nos pasaban. Entre ellos Pablo Bueno, que lo perdimos de vista enseguida. Si alguno se quiere picar con él subiendo, no es buen momento.
Antes de finalizar el puerto, aún alcanzamos a alguno que se le estaba atragantando. Y cuando quedaba menos de un kilómetro, me di la vuelta hasta llegar al último. En lo alto del puerto, estaban todos esperando. Tocaba bajar y reagrupamiento en Biescas. Quedaban quince kilómetros con un vendaval de culo. El tándem tal como vino, continuó y había que cogerle rueda. Aquí fue el único momento donde aceleré y me esforcé. Empezaron a jugar a carreras y se fragmentó todo. Aquí con mi 53×11 y a tope, me pude dar cuenta realmente que tengo que ir a mirarme las medidas, porque no podía hacer toda la fuerza que quisiera. Tiraba a base de soleo y gemelo. Así es que en el último kilómetro, La Garza se acercó a saludarme con dulzura. Al final contento y llevábamos al punto de salida a las cinco en punto de la tarde. Por la noche, cena en La Pardina con todo aquel que se quiso apuntar. Una buena charrada y pronto a casa. Espero que en la siguiente se anime más gente.

Dar las gracias a todos los que se han encargado de la organización, a Campagnolo y a todos que han contribuido a pasar un día tan agradable.

¿Por dónde se va a Lourdes?

Publicado el mayo 11th, 2010 por chemaarguedas | Tags: General

Pelotón agrupado

Pelotón agrupado

Muchas expectativas de fin de semana. El viernes salía por primera vez en toda la semana a rodar sobre el asfalto. La excursión fueron dos kilómetros. Lo que duraron las calas nuevas sobre mis zapatillas y enfilar el camino a la tienda. Es lo que tiene probar material y por algo se dice que no es recomendable que sea el mismo día de la prueba. Pero como voy con el tiempo planificado (por algo soy planifica…), a tomar viento el único día que podía rodar algo.
El viernes, hice la comida y cena apropiada para un sábado competitivo y el descanso nocturno como un niño pequeño, ya que llevaba toda la semana trabajando de noche y durmiendo un máximo de cinco horas y algún día menos. Demasiado trabajo. Aunque para estas fechas, siempre me pasa igual.
El sábado por la mañana, fresco como una rosa. Había quedado con Carlos para ir en el mismo coche a Fuendetodos. Los días que voy a correr o a las marchas, siempre me pongo el culote y encima el pantalón de chándal. Hay gente que le gusta cambiarse in situ, pero yo prefiero que sea en casa. Motivo: muy sencillo.  
¿Hay algo mejor que la fibra para ir al baño? Pues sí señor, calzarse o ponerse un culote de ciclismo. Hasta ahora he comprobado que funcionan todos los modelos. Da igual la publicidad del mismo. Por lo que he comprobado, debe ser la badana o la presión que ejercen los tirantes sobre los trapecios u hombros, que es lo suficientemente apropiada como para incitar al organismo a salir corriendo a sentarte en el retrete. Y no te digo si te pones un casco y haces como si llamases al ascensor. En este caso, el efecto es ipsofacto.
Volviendo al día de la carrera, llegábamos a Fuendetodos, pueblo natal de Goya. Gran pintor, aunque la cosa no pintaba muy bien para mí. De entrada, ya tuve que dar la nota a la hora de dar la licencia y pagar el dorsal. Entregaba el carnet de BiziZaragoza, que es del mismo color que la licencia. El de la mesa se quedó con cara de póker. Más que nada, porque yo no me di cuenta y se me quedó mirando al mismo tiempo que daba vuelta al carnet por las dos caras y me decía:
¿Y esto qué es? Que en verdad, lo que me estaba diciendo es, ¿Cómo puedes ser tan globero?
Dicho error provocó las risas de los allí presentes y no menos de mi colega Carlos que casi tenemos que llamar al servicio sanitario antes de salir. He de decir, que ante la situación, también eché unas lágrimas…pero de risa. Sólo por esos cinco minutos, había merecido la pena ir hasta allí.
Pero alguien castigó a Carlos por haberse reído tanto. Según estaba haciendo el calentamiento, sirga del cambio a tomar viento y eliminado. No quedaba tiempo y tampoco había nadie que tuviese repuesto.
Tomo posiciones en la doble línea, ya que dependiendo del lado que te pusieses, era salida o llegada y comienza la carrera. Giramos a la general y aire culero. Carretera ancha y asfalto nuevo (algo excepcional en esta región). A colación dejo un video reivindicativo (recomiento el sólo del guitarrista con la bandurria). Video y letra muy recomendable.

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Esto hizo que los primeros veinte kilómetros los hiciésemos a una media cercana a los 60 kilómetros hora, ya que hubo muchos momentos que redábamos por encima y otros llegué a ver 80km/h. Siempre a cola del pelotón y guardando las distancias para por si acaso. No digo guardando las fuerzas, porque no había mucho que guardar. Pude charlar con Joaquín, otro simpatizante como yo de “Bajadas tocando frenos”, el cual es de la misma filosofía. De hecho, comentábamos dónde nos íbamos a quedar en el caso de llegar un punto del recorrido en concreto.
Llegamos a la población de Belchite y giro para retar al viento y enfrentarnos a él. Se acabó la buena carretera y volvemos al asfalto post-guerra o Maricastaña.  A todo esto, la escapada de la mañana estaba hecha. Tres integrantes, de los cuales, uno de ellos debió tener algún problema de piernas o cardiovascular, ya que cedió hasta reintegrarse por si solo al grupo. Quité plato de 53 y metí el de 39 dientes. Tenía que guardar (no sé el qué) por lo que quedaba. Pasábamos por la localidad de Azuara y la cosa iba de romería. Los escapados nos iban metiendo tiempo e incomprensiblemente, nadie tomaba el mando del pelotón. ¿Me habría equivocado de lugar? ¿Eso era una carrera?

Yo pensaba que en estos casos tiraban los equipos que no habían metido a nadie en la escapada, con el fin de no dejar coger tiempo. Pero no, tiraban a pedo burra, como se dice, el equipo Esteve, uno de los que llevaba un integrante de los dos escapados.
Llegó a tal extremo la situación que llegué a pensar, que así, ni entrenaba. Por lo tanto, fui tomando posiciones hasta que llegué a cabeza de pelotón. Al llegar, mi colega de equipo, Guillermo  me dijo:
-Chema, la carrera está bloqueada.
Normal, nadie tiraba para recortar y si alguien saltaba, iban todos frescos para pegarse como una lapa. Aún así, yo tenía ganas de intentar darme algún calentón para quitar la carbonilla. Aproveché que salió un sénior, del Grupo asesores de Navarra, para saltar con otro del Goerna. La aventura duró sesenta y cuatro metros, metro arriba, metro abajo. Tiempo suficiente para que a mí me diese tiempo de darme un calentón del cuál me debo estar recuperando todavía.
Decidí que no quería entrenar más y me dejé rebasar por parte del pelotón. Como parecía que la cosa estaba tranquila, decidí que era momento de comer. Eché mano al maillot, momento en el que se dio uno de los tirones más fuertes de la mañana. No sé si era  la señal que estaban esperando para atacar o eran indicaciones de Powerbar para que hiciese publicidad.
Me dio el tiempo justo para sujetar el gel con los dientes y agarrar el manillar fuertemente. Con la carretera tan bacheada el gel iba de lado a lado, dándome golpes en los mofletes y yo sin poder abrir la boca para tomar aire.
Alguien tomó las riendas del pelotón (a buenas horas mangas verdes), cuando la escapada llevaba cinco minutos, según nos acercábamos a Herrera de los Navarros. Momento crucial de la etapa. Un repechón de considerables dimensiones y cambio de dirección de viento.
No contábamos que parte del pelotón estaba formado por equipos navarros, que al llegar al cartel del pueblo y ver “Herrera de los Navarros”, se debieron pensar que estaban en casa y se emocionaron (menos mal que no hay televisión). De ir en multitud, pasamos a ir en parejas individuales de a tres. O sea, sálvese quien pueda o como se suele decir, maricón el último.
Si nos atuviésemos a esto, yo debería salir del armario. Otra vez igual, yo, mi bicicleta y los coches de equipo. Ya me deben conocer. Deben saber los de la próxima kedada y que celebramos en próximo sábado en Sabiñánigo, que soy el líder de la clasificación. Me quedo siempre.
Al coronar el repecho, cerrando el pelotón, no me dio tiempo a recuperar porque a continuación venía otro. La suerte estaba echada. Nos quedamos tres ciclistas.
Al llegar al cruce donde nos dirigíamos al puerto de Tosos, mi decisión estaba tomada. No quería subir una pared, cuando hacía escasos metros nos habían eliminado de carrera. Total que enfilé a Fuendetodos. Antes del último puerto, me pasó la cabeza de carrera, o mejor dicho, el cabeza de carrera, ya que iba solo. Por lo menos, llegué el segundo de los que no terminamos la misma. O sea, que el que no tiene consuelo es porque no quiere.
El domingo por la mañana, al levantarme, estaba todo mojado y llovía bastante. Después del sueño retrasado que llevaba y el trabajo que tenía, decidí que la mejor idea era quedarme a dormir.
La verdad es que el sábado por la tarde, mi mujer me decía que estaba raro. Y a decir verdad, en el fondo estaba triste. No por el resultado, sino porque veo que quiero y no puedo. Pero hay que ser realista. Trabajo, familia, preparar entrenamientos, colaboraciones, mi libro nuevo, contestar correos, foros y entrenar…son demasiadas cosas. Los que están cerca de mí, me dicen que no se imaginan cómo puedo llevar todo al mismo tiempo.
Y claro que puedo, pero sacrificando lo que hacía antes: entrenar. En la pasada semana, sólo salí el día de la carrera y esta sólo podré salir el viernes. Por lo que sólo me queda ir a Lourdes.

Próximo fin de semana… algo cansino

Publicado el mayo 3rd, 2010 por chemaarguedas | Tags: General

La semana pasada pude entrenar bien, pero llegó el fin de semana y se fue todo al carajo. Y por si fuera poco, esta semana el grajo vuela bajo y a pesar de que mi rendimiento no es muy bajo, se resentirá mi entrenamiento sino quiero que se me lleve el viento.
Bueno, esta es una rima estilo Gloria Fuertes que me ha salido así, en un momento de subidón.
Acabo  de subir de la calle y menos mal que llevaba al Chihuahua bien sujeto, porque casi se lo lleva el viento, aquí llamado cierzo. A estos pobres perrillos no se les dice: cuidado que viene el hombre del saco y se te lleva. Con que les digas: cuidado que viene el cierzo y se te lleva, ya se acojonan.
Pero me parece que más acojonado estoy yo, ante las perspectivas de semana que me esperan. Las previsiones meteorológicas son para llorar. Esta tarde se alcanzaban rachas de viento cercanas a los 80 kilómetros por hora y en las previsiones del tiempo, han dado para mañana (palabras textuales), una vuelta de tuerca más en la fuerza del viento.
Trabajo de noche toda la semana y encima no se dará la circunstancia de mal de muchos, consuelo de tontos. Porque sino iría al punto de encuentro a las 9 de la mañana y mira…seguro que nos juntaríamos unos cuantos. Por lo que visto lo visto, creo que tendré que tirar de rodillos martes y miércoles, ya que no tengo ganas de jugarme el físico. Y el jueves que dicen que mejora, ese día estoy fuera. Y el viernes que puedo entrenar, tampoco podré hacer mucho porque el fin de semana es de aúpa. El sábado, carrera master de la Copa aragonesa en Fuendetodos. Además se da la circunstancia que la organiza mi club, el CD ASSER.

cartel GOYA-FUENDETODOS[2]
Un recorrido bastante duro con un par de puertos, entre los que se encuentra Tosos y con tres kilómetros que me parece no bajan del 8% y hay alguna rampa del 16%.  Salimos de la localidad natal de Goya, en Fuendetodos. Y el domingo la cicloturista Los Pinares de Zuera, un recorrido bastante menos exigente pero que después de la paliza del sábado, iré ya medio tostado.
Volviendo a la rima del comienzo, pues eso, que la pasada semana pude entrenar bastante bien y me encontré bien. El jueves incluso pude hacer cuatro horas y cuarto, con Alfredo, un amigo de fatigas ferroviarias y velocípedas, dando la vuelta a Tardienta. El viernes descansé ya que había trabajado de noche y tampoco era cuestión de hacer nada ya que el sábado por la mañana pensaba darme un poco de leña a modo de competición casera, debido a que el domingo la carrera organizada por el club de los Conejos, me la perdería al estar de comunión. Y el sábado me tuve que conformar con poco ya que cuando llegábamos a Leciñena, comenzó a llover. Entonces nos dimos la vuelta sobre nuestros pedales (normalmente se diría sobre nuestros pasos) e incluso alguno se quedó en algún pueblo cercano para que viniesen a recogerlo. Yo no pude tomar tal decisión, porque afortunadamente mi mujer también se estaría mojando. Había quedado para salir a dar la misma vuelta que nosotros, pero a la inversa. Y digo que afortunadamente se estaría mojando, porque como ella no sale en bicicleta habitualmente, sino a correr, cuando llueve o está mojado me dice:
¿Hoy no sales a entrenar?
Pues no ves que está lloviendo, le digo.
Como ella, aunque llueva, se va a correr por el asfalto y en poco rato hace un buen entrenamiento, pensaba que en bicicleta sería lo mismo. Je, je.

Pinares de Zuera
De momento ya le salvé de una buena, porque mi querida esposa, se iba a las ocho y cuarto de la mañana, de corto, con una mañana que ya apuntaba maneras.  Culote y maillot de verano, sin chaquetilla ni nada más.  Y por supuesto, debajo del maillot, ni camiseta térmica ni de verano. ¡Ancha es Castilla! Menos mal que me hizo caso y le dejé la chaquetilla de entretiempo.
Cuando volvió a casa, que lo hicimos casi a la vez, pudo comprobar los efectos de la velocidad y el viento sobre una bicicleta, no son los mismos que corriendo a pie.
Ahí está con su preparación para la Treparriscos, que aparte de hacerla con una bicicleta de montaña y sus correspondientes desarrollos, va a necesitar crampones para subir alguno de los puertos dado su escaso entrenamiento sobre los pedales. Pero ya se sabe, en casa del herrero, cuchara de palo. Espero que cuando lea esto, a pesar de estar muy bien su higiene dental, no aproveche la falsa excusa para vengarse en determinadas situaciones, como en el video.

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Y el domingo la comunión. Aquí en este día si que no pude hacer nada. Eso sí, creo que hice o hicimos una buena obra por este país. Después de la comida en una larga sobremesa y acompañado por un buen brut, solucionamos gran parte de la crisis que estamos pasando y encontramos soluciones para la multitud de problemas existentes…lo malo es que ya no me acuerdo de las soluciones. Será que no estoy acostumbrado a beber.

La próxima entrada tendré que hacerla por fascículos. Con lo que me viene…

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