Chema Arguedas

El entrenamiento divertido

Entradas de abril 2010

Más vale que sobre, que no que falte…fondo

Publicado el abril 27th, 2010 por chemaarguedas | Tags: General

Por lo que a estos lares se refiere,  este fin de semana ha sido más largo de lo habitual. Tres días para disfrutar de familia y bicicleta. Por supuesto, por este orden. El jueves a media tarde, llegábamos a Jaca bajo una intensa cortina de agua…para variar. En abril aguas mil.
Confiaba en que mejorase durante la noche, ya que el viernes había quedado con un amigo que se acercaría hasta Biescas, con el fin de hacer un pequeño entrenamiento sin importancia. Subir Cotefablo, darnos la vuelta, subir el Portalet por el lado español y a la bajada subir a los lagos de Panticosa y a continuación por Hoz de Jaca a Biescas. Pero al final no pudo ser por compromisos familiares de última hora. Por lo tanto, entrenamiento al carajo y para ahogar mis penas, nos fuimos a tomar un vermú con la familia.  Cambié la bebida Isotónica y powerbar por banderillas varias y rosadito fresquito. Tampoco estaba mal el cambio. Si no puedes con el enemigo, únete a él. Os puedo asegurar que no sentí remordimientos.
Por lo tanto, después de los entrenamientos que había hecho martes y miércoles, ya llevaba dos días de descanso, jueves y viernes. Me quedaban dos días para entrenar (sábado y domingo) y además estaba descansado.

Alberto

Alberto

El sábado amaneció  un día radiante y soleado. Acudí al punto de encuentro del club ciclista mayencos, ya que por estas fechas y si el tiempo lo permite, las salidas suelen ser bastante consistentes. Pero lo que yo no sabía es que iba a ser tan consistente. Como parece ser que no tuvieron suficiente el viernes, el cuál habían hecho la cicloturista de la Jacetania entera, algo así como 140 kilómetros y no sé cuántos puertos, ese día iban hacer la Quebrantahuesos entera. No todos, pero sí unos cuantos acompañados por algunos que vinieron de Sabiñánigo, del club ciclista Edelweiss y otros que iban a ir al encuentro para coincidir en Laruns. Para qué nos vamos a andar con chorradas ni medias tintas señores. Más vale que sobre fondo que no que falte. Además aún les quedaba el domingo para estar todo el día en la cama.
¡Ya huele a QH y estamos en abril! Por un momento me vi tentado de acompañarles, pero no estaba mentalizado ni preparado. No tenía ganas de subir el Marie Blanque a gatas con mi 39×23, sufrir el ataque voraz de la Garza, y además sufrir un ataque de estrabismo en el Portalet y llegar con un ojo mirando pa Francia y el otro pa España. Lo más inteligente era acompañarles durante un tramo ya que una retirada a tiempo es una victoria.
Cuando comenzamos a dar pedales y nos adentramos (a esas horas la incursión es más bien sin sol) en el valle del Aragón, el cuál conduce a la frontera francesa a través del  Somport, me dije unas cuantas veces capullo, porque en vez de piernas tenía dos gambas congeladas y en evolución a gambones, debido al color que estaban adquiriendo. Todo esto por el frío.
Uno de mis comentarios, entre bromas, era que si así pensaban dar la vuelta entera (no íbamos nada despacio), sería buen momento para coger mi coche e ir al encuentro por el Portalet. Una buena forma de hacer amistades para siempre. Recoger a alguien en circunstancias agonísticas y con una tostada (pajarón) de campeonato, puede suponer un lazo de hermandad y no te digo si encima le llevas una coca-cola.
A colación, recuerdo una vez cuando jugaba al fútbol, y con escasos veinte años cumplidos,  un nuevo compañero de equipo se lesionó durante el partido. Al término del partido con el coche de mi padre que me había dejado prestado (esto es de comentar porque era después de intensas negociaciones), le llevé al hospital y estuve con él hasta que lo escayolaron. Después,  lo llevé a su casa.
Le perdí la pista, y al cabo de los años, haciendo fila con unos amigos, en una de las discotecas de moda de Zaragoza y con menos posibilidades de entrar, que yo de ganar una carrera master, se acercó uno de los dos “gorilas” que flanqueaban la puerta y me dijo con el dedo que me acercase. Tal como me señalaba, pensé:
Ya está, me ha tocado la china y todas las risas que nos estamos echando aquí las voy a pagar, pero en aplausos faciales.
Cuando me hice paso entre la gente, a que no sabéis quién era el encargado de dejar pasar a la sala:
-Sí señor, el compañero que llevé a casa escayolado, hacía algún año.
A pesar de haberlo tratado muy poco tiempo, todavía se acordaba de mí. Me acerqué, me saludo en colega y me quedé con él hasta que les tocó el turno de fila a mis amigos y pasamos todos.
No veas mis colegas, qué mosqueo y yo casi no entro por la puerta de lo ancho que iba.
¡Ostras tío! ¡Vaya contactos que tienes!
Je, je, ya sabéis, Chema Manero.

Bueno, que me pierdo. Como digo, la marcha era muy buena y sin darnos cuenta, hablando y entre alguna risa que otra, llegamos a Canfranc. Claro está, como yo iba descansado, fresco y mi excursión iba a ser menor, me permití subir a buen ritmo. Desde Candanchú subimos juntos y dio tiempo de hablar de nutrición y hasta para contar algún chiste, relacionado con el tema. Seguro que este año cuando pase por esa curva me acordaré del que contó uno de ellos:
Chica, estoy preocupada. Mi marido no me come, nada.
¿Y eso? Comentó la amiga.
Y eso tampoco.

Yo mismo, por ejemplo

Yo mismo, por ejemplo

Una vez arriba y deseando suerte, nos despedimos y deseamos buena ruta. Alberto y yo, después de hacernos las respectivas instantáneas, nos fuimos de camino a Jaca, no sin antes hacer de improvisado fotógrafo para una parejita que también iban a hacer La Quebrantahuesos. Eran de Gerona, aunque vivían en Madrid y habían ido de propio a reconocer el terreno.
Cuando llegamos a Jaca, Alberto paró a tomar café y yo continué para dar la vuelta por Oroel y San Juan de la Peña. Tengo que decir que es una vergüenza y qué carreteras tenemos en esta región. Se deben estar gastando todo el presupuesto en comprar gravilla para echarla en las comarcales. Un auténtico peligro, ya no sólo para las bicicletas, sino para las motos. Desde el comienzo del puerto, casi dieciocho kilómetros llenos de gravilla hasta tal punto que bajaba más despacio que subía y la rueda hacía mención de quedarse frenada. Pues ¡venga!, una carretera que era mi zona de entrenamiento, a tomar viento. Imposible dar marcha atrás y tuve que dar la vuelta por la nacional de Pamplona a Jaca. Una carretera sin arcén, pero más segura que volver por el mismo sitio.

 

La curva en mejor estado

La curva en mejor estado

En definitiva, me salieron casi cinco horas de entrenamiento y tres puertos. Que no suena a fanfarronada, pero cuando entré por la puerta de casa, tenía la sensación de que no había hecho nada y más fresco que una rosa. Y que conste que no fui despacio.
Esta claro que la razón, no era el vermú del día anterior, pero sí el estar descansado. Algo que salvo por obligación, es algo de lo que suele carecer el cicloturista con tiempo: descanso.
Por la tarde paseando por Jaca, me encontré a uno de los integrantes de la aventura y pude comprobar que aún le quedaban fuerzas para empujar el carrito de su chico. Por cierto, paseando por la misma calle Mayor, me encontré con David Cañada.
Estuvimos hablando de la cicloturista a Monlora, en la cuál fue homenajeado y la hizo entera. Cuando le comenté donde me había descolgado, porque no me arriesgaba a bajar por una carretera tan estrecha a más de sesenta por hora y cien tíos, me contestó:
-Yo iba en cabeza y pensé: O estos tíos controlan mucho o no tienen conocimiento.
El domingo tenía pensado acudir al punto de encuentro. Pero en un momento de lucidez, dije: Estate quieto que estos son capaces de hacer la Jaca-Madrid-Jaca. No la verdad, es que sabía que iban a ir por el plano hasta Biescas e iban hacer poco. Al final me quedé en casa a trabajar con el ordenata y semana nueva. El domingo carrera de master en casa y me la pierdo por comunión, pero a partir de ahí…. ¡Vaya mes!

Millenium 4: La Garza y la nube de ceniza volcánica

Publicado el abril 19th, 2010 por chemaarguedas | Tags: General

Por lo general, no analizamos situaciones cotidianas que pueden ser señales. En mi entrada anterior, dejé una foto en la que posan seis colegas que son bomberos y con los que hice un entrenamiento. Chiste fácil, el decir que unos bomberos me pegaron fuego aquel día, pero… los días previos a tal circunstancia, había realizado dos entrenamientos en rodillo, acompañado por una película de video en mi ordenador, porque sino difícil aguantar tanto tiempo. Título de la película:
Millenium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina
¿Señal del más allá o simple coincidencia? Circunstancia en la que no había reparado hasta esta semana en la que me vi obligado a realizar otros dos entrenamientos semanales con el rodillo y en la que pude ver la tercera parte de la trilogía:
Millenium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire
¿Tendría señal esta tercera parte?

Primera cicloturista de la temporada, La subida a Monlora 2010. Salida en la localidad de Luna, a 68 kilómetros de Zaragoza. Salíamos de Zaragoza con las calles comenzando a mojarse y arreciando la lluvia. Había “engañado” a mi colega Carlos para que hiciese la marcha y de paso me pudiese llevar a la cicloturista. Mi mujer necesitaba el coche, porque en un pueblo cercano a donde salíamos, Sierra de Luna, bautizaban a mi sobrina y posteriormente la comida sería en un restaurante situado a tres kilómetros de donde acababa la marcha. Dudo que tuviesen falta de agua para la pila bautismal, con el año que llevamos.
Cuando tomábamos la carretera de Zuera dirección Luna, un ciclista procedente de Zaragoza y con un chaleco fluorescente, circulaba por el arcén. ¿Dónde iría a las siete y media de la mañana y lloviendo? Pues sí, iba a participar a la marcha cicloturista. Estaba claro que el muchacho quería hacer fondo.
La mañana no era la más apetecible para salir en bicicleta, pero la cena generosa del día anterior y la comida que me esperaba, eran motivaciones suficientemente importantes como para salir a quemar calorías. Pero mira por donde, según nos acercábamos a la localidad, dejaba de llover. Caravana de coches hasta llegar al pueblecito y al llegar, sus calles y plaza llena de ciclistas y vehículos. Un voluntario de la organización nos indica un lugar para aparcar, pero Carlos gira en la contraria porque había visto un sitio.
Lo primero que hacemos es ir al único bar de la plaza a por nuestra ración de cafeína. Mira por donde, nada más entrar y acercarnos a la barra, coincidimos con Alberto Roca, el gerente del gimnasio Millenium de Zaragoza. ¿Casualidad? ¿Señal? Millenium, una vez más aparecía en escena.

Carlos remetando de cabeza al globo de salida

Carlos remetando de cabeza al globo de salida

 
Parte de la profecía se estaba cumpliendo y yo ya estaba con la mosca detrás de la oreja. Nos  dirigimos a por el dorsal y el chip. La gente con la moral muy alta, más que nada porque no paraban de mirar al cielo por ver si despejaba y nos librábamos del agua. Cuando llegamos al coche para empezar a prepararnos, ¡Casualidad! Veo a dos ciclistas con la equipación de Gimnasio Millenium. Habíamos aparcado entre tantísimos coches y gente, al lado de ellos.
Cuando voy a ponerme el chip, veo que a diferencia de otras marchas, nos han dado una brida de plástico duro. No se me ocurre otra que ponerme la brida en el tobillo con el chip. Lo malo que tienen estas bridas,  es que como te pases al ajustar, no puedes aflojarlas como fue mi caso. Estaba claro que me había pasado y difícilmente iba a pasar el oxígeno hasta mi pie sino me quitaba aquello. Todo esto, hasta que me di cuenta que la gente se lo había ajustado a la vaina trasera de la bici.
Una vez subsanada la globerada,  como la carretera que sale del pueblo es bastante estrecha, nos dirigimos a coger sitio en cabeza por lo que pudiera pasar. Tiempo en calma, parecía que escampaba, como dicen en mi tierra y corte de cinta efectuado por David Cañada que nos acompañó durante la marcha.
Por el megáfono decía la organización: ¡Tranquilos que la salida es neutralizada hasta que salgáis todos del pueblo!
Pues como no se refiriese a que tienen una obsesa sexual en el pueblo y la iban a retener hasta que saliese tanto hombre en bicicleta y pantalón corto… a la marcha no creo que se dirigiese, porque no hicimos más que girar y coger la carretera (los últimos estarían todavía en la plaza), aceleró el coche que habría la marcha cicloturista (ja, ja, ja) y veía cumplida la parte de la profecía que faltaba.
Millenium 3: La reina en el Palacio de las corrientes de aire.
¿Cómo van las cosas de Palacio? Dicen que despacio, pero ahí estaba la trampa. De repente comenzó a llover y un vendaval de costado de preocupar (aquí están las corrientes de aire)
Y como las cosas de palacio dicen que van despacio, nosotros íbamos de salida a cuarenta y siete por hora en mi velocímetro. Cuando asomo la cabeza para ver quién iba tirando y metiendo cuneta, veo que es nuestro amigo Jorge, el que aparece en las fotos de los artículos de gimnasio y que por aquél entonces, llevaba la vestimenta que se puede ver: Millenium.

press sentado con mancuernas 18
A los cinco kilómetros, cogemos la carretera dirección Ayerbe. Un repecho de kilómetro y medio sostenido que hace la selección de un centenar de ciclistas. En el repecho se va uno del club ciclista Utebo y al poco otro de la Montañanesa. Se unen y en el grupo se ralentiza la marcha, entre otras cosas porque hay muchos integrantes de los dos clubs en el grupo y el aire que antes era de costado, ahora es de cara. Pánico, pavor, terror en cada bajada y cada curva porque la carretera estaba mojada y comenzaba a llover con fuerza. Cuando ya nos llevarían algún minuto, no me aguanto más (y mira que dije que no lo haría), arranco del grupo y me voy a la aventura. Cuando salté, íbamos a cuarenta en un falso llano y pasé a cuarenta y ocho mantenidos. Y cuando picaba ligeramente hacia arriba, aumenté la velocidad hasta treinta y tres, cinco más que lo que llevábamos en ese terreno. Sabía que no cogería a los de cabeza, pero me quitaba del peligro y con un poco de suerte, saltaba alguno más y quizás hacíamos camino. Cuando giré la cabeza, pude comprobar que no les había parecido buena idea ya que iban mucho más deprisa y no me iban a dejar tal licencia.
Y eso que saltó Grima, de Calatayud, con otro del Utebo y me alcanzaron, con el fin de hacer camino. ¡Y una leche! No nos dejaron ni respirar. Todos al redil y empapados hasta los huesos.
Así con alguna pequeña escaramuza llegamos todos juntos a Ayerbe, momento que se aceleró mucho y pasamos a mil por el pueblo. Unos seis kilómetros hasta Santa Eulalia donde comienza el puerto de Sierra Mayor. La carretera favorece, aire de culo y cien tíos a más de sesenta y cinco kilómetros por hora, con alguna curva abierta.
Me entran las dudas y no sé si empezar a cantar “yo no temo a la muerte” en alusión a la legión o cantar “ahora que vamos despacio” y dejar que me pase hasta el apuntador. Me entra el acongoje, me acuerdo de mis hijas y opto por la segunda canción. Resultado: que cuando comienza el puerto la cabeza se ha estirado tanto que ni los veo. Acelero y paso a algún ciclista, hasta que las piernas se me ponen como tablas y como se suele decir, me doy cuenta que ese día no llevo piernas. El agua y el entrenamiento del sábado me habían dejado tocado.
Parte del puerto lo subo con Alberto Roca hasta que al final decido aflojar. Desde lo alto del puerto, la bajada era una trampa llena de gravilla y al tomar una de las curvas, uno de los que había decidido cantar la primera canción, veo que se había tirado en plancha por encima del quitamiedos. Más miedo para el cuerpo y tranquilo hasta la bajada.
Una vez pasado Biel, llega el terreno plano y por deformación profesional, engancho una composición de nueve ciclistas y me pongo durante cuatro o cinco kilómetros a cuarenta y cinco, cincuenta por hora hasta alcanzar un grupo de cinco que iban por delante. Creo que para ser mi segunda participación exigente después de mi larga baja, es suficiente y me doy por satisfecho. Al final en la subida al Santuario, meto el 39×25 y piano, piano. Al final no hizo acto de presencia la Garza, que debió verse afectada por la nube de ceniza.
El resultado es lo de menos, y al final hice el 125 de más de cuatrocientos el 13º en mi categoría, de ochenta y cinco. A diecinueve minutos de la cabeza.  El jueves me voy a Jaca y toca entrenar Pirineo.
¡Ah, se me olvidaba! El ciclista que a la ida iba en bicicleta, a las cinco y media de la tarde cuando llegaba a Zaragoza después de la celebración familiar, volvía en bicicleta. Casi 270 kilómetros se metió nuestro amigo.

Vatiolight

Publicado el abril 11th, 2010 por chemaarguedas | Tags: General

Una semana de lo más entretenida. El jueves fuimos a reconocer in situ el terreno por el que íbamos a tener la carrera del domingo y…algo más. Éramos siete, o mejor dicho, ocho. Yo mismo, seis colegas que son bomberos y el aire.

Mis verdugos

Mis verdugos

Me dijeron, vente, vente, que entre puerto y puerto iremos al trote. Supongo que el que me lo dijo se refería al trote de algún Velociraptor. Aunque casi todo lo que hicimos e hice, eran puertos. En total seis puertos, y Air (no es que sea aire en inglés, sino es el apelativo cariñoso de aire, debido a la confianza que hemos cogido).
La verdad es que me encontré bastante bien, teniendo en cuenta el tiempo perdido durante la baja. En el puerto de Codos, subí bastante parte con los dos primeros hasta que me di cuenta que me estaba prendiendo fuego, y habida cuenta que iba con seis bomberos, no era cuestión de provocarlos. Cuando me solté, me di cuenta que iba pinchado de la rueda delantera y el último kilómetro lo hice muy tranquilo para poder reparar arriba.
Una vez reparado el pinchazo continuamos por dirección Mainar. Cuando llegamos a la carretera general, giramos dirección Daroca con un viento de costado, que yendo a rueda había momentos que iba a 300 vatios. Menos mal que era trote cochinero.

Pinchazo
Fuimos hasta Daroca era con el fin de subir otro puerto que había en las inmediaciones. Este decidí subirlo entre 260 y 280 vatios porque quedaba mucha mañana y no quería quemarme. De vuelta a Daroca, a nuestro buen amigo Domingo se le ocurrió que quería que conociésemos otro puerto ya que estábamos allí.
La verdad es que ya conozco muchos puertos y no tenía ganas de conocer otro. Y como además trabajaba a las ocho de la tarde y no era cuestión de irme a trabajar sin descansar, decidí irme sólo hasta el punto donde habíamos dejado los coches. Treinta y cuatro kilómetros y dos puertos. Treinta y cuatro kilómetros en los que me quité unos meses de vida. Un viento de cara que bajando el último puerto, tenía que dar pedales para alcanzar los treinta kilómetros por hora. El mismo puerto en la carrera de hoy, lo he bajado a ochenta por hora. Con esto queda todo dicho.
En total casi cinco horas, seis puertos, más de dos mil metros de desnivel acumulado y La Garza sin aparecer.
El viernes no pude entrenar y el sábado la salida habitual a Leciñena. Me lo tomé con mucha tranquilidad, debido a la carrera del domingo.
Y llegó mi estreno: I Trofeo Sierra de Algairen. 98 kilómetros, tres altos y alguno más escondido. Y como no: Air (me cagüen tu prima).

 

Pensando la que se me venía encima

Pensando la que se me venía encima

                                                                                                                  
Lo primero de todo, tengo que dar la enhorabuena al club Ciclista Utebo por la iniciativa y por lo bien organizada que ha estado la carrera. Aunque también hubiese sido muy majica si la hubiesen hecho por la zona del aeropuerto o un circuito en el Alcampo de Utebo. Más que nada por la cuestión del desnivel.
Hay que analizar la mañana que he tenido y siendo realista podía haber hecho más, pero la desconfianza ha podido conmigo. La gente lleva media docena de carreras y el ritmo de competición se nota mucho. Una mañana primaveral a pesar del viento. De salida ya se me ha cortado el rollo porque en la salida neutralizada se ha caído Javier Ruiz, del equipo Goerna y colega del que suscribe y ha tenido que retirarse. Al final no ha sido mucho, salvo unos puntos en la barbilla
*¡Ojo, dato importante! Puntos en la barbilla, no en la Copa aragonesa. Más que nada porque no haya reclamaciones.
Con la salida lanzada, iba a cola de pelotón con un poco de respeto, hasta que he ido cogiendo confianza. Llegado un momento, he decidido ir hasta cabeza del pelotón. Han arrancado un par de corredores y he decidido salir a rueda. Ha habido un punto que parecía que había corte, pero no. No nos han dejado, porque iba gente peligrosa. Sin embargo, en el siguiente ataque se han ido unos diez que son los que se han jugado la meta volante de Cariñena.
Comenzaba lo bueno. De ahí en adelante siempre picando hacia arriba. He conseguido llegar al siguiente pueblo con todo el pelotón. Pero a la salida del mismo han dado un buen acelerón, en una rampa considerable. Y debido al terreno que quedaba, con puerto incluido, me he soltado de la cola del grupo principal. Un gran error.

Los tres primeros de la general

Los tres primeros de la general

Han comenzado a pasarme los coches y entre ji, ji, ya los cogeré, no hagas la Garza, ¡Venga Chema! y demás saludos, me he quedo solo y con el grupo principal a doscientos metros durante mucho tiempo. Sin embargo veía que un grupo se había quedado a mis espaldas y les iba aumentando distancia.

Corredores del Goerna

Corredores del Goerna

Ha sido el momento en el que me he dicho: Chema eres gilipollas. Para que están los coches de equipo. Podía haberme metido entre ellos y a ver vuelto a empalmar.
No creo que hubiese ido muy mal porque me he dado cuenta que iba fácil. El puerto lo he subido muy deprisa, cogiendo a gente que se quedaba descolgada. Pero en la bajada, ya que no tenía nada que ganar y mucho que perder, me lo he tomado con calma.
Aún así en el falso llano posterior, he ido cogiendo a algún corredor suelto a los que iba dejando de rueda. En total, de los casi cien kilómetros de carrera, he ido completamente solo unos sesenta y cinco. Menudo entrenamiento me he metido.
Cuando he llegado a meta, 32km/h de media. No se los vatios porque no iba con la bicicleta en cuestión y el pulsómetro que llevaba ha pasado a mejor vida.
Pablo Alonso del equipo Goerna que ha sido el vencedor, ha sacado 38 de media y me ha metido 27 minutos. Pablo Alonso, Dani Arnal y Kepa Vallejo han sido los tres primeros.

Tengo que ser realista y siendo la primera carrera y que llevo unos diez días con entrenamientos serios, hay que estar contento ya que el recorrido era muy duro.
El domingo que viene otra. Esta vez la Subida a Monlora.

Ya me siento las piernas

Publicado el abril 6th, 2010 por chemaarguedas | Tags: General

Ya puedo contar los días que van pasando, por entrenamientos realizados. La verdad es que me encuentro muy bien. Esto no quiere decir que vaya supersónico, ni mucho menos, pero por lo menos estoy disfrutando de mis salidas. La sensación de piernas es muy buena y ya disfruto subiendo los repechos. ¿Por qué será?
Evidentemente, mi peso. Ya me he instaurado en los 74,800 y seguiré bajando. Ya puedo enfundarme mi nueva equipación de ASSER sin que parezca un rejoneador.Cuando me pongo de pie y tengo la sensación de que floto sobre la bicicleta, quiere decir que voy por buen camino. Y estoy comenzando a tener esas sensaciones.  La foto la hice al revés, soy un desastre.

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Pero seguro que en no tardando mucho, ya habrá quien se encargue de quitarme esas sensaciones. Sólo tengo que ir a correr y así será.
Independientemente de los resultados que consiga, por lo menos llego a casa satisfecho y con una agradable sensación de bienestar.
Hasta la lesión de mi dedo, había salido bastante y había hecho una buena base. Aunque he estado parado muchos días, he podido ir salvando los muebles a base de rodillos. Afortunadamente la alergia no ha sido todo lo fuerte que cabría esperar y no me ha mermado en exceso. En esta semana e intentado ponerme a prueba en alguna ocasión y no estoy tan mal del todo. Aunque si me comparo con los master del universo…
El miércoles pasado salimos por la mañana un grupo numeroso. Una gran parte guardaban fuerzas porque el jueves Santo iban a subir al Pirineo a entrenar.
Pero en el primer repecho largo, en la cuesta del cementerio o de los vatios, se fueron media docena con idea de apretar. Además un par de corredores iban con idea de hacer series.
Cosa rara en mí, me quede con los que iban a ir tranquilos. Más que nada, porque me suelo meter en todos los fregaos. Esto también es un entrenamiento de resistencia. Aguantarme y resistir en no saltar a todo lo que lleve un culotte.
A la vez se me pasaba por la cabeza:
“Mañana jueves trabajo, el viernes no sé si podré entrenar…debería forzar y aprovechar estos dos días para supercompensar”
Para cuando llegué a la conclusión de que debía arrancar también, ya me habían sacado quinientos metros y parte de ellos con repechos. Cuando arrancase, sabía que el calentón que me iba a dar era bueno, más que nada, porque ellos iban en fila de a uno ya que el que tiraba estaba haciendo series.
Pedí paso a los dos que llevaba delante y salí a por ellos. Las salidas siempre son gloriosas. Lo peor es cuando te encuentras a medio camino de los dos frentes y piensas:
“No los cojo. Ay madre que planto un seto ¿Por qué tengo que sufrir tanto? No, no que parece que están más cerca. ¿Me paro? Y una leche, dirán los de atrás que vaya cagada.
Al final para cuando me quise dar cuenta estaba a rueda del último de la fila. Y ¡Cómo no! Siempre cazas en el momento menos oportuno. Justo comenzaba un repecho de dos kilómetros.
Los vatios medios del calentón no los pude saber, hasta que llegué a casa. Pero el último minuto y medio moví 450 vatios de media. Y cuando los alcancé el pulsómetro marcaba las 180 pulsaciones. No las tenía todas conmigo, pero aún aguanté y con buenas sensaciones. En la subida aún bajé a las 170 pulsaciones. Aún debíamos ir deprisa porque se soltó alguno. Y a partir de ahí ya no paramos. Cuando llegamos al punto donde tomamos café, me di la vuelta al encuentro de los que venían tranquilos y reciclé ácido láctico, que debía llevar un poco.
La vuelta a casa, fue más tranquila y eso que se pusieron borricos al final. Al amigo Sebas Tamayo y Javier Solanas, reciente vencedor del duatlón de Sueca, uno de los más duros de España, les dio por apretar los últimos kilómetros. Otro calentón superado.
Jueves Santo me tocó trabajar y llegué a casa a la una de la mañana, ya viernes. Madrugué e hice dos horas y media. Cansado ya que parece que no había recuperado, por lo que me dediqué a rodar.
Fue soltar la bicicleta, estirar un poco y a cargar los bártulos para irnos a Jaca.
El fin de semana no pintaba muy bien en lo referente a lo meteorológico. Pero al final salvé los muebles.
El sábado salí con Mayencos, pero estaban para el arrastre. Se habían hecho el jueves la Jacetania entrenando y estuvieron seis horas en la bici. El resultado es que yo iba calentando y pasaban de mí.
Al llegar al cruce de Sabiñánigo con la carretera general, coincidimos con cinco ciclistas del Edelweis, entre los que había algún corredor del Kappelmur, equipo master. Uno de ellos se acordaba de mí, de la kedada en honor a Mireya que hicimos el año pasado. Como iban a un ritmo más acorde al mío, me sumé al grupo. Como el tráfico era de locura, fuimos por el interior hasta llegar a Biescas. Lo que es el recorrido de la Treparriscos. En principio íbamos a subir el Cotefablo, aunque todo iba a depender de si nos dejaba el tiempo. Y no, no fue así. Al salir de Biescas comenzó a lloviznar por lo que sólo subimos hasta el pueblecito de Gavin. Allí nos dimos media vuelta y hasta Sabiñánigo, fuimos en sentido inverso al recorrido de la Treparriscos.
A lo tonto, hay unos repechos más que considerables y aún entrené. La verdad es que me encontré bien.
En la variante de Sabiñánigo me despedí de los colegas, unos tíos muy majos por cierto, y de camino a Jaca me puse como una sopa ya que empezó a llover con ganas.
El domingo por la mañana, hacía bastante frío. La idea que llevaba era de salir sólo y hacer un recorrido en el que subo cuatro puertos. Oroel por las dos caras y San Juan de la Peña por sus dos vertientes. Pocos kilómetros, unos ochenta, pero bien concentrados. Estuve tres horas y diez minutos. El video está grabado con el móvil y el cámara es malo.

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Lo que sí tengo claro, es que mi mujer no pasaría el casting para corresponsal en España en directo. Antes de salir a la calle, le pregunté si hacía viento, ya que había bajado a pasear a la fiera y su respuesta fue que hacía frío pero que no tiraba aire.
Menos mal que no tiraba aire, porque si llega a tirar todavía me están buscando por algún cerro. No puede ser, el aire me persigue.
Ya puedo decir que entrené de lo lindo, porque había bajadas en las que casi tenía que dar pedales. Pero también llegué a casa contento.
Ayer lunes hice un par de horas para soltar piernas y hoy también he podido entrenar ya que he descansado. Y eso también es entrenar.
El domingo a ver que tal. Ya verás que pronto me quitan las buenas sensaciones de piernas.

Animos a mi colega Diego Tamayo que en los tres días de La Panne, una maniobra brusca de un coche de un equipo, le hizo caer y tuvo una fractura abierta de cúbito y radio.

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