Menos mal que el encabezamiento de mi blog es Chema Arguedas, el entrenamiento divertido. Y es que como siga así, cualquier día me voy a partir. Buahhhh!! Buahhhh!!
Si os fijáis detalladamente en el mapa de la izquierda, vienen reflejados los valores de polen del ciprés durante estos últimos días. Y a poco bien que andemos de geografía, ¿Qué localidad española se encuentra debajo de esa mancha roja o muy próxima a ella?
Muy bien, eso es, Zaralergia.
Por lo tanto, a buen entendedor pocas palabras bastan y ya os podéis imaginar cómo me encuentro. El jueves por la tarde, era lo más parecido a un caracol. Ya estamos con los mal pensados…lo digo por los mocos.
Ahora que hago alusión subliminal a esas protuberancias que dicen salir a la altura de las sienes, después de ciertos comportamientos infieles de la parte contraria, (el que esté algo espeso, quiero decir poner los cuernos) me viene a la memoria una situación de la que fui testigo y que me impresionó bastante.
Hace años, prestaba servicio en trenes de viajeros. Por la mañana había llevado un tren Intercity desde Zaragoza a Barcelona. Después de pasar el día en la ciudad Condal y descansar, tomé servicio con el Intercity de vuelta a Zaragoza. Antes de la salida, y con el fin de estirar las piernas en la estación de Sants, fui a bajar por la puerta situada al lado de la cabina de conducción. Tuve que pedir permiso a una parejita que se estaba despidiendo a pie de tren y que estaban en medio de las escaleras, por lo que no me dejaban pasar. A la vista de la escena no eran primos. ¡Qué bonito es el amor, pensé! Ni eran jovencitos, ni maduritos. Cuarentones, pero con buen aspecto. En aquel caso, debido a la efusividad de los mismos, no eran besos lo que estaban intercambiando, sino *ósculos.
*Palabra más apropiada que beso, debido al lugar donde tiene efectuado el par de apriete sobre la persona que se achucha. Dicho par de apriete, estaba situado por debajo de la cintura. Eso es donde la espalda pierde su nombre. De ahí, ósculo en lugar de beso.
Bueno, que me lío. A la hora prevista, salimos de Barcelona. Aquel tren acababa su recorrido en Zaragoza Portillo y por norma general, estacionaban el tren en una vía muerta, lo que denominamos topera.
Según entramos en andén ya se ve una multitud de gente para dar la bienvenida a los viajeros. Entre los que esperan, un hombre que sujeta de la mano a dos niños que no superaban los diez años de edad. Una vez parado el tren completamente, comienzan a bajar los viajeros y el señor suelta a los niños, los cuales se dirigen presurosos a los brazos de una…¡¡Ostras!! ¡¡La que se estaba despidiendo en la estación de Barcelona, tan efusivamente!!
La mujer se agacha y es abrazada por los niños. Supuestamente sus hijos y que se la comían, en este caso a besos. En breves segundos, el hombre sujetaniños, llega a la altura de la mujer y se funden en un beso.
Y yo desde la cabina del tren, observando atónito la escena. En este caso el colega sí que podía pasar por primo, y el que también había sido agraciado con un osculo.
*En este caso, no por el par de apriete, sino porque nuestro primo tenía un osculo futuro.
Aunque esté en boga el tema taurino, prefiero hablar de bicis. Ayer se celebró el trofeo Oscar Llanos. Por fin pude asistir a la primera carrera de la temporada. En previsión de que se llenase el cupo de plazas, ya me había inscrito hacía varias semanas. Un día que no invitaba mucho a dar pedales, debido al cielo encapotado y amenazante con 6º de temperatura. Pero había que estar fuese como fuese.
Salida neutralizada hasta la rotonda de salida, con cerca de doscientos ciclistas.
La salida a bloque, como siempre. En un primer momento me mantuve en las posiciones traseras, esperando a que una orden nos mandase hacia delante. Pero la carrera era muy larga y había que esperar acontecimientos.
Es la carretera por la que habitualmente salgo y en la que tantas veces me he quedado en los entrenamientos con la grupeta, por el tema de no mover demasiados vatios. En todo el año había subido con tanta frescura y con tan buenas sensaciones la cuesta del cementerio. ¡Qué gozada, cuando se sube así!
Llegaba la primera parte exigente y se empezaban a quedar las primeras unidades. Sin darme cuenta, los iba dejando atrás sin que ninguno pudiese cogerme rueda. Llegaba un estrechamiento importante de la carretera y había que estar atento. Entré bien colocado. Para ser más exacto, en la tercera posición. Menos mal que no tiraba aire, ya que sino hubiese sido más complicado por el tema de los abanicos.
En el cruce estaban algunos colegas viéndonos pasar y dando ánimos. Pero debido a lo atento que iba de la carrera, apenas pude decirles nada.
Primeros escarceos serios y tres corredores que se escapan. En unos primeros momentos, se dejan ir. Pero ante la falta de referencias, no queda otro remedio que apretar el acelerador a fondo y ponerse a la altura del juez árbitro a pedir referencias. No llegaba al minuto, pero el equipo se pone a trabajar y unos kilómetros más adelante serían absorbidos por el pelotón.
Al paso por Leciñena, llega uno de los puntos clave. Un par de kilómetros al 7% de media. ¡Ostras! ¡Qué pasada! Esto de los vatios funciona. Impresionante como subí ese par de kilómetros. En el alto, lleno de gente animando y el grupo que se estira. Como no quedaba otro remedio, había que seguir esperando lo que dijese el director del equipo.
A falta de treinta kilómetros, se hace la escapada y se mete uno del equipo. Por lo tanto, quieto en la mata. Va tomando ventaja y son otros los que trabajan.
Al final, una media superior a los cuarenta y la verdad es que terminé muy fresco. Ni me enteré.
¡Cómo me voy a enterar si todo lo que he contado es lo que vi desde un coche!…Grrrrr!! ¡Seguí la carrera en un coche de equipo! Al final me dieron la baja hasta el jueves y no he podido correr. Pude hacerla en el coche del equipo Goerna y echar unas fotos y grabar alguna toma de video. Pero más vale que me dedique a plantar flores, porque igual se me da mejor que la bici y hacer fotos. Por cierto, gracias a René, director de Goerna, por permitir que fuese de paquete.
Al final, ganador Ricardo Catalán de la Montañanesa, segundo Pablo José Alonso de Goerna y tercero Luis Casabal del Galletas Arluy.


