Chema Arguedas

El entrenamiento divertido

VATIOMAN

Publicado el noviembre 29th, 2009 por chemaarguedas | Tags: General

Esta semana no he tenido que pensar mucho sobre el título en la entrada a mi blog. Podría haberle llamado, “el llanero solitario”, “La historia interminable”, “La oveja descarriada”, “La oveja negra”…
He vuelto a revivir cuando tuve mis primeros coqueteos con un pulsómetro. Aquellos años en los que un pulsómetro parecía un reloj de pared, por su tamaño y al llegar a casa tenías que apuntar los datos de la salida, a lápiz y papel  porque los ordenadores eran otro lujo.
Recuerdo cuando comencé siguiendo las doctrinas cardiacas del entrenamiento razonado y era la comidilla y el chiste fácil de aquellos que me decían:
-¡Qué! ¡A cuántas pulsaciones te toca ir hoy!
En muchos de los casos, eran mis propios amigos los que me hacían la broma fácil. Por supuesto, en un tono que delataba complicidad. Era cuando empezaban a utilizarlos unos pocos profesionales y era algo demasiado científico para la gran mayoría. A nivel cicloturista era un lujo innecesario, ya que según la teoría popular del momento, el único secreto era hacer kilómetros.
De algún modo, siempre tenía que dar la nota. Algo normal cuando tenía que regirme por unas pulsaciones y que dependiendo del terreno subían o bajaban.
En llano según iban pasando las semanas tenía que ponerme delante para, como se suele decir, “comerme el aire” y que subiesen las pulsaciones. En las subidas, siempre haciendo la goma o quedándome más tirado que una colilla. Pues eso, el llanero solitario.

serpiente-y-luciernaga1Si en el llano me adelantaba al grupo, irremediablemente, en la primera subida me volvían a coger y a sobrepasar. Y bueno, algunos olvidaban que el viento se lleva las palabras, pero cuando sopla en contra, las trae. Sobre todo si vas detrás. Aunque sean palabras masculladas entre dientes. Y si no las traía el viento, ya se encargaba alguno de traérmelas. Lo que se llama habitualmente: Rumores.
Afortunadamente la tecnología sigue avanzando, aunque desgraciadamente el comportamiento del ser humano, no tanto.
Me supongo que tampoco es cuestión de hacer leña del árbol caído, porque algo de mala suerte ha tenido que haber. Deben ser los que estaban en la fila para el reparto de cerebros y cuando llegó su turno, se habían agotado los que estaban llenos y les tocó alguno vacío. Normalmente se les reconoce muy fácilmente, dada su gran facilidad para mofarse de los demás y sobre todo por lo poco que aportan al grupo. Cómo se suele decir, los que no dan un euro por ayudarte, pero son capaces de dar veinte para jo…robarte.

Cuenta la leyenda que había una luciérnaga a la que le gustaba volar entre los árboles. Un día llegó una serpiente al bosque y observó a la luciérnaga revolotear, trabajar, comer y brillar con una gran luz verde. La serpiente no tenía muchas cosas que hacer, por lo que comenzó a perseguirla para devorarla. Esta huía rápido y con miedo de la feroz depredadora, aunque la serpiente no pensaba desistir. Huyó un día y ella no desistía, huyó otro y nada. Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga cayó al suelo donde estaba esperando la serpiente. Antes de ser devorada, le dijo a la serpiente:
-¿Puedo hacerte una pegunta?
La serpiente le contestó:
-No he tenido este precedente con nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar.
¿Tienes hambre?
-No
¿Y te hice algún mal?
-No
Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
Porque no soporto verte brillar…

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Y mira por dónde, la tecnología sigue avanzando y nos ha traído a los vatios para entrenar. Y mira por dónde se repite la historia, la interminable.
Y vuelvo a comprobar, que la tecnología sigue avanzando pero la catadura moral del ser humano sigue estancada en los tiempos del ancestro.
Mis amigos, como antaño, me gastan la broma, pero en este caso modernizada:
-¡Qué cómo van esos vatios!
Todo esto mientras voy y vengo, debido a que en función del terreno, también suben y bajan los vatios. Y vuelvo a comprobar cómo cuando sopla el aire en contra, las palabras masculladas las trae el viento. Y sino son… rumore, rumore

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