Bueno, ya se agotan las vacaciones pero aún queda el último tirón. La operación Kinder ha ido bien y he seguido rellenándome. A simple vista no se nota mucho, pero cuando me enfundo la equipación ciclista… ¡qué pena! Tendré que entrenar por la noche a la vuelta de vacaciones, hasta que me desinfle un poco.
Mañana zarpo rumbo al mediterráneo y nos perdemos toda la familia por ahí. Se lo debía a mi hija pequeña como regalo de comunión, pero el año pasado con la historia del libro, no pude desaparecer una semana. Y menos mal que hay crisis, porque sino se hubiese quedado la pobre sin regalo. Cuando fuimos a reservar el Crucero, allá por el mes de febrero, sólo quedaban cuatro camarotes libres. ¡Casi nada! 2700 pasajeros y en febrero estaba a tope.
Verás qué risas mañana. Al poco de hacer el embarque y cuando todo el mundo está a bordo, se hace un simulacro y debes salir con el salvavidas, que hay en todos los camarotes. Algo así como cuando subes al avión y la azafata empieza a darte las instrucciones para saber cómo debes ponerte la mascarilla por si se cae el avión en picado a trescientos kilómetros por hora y seis mil metros de altura.
Pues en el barco algo parecido. Cuando hagan el llamamiento por megafonía para salir a cubierta y hacer el ensayo por si tuviese lugar una evacuación en caso de naufragio…verás tu que risa cuando vean que salgo sin el salvavidas. A ver cómo le explico a la tripulación que a mí no me hace falta, porque llevo los flotadores incorporados de serie. Debería haberme guardado la chapa de unas cuantas longanizas que han caído este mes y haberme hecho un collar para haber dado fe de ello.
Ayer cuando llegamos a Zaragoza para deshacer las maletas y volver a hacerlas hoy, le eché una toalla a la báscula que hay en el baño, para no verla.
Aunque esta mañana he salido a dar una vuelta con la bici y al salir de la ducha no he podido resistir y me he subido en ella. ¡¡77,500!! Si no ha sido para tanto. Sólo dos kilos después del desaguisado de este verano. Pero claro, esos dos kilitos se han adueñado de mi cintura y más vale que haga calor toda esta semana, porque sólo me valen los bermudas y piratas. Puedo dejar tranquilamente el cinturón en casa, que no perderé los pantalones. Además para el que haya tenido la oportunidad de hacer algún Crucero, la cuestión de la comida es a discreción. Si no quieres taza, toma taza y media.
Soy tan desgraciado en este aspecto, que sólo hace falta que pille alguno del barco la gripe A y nos tengan diez días en cuarentena sin dejarnos bajar a tierra y embuchándonos. Si veis que en dos semanas no doy señales de vida y sale en “el parte” como dice mi abuela, que hay un barco atracado en un puerto… ¡Me voy sin portátil!

Pero que nadie se confíe porque este año, salvo alguna causa de fuerza mayor, volveré a dar todo el mal que pueda. No va a ser como estos dos años anteriores. Por distintas causas, han sido nefastos en relación a mis entrenamientos. Pero este año espero que sea muy, muy, muy distinto.
Mis cuatro meses de gimnasio no van a faltar y haré la base de temporada como siempre la he hecho: sin prisa pero sin pausa. No sé porque me da, que la Garza va a tener que emigrar de mis territorios, ya que este año estoy especialmente motivado. También es verdad que me he ordenado un poco, ya que son muchas las cosas que llevo entre manos y me ha costado organizarme. Mis amigos dicen que no saben cómo lo hago para llevar tantas cosas, pero creo que es cuestión de “planificarse”.
A la vuelta, una vez desechas las maletas os cuento. Recuerdos a los que hace días que no veo, Javier, Guillermo, Oscar, Manolo, etc, etc. Y a todos los que están haciendo el “Gandul”


