Chema Arguedas

El entrenamiento divertido

Entradas de junio 2009

Se cebó La Garza

Publicado el junio 22nd, 2009 por chemaarguedas | Tags: General

El Centro de análisis y predicción del Instituto Nacional de Meteorología, se ha puesto en contacto conmigo para decirme que me dedique a coger caracoles. He de decir en mi disculpa que faltaban muchos días, cuando hice mis predicciones de cara a la Quebrantahuesos.
Han transcurrido dos días desde que terminé y estoy como si me hubiesen metido en un saco y me hubiesen apaleado. Hacía meses que no dormía diez horas y media de un tirón. Cuando me desperté el domingo por la mañana, tenía la mano sobre la mesilla y no sé si había caído allí casualmente o se había quedado allí, según quitaba la alarma del despertador la noche anterior, y no le dio tiempo ni a entrar en la cama.
Si tuviese que resumir el sábado, el titular sería el siguiente: Me dieron calambres hasta en los calambres.

trofeos
Mi táctica era muy sencilla: sobrevivir. Con tres semanas de antibióticos en el cuerpo, estaba claro que La Garza se lo iba a pasar en grande, como así fue. Pude experimentar sensaciones que hacía años que no sentía.
La leyenda dice que los marineros tienen un amor en cada puerto, pues mi leyenda dice que tengo un dolor, además de un pensamiento para cada puerto. Somport, Marie Blanque, Portalet y Hoz de Jaca. Cuatro vía crucis, cuatro torturas, cuatro “me cagüen mis muelas”.
En la salida, ausencia total de nervios. Al no tener ninguna expectativa de tiempo, la cuestión era dar pedales con talento y evitar las caídas. Cuando sonó el chupinazo, tardé poco en cruzar “la alfombra de grillos” y aún pude adelantar alguna posición antes de llegar a Sabiñánigo. A un lado del pelotón y entre los doscientos o trescientos de cabeza, permanecería hasta el Somport.

Hasta Villanúa se rodó bastante deprisa a pesar del viento de cara, y los frenazos que hubo no fueron muy numerosos ni peligrosos. Por delante, se había escapado un grupo de siete. Lo complicado fue a partir de Villanúa. Frenazos continuos, velocidad baja, pie a tierra en más de un momento…la media estaba siendo bastante baja. El viento era muy racheado, y nos ladeaba como monigotes. Estaba deseando que llegase el comienzo del Somport a partir de Canfranc, porque se mascaba la tragedia.
En Canfranc me dio por mirar la media y marcaba 32 Km/h. En otras ediciones, de      37 km/h no había bajado nunca. Pronto vería qué piernas llevaba y me acordaba de todos aquellos amigos que querían hacer buen tiempo. No íbamos a pasar calor, pero la media iba a bajar con respecto a otros años. Una lástima por ellos.

Con Joan Llaneras, mi mujer y yo cerrando los ojos.

Con Joan Llaneras, mi mujer y yo cerrando los ojos.

Cogí un ritmo sin pasar de 165 pulsaciones y que me costase lo que me costase. Pasé a unos cuantos, pero sin mérito alguno. O habían pinchado o estaban meando o se les había salido la cadena. Iban desapareciendo los dorsales de colorines e iban apareciendo los blancos, que son los que salían sin cajón. Antes de llegar a la estación de Candanchú, la Garza se acercaba a darme los buenos días. Los cuadriceps se los dejaba para más adelante y empezaba con el gemelo derecho. ¡Ay madre!, la que me esperaba si empezaba así. Se me pasaba por la cabeza darme la vuelta, pero…
Me acordaba del comentario de Joseph, en el que decía que no era un buen ejemplo para los “no pros” al haber tenido tantos abandonos este año y me dije que tenía que llegar a Sabiñánigo, aunque fuese por partes. De repente, escucho:
¡Vamos Chema ¡Mi colega Rubén, que luego haría 6h 21, viniendo desde muy atrás.
Empezaba a hacer frío e iba empapado en sudor. Al llegar a la cima, paré a coger unas hojas de periódico que daba la gente y empecé a bajar con bastante niebla. Había que tener mucho cuidado, porque estaba el suelo completamente mojado. Salvo algún descerebrado, la gente bajaba con mucho respeto.
El termómetro de mi pulsómetro marcaba 8ºC. La bicicleta cimbreaba causa de la tiritona que llevaba y si miraba mis piernas empapadas, llevaba carne de gallina, ¿pollo? o…¡¡Garza!! ¿Me había infectado en su picotazo al gemelo y me estaba transformando?
Una vez en los llanos dirección Escot, me agregué a un grupo numeroso y entré algo en calor. Cuando comencé los primeros kilómetros del Marie Blanque, llevaba las piernas como una tabla. Como iba a tener que subir durante mucho tiempo y las necesidades fisiológicas apremiaban, hice una parada técnica. Al subir a la bicicleta, uno de mis aductores hizo un amago de contraerse.
Nada más comenzar los últimos cuatro kilómetros, metí todo el desarrollo que llevaba y paciencia. Prácticamente 10 km/h los cuatro kilómetros, pero con amagos continuos y muy malas sensaciones. Y eso que llevaba un 34×29. Tenía que haber sido al revés, un 29×34. A falta de dos kilómetros, recordé aquella primera quebrantahuesos en 1995, cuando subiendo en bici de montaña, maldecía por haber encargado una bicicleta de carretera.

Al paso por Jaca

Al paso por Jaca

Este año maldecía de la misma forma. ¡Quién narices me habrá mandado gastarme la pasta en unas ruedas nuevas! La experiencia, me decía en el otro lado del cerebro, que una vez en casa me alegraría de haberlo hecho. Así subí lo que me quedaba para coronar, agobiado por haberme gastado la pasta en unas ruedas, cuando se me pasaba por la cabeza colgar la bici.
La emoción de la gente, hace que los últimos metros, los hagas de pie sobre los pedales, pero al ir al levantarme, La Garza vino a decirme que me seguía de cerca. El cuadriceps se me subió a la altura de la rodilla, casi hasta los ojos. Menos mal que venía la bajada y pude soltar piernas.
En los llanos hasta Laruns, me dejé coger por un grupo numeroso y dejar que me llevasen. Uno me dijo:
¡Venga, vamos a pasar todos un poco!
Le dije que no podía tirar, que llevaba compañeros delante.
Decirle eso a alguien cuando van 1500 tíos por delante…No me miró muy bien. Ya digo que no se pueden gastar bromas y la gente ha perdido el sentido del humor.
El Portalet lo subí en grupo razonablemente bien, hasta falta de 20 kilómetros. Puse un ritmo tranquilo. Paré a llenar los bidones y a comer algo en el avituallamiento a mitad de puerto. Cuando comencé de nuevo, como empujaba el aire de culo, si no te exigías era soportable. A falta de cuatro kilómetros, allí donde yo sabía, estaba el pajarraco ese de las narices y se me contracturó todo el lado izquierdo, desde el aductor, cogiendo la cadera y hasta el lumbar. No sólo era la falta de entrenamiento, sino que los antibióticos estaban haciendo de las suyas. La lástima fue no poder disfrutar del ambientazo que había en el último kilómetro. La gente haciéndonos pasillo. Imposible ponerme de pie, ya que se me contracturaba el cuadriceps y  tuve que hacer con la corona del 29 toda la última parte.
Aparte del dolor que llevaba, el acojone era demasiado, pensando que me quedaba esa tachuelilla: Hoz de Jaca.

Con el amigo Manuel

Con el amigo Manuel

La bajada del Portalet, la hice muy tranquilo. Cuando comencé Hoz de Jaca, no había síntomas de calambres, pero al girar a la derecha y coger la última y más larga rampa, fue demasiado. Me dio en las dos piernas a la vez y si no me caí fue por la gente que había en la curva. Subí a paso tortuga con pedalada cansina, rezando para que no tuviese que bajarme. Al llegar arriba, el alivio fue total. Ya sólo me quedaba engancharme a un grupo y dejarme llegar. Así lo hice, pero me costaba ir hasta a rueda. Por Senegue a  falta de cinco kilómetros, me seguían dando calambres.
Si llegamos a la última recta, un grupo de treinta, hice el treinta y uno. Al cruzar la llegada, por un momento casi me dieron ganas de echar unas lagrimillas, de lo mal que lo había pasado. Bueno, una más. Al final 7h 12 minutos.
Menos mal que estuvo el viernes, que fue un día muy bonito para mí. Estuve con los mis amigos de ciclismo a fondo, en el stand, y pude saludar a muchos amigos que se acercaron por allí.

Salud, divino tesoro.

Publicado el junio 13th, 2009 por chemaarguedas | Tags: General

¡Qué poquito queda! Y vaya abrasada que nos vamos a pegar. Me voy a tirar a la piscina, a riesgo de darme de morros contra el fondo. Otra de mis aficiones, es la meteorología. Pero a tantos días vista, es casi ciencia ficción hacer predicciones, aunque a la altura que nos encontramos, en puertas del verano, la estabilidad de la atmósfera es cada vez más fiable.

En definitiva, el que se vaya a dar una vuelta por la Quebrantahuesos, que se lleve crema protectora del 216, que le va a hacer falta. Más o menos, el mismo calorcito que hemos tenido este fin de semana…o más. Por lo menos, con los mapas que están hoy a siete días vista.

Mi preparación es fantástica de cara a la gran cita. De hecho, la Garza debe estar afilando sus garras para hacer acto de presencia con todo su esplendor. Veremos lo que tarda en hacer acto de presencia. ¿Será en las viseras del Portalet? ¿Será en Hoz de Jaca? Menos mal que esos aficionados nos darán alas y…agua.

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Lo de mi preparación fantástica, por supuesto, va de coña. Además hacía años que no me coincidían tantos días seguidos con madrugones. Madrugones, de levantarme entre las dos y las cuatro de la mañana. No es queja, es simplemente consecuencia de que también esté más cansado y hasta quizás repercuta en mi recuperación. Está la cosa como para quejarse del trabajo. Eso, nunca. Me considero un privilegiado al respecto y sería injusto si lo hiciera. ¿La Jacetania? No me retiré. ¿Por qué no me retiré? Tic, tac, tic, tac…

¡No salí, tan siquiera! Fui a la salida por hacer acto de presencia y cuando los vi cómo se alejaban en post del sufrimiento, tomé rumbo al centro de salud de Jaca, porque no me encontraba nada bien. Y menos mal que no salí, porque se pusieron como sopas, debido al tormentón que les pilló al final. Algunos hasta granizado, pero sin limón. Luego en la llegada y estuve saludando a amigos y conocidos que habían venido de Zaragoza y otros sitios. Estuve tomando unas cañas con Abel de Tauste y otros amigos.

Simplemente, el que retroceda en el tiempo y lea una de mis entradas, escrita hace tres semanas, podrá leer una alusión a que había pillado un trancazo de cuidado. Pues bien, debe estar tan cuidado que se ha quedado conmigo. Y van cuatro semanas.Se ha convertido en una traqueitis. Pues aún a base de llevar mi buena ración de antibióticos, expectorantes, inhaladores y antiinflamatorios, todavía se resiste a dejarme. Además ahora, con los aires acondicionados es más difícil.

A mitad de semana, pedí cita en un alergólogo, porque ya me mosqueaba el dichoso catarro. Como todavía están las gramíneas, no vaya a ser que ahora me hubiese vuelto alérgico a las mismas.Después de explicarle todas mis penas y estando con el brazo estirado, al mismo tiempo que me hacía las punciones para las pruebas de las distintas alergias, se me ocurrió decirle que hacía deporte. Mucho deporte.

Dejó de hacer las incisiones sobre mis brazos y se quedó mirándome fijamente a los ojos. Y por un momento, pensé: “este tío se me declara”. ¡Ja! Ya estaba pensando lo que iba a decirle: estoy casado, tengo dos hijas, me gustan las mujeres (hasta la mía)… Pero no hizo falta. Lo de mi mujer es broma, ¿eh?; tengo una preciosidad. Su sentencia fue otra: ¿Sabías que hacer demasiado deporte es malo?

¡Vaya! Ya la hemos liado, pensé. A ver cómo le explico a este tío, que he escrito un libro que enseña a preparar cicloturistas de gran fondo. Pero, ¿para qué? Ni me molesté. Si cuando le he dicho que hacía mucho deporte, me ha mirado mal, cuando le diga lo del libro, igual me saca a patadas de la consulta. Me preguntó que cuánto deporte hacía, pero viendo con la cara que me había mirado anteriormente, le dije: Corramos un tupido velo, hago deporte.

Llegaré a la QH, con algún kilito de más, en relación a lo que he estado acostumbrado a ir en ediciones más recientes y este último mes que apenas he salido. Pero, intentaré salvar los muebles.

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Por cierto, para mis paisanos, que sepan que a la salida de la ciudad dirección Huesca, han prohibido la circulación de ciclistas por el tramo de la autovía hasta Villanueva de Gallego. Han puesto señales al respecto, y mucha gente no lo sabe. Alguno se puede llevar una sorpresa desagradable. O sea, que nos han capado una salida.

Una fija en la agenda: Puertos de la Ribagorza,

Publicado el junio 4th, 2009 por chemaarguedas | Tags: General

El viernes por la tarde llegaba a Graus a eso de las seis de la tarde. Por distintas circunstancias, los años anteriores no pude asistir a una cicloturista que “le tenía ganas”. Además iba a tener suerte y el tiempo iba a ser espectacular; quizás demasiado espectacular. Hacía un calor de órdago y para el sábado se anunciaban temperaturas más altas.

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En compañía de mi mujer, nos dirigimos al pabellón, cámara en mano. La idea era sacar unas cuantas fotos de todo cuanto aconteciese. Nada más entrar, empezaba bien. Me encontraba con Ángel, un amigo que había venido desde Barcelona y no veía hacía años. Cogí la bolsa del dorsal y estuvimos un par de horas charlando con conocidos y amigos, hasta que nos fuimos al hotel a dejar las cosas. Después a cenar algo de pasta, tomar un café en una terraza y a dormir.

Son de estas veces que disfrutas cada momento que tienes, estás relajado y tienes ganas de que suene el despertador al día siguiente.

Cuando tocó diana, ya tenía todo preparado. Un ritual que siempre se repite, es tomar un café antes de acudir a la salida.

Los más madrugadores, entre los que me encontraba, ya estaban una hora antes del pistoletazo de salida. Había que coger buen sitio para sacar las primeras fotos del día. Con unos minutos de retraso, debido al corte de cinta y fotos de las autoridades, se daba el arranque. La idea que llevaba era hacer fotos en todos los avituallamientos del recorrido, puntos destacables de retratar y tomármelo como una jornada de cicloturismo en su más amplio sentido. La verdad, es que salir sin presión de tiempos y cronometrajes, hace que disfrutes muchísimo más. Hasta los primeros dos kilómetros del primer puerto, pude acompañar a la cabeza del gran pelotón ya que el ritmo no fue muy exigente.

cicloturistas

Todo hasta que al inicio del primer puerto, Mikel Azparren, diese un estacazo y se armase el zafarrancho de combate. Aún tuve ganas de intentar engancharme y comprobar la factura que pasan los kilos de más a esos niveles de exigencia. El pulso lo llevaba mucho más alto de lo normal, y no me daba muy buena espina.

No tardé en soltarme y dejar que las pulsaciones bajasen a mi umbral, cerca de las 170 pulsaciones.

Un primer puerto que se agarra mucho, Castillo de Laguarres. En una curva donde había una buena perspectiva de los que subían, me eché a un lado para poder grabar y hacer alguna foto. Al arrancar, parece que se estabilizaron mis pulsaciones y continué hasta coronar, donde volví a sacar unas instantáneas.

El descenso del puerto muy cómodo, al no haber curvas exigentes y tener un asfalto en perfectas condiciones. En los falsos llanos hasta Graus, rodé en solitario, hasta que me cogió un grupo numeroso.

Al llegar al avituallamiento de Graus, eché el intermitente e hice otra parada. Todos los voluntarios a mi servicio. Alguno casi me echa el acuarius por encima, pensando que tenía que salir zumbando de allí, lo antes posible. Cuando me vio sacar la cámara de fotos, comprendió que precisamente, no era prisa lo que tenía.

segundo puerto

segundo puerto

Allí no paraba nadie, por lo que tuve que engancharme a un pelotón sobre la marcha. Iba a forzarme un poco y me adelanté al grupo, porque más adelante me pareció reconocer a alguien. Eran ellos, Albert y su colega, dos tarraconenses que conozco. Nos pusimos a tirar hasta que cogimos a un gran grupo. Después de un pequeño calentón, me relajé un poco y rodé tranquilamente hasta enfilar al segundo puerto de la jornada, Puertos del Serrate-Las Villas del Turbón. Dos kilómetros primeros muy duros. En una de las curvas, paré y saqué la cámara de fotos para grabar.

El sol, ya pegaba de lo lindo. De repente, me llamó la atención, la sonrisa de todos los que se dirigían hacia el objetivo de mi cámara.

Pero la sonrisa no era hacia mi objetivo, sino a la lugareña de buen ver que se había situado a mis espaldas, para dar ánimos a los participantes. Continué mi camino, hasta coronar el segundo puerto del día y lanzarme en el descenso. De repente, empecé a sentir unos retorcijones más fuertes de lo normal.  En un desvió, me eché hacia la izquierda, tiré la bicicleta al suelo y salí pies en polvorosa en busca de una zanja que parece que la habían hecho para la ocasión. Ahorraré detalles.

¿Ves cómo sirve de algo, guardarse en el bolsillo los papeles en lugar de tirarlos al suelo? El periódico que me había puesto, al punto de la mañana, como protección, cumplió doble función.

Cuando reanudé la marcha, me lo tomé con más calma hasta el siguiente avituallamiento, a ver cómo reaccionaba. Fue a partir del avituallamiento, cuando empecé a encontrarme mejor. Alguno llevaba un buen mosqueo, porque subía los puertos, paraba, volvía a pasar, volvía a parar…

Los tres últimos puertos de la marcha cicloturista, están encadenados uno detrás de otro. Apenas hay kilómetros de relleno, entre uno y otro. El tercero, el puerto de Bonanza, me encantó. Al principio vas discurriendo entre túneles de roca, curvas en las que tienes una vista espectacular del paisaje y la gente que viene, zona de sombra y arbolado…y la dureza soportable para poder disfrutar.

El siguiente puerto, si que le debieron buscar el nombre a idea: Coll de Espina. Los últimos cuatro kilómetros, no bajan del 7% de media. La gente ya iba con mala cara, alguno haciendo surcos y los kilómetros se iban acumulando.

A la llegada

A la llegada

Sólo quedaba un puerto, el más sencillo de todos y…”La Garza”, sin aparecer.

“Sólo” quedaban, cincuenta kilómetros favorables hasta Graus, pero…menudo vendaval de cara y cantidad de repechos en los últimos veinticinco kilómetros.

El reportaje ya estaba hecho, sólo quedaba grabar algo a la llegada. La verdad es que la gente iba bastante tocada y en principio, me quedaban todavía fuerzas. Me fui a la cabeza del grupo, y entre dos o tres, hicimos prácticamente todo hasta Graus.

No tenía ni idea del tiempo que llevaba, ya que el pulsómetro se había desconectado en más de una ocasión con tanta parada. Al final, 7h clavadas. Sumando los tiempos reales, y descontando las paradas, la suma de las grabaciones del pulsómetro marcan 6h 12 minutos.

Este fin de semana toca Jacetania. Me parece que no va a hacer tanto calor.

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