El Centro de análisis y predicción del Instituto Nacional de Meteorología, se ha puesto en contacto conmigo para decirme que me dedique a coger caracoles. He de decir en mi disculpa que faltaban muchos días, cuando hice mis predicciones de cara a la Quebrantahuesos.
Han transcurrido dos días desde que terminé y estoy como si me hubiesen metido en un saco y me hubiesen apaleado. Hacía meses que no dormía diez horas y media de un tirón. Cuando me desperté el domingo por la mañana, tenía la mano sobre la mesilla y no sé si había caído allí casualmente o se había quedado allí, según quitaba la alarma del despertador la noche anterior, y no le dio tiempo ni a entrar en la cama.
Si tuviese que resumir el sábado, el titular sería el siguiente: Me dieron calambres hasta en los calambres.

Mi táctica era muy sencilla: sobrevivir. Con tres semanas de antibióticos en el cuerpo, estaba claro que La Garza se lo iba a pasar en grande, como así fue. Pude experimentar sensaciones que hacía años que no sentía.
La leyenda dice que los marineros tienen un amor en cada puerto, pues mi leyenda dice que tengo un dolor, además de un pensamiento para cada puerto. Somport, Marie Blanque, Portalet y Hoz de Jaca. Cuatro vía crucis, cuatro torturas, cuatro “me cagüen mis muelas”.
En la salida, ausencia total de nervios. Al no tener ninguna expectativa de tiempo, la cuestión era dar pedales con talento y evitar las caídas. Cuando sonó el chupinazo, tardé poco en cruzar “la alfombra de grillos” y aún pude adelantar alguna posición antes de llegar a Sabiñánigo. A un lado del pelotón y entre los doscientos o trescientos de cabeza, permanecería hasta el Somport.
Hasta Villanúa se rodó bastante deprisa a pesar del viento de cara, y los frenazos que hubo no fueron muy numerosos ni peligrosos. Por delante, se había escapado un grupo de siete. Lo complicado fue a partir de Villanúa. Frenazos continuos, velocidad baja, pie a tierra en más de un momento…la media estaba siendo bastante baja. El viento era muy racheado, y nos ladeaba como monigotes. Estaba deseando que llegase el comienzo del Somport a partir de Canfranc, porque se mascaba la tragedia.
En Canfranc me dio por mirar la media y marcaba 32 Km/h. En otras ediciones, de 37 km/h no había bajado nunca. Pronto vería qué piernas llevaba y me acordaba de todos aquellos amigos que querían hacer buen tiempo. No íbamos a pasar calor, pero la media iba a bajar con respecto a otros años. Una lástima por ellos.
Cogí un ritmo sin pasar de 165 pulsaciones y que me costase lo que me costase. Pasé a unos cuantos, pero sin mérito alguno. O habían pinchado o estaban meando o se les había salido la cadena. Iban desapareciendo los dorsales de colorines e iban apareciendo los blancos, que son los que salían sin cajón. Antes de llegar a la estación de Candanchú, la Garza se acercaba a darme los buenos días. Los cuadriceps se los dejaba para más adelante y empezaba con el gemelo derecho. ¡Ay madre!, la que me esperaba si empezaba así. Se me pasaba por la cabeza darme la vuelta, pero…
Me acordaba del comentario de Joseph, en el que decía que no era un buen ejemplo para los “no pros” al haber tenido tantos abandonos este año y me dije que tenía que llegar a Sabiñánigo, aunque fuese por partes. De repente, escucho:
¡Vamos Chema ¡Mi colega Rubén, que luego haría 6h 21, viniendo desde muy atrás.
Empezaba a hacer frío e iba empapado en sudor. Al llegar a la cima, paré a coger unas hojas de periódico que daba la gente y empecé a bajar con bastante niebla. Había que tener mucho cuidado, porque estaba el suelo completamente mojado. Salvo algún descerebrado, la gente bajaba con mucho respeto.
El termómetro de mi pulsómetro marcaba 8ºC. La bicicleta cimbreaba causa de la tiritona que llevaba y si miraba mis piernas empapadas, llevaba carne de gallina, ¿pollo? o…¡¡Garza!! ¿Me había infectado en su picotazo al gemelo y me estaba transformando?
Una vez en los llanos dirección Escot, me agregué a un grupo numeroso y entré algo en calor. Cuando comencé los primeros kilómetros del Marie Blanque, llevaba las piernas como una tabla. Como iba a tener que subir durante mucho tiempo y las necesidades fisiológicas apremiaban, hice una parada técnica. Al subir a la bicicleta, uno de mis aductores hizo un amago de contraerse.
Nada más comenzar los últimos cuatro kilómetros, metí todo el desarrollo que llevaba y paciencia. Prácticamente 10 km/h los cuatro kilómetros, pero con amagos continuos y muy malas sensaciones. Y eso que llevaba un 34×29. Tenía que haber sido al revés, un 29×34. A falta de dos kilómetros, recordé aquella primera quebrantahuesos en 1995, cuando subiendo en bici de montaña, maldecía por haber encargado una bicicleta de carretera.
Este año maldecía de la misma forma. ¡Quién narices me habrá mandado gastarme la pasta en unas ruedas nuevas! La experiencia, me decía en el otro lado del cerebro, que una vez en casa me alegraría de haberlo hecho. Así subí lo que me quedaba para coronar, agobiado por haberme gastado la pasta en unas ruedas, cuando se me pasaba por la cabeza colgar la bici.
La emoción de la gente, hace que los últimos metros, los hagas de pie sobre los pedales, pero al ir al levantarme, La Garza vino a decirme que me seguía de cerca. El cuadriceps se me subió a la altura de la rodilla, casi hasta los ojos. Menos mal que venía la bajada y pude soltar piernas.
En los llanos hasta Laruns, me dejé coger por un grupo numeroso y dejar que me llevasen. Uno me dijo:
¡Venga, vamos a pasar todos un poco!
Le dije que no podía tirar, que llevaba compañeros delante.
Decirle eso a alguien cuando van 1500 tíos por delante…No me miró muy bien. Ya digo que no se pueden gastar bromas y la gente ha perdido el sentido del humor.
El Portalet lo subí en grupo razonablemente bien, hasta falta de 20 kilómetros. Puse un ritmo tranquilo. Paré a llenar los bidones y a comer algo en el avituallamiento a mitad de puerto. Cuando comencé de nuevo, como empujaba el aire de culo, si no te exigías era soportable. A falta de cuatro kilómetros, allí donde yo sabía, estaba el pajarraco ese de las narices y se me contracturó todo el lado izquierdo, desde el aductor, cogiendo la cadera y hasta el lumbar. No sólo era la falta de entrenamiento, sino que los antibióticos estaban haciendo de las suyas. La lástima fue no poder disfrutar del ambientazo que había en el último kilómetro. La gente haciéndonos pasillo. Imposible ponerme de pie, ya que se me contracturaba el cuadriceps y tuve que hacer con la corona del 29 toda la última parte.
Aparte del dolor que llevaba, el acojone era demasiado, pensando que me quedaba esa tachuelilla: Hoz de Jaca.
La bajada del Portalet, la hice muy tranquilo. Cuando comencé Hoz de Jaca, no había síntomas de calambres, pero al girar a la derecha y coger la última y más larga rampa, fue demasiado. Me dio en las dos piernas a la vez y si no me caí fue por la gente que había en la curva. Subí a paso tortuga con pedalada cansina, rezando para que no tuviese que bajarme. Al llegar arriba, el alivio fue total. Ya sólo me quedaba engancharme a un grupo y dejarme llegar. Así lo hice, pero me costaba ir hasta a rueda. Por Senegue a falta de cinco kilómetros, me seguían dando calambres.
Si llegamos a la última recta, un grupo de treinta, hice el treinta y uno. Al cruzar la llegada, por un momento casi me dieron ganas de echar unas lagrimillas, de lo mal que lo había pasado. Bueno, una más. Al final 7h 12 minutos.
Menos mal que estuvo el viernes, que fue un día muy bonito para mí. Estuve con los mis amigos de ciclismo a fondo, en el stand, y pude saludar a muchos amigos que se acercaron por allí.








