Lo primero de todo, dar las gracias a la organización de estos campeonatos y de tantos otros eventos y pruebas que están organizando en Aragón. Ya era hora. Y una vez más, es evidente: querer es poder.
La semana pasada, después de haber hecho la Quebrantahuesos al revés, en el homenaje a Mireya, haber corrido al día siguiente una social y el lunes haber hecho un entrenamiento regenerativo, descansaba el martes. El miércoles me solté un cruce de Tardienta, que decimos por aquí, en la compañía de Oscar. Aunque todavía me queda abuela, he de decir que volé y la media fue cercana a los 34 km/h, sin prisa pero sin exprimirme, en los ciento veinticinco kilómetros.
El resto de la semana, descansar y rodar. Llegaba al Campeonato de Aragón como una moto y muy buenas sensaciones. Aunque ahora llevo un trancazo de cuidado.
En el equipo andamos un tanto escasos de efectivos por distintas circunstancias, todas ellas justificadas. Menos mal, que antes de equipo, somos buenos amigos y de la misma forma que estamos disculpados por el resto si no vamos a correr, podemos darnos una colleja y echarnos cuatro gritos en carrera, que luego lo discutiremos con una buena cervecita y un plato de jamón. Esto es una suerte, aunque a veces a ciento ochenta pulsaciones, pueda parecer otra.
Hace años podía haber corrido y de hecho me han ofrecido correr en algún otro sitio, pero no he querido comprometerme nunca. Comprometerse, es una palabra que puede tener distintos significados, en función del que lo hace.
La idea la tenía clara desde principio de semana: cuidar a mis dos compañeros de equipo con serias posibilidades de hacer algo en carrera y en su categoría. Al final Gerardo, segundo en master 40 y Félix, tercero en master 30. Este último estuvo hasta pocos kilómetros de la llegada con serias posibilidades de disputar el final de carrera, pero vaya gallos que iban en la escapada. Lo que ocurre, es que de cuatro integrantes de equipo que tomamos la salida, éramos sólo dos currantes para mucha artillería que había venido.
En la salida ya estaba cardiaco. Nada más salir, en el primer leñazo, ya estaba soldado a rueda. No nos habían cogido, cuando aparecía otro misil por un lado y para allá que iba. Si no estaba yo, Rubén aparecía por allí.
Al final creo que las motos de enlace se iban por el lado contrario al que iba yo, porque salía a por ellas cuando pasaban a mi lado. En mi cabeza sólo había una premisa: “Me cagüento lo que se menea”.
Tuve suerte y mi colega Rubén se metió en una escapada de seis, que hizo camino. Por lo menos, descansé un rato. Pero a la entrada de Belchite, los primeros espadas de algún equipo empezaban a asomar por cabeza de pelotón. Al salir de la localidad, entendí porque podía ser. Un largo y bonito repecho se vislumbraba.
Marcaron un buen ritmo marcial y justo cuando llega la planicie y todo el mundo quiere respirar, es cuando los buenos aprietan. Estacazo del Cera, Pacios, Javier Ruiz, etc, etc.
Como no llevo pinganillo y tampoco espejo retrovisor, desconozco cómo va la carrera por detrás, pero hay algo que creo que tácticamente no va bien. Resultado: El menda se baja de la bici, para al coche de equipo y hasta aquí llegó mi dorsal. Causa: rotura de la sirga de conexión neuronal, sensorial y muscular.
A pesar de ser un equipo de amigos, el fallo es que yo aprendí a andar en bicicleta con treinta años, cuando todos estos que aparecen en mis pesadillas dominicales estaban cansados de batallas velocípedas. Alguno hasta en profesionales.
Creo que para no haber corrido nunca, soy bastante descarado a la hora de moverme por el pelotón, pero además de forma (este año), me falta muchísima o toda la escuela de un corredor. Gasto mucho, voy muy tenso y no disfruto de la situación. Resultado: no disfruto de la bicicleta debido a mi inexperiencia competitiva (en equipo). Cualquier movimiento que hago es un examen que me hago internamente. ¿Habré saltado a tiempo? ¿Tenía que haberme quedado quieto? ¿Tenía que ir a cola en lugar de cabeza? Si a esto le sumo que este año es el que peor he ido en muchos…apaga y vámonos.
Otra cosa a la que me niego, a pesar que es evidente, es a convertir las cicloturistas en competiciones en equipo. Que no se confunda nadie, porque en el mío tenemos libertad para lo que nos apetezca. Pero como digo, el problema es de compromiso. La competición la puede tener uno mismo para mejorar su tiempo, aunque sea para quedar en el puesto 200 si el año anterior lo hizo el 300. Olé sus narices.
No voy a entrar en polémicas, que no debería haberlas, pero nos guste o no, las cicloturistas se han convertido en eso: competiciones. Sólo hay que ver la media de velocidad y el nivel de los participantes. Y no creo que sea sólo culpa de los organizadores, sino del propio cicloturista. Solo hemos de ver, que las que eran controladas por un coche que abría marcha, estaban abocadas a la desaparición. Se han convertido en libres y se ha triplicado la participación.
Y suerte tenemos que no den premios en metálico como en las carreras populares pedestres, porque saldría la gente con recortada y la cara pintada.
Los últimos, que yo también lo fui un día, miradlo desde otro punto de vista. Os dejan los avituallamientos porque los primeros no paran y tenéis más para escoger.
También fui un día de los que iban a cola y cuando cruzaba la pancarta de llegada (ahora meta), los primeros estaban en su casa y habían cerrado las duchas. Me levantaba por las mañanas sin apenas haber dormido debido a los nervios y la ilusión de la jornada de ciclismo que me esperaba. Con el tiempo, a base de entrenar bien y sacrificarme un poco, he llegado a ser de los primeros que entraba en esa ducha en más de una ocasión. Parte de culpa la tenían “los buenos”. Me refiero a los que andan de verdad. Los que gracias a ellos, y llevarme con el gancho cuando debía ir con él, me han ayudado a moldear mi forma y me han dando parte del nivel que tengo ahora.
Pero esos buenos, que son muchos, me están enseñando ahora algo que no me gusta nada: los malos rollos. Demasiadas rencillas, rencores, piques, si tu pinchas yo no te espero, si vas mal voy a tirar porque te vas a quedar, si estás tomando café aquí, yo me voy allí, etc., etc.
Quizás parezca una tontada, pero tanta tensión me supera. Cuando quiera correr lo haré por libre. Igual me hago un maillot con La Garza C.C. No quiero estar entre frentes, que al final se escapará alguna bala y yo quiero la bicicleta y al ciclismo, para disfrutar y hacer amigos.
El sábado me daré una vuelta por los Puertos de la Ribagorza.


