Chema Arguedas

El entrenamiento divertido

Entradas de mayo 2009

División en los tendidos: pañuelos, pitos y aplausos.

Publicado el mayo 27th, 2009 por chemaarguedas | Tags: General

Lo primero de todo, dar las gracias a la organización de estos campeonatos y de tantos otros eventos y pruebas que están organizando en Aragón. Ya era hora. Y una vez más, es evidente: querer es poder.

La semana pasada, después de haber hecho la Quebrantahuesos al revés, en el homenaje a Mireya, haber corrido al día siguiente una social y el lunes haber hecho un entrenamiento regenerativo, descansaba el martes. El miércoles me solté un cruce de Tardienta, que decimos por aquí, en la compañía de Oscar. Aunque todavía me queda abuela, he de decir que volé y la media fue cercana a los 34 km/h, sin prisa pero sin exprimirme, en los ciento veinticinco kilómetros.

El resto de la semana, descansar y rodar. Llegaba al Campeonato de Aragón como una moto y muy buenas sensaciones. Aunque ahora llevo un trancazo de cuidado.

En el equipo andamos un tanto escasos de efectivos por distintas circunstancias, todas ellas justificadas. Menos mal, que antes de equipo, somos buenos amigos y de la misma forma que estamos disculpados por el resto si no vamos a correr, podemos darnos una colleja y echarnos cuatro gritos en carrera, que luego lo discutiremos con una buena cervecita y un plato de jamón. Esto es una suerte, aunque a veces a ciento ochenta pulsaciones, pueda parecer otra.

Hace años podía haber corrido y de hecho me han ofrecido correr en algún otro sitio, pero no he querido comprometerme nunca. Comprometerse, es una palabra que puede tener distintos significados, en función del que lo hace.

La idea la tenía clara desde principio de semana: cuidar a mis dos compañeros de equipo con serias posibilidades de hacer algo en carrera y en su categoría. Al final Gerardo, segundo en master 40 y Félix, tercero en master 30. Este último estuvo hasta pocos kilómetros de la llegada con serias posibilidades de disputar el final de carrera, pero vaya gallos que iban en la escapada. Lo que ocurre, es que de cuatro integrantes de equipo que tomamos la salida, éramos sólo dos currantes para mucha artillería que había venido.

podio_m-301

En la salida ya estaba cardiaco. Nada más salir, en el primer leñazo, ya estaba soldado a rueda. No nos habían cogido, cuando aparecía otro misil por un lado y para allá que iba. Si no estaba yo, Rubén aparecía por allí.

Al final creo que las motos de enlace se iban por el lado contrario al que iba yo, porque salía a por ellas cuando pasaban a mi lado. En mi cabeza sólo había una premisa: “Me cagüento lo que se menea”.

Tuve suerte y mi colega Rubén se metió en una escapada de seis, que hizo camino. Por lo menos, descansé un rato. Pero a la entrada de Belchite, los primeros espadas de algún equipo empezaban a asomar por cabeza de pelotón. Al salir de la localidad, entendí porque podía ser. Un largo y bonito repecho se vislumbraba.

Marcaron un buen ritmo marcial y justo cuando llega la planicie y todo el mundo quiere respirar, es cuando los buenos aprietan. Estacazo del Cera, Pacios, Javier Ruiz, etc, etc.

Como no llevo pinganillo y tampoco espejo retrovisor, desconozco cómo va la carrera por detrás, pero hay algo que creo que tácticamente no va bien. Resultado: El menda se baja de la bici, para al coche de equipo y hasta aquí llegó mi dorsal. Causa: rotura de la sirga de conexión neuronal, sensorial y muscular.

A pesar de ser un equipo de amigos, el fallo es que yo aprendí a andar en bicicleta con treinta años, cuando todos estos que aparecen en mis pesadillas dominicales estaban cansados de batallas velocípedas. Alguno hasta en profesionales.

Creo que para no haber corrido nunca, soy bastante descarado a la hora de moverme por el pelotón, pero además de forma (este año), me falta muchísima o toda la escuela de un corredor. Gasto mucho, voy muy tenso y no disfruto de la situación. Resultado: no disfruto de la bicicleta debido a mi inexperiencia competitiva (en equipo). Cualquier movimiento que hago es un examen que me hago internamente. ¿Habré saltado a tiempo? ¿Tenía que haberme quedado quieto? ¿Tenía que ir a cola en lugar de cabeza? Si a esto le sumo que este año es el que peor he ido en muchos…apaga y vámonos.

podio_m-401

Otra cosa a la que me niego, a pesar que es evidente, es a convertir las cicloturistas en competiciones en equipo. Que no se confunda nadie, porque en el mío tenemos libertad para lo que nos apetezca. Pero como digo, el problema es de compromiso. La competición la puede tener uno mismo para mejorar su tiempo, aunque sea para quedar en el puesto 200 si el año anterior lo hizo el 300. Olé sus narices.

No voy a entrar en polémicas, que no debería haberlas, pero nos guste o no, las cicloturistas se han convertido en eso: competiciones. Sólo hay que ver la media de velocidad y el nivel de los participantes. Y no creo que sea sólo culpa de los organizadores, sino del propio cicloturista. Solo hemos de ver, que las que eran controladas por un coche que abría marcha, estaban abocadas a la desaparición. Se han convertido en libres y se ha triplicado la participación.

Y suerte tenemos que no den premios en metálico como en las carreras populares pedestres, porque saldría la gente con recortada y la cara pintada.

Los últimos, que yo también lo fui un día, miradlo desde otro punto de vista. Os dejan los avituallamientos porque los primeros no paran y tenéis más para escoger.

También fui un día de los que iban a cola y cuando cruzaba la pancarta de llegada (ahora meta), los primeros estaban en su casa y habían cerrado las duchas. Me levantaba por las mañanas sin apenas haber dormido debido a los nervios y la ilusión de la jornada de ciclismo que me esperaba. Con el tiempo, a base de entrenar bien y sacrificarme un poco, he llegado a ser de los primeros que entraba en esa ducha en más de una ocasión. Parte de culpa la tenían “los buenos”. Me refiero a los que andan de verdad. Los que gracias a ellos, y llevarme con el gancho cuando debía ir con él, me han ayudado a moldear mi forma y me han dando parte del nivel que tengo ahora.

Pero esos buenos, que son muchos, me están enseñando ahora algo que no me gusta nada: los malos rollos. Demasiadas rencillas, rencores, piques, si tu pinchas yo no te espero, si vas mal voy a tirar porque te vas a quedar, si estás tomando café aquí, yo me voy allí, etc., etc.

Quizás parezca una tontada, pero tanta tensión me supera. Cuando quiera correr lo haré por libre. Igual me hago un maillot con La Garza C.C. No quiero estar entre frentes, que al final se escapará alguna bala y yo quiero la bicicleta y al ciclismo, para disfrutar y hacer amigos.

El sábado me daré una vuelta por los Puertos de la Ribagorza.

Viernes y sábado de lujo

Publicado el mayo 17th, 2009 por chemaarguedas | Tags: General

Ha pasado una semana muy intensa, culminada con un fin de semana no menos intenso, en cuanto a esfuerzos y emociones. Este fin de semana se rendía homenaje, con una kedada en la localidad de Sabiñánigo, a Mireya, que como sabréis nos dejó hace poco. Bueno, nos dejó sin su presencia, porque siempre va a estar ahí.

Pablo Bueno, Luis García y un servidor

Pablo Bueno, Luis García y un servidor

Dicen que todos tenemos un ángel de la guarda. ¡Qué afortunado habrá sido aquél, al que le haya tocado Mireya en suerte!

El viernes por la tarde empezaron a llegar de muchos rincones de España, los participantes a lo que se había denominado, Kedada HQ. El recorrido de la quebrantahuesos, pero en sentido inverso. Se programó una charla a las ocho de la tarde, en la casa de cultura y posteriormente una cena de hermandad, a la que asistimos ciento veinte personas.

Este invierno, antes de los desgraciados hechos, se puso la familia en contacto conmigo para ver si podía asistir a la kedada y dar una charla-coloquio sobre entrenamiento, a la que también asistiría Pablo Bueno, el director de nuestra Web y gran amigo de la familia García. Pude conocer a gente habitual del foro MTB, que se volcó con la familia, y charlar con Sergio Palomar, nuestro compañero de blogs.

Por supuesto, acepté encantado. La charla….madre mía, la charla. En un primer momento, comenzó bien. Presentaciones por parte de Luis García y Pablo Bueno. Nuestro director hizo una pequeña introducción sobre la evolución de los nuevos avances técnicos en el material y posteriormente narró nuestro primer encuentro, para posteriormente cederme la palabra. Hasta ahí todo bien. Todo comenzó cuando abandonamos el atril y comenzó la charla-coloquio en sí. Hay quien tiene miedo escénico y hablar en público, es un suplicio. No es mi caso, ya que llevo unas cuantas charlas y presentaciones, pero el viernes se me complicó el tema y hubo un momento en el que me quedé bloqueado y agobiadísimo ante la situación que estaba empezando a superarme. Menos mal que Pablo estaba ahí para echarme un capote y cogió el testigo unos minutos hasta que me tranquilicé.

Por un lado tenía la pantalla de proyección que bajaba del techo y se me quedaba alta. En una mano un micrófono para hablar, en la otra el puntero para cambiar de diapositiva, el cual debía orientarlo hacia el ordenador que tenía a mi espalda.

Llegó un momento al principio de la charla, que a la vez que hablaba le daba con el puntero a la pantalla y no cambiaba la diapositiva. Claro, donde tenía que apuntar era hacia el ordenador. Me desconcentré porque me daba cuenta que tenía un montón de gente pendiente de lo que decía y no estaba diciendo nada. Pendiente de la pantalla, del puntero, del micrófono, de la gente. Al final, después del lapsus, dejé el micrófono y a viva voz.

Luego vino una cena en la que pasamos un rato muy agradable y charlamos distendidamente. Nos acostamos a la una y media de la madrugada. Pero a las seis y media, ya tocaba diana.

Un diez a la organización de la kedada y al principio pintaba el cielo con muchas nubes.

¿Quién se encargó de soplarlas y dejar un día espléndido? Adivina…

Padres y hermano de Mireya

Padres y hermano de Mireya

La ruta la aguanté bastante bien, teniendo en cuenta que mi fondo no ha sido mi punto fuerte en la preparación de este año. Hay que decir que los últimos ocho kilómetros del Somport los subí en furgoneta, porque anteriormente había hecho acto de presencia con todo su esplendor…¡¡La Garza!!

En el alto del puerto bajé la bicicleta de la furgoneta y acabé en un grupo la salida. En total, me metí en el cuerpo 185 kilómetros. Y por si no había suficiente, esta mañana tenía carrera social en Zaragoza de 90 kilómetros, y puntuable para la copa aragonesa.

Pues mira por donde, he ido muy bien. Se ha hecho una escapada, en la que se ha metido mi compañero Félix. He pasado el alto de la Violada en cabeza del pelotón, y he tenido que controlar unos cuantos ataques. Antes de empalmar con la carretera general, de nuevo, había que pasar unos repechos muy largos y a falta de trescientos metros del último, mis piernas han dicho: ¡hasta aquí has llegado macho!

Al final, he llegado en el segundo grupo, dentro de carrera y he sacado una media de 40,6km/h de media, que después de lo de ayer no está nada mal. El fin de semana que viene, campeonato de Aragón master.

Lo peor de todo, una montonera impresionante en la llegada del grupo principal. Un colega con el que acabo de hablar, una costilla rota. Pero había más afectados, que hasta estos momentos desconozco los daños. Ha tenido que acudir más de una ambulancia a la línea de llegada.

Por último dar las gracias a Luis, Tere y David. Supongo que sabréis que ya tenéis otro amigo más en la colección de los muchos que tenéis y muchas gracias por todo familia.

El Síndrome merino

Publicado el mayo 8th, 2009 por chemaarguedas | Tags: General

Unos cuántos días sin aparecer por aquí. Esta semana ha sido durilla en cuestión de trabajo y horarios un poco intempestivos. Así estoy yo, que voy a perder el conocimiento nada más tocar la almohada.
Mañana a rodar un poco y el sábado cicloturista: Pinares de Zuera. Un poco menos de cien kilómetros y con dos pequeñas tachuelas. Eso hace que se convierta en carrera, y la media de los primeros se acerque a los cuarenta kilómetros por hora.
Me trae buenos recuerdos, porque siempre se me ha dado bien esta cicloturista. Hace tres años, estuve escapado mitad de la misma y al final hice de los diez primeros. Me escapé con otros dos y al fina me quedé solo por delante. Si me hubiesen podido echar una mano, quizás hubiésemos hecho algo más. Pero bueno, qué más da, el caso es tener buenas sensaciones y disfrutar.

Durante la escapada

Durante la escapada

Al año siguiente, hice tercero. También nos escapamos cinco y al final se nos fueron dos por delante. En este día puede que haya visto uno de los detalles más deportivos y bonitos que he visto en mucho tiempo, sobre una bicicleta.
Como digo, iban dos por delante de nosotros y pinchó uno de ellos. El otro, en lugar de acelerar y dejarlo en la cuneta, ¿Sabéis que hizo?
Se paró, comprobó que llevaban el mismo grupo de cambio y le dijo: toma mi rueda y vete tú. Estás más fuerte que yo y si me voy solo, me cogerán los tres que vienen por detrás y no ganaré. A ti no te cogerán, por lo que toma mi rueda que yo arreglo tu pinchazo y en meta cambiamos las ruedas.
Sí señor, me quito el sombrero. Y el que hizo esto no es cojo, ¿Eh? Es Jimy, el que ganó este año La subida a Monlora, por ejemplo.
Cuando pasamos por alto del segundo puerto, estaba terminando de arreglar el pinchazo y en la bajada nos cogió.
¡Ay madre las bajadas! Qué miedo les he cogido y además de la forma que están las carreteras. El pasado puente estuve por el Pirineo y están las carreteras interiores que hacen llorar.
De todas las formas, veo perros y motos por todos los sitios. Ya la primera vez me costó olvidar el tortazo, pero…
En el año 98,  fui (inconsciente de mí) a reconocer un día laborable de abril, la ruta de una cicloturista (que ya no se celebra): Las cuatro cimas.
Inconsciente de mí, porque es un recorrido que transcurre por la sierra de Moncayo y aledaños y no llega ni a territorio Apache, como se dice. Si llego a tener algun percance, igual me hubiesen encontrado un mes después durante la marcha cicloturista (hubiese estado muy fino al encontrarme).
Cuando ya llegaba a Tarazona, que es donde comencé mi recorrido, según descendía el último puerto pensaba: “menos mal que esto se baja, que si se tuviese que subir…”
El caso es que a lo lejos vi un bulto sobre el asfalto. Parecía una piedra enorme. ¡Vaya ! Un desprendimiento, pensé.
¡Qué leches, una piedra! Las piedras que yo supiese hasta entonces, no se levantan y… ¡ladran!
Además en estéreo con salida de tres vías: eran tres perros.
Fui frenando hasta que me paré a unos doscientos metros de ellos. Yo miraba hacia mi espalda y veía que si quería escapar lo iba a tener crudo. No había ni un alma por el camino. Los perros se miraban entre ellos desconcertados y me miraban, se miraban, les bailaban los mofletes al moverse…

Sin palabras

Sin palabras

Sólo me quedaban dos soluciones: tomar carrerilla y pasar deprisa (no muy difícil por la pendiente). Pero como les diese por venir a por mí, según pasase,  iba a salir volando. Y la otra era acercarme poco a poco y hacer un sprint al pasar a su lado y desaparecer lo más rápido posible en la curva que venía seguidamente.
¡Vamos! ¡Aquel día, ese sprint no me lo gana ni Cipollini en sus mejores tiempos!
Pero cambiando de tema: ¿Qué suele aparecer entre los coches, si vas conduciendo y aparece dando botes una pelota?  Eso es, un niño.
¿Qué pueden hacer tres perros en medio de una carretera, perdida en la montaña?

Pues lo descubrí rápidamente al tomar la curva y encontrarme un rebaño de ovejas en medio de la carretera. Estaban con un ebaño.
¡La leche fue de película! Encima me quedé tirado en el suelo, con la bicicleta encima y los perros ladrándome. De repente, un sombrero que asomaba entre los hierbajos, se levantó con un pastor debajo del mismo.
Bueno, el caso es que estuve una buena temporada, que me quedaba de las grupetas bajando y veía ovejas al tomar las curvas. El Síndrome Merino, que le llamé durante algún tiempo.

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