Alguno de los que se quedó en casa, ante el augurio de un 95% de posibilidades de lluvia que daban para la zona, todavía se está tirando de los pelos. El programa informático que da los porcentajes, debió errar y debían querer decir un 5% de posibilidades de lluvia. Alguno, fuera de coña, salió hasta en tirantes. En mi caso, con unos manguitos y un chaleco, fui sobrado de atuendo.
Como siempre, gran animación antes de la salida y dolor de piernas sólo con ver la rampa de inicio de la marcha. Aunque si hubiese sabido que iba a tener que subirla al sprint, igual no hubiese salido del coche. El recorrido de este año, 135 kilómetros en sentido inverso al de las últimas cuatro ediciones. ¿Más duro? ¿Menos?
No lo sé, pero esto ya no es lo que era señores. La salida es común para cualquier sentido en que se haga la marcha.
Otros años, la rampa de salida se solía subir a ritmo alegre, grupo estirado debido a la dureza de su porcentaje, pero al final de la misma, solía haber un parón en el que entraba casi toda la marcha. Ahora…
En la salida no estaba en primera fila, pero no estaba muy lejos. Cuando pasé por la alfombrilla de los grillos (la del chip), ya se veía un grupo que subía a cuchillo.
¡Qué dolor de piernas!…y sin calentar. Cuando llegué al final de la rampa, calcé plato y literalmente: con sabor a sangre en la boca, debido al esfuerzo, tuve una contrareloj individual y por equipos, para empalmar con la cabeza.Un vistazo atrás y ya había un corte importante en la cicloturista. No iríamos más de sesenta “cicloturistas”, teniendo en cuenta que habíamos salido seiscientos cincuenta.
A diez kilómetros de la salida, ya se encuentra el primer puerto, el alto de Majalinos. Sin tiempo para recuperar el aliento, ocho kilómetros no excesivamente duros, pero que debido al ritmo se me hicieron durísimos.
Enseguida me di cuenta que las piernas las llevaba como botijos y que no cogía ritmo. Para cuando quise cogerlo, ya se había ido la cabeza, la subcabeza y la del carrito de los helados.
¿Sabéis contar? Pues conmigo no contéis, tenía que haberles dicho.
La bajada del puerto ¿Qué recuerdos? Hace cinco ediciones, fue donde me escapé en solitario e hice la marcha solo hasta veinte kilómetros antes de la llegada, que fue donde me pillaron, subiendo los Degollaos. Pero claro, también pesaba 69 kilos y ahora 75 kilos, no había el nivel que hay hoy en las marchas y llevaba más del doble de kilómetros que llevo ahora y muy bien hechos. Y me parece que también tenía algo menos de conocimiento que ahora y más jovencito.
La carretera estaba en peor estado (y ya es decir) y además la bajada estaba mojada.
Historias del abuelo Cebolleta aparte, me hice socio de un grupo y hasta el siguiente puerto, Villaroya de los Pinares, 6 kilómetros duros. Qué casualidad, coincidí con Luis Comín, ganador en tres ediciones por lo menos y que fue “el pájaro”, que ganó en mi año glorioso. En la subida del puerto, el grupo de unos cuarenta, se fraccionó en dos. Pude aguantar con el delantero hasta falta de dos kilómetros para coronar, donde me solté.
La verdad es que después de lo bien que me había encontrado toda la semana, no llevaba unas sensaciones supersónicas.
La bajada una autopista, por lo que me dejé caer hasta que me pillasen los de detrás. Lo hicieron a pie del tercer puerto, Cuarto Pelao, nueve kilómetros bastante llevaderos.
Ya sabía que al coronar, se acababa lo bueno y comenzaba “territorio Apache” (ahora entiendo porque los del CC Tribus hicieron tres entre los cinco primeros).
Un cartel que en lugar de decir “Premio a la Montaña” debía decir “Premio al que no se caiga”…porque comenzó un calvario de gravilla.
Otro año me pondré en el casco, un artilugio de los que se coge número en la frutería para saber los que me van pasando. Se acabó la marcha para mí.
La verdad es que no tenía motivación para arriesgar, tal y como estaba el suelo. Me hizo la bicicleta un extraño en una recta, debido a la gravilla, lo que terminó por hacerme “pasar”. Lo que quedó de recorrido me lo tomé como un rodaje. Es una pena que no pudiese contemplar aquel paraje y paisaje tan espectacular.

La marcha transcurre por Los Órganos de Montoro y el cañón del Río Pitarque, Patrimonio Geológico Aragonés.
El nombre le viene de la formación vertical de piedras calizas, que asemejan a los tubos de un órgano de grandes dimensiones.
Me da igual que hubiese órganos, flautas o acordeones. Estaban las curvas como para perder la atención. Según bajaba, daban ganas de dejar la bicicleta apoyada en el quitamiedos y entrar con una escoba a barrer la gravilla de cada curva.
En definitiva, una pena. Espero que sirva de algo las firmas que se recogieron en la recogida de dorsales y que se den cuenta que Teruel Existe.
Al final. 4h 57, puesto 143, 149 pulsaciones medias y 172 máximas (máximas 194).
Para que nos hagamos una idea, hace dos años con cinco minutos menos y casi los mismos llegados a meta, hice el 26 de la general. Por lo menos…no hice la Garza.
¡Que la gente está muy fuerte!
Gracias a Gonzalo de Alcañiz, por dejarme las fotos.



El sábado estaba previsto que fuese a correr a Cascante pero hubo cambio de planes. ¿Qué puede haber más importante, para que no vaya a correr? Pues está claro, pasar el día con mi mujer y mis hijas.






