No hace mucho tiempo, un amigo me comentó que tenía un cliente que hacía bicicleta y que no sabía que podía estar haciendo, porque tenía las piernas destrozadas siempre que le daba masajes. Me comentó que si no me importaba, podía hablar con él a ver cómo entrenaba, porque no era normal. Por mi parte no tuve ningún inconveniente y me puse en contacto con él. Al hablar con él y comentarme su forma de entrenar, estaba claro: llevaba una abrasada de campeonato. Lo peor es que arrastraba siempre a otro compañero de fatigas.
Omitiendo su vida deportiva, porque me canso, sólo de pensar los kilómetros que hacía y cómo los hacía, su tiempo en la quebrantahuesos rondaba las 7h 40 minutos. Al año siguiente, le puse una preparación y si lo sé…Estos puntos suspensivos quieren decir que nunca he conocido a nadie tan espartano, disciplinado y encabezonado en intentar exprimir al máximo sus posiblidades.
En un par de años, paso de aquellas 7h 40′ a realizar 6h 08′ y quedar entre los cincuenta primeros. En años siguientes, haciendo caso omiso a mis consejos, se equivocó y creyó que los kilómetros que realizase iban a ser directamente proporcionales a su mejora. e hizo todo lo posible por mejorar y soñar con que podía ganar la quebrantahuesos. Hubo un año que llegó a tal extremo, que terminó cogiendo vacaciones en el trabajo y se fue tres semanas a Sierra Nevada. ¿A esquiar? no precisamente.
Nuestro amigo, sello con silicona todas las entradas de aire de su coche y se fue a vivir y entrenar en altura durante ese tiempo, para intentar subir el hematocrito y así exprimir al máximo sus posibilidades de mejora. Coincidiendo con una de esas tres semanas, un temporal de frío y nieve azotó la Península. Cuando le llamé por teléfono para preocuparme por su estado, se oía el viento mezclado con el ruido de sus pantalones de plástico para no mojarse con la nieve que caía, ya que estaba entrenando. Su ilusión: Ganar la quebrantahuesos.
Una noche me encontraba cenando en Jaca con un compañero de trabajo y el restaurante donde estábamos se encontraba lleno de famélicos comensales, comiendo espaguettis como cosacos. Mi compañero y ahora amigo, me preguntó. ¿Cuántos kilómetros vais a hacer mañana?….Estáis locos.
Mi colega era para enmarcar, dentro de aquel escenario: 106 kilos de peso, 1,68 de altura y 38 años por aquel entonces. No había hecho deporte ni en el colegio, y sus agujetas habituales eran en el dedo, por hacer zapping. Por circunstancias de la vida, al año siguiente nacería una de mis hijas y como me dedicaría a ella por las mañanas, fue sabático en relación a la bicicleta. Mira por donde, trabajé durante aquel año con éste amigo y todavía me pregunto, cómo lo pude liar. Es algo muy largo si me extiendo a dar detalles, pero los 106 kilos se convirtieron en un par de años en 70kilos y una ilusión: hacer una quebrantahuesos. Por supuesto que lo consiguió, y además la más larga de todas las ediciones que ha habido hasta el momento.
Al cabo del día, recibo muchos correos. Entre todos siempre hay alguien que pide ayuda y consejo. Un día recibí un correo de alguien que trabajaba de lunes a sábado de cinco de la mañana a ocho de la tarde. Se tenía que levantar, por supuesto, mucho antes. Sólo podía salir los domingos. Sólo había solución: hacer rodillos al llegar a casa, después de haber estado trabajando quince horas de pie. Me preguntaba cómo tenía que hacer las sesiones de rodillos, para llevar a cabo su mayor ilusión: Acabar la Quebrantahuesos. Espero que le vaya bien, y no puedo contar mucho más porque no he mantenido el contacto, pero me impactó.
Otro caso muy cercano: yo mismo. En el año 96 preparaba mi segunda quebrantahuesos. Bueno, preparaba es un decir. El que haya leído la introducción de mi libro, conocerá toda mi historia y hasta unos años más tarde no sabía qué significaba esa palabra: preparación. Todo un año entrenando y pasando las penurias que todos conocemos. El sábado anterior a la quebrantahuesos, nos encontrábamos entrenando y paramos al sufir un pinchazo. Cuando íbamos a arrancar, resbaló mi cala, todavía no sé que hice (sería inexperiencia) y me clavé el plato grande en mi tobillo derecho. Pero no penséis que fue un rasguño…corte profundo, siete puntos de sutura y me llevé hasta carne. La médica que me atendió en un primer momento, en un pueblo cercano, flipaba. Mi pregunta era insistente: ¿Usted cree que podré correr al sábado que viene? Estuve toda la semana con muchos dolores y la primera mitad de la misma no podía ni apoyar el pie. Sólo tenía una obsesión, bajar de 10h en la quebrantahuesos.
Cuando llegué el viernes a Sabiñánigo, al entrar al hotel, la señora de la recepción alucinaba. Iba cojo, con la zapatilla desabrochada y no tenía tobillo. Era todo una inflamación. ¿Cómo nos van a mirar?
Pero al día siguiente por la mañana estaba allí. Recuerdo que cuando pasábamos por Villanúa, había gente que se daba la vuelta, porque en el Somport llovía, caía aguanieve y había dos grados de temperatura. Por supuesto, que eso no era impedimento para mí. Estaba corriendo en mis circunstancias, como para retirarme por cuatro gotas de agua. Bajé mi tiempo, hice 8h 30′, pero luego me tiré un mes hasta que cicatrizó la herida. Pero era el tío más feliz del mundo.
Hoy en día tengo 6h 14′, pero la ilusión es distinta y no tan bonita como la de aquellos años. Pero aquí sigo esperando por tercera vez, a ver si puedo inscribirme y me fastidiaría mucho que alguien con esa ilusión, se quedase fuera. Un tirón de orejas, pequeño, porque podían haber previsto el asunto. Pero mucho critica la gente y se queja, pero algo habrá y muy bien lo habran tenido que hacer, para que exista esta fiebre quebrantahuesera. Suerte a todos

