Han transcurrido dos semanas desde mi experiencia en La Rompepiernas y que ha supuesto un impás en mi pedazo de carrera deportiva. El ritmo impuesto “vente con nosotros que iremos despacio”, por el equipo ciclista de Calatornao durante el transcurso de la marcha cicloturista hizo que me diese cuenta que me faltaban muchas horas de bicicleta. Aunque tampoco hace falta ser un lumbreras para darse cuenta que con el descontrol que llevaba de salidas hasta entonces, el resultado no podía ser otro. De todos los modos, en el tiempo que permanecí rodando en el grupeto, había uno de aquellos siete componentes del equipo que me miró un par de veces un tanto afectado de estrabismo ocular y que en una de las ocasiones me imputó sin acritud:
- ¡Tú tienes la culpa de esto!
No me extraña su comentario ni cara de sufrimiento, ya que días después de la marcha llegó a mis oídos que dicho ciclista, unos kilómetros más delante de donde tomé la determinación de decirles en silencio, “anda que os den”, recibió la visita del hombre del mazo, la pájara y la Garza. Todos juntos a la vez y que hizo que se le intercambiasen de lugar varios músculos que intervienen en la pedalada hasta llegar a confundir lo que era un cuádriceps, un gemelo o incluso alguna zona más concreta.
Desde aquel día, he hecho cerca de mil kilómetros, traducidos a un buen número de horas. Y eso que el tiempo no ha acompañado lo más mínimo y ya se por dos veces lo que es ponerme como una sopa y sigo sin ponerme moreno. Espero que con el obligado microciclo de recuperación de esta semana, debido a que el horario de trabajo va a ser complicado y que el sábado voy a Los Puertos de la Ribagorza, esos kilómetros den su fruto. Aunque no tanto por esta marcha ya que lo que quiero es poder terminar dignamente sin importarme el tiempo e incluso a pesar de estar inscrito en la corta, igual hago la trampa y me voy a la larga. Según lo vea y el día que nos salga en lo meteorológico.
El fin de semana posterior a Rompepiernas, estuve en la kedada de Urrez organizada por Campagnolo. Un buen día para rodar en compañía de buenos colegas y en donde la armonía fue lo más destacable. Llevaba un par de años queriendo asistir pero siempre por una cosa o por otra, me lo tenía que perder. La salida en una kedada ya se sabe lo que es. El que quiso “sacarse los ojos” pudo hacerlo (como fue mi caso en la última parte del recorrido) y el que no, de turismo. De salida 3ºC, cielo cubierto y amenazante. En la primera parte, salvo un comienzo un tanto vertiginoso por intentar cazar al grupo cabecero, fui muy tranquilo. Charlando con gente que no conocía y con más amigos. Después del avituallamiento venía un pequeño puerto y en donde al poco de su descenso, apareció Ernesto, Sigüenza activa, e hice una veintena de kilómetros tras moto que me sirvieron para quitarme el frío. Llegué bastante bien y después una comida multitudinaria para recuperar y siesta. El domingo tocó descanso y visita a Burgos que hacía tiempo que no estaba. (Fotos cedidas por Juan Carlos Alvaré).
Este fin de semana lo he pasado con mis amigos de Unipublic. El sábado tenía lugar en el salón de actos del ayuntamiento de Calatayud una mesa redonda en donde pude compartir comentarios una vez más con semejantes figuras. Y el domingo por la mañana, una marcha cicloturista en toda la extensión de la palabra. La guardia civil motorizada y Paco Giner (director técnico de Unipublic) abrían la marcha controlada. Más de doscientos cicloturistas en un buen ambiente y que pudieron rodar en compañía de Escartín, Abrahan Olano, Javier Guillén y Pablo López Barajas. Realizamos la ruta del Cid.
Cuando salimos casi era mejor no mirar el cielo. Encapotado de nubarrones, a ratos más o menos espesos y nada de calor. La mayor parte del pelotón con ropa de invierno salvo algún iluminado como es mi caso. Quizás al estar iluminados tenemos algo más de calor.
Hasta Daroca fuimos a un ritmo más que bueno a pesar de ir controlados. Y es que aunque así sea, si en la subida del alto de Villafeliche con cerca de cinco kilómetros de ascensión, el coche se pone a 30km/h, el estar ahí , requiere un esfuerzo más que considerable. El caso es que aquello se seleccionó, pude estar ahí con ellos y comprobar lo que es sabor a sangre al coronar. (Fotos cedidas por Fernando Sánchez).
De Daroca hasta Calatayud restaban poco más de 60km y los hice más relajado acompañando a un grupo en el que iba Javier Guillén y algún colega. También venía Fernando Escartín. A ratos nos fuimos dando algún relevo. En uno de los relevos en donde llevaba delante a Fernando, lo miraba y al ver su estilo inconfundible después de haberlo estado viendo tantos años por la tele, le dije en plan de coña:
-¡Venga, que llevamos delante a Olano!
Oye, un lujo poder decir algo así en una salida. Y como no podía ser de otra forma, a lo lejos y justo hacia donde íbamos, se veían las cortinas de agua. O sea, sí o sí, nos íbamos a dar una mojadita. A falta de veinte kilómetros para la llegada, el diluvio y como una sopa. Menos mal que no fue mucho tiempo y ya no hacía excesivo frío. Luego después de una buena ducha, nos ofrecieron en le recinto ferial, unos garbanzos con Congrio que estaban de lujo. Una jornada de ciclismo perfecta. Y la segunda entrega de preparación QH






















