El invento canario
Llamada del cuartel general CAF… es Pablo Bueno, me comenta que ha llegado un artilugio a la redacción y me invita a probarlo. “Voy volando”, le contesto.
Llego, desembalamos el paquete y delante de nuestras narices aparecen unos tubos con una varilla que los recorre y un molinillo en el extremo… ¿y esto qué es? Es un Distanciador de seguridad para bicicletas, dice Pablo. Ni idea, es la primera vez que vemos algo parecido. Tan curioso es el artefacto que Antonio del Pino, jefe de pruebas, se levanta de su sitio a preguntar qué es eso que manoseamos.
Intentamos hacerlo funcionar sin estar montado en una bicicleta. Difícil. Pero una vez sujeto al cuadro del conejillo de indias, empezamos a ver la luz.

En este enlace podéis leer la prueba que publicamos hace unos días, donde quedamos gratamente sorprendidos de la efectividad del Distanciador de seguridad, todo un ángel de la guarda para ciclistas.
El porqué de la entrada de este blog es comentaros cómo me ha logrado convencer este invento: Tras unos días utilizándolo, cogerle el truco y tomar unos vídeos para la prueba (Carlos, gracias por tu paciencia), lo desmonté de la bici para llevarlo de vuelta a la redacción.
Pero al volver a usar la bici sin el invento… ¡lo echaba en falta! Los coches volvían a pasarme raspando, sin respetar la distancia mínima de 1,5 metros. En cuanto llegué a casa, lo volví a instalar, y esta vez tardé sólo 5 minutos en dejarlo otra vez listo.
Quizá algunos sean reacios a instalarlo por no añadir peso o romper la estética de su máquina de varios miles de euros. Cierto, el invento pesa menos de 300 gr, pero… ¿en cuánto valoras tu vida? ¿en unos gramos más o menos en la bici? ¿Y el casco? También pesa sus buenos 300 gr y nadie piensa en volver a las chichoneras. Y en cuanto a si afea la bici, no participamos en un concurso de belleza, estamos practicando nuestro deporte favorito con un mínimo de seguridad.
¡Qué felicidad! Con el invento del canario Diego Benítez ya puedo entrenar con sosiego por cualquier carretera. Ya no tengo que huir de mis rutas favoritas sólo porque los coches me intimiden con sus adelantamientos ilegales. De repente, a todos se les refresca la memoria y saben la distancia que hay que dejar respecto al ciclista.
Unos cuantos enlatados se quedan un buen rato detrás de mi, alucinados, intentando adivinar que es ese molinillo que lleva el aprendiz de Contador (eso creen los conductores sedentarios, que imitamos al ciclista de moda) que hay delante. Le llamo el efecto novedad, lo mismo que les pasaba a las motos-triciclo hace unos años. Al principio todo el mundo se las quedaba mirando, pero ahora ya son un elemento más del atasco de todos los días.
Para circular por el carril bici o por ciudad no es imprescindible llevarlo, pero compensa aunque sólo sea para el tramo que hay desde tu casa hasta el carril. Aunque cuando más partido le voy a sacar será cuando llegue el buen tiempo y Chema nos obligue a subir varios puertos por carreteras sin arcén, plagadas de domingueros que se sacaron el carnet en la mili, o de moteros que confunden las carreteras con un circuito.
Me consta que Alfonso Triviño ha movido el vídeo que acompaña la prueba y éste ha llegado a los mandamases de la DGT. Espero que no quede como una anécdota y que realmente se presta un mínimo de atención a la seguridad de los ciclistas en las carreteras que nos ha tocado compartir con otros vehículos. Somos muchos y el espacio es reducido. Que los vehículos a motor dejen una separación de 1,5 metros al adelantarnos es un mínimo que deberían respetar sin excepción. Y si no lo ven claro, que no adelanten, que el aperitivo con los cuñados, el partido Osasuna-Leganés o el informe de pérdidas del banco pueden esperar.
Información y pedidos: www.dinoinvdes.com / Tel: 658 766 094.

