Apenas vaciada la maleta de la Vuelta a Andalucía y la Clásica de Almería (qué bien nos trataron. Gracias a todos), ya estoy bajándola otra vez del camarote y vuelvo a coger el bolígrafo, o mejor dicho, afino las teclas, también en este improvisado diario en el que se ha convertido el blog. Sí, efectivamente, toca otra vez una salida a las carreteras. Después de Mallorca y Andalucía, parece que con el estado de forma cogido, es hora de salir al extranjero. Y mañana habrá que coger un vuelo con destino a la Tirreno-Adriático. Cámara de fotos, a pesar de contar allí con nuestro fantástico fotógrafo Tim de Waele, cámara de vídeo, para que no se escape ni un detalle de la carrera, ni de sus prolegómenos, cuaderno aún sin estrenar para llenarlo de apuntes…todo. O eso pensaba yo. Porque casi me quedo en tierra con tres días de antelación. Os cuento.
Con el vuelo ya cogido y por falta de tiempo entre tantos asuntos pendientes desde mi regreso de tierras andaluzas retrasé el ‘check-in’ hasta el pasado viernes. Nada que pudiera hacer que me quedara en tierra, pues puede hacerse hasta cuatro horas antes de que salga el avión. Así que, toda orgullosa de hacerlo con tres días de antelación (todo un mundo para mí, ya lo sabéis), me dispongo a hacerlo. Lugar de salida, lugar de llegada, número de reserva…todo perfecto. Nombre, apellidos, DNI…estupendo. Fecha de caducidad del DNI….¡anda! Éste no me lo sé de memoria, voy a cogerlo para rellenar la última casilla, pensé. Ahí fue cuando mi cara se quedó completamente blanca.
¿Sabéis esos momentos en los que dices, “qué pena que no me han hecho una foto para ver la cara que tenía”? Pues ése fue uno de esos instantes, porque mi DNI caducaba ¡el siete de marzo! Os podéis imaginar el momento de pánico que viví en mi interior. Bueno, y en el exterior. Me puse a mirar cómo se renuevan los carnet de identidad, llamar a amigas que lo habían hecho ya… y todo esto, a las seis y media de la tarde de un viernes. Os confieso que ya me veía quedándome en casa. A mi favor, corría que el avión que cojo el lunes no sale hasta bien entrada la tarde, pero no confiaba para nada en que para entonces tuviera un papel, o un resguardo en regla que me permitiera salir del país.
El caso es que, buceando por internet, vi que los nuevos carnets electrónicos se renuevan con un requisito primordial: el de la cita previa, y que hay que solicitarla o por teléfono o mediante internet. Así que, por la vía rápida, me fui a solicitarla a través de la red de redes, y me encuentro con que, la primera fecha con horas libres para renovarlo era el 29 de marzo….¡creo que para entonces la Tirreno-Adriático estará ya más que sentenciada! Más estrés. Llamo por teléfono y nada, comunicando. Y de repente un rayito de sol: la oficina está abierta de lunes a viernes hasta las ocho.
Casi me pongo los pantalones en la cabeza y la camiseta en los pies de la prisa que me di para vestirme y salir pitando a la comisaría de la policía. Allí que me planté a toda velocidad, una hora antes de que cerraran. Con cara de corderito degollado, claro, explicando lo que me pasaba. No me preguntéis como lo hice pero el responsable de seguridad de la entrada me saltó un: “No te preocupes, que tú no te vas sin DNI de aquí”. Así que me senté plácidamente para que se me pasaran todos los nervios contenidos esperando a que me dejaran sacármelo. Todo improvisado, claro. Yo, por si las moscas, me había llevado en la cartera dos fotos mías, las únicas que tenía, que son de la orla de la universidad, así que os podéis imaginar qué fachada tiene mi DNI, conmigo vestida de corbata. Y bastante que lo tiene, porque a poco ni siquiera me lo imprimen.
Terminado de hacerlo, con las huellas dactilares y todo. Solo le faltaba el chip. Y de repente se va la conexión en toda la Comisaría…¡y mi DNI en una máquina metido! Qué agonía. A los cinco minutos volvió la conexión y con ella, salió mi carnet. ¡VAYA RESPIRO! Con esas volví de la comisaría. Lo primero que hice, como os podéis imaginar, es hacer el ‘check-in’. Y esta vez sí, con la fecha de caducidad puesta en el 2015 ya me dejan viajar. Así que, recuperada del susto, me dispongo otra vez a hacer la maleta. Aunque mi estancia en la Tirreno-Adriático no se prolongará hasta el final de la carrera, tener por seguro que, de las jornadas en las que ciclismoafondo.es esté presente no se nos va a escapar ni un detalle, ¡faltaría más después del susto!






2 comentarios hasta ahora
1 dani // Mar 7, 2010 a las 21:46
jo ainara vaya aventura!!!!!!!!!!!!! y vaya capotazo que te echó la suerte ee!!! porque no es nada facil tan rapido
2 Hector Barrientos Herrero // Mar 9, 2010 a las 21:47
Hola Ainara, Bona Nit. Los 2 Post que has escrito, están realmente bien porque reflejan cosas del día a día, que le pueden pasar a cualquiera. Madre mía, se estresa uno de solo leerlo (jajajajajajaja).
Que casualidad, a mí me toca renovarlo tb dentro de poco así que tomo nota. Como dice un sabio refrán “Cuando las barbas de tú vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar” (jajajajajajaja, es una broma).
Y encima -cuando ya has hecho lo más difícil- se va la luz……. Vaya suerte la tuya. Suele pasar, llevas toda una mañana currando con un montón de faena, no le das al archivito de Guardar y -de repente- se va todo a la m….=fer la ma que dicen por Valencia.
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