Sí, definitivamente éste es el titular que mejor condensa a las doce etapas que llevamos de Tour de Francia. Descafeinado y con una pizca de azúcar. Poco más deja a exprimir. Lo primero que se me pasa por la cabeza, bien entrados ya en la segunda semana es que d
esgraciados de nosotros, si no estuviera Armstrong corriendo el Tour y haciéndolo además con el maillot del Astana porque no me dirán que los piques, casi todos alentados por otros medios que no han sido los internos al equipo si, pero piques al fin y al cabo, no han animado esta aburridisima primera semana de carrera. Y eso que ya llevamos a nuestras espaldas el paso por los Pirineos. Quién lo diría. El peso del primer contacto con la montaña, y los propios puertos porque las etapas pirenaicas, especialmente la de Tarbes fue una auténtica chapuza de los organizadores. ¿Cómo puede ser posible que en una etapa con el coloso Tourmalet, estuviera con opciones casi hasta el final Óscar Freire, sprinter, de ganar la etapa?
De mis palabras no quiero que se desprenda una desacreditación hacia el corredor del Rabobank, ni mucho menos voy por ahí. Si aguanta con el mismo grupo que Contador, Armstrong, Nibali, los Schleck…perfecto, pero es que no es un día para que rueden juntos. Y hablando de paseos y vergüenza, todo mezclado, lo extiendo también a la polémica surgida en torno al pinganillo. Muchas opiniones se han vertido en cuanto a este tema y claro, esto es como elegir un ciclista o un color favorito. Cada uno tenemos uno, personal e intransferible, como los votos en las elecciones. Y me gustaría saber, ¿tanto supone para un corredor no estar conectado con su director durante toda la etapa únicamente durante dos días? La etapa que tiraron a la basura me parece un total despropósito por parte de los ciclistas. Parece que con ello demuestran que no tienen la conciencia suficiente como para maniatar una etapa de fácil planteamiento y táctica sencilla. Escapada, control sobre ella, neutralización y sprint. La de mañana, la que debería haber sido la segunda sin pinganillos es más complicada orográficamente hablando, no hay duda, pero supongo que, con tantas pedaladas acumuladas en el paso de los años, los corredores sabrían hacer tácticas por ellos mismos, digo yo.
Pero el boicot de la décima etapa creo que puede llegar a ser más preocupante si se analiza con más profundidad. Asistimos a un tiempo en el que el ciclismo, por ley, vive en la desunión total. Anarquía pura, porque ya no es que exista una guerra marcada entre la UCI, los organizadores de las carreras y los equipos, es que ni siquiera los propios equipos son capaces de ponerse de acuerdo para llevar a cabo un tipo de decisión o no. La muestra la tuvimos en la misma décima etapa, en la que los equipos franceses y el Skil Shimano se negaron a secundar la huelga. Por supuesto que cada equipo tiene derecho a tomar sus propias decisiones, pero bien es sabido por todos que la unión es sinónimo de fuerza y de éso precisamente el ciclismo anda escaso y muy necesitado. Pero, permítanme que me ponga aún más pesimista con el susodicho tema de los auriculares, porque la decisión del boicot sigue trascendiendo más allá. Hemos visto cómo los corredores y equipos son capaces de plantarse ante la UCI y hacer frente a una decisión que para ellos es injusta. Estupendo. Cuando alguien abusa de tí hay que protestar y quejarse hasta que te hagan caso, y bien que se lo han hecho echándose para atrás en la prohibición de los transistores mañana pero el ciclismo tiene problemas muchísimo más grandes y sobre todo graves, de mucha mayor importancia que la simple colocación de un auricular.
¿Por qué no se plantan en contra del uso del pasaporte biológico, del control absoluto y exhaustivo de cada corredor en cada minuto de su vida? ¿Por qué no hacen un boicot a la UCI en contra del reguero de positivos que, sin el contraanálisis salen a la luz? ¡Por qué no se plantan en contra del trato que reciben los corredores cuando son denunciados por sospecha de dopaje sin confirmación cuando, tanto los organismos como los equipos les dan la espalda sin un positivo confirmado? ¿Por qué no presentan sus quejas ante la situación precaria y los bajos sueldos de los ciclistas? Estos sí que son problemas, y no el sonido de las órdenes de los directores por un auricular.
Por lo demás, y acerca del Tour, reiterarme en lo anteriormente dicho. ¡Bendito seas, Armstrong, por haber vuelto a la faz de la tierra ciclística y animar este Tour de Francia! Párense a pensar qué hubiera sido de estas calurosas tardes sin el corte por el viento en la Grande Motte, las 22 centésimas que le separaron del liderato, cuatro años después y el ataque de Contador en Arcalís…Pues se reduciría todo a la nada despreciable combatividad del Euskaltel-Euskadi y el brillante liderato en la montaña con Egoi Martínez y la tremenda victoria de Luis León Sánchez. Esperemos que, con los Alpes, el café vaya adquiriendo más sabor.

2 comentarios hasta ahora
1 Fernando // jul 17, 2009 a las 9:34
Los corredores no se dan cuenta de que siempre estan en medio, entre directores y organizadores, entre organizadores y UCI. Pueden hacer con ellos lo que quieran sin que nadie mueva un dedo.
Buen articulo
2 Raúl M. // jul 18, 2009 a las 19:22
Pues personalmente pienso que un TOUR sin Armstron hubiera sido un TOUR más bonito. Es decir, mediáticamente viene muy bien al ciclismo, pero sus sombra es tan alargada que hasta corriendo con una bici de niños metería miedo.
Eso, unido al potencial de su equipo (aunque veremos como afecta lo de Levi), hacen un TOUR muy conservador, y es que nadie se atreve.
Otra cosa hubiera sido un “todos contra Alberto”, que tendría que haber sido espcetacular.
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