Y tanto que sí. O por lo menos de manera graciosa. Estaba yo en el control de firmas, antes de que algún que otro compañero al que, hasta ahora no conocía y que aprovecho a volver a saludar agradeciendo que se haya acercado a dar los bueno días, pero poco antes de eso, divagaba por el control de firmas de manera sosegada y tranquila, como debe ser a esas horas de la mañana, con el sol de Ciudad Real irradiando ya. Justo frente a mi se encontraba el autobús del Columbia, cerrado y con las cortinas echadas a cal y canto, como suele ser normal en esos casos que los corredores se están cambiando o los directores los aleccionan dándoles las últimas indicaciones acerca de la etapa. De repente, el bus del equipo más laureado de la Vuelta se ha abierto y, por una de sus puertas ha aparecido Greg Henderson, bajando las escaleras y dirigiendo su mirada hacia donde yo estaba.
Como os podéis imaginar, yo al principio, caso omiso. Con la de gente que suele andar por las salidas, y mucho más estando como ellos frente al autobús del Caisse d’epargne, a diario atestado de aficionados, cómo iba a pensar yo que me buscaba a mi. Total, que el bueno de Henderson se ha puesto a gritar sin parar de mirar hacia donde yo estaba. Yo ni caso, seguro que cerca de mí estará algún miembro de su equipo al que precisaba en ese momento. Pero nada, el tío ahí seguía, sin parar de señalar y gritando, hasta que ya me he decidido a preguntarle si era a mi a quién reclamaba. Y resultaba finalmente que sí, “¿yo?”, le respondía. “Sii, come on here!”, le distinguía decir.
Al final me he acercado hasta las escaleras del autobús y,
muy amablemente me ha invitado a subir. Allí estaban todos los grandes campeones del Columbia, con sus moles de piernas. “We’ll take a photo!”, decían, cada uno en sus sillones. Todos menos Bert Grabsch, el campeón del mundo contrarreloj, que estaba por los aledaños y también le han gritado para que viniera y posara. Así que la intención de que me acercara era para sacar una instantánea. Buenos somos nosotros para eso. Poco me ha costado sacar también mi cámara y pedirles que posaran también para ella. Hay que ver que, en un autobús tan reducido quepan nada más y nada menos que 80 victorias.
Tras intercambiar algunas impresiones con ellos he seguido con mi paseo matutino, con la gran sorpresa de toparme con José Antonio Pecharromán, el ex ciclista manchego, que también se ha acercado a la salida de Ciudad Real. Otra visita más a un autobús, esta vez el del Conténtpolis para tomar más singulares instantáneas que pronto veréis publicadas y, antes incluso de que los corredores se pusieran a pedalear hemos emprendido el viaje hasta Talavera de la Reina. ¡Qué eternidad entre los Campos Manchegos! Teníamos unas dos horitas de viaje entre llanuras y algún que otro molino típico de la tierra hasta Talavera d la Reina.
Aquí nos hemos enterado de la fuerte caída que ha sufrido Ezequiel Mosquera. Vaya mala suerte que está teniendo el gallego en la Vuelta a España. Con su llegada a meta, todos nos hemos apostado en el autobús del Xacobeo-Galicia y, después de que los médicos le hicieran una primera exploración, junto a él nos hemos marchado la hospital de Talavera de la Reina, para quitarnos el susto del cuerpo y certificar después que no sufría daños cerebrales a pesar de haberse sentido mareado y llegar a perder el conocimiento. Lo suyo es una cruzada en toda regla con la carrera, desde sus inicios. Se cayó en Lieja, pasó unas malísimas etapas en Valencia pero pudo recuperarse para las jornadas de montaña andaluzas, donde mostró su lado más atacante y puso el espectáculo en las rampas de Velefique y Sierra Nevada. Pero ni de esa forma se quita la mala suerte de encima.
Éste es uno de esos corredores que parece tener la piel hecha a base de piedras, o cemento, o algún material por el estilo, porque es imposible si no explicar la dureza y entereza que tiene para seguir adelante a pesar de tanta adversidad…y tanto dolor. Con lo bien que había empezado el día en Ciudad Real, entre autobuses y fotos, y lo hemos acabado en el Hospital. Ahora solo queda desear que Mosquera tenga una buena noche y mañana pueda tomar la salida, con molestias, pero soportables, dentro de lo que cabe.

1 comentario hasta ahora
1 ALEJANDRO // sep 18, 2009 a las 23:44
Ainarita al final no te he visto en la salida de Ávila
He estado hablando con todo el cajasur y Roman Kreuziger en italiano, Y con Rabuñal, que es un tío majísimo
Me gustaría haberte saludado pero no te he visto
Yo era un o de los que estaba con Julio Jiménez con camisa roja
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