El ciclismo en femenino singular

El blog de Ainara Hernando

Entradas de febrero 2012

Pasaporte en vigor no válido

Publicado el febrero 2nd, 2012 por ainara | Tags: General

¡Qué ganas de empezar la temporada! ¡Qué ansia ante el debut! Las ilusiones no las tienen solo los ciclistas ante una nueva campaña, se extienden también a los que formamos parte de esta loca familia ciclista. Después del frío y aburrido invierno llega la hora de coger la maleta (cómo cuesta hacer la primera), comprar un cuaderno con páginas blancas por rellenar y bolígrafos nuevos para escribir los retazos de todo un año. Esa emoción se hace aún más grande cuando te tocan viajes diferentes, nuevas aventuras….y nunca mejor dicho en este caso porque las primeras del año son el Tour de Qatar y el Tour de Omán. O iban a serlo. O lo serán, ya no sé cómo decirlo a ciencia cierta porque además de ropa, cámaras de video y fotos necesitas, claro, un pasaporte que esté en vigor. Lógico, ¿verdad? Pero que no caduque en fechas próximas.

Para emociones fuertes las de esta última noche y mañana que acaban de pasar. Con el viaje confirmado desde los días previos a las Navidades con salida el 2 de febrero, la documentación enviada a las organizaciones de las carreras , el 31 de enero hice la maleta y me subía al primer avión: Bilbao-Madrid. Primera etapa cubierta. Un día después tendría lugar la presentación del Movistar, idóneo para enganchar el viaje, pues el vuelo a Doha sale desde Barajas, con la presentación y así tener tiempo para descansar la mañana del 2 de febrero antes de las casi siete horas que esperan de avión. ¿Tranquila he dicho? Qué feliz me las prometía.

21:45 de la noche del 1 de febrero, el teléfono móvil avisa de un nuevo correo en mi bandeja de entrada. El remitente, Thomas Cariou, jefe de prensa de A.S.O y responsable de comunicación del Tour de Qatar y el Tour de Omán. A saber: “Hola Ainara, acabo de recibir un mensaje de las autoridades de Omán que me dicen que tu pasaporte llega a expiración en menos de 6 meses de tu llegada al país, que es lo que piden para entrar. ¿Has hecho ya un nuevo pasaporte?”. Mi pasaporte caduca el 6 de julio de 2012, es decir, que para el Tour de Qatar, que entramos esta noche del 2 de febrero no tengo problemas pero para Omán, a donde volamos directos desde Doha el 13 de febrero, sí. No puedo entrar por siete días aunque mi pasaporte no esté caducado. Los sudores fríos y los nervios afloraron en cuestión de segundos. ¿Y qué hago yo ahora, a las diez de la noche anterior a volar?
Unas cuantas llamadas al 091 (magnífica la atención, el personal amable y más que disponible) y a la terminal 4 de Barajas desde la que tengo que salir me certifican que en el mismo aeropuerto me pueden hacer un pasaporte de urgencia, pero que caduca a los 6 meses…a contar desde el 2 de febrero. Vamos, el mismo problema que con el documento que ahora tengo en mis manos. Solo me queda, pues, aferrarme a la suerte o a la bondad de las personas (yo siempre prefiero creer en lo segundo antes que en el azar). A las ocho y media de la mañana de hoy, 2 de febrero, me voy a la comisaría más cercana en el centro de Madrid a ver si con mi cara de susto y pena mezclados con el pavor de mis ojos ante la incredulidad de lo que me esta pasando, se apiadan de mi y me hacen un pasaporte al momento.

Al llegar, comisaría aún cerrada pues no abren hasta las nueve un cartel avisa: “No se atiende sin cita previa”. Gracias por bajar aun más los ánimos y meter más miedo en el cuerpo. Hacia las nueve menos cuarto la acera se empieza a llenar de gente que viene a renovar sus DNI y pasaporte. Todos, claro, con cita solicitada. Les explico mi problema y sus ojos son delatores. Aunque no me lo digan, con la mirada me avisan de que sin concertar hora, difícil. “Vendrás con fotos recientes, ¿verdad?”. ¡¡LAS FOTOS!!

“Tranquila. Mira siguiendo esta acera hay un ‘Fotoprix’ abierto las 24 horas, ve que aún tienes tiempo y te las hacen al momento”, me informan. A todo correr (al menos he entrado en calor) me acerco, me hacen las fotos y, a la hora de pagar yo, que no soy de Bilbao pero lo parecía, le saco mi billete de 50 euros a la fotógrafa, estupefacta, que no tiene cambios ni admite pagos con tarjeta. “Aquí al lado tienes un Banco Santander”. Nueve menos diez de la mañana. A correr a la casa de Emilio Botín que, por sacar 20 euritos me ha cobrado la friolera de 2.40 euros de comisión.

Con las fotos en la mano (horribles, claro, ¡vaya careto que tengo!) vuelvo a la puerta de la comisaría, que ya casi ni se aprecia pues se ha llenado de gente, pero mi hueco, de los que me explicaban antes que necesitaba instantáneas, me lo guardan. A las nueve se abre y desde la calle solo se permite la entrada las 12 personas que tienen concertada la hora. Con todos dentro, empiezo a explicar mi situación y me dejan pasar. Bueno, al menos estoy calentita aquí dentro.

El jefe, la recepcionista, el policía vigilante de la entrada. Todos me escuchan mirándome con resignación. “Aquí sin cita no puedes hacer nada”. Casi me hecho a llorar. “Pero espera a que se quede una mesa libre, que si no se saltan los servidores, enseguida la habrá y pasas. Pero solo cuando una persona esté libre y no haya nadie esperando”, me remarcan. Alguno de los que antes había escuchado lo que me sucedía mientras esperábamos a que abrieran la comisaría estaba dispuesto a cederme el turno. “¡PERO LUEGO USTED LO PIERDE”, le recuerda el jefe de la comisaría. Lo que me faltaba, encima esta perdiendo los estribos y así no voy a ninguna parte, ¡que lo necesito contento, no como enemigo!

A los veinte minutos (a mi se me ha hecho una eternidad) no hay cola y una trabajadora queda libre. Me siento, casi sin tocar la silla por si acaso se rompe. Ya la hemos liado bastante. Me pide el DNI, una firma y, al abrir el sistema, me dice que se ha bloqueado. Venga, ¿Qué más me puede pasar? “Pero esto vuelve a funcionar enseguida, ¿no?”. Ella ni me responde. Vamos hombre, hemos llegado hasta aquí…¡no puede ser, ahora no! ¡¡No me falles, sistema!! A los cinco minutos (otra vez sudores fríos, una eternidad que ha pasado y los nervios dueños de mi cuerpo, el ordenador le deja acceder a hacerme el pasaporte nuevo.

Y llega la hora de pagar. 25 euros. Y yo con mi billete de 50 aún sin cambiar. “¿No hace falta que sea justo no?” El jefe de la comisaría me vuelve a mirar de arriba a abajo. “Bueno, cambios tenemos, tan duros no nos vamos a poner”. Hecho. Corte al antiguo para certificar que ya no es válido y me hacen pasar a otra sala y a los cinco minutos ahí esta mi nuevo pasaporte, con una foto desastrosa pero que no caduca hasta el 2 de febrero del 2017. Automáticamente le hago una foto con el teléfono y se la mando a Thomas para que lo remita a las autoridades de Omán.

¿Me dejarán entrar? Lo desconozco. En teoría ya no debería tener problemas y espero que no se pongan minuciosos con el hecho de que esté expeditado hace apenas unas horas y sea otro que no he mandado cuando la organización de la carrera me lo solicitó en diciembre. Empezamos la temporada con emociones fuertes. Ahora, que ya he dejado de temblar, voy a terminar de cerrar la maleta y encaminarme hacia el aeropuerto.

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