Buenas tardes a todos desde la calurosa Lorca. Hoy ni nos hemos atrevido a salir de la sala de prensa, porque fuera hace un calor “que te toras”, como diría el bueno de Héctor Gónzález, del Heraklion Castro-Murcia. Hemos tenido una jornada maratoniana de las gordas. Mejor dicho, “taponada” es la expresión. A las diez y media de la mañana tenía a Sabine Jacob puntual, que para algo es alemana, en la puerta de mi hotel en Monachil -que al final llegué, por otro camino de cabras y las tantas de la noche- para recogerme a mi y a Domingo García y ponernos rápidamente de camino a Guadix. Maletas al coche –que yo no sé cómo lo hago pero cada día pesa más y aún no he comprado ni un miserable regalito para mi madre- y hemos emprendido el descenso camino de Granada primero y después, a la autovía de Murcia con desvío en Guadix. Y nada más cogerla…¡ATASCO EN LA GENERAL! Y de los gordos además. Las obras habían dejado habilitado tan solo un carril y todos teníamos que pasar por ahí.
A la circulación habitual se han añadido todos los coches de la organización y varios equipos, pues la mayoría de nosotros dormíamos en Granada o, como era mi caso en las inmediaciones. Total que un avanza-para de esos agónicos, una muerte lenta en toda regla hasta que Sabine ha dicho basta, ha cogido su mapa y al momento ha encontrado un atajo que nos llevaba a la salida. Por ahí, de lejos hemos visto al HTC-Columbia, y para allá que nos hemos ido, más seguros de nosotros mismos que nunca, ya que uno de los equipos había tomado la alternativa.
Alternativa de cabras. Estamos por la labor de los ‘caminachos’ estos días. 13 kilómetros detrás de un autobús, entre curvas cerradas y un paisaje que más parecía que estábamos en el Gran Cañón del Río Colorado que en Andalucía, precioso por otra parte, todo hay que decirlo.
El caso es que al fin hemos llegado a la salida, por detrás aun quedaban equipos que se han quedado sin firmar y contentos de haber llegado a tiempo. Media hora, como mucho habremos estado en Guadix, una pena, pues la zona del control de firmas era realmente preciosa. De ahí, Domingo y yo nos hemos subido al coche de Fernando Llamas, el compañero de EL MUNDO, para ir hasta Lorca. ¡VAYA VIAJECITO! Por suerte, entre risas, bromas y demás, hemos conseguido hacerlo ameno, pero hemos tenido que soportar un atasco tremendo en plena A92. Interminable.
Entre esas risas, Llamas nos ha contado una anécdota que le sucedió hace unos días cuando estábamos en la salida de Marbella. Estaba él esperando a que salieran los corredores, con la puerta de su coche, un golf blanco, abierta y apoyado en la misma, y le vino un guiri “de color rojo quisquilla”, nos ha apuntillado entre las carcajadas de Domingo y mías, pidiéndole que le llevará a cierto destino. El personaje en cuestión se habían creído que Fernando era taxista y le insitía una y otra vez en que le tenía que llevar. Hasta cabreado por momentos porque no le llevaba, nos contaba con toda la naturalidad que le caracteriza a Llamas.
Al final le hizo entrar en razón y hacerle creer la evidencia, que no era taxista. “Haberle llevado y le clavabas 20 euros de viaje”, le hemos dicho nosotros. Pero nada, tiene muy buen corazón. En la foto podéis ver el “taxi” de Llamas con el que nos hemos ido hasta la meta de Lorca.
Aquí, desde donde os escribo ha ganado Tyler Farrar con una evidencia clara, que hoy a Cavendish le han faltado los lanzadores y los ha echado muchísimo de menos. Hasta ahora no había sido así, las dos últimas etapas que ganó en el Tour fue sin Renshaw, pero tenía sal resto de compañeros al cien por cien, cosa que aquí no tiene y necesita porque con ellos no tendría que haber lanzado el sprint desde tan lejos.
Ahora, otro viajecito largo, hasta Murcia. Lo bueno, que dormimos allí dos días. Un auténtico privilegio