“Sin chauvinismo, esto es ciclismo. ¿Os imagináis a Hamilton esperando a Alonso porque pincha? Venga ya”. Hoy quería empezar la entrada diaria de este blog con la opinión ‘robada’ a un compañero y amigo, Heri Frade, a quien todos los días podéis escuchar a pie de carretera en la Cadena SER, dándole todo mi beneplácito a sus palabras, nunca mejor comparadas. Esa situación, la de Hamilton pisando el freno para esperar a Fernando Alonso nos parecería ridícula, vergonzosa y cuanto menos esperpéntica. ¿Por que entonces nos escandalizamos con el ataque sin mirar atrás de Contador en el Balés? Simplemente, Contador ha hecho lo que tenía que hacer. Y no tiene que poner excusas ni buscar motivos del estilo “no he visto el problema mecánico que tenía”, como ha repetido una y otra vez en meta. A su máximo rival se le ha salido la cadena, él ha atacado y Andy no le podía seguir por la avería. Así de sencillo. Las circunstancias de carrera son las que son, un día le puede pasar a uno y otro día a otro, y cabe recordar que Andy Schleck ha vestido el amarillo y está en carrera gracias, en buena parte, a que Contador le perdonó la vida camino de Spa.
Luego desde fuera es muy fácil hablar, como lo ha hecho Lance Armstrong, que él no lo hubiera hecho, que “Contador ataca cuando Andy tiene problemas y eso no es correcto”. Hay que verse en la situación, vivirla y por supuesto aprovecharla. Alberto ha hecho lo correcto. Que lo haya visto o no es otro asunto, pero que se haya aprovechado de una circunstancia ajena a la carrera es lo correcto. Él no lo ha provocado, ha sido cuestión de mala suerte, como mala fortuna era que le había pillado totalmente desprevenido el ataque de Andy previo al desastre de la cadena, pues estaba retrasadísimo. Pero la suerte le ha sonreído al reponerse y a la vez, producirse la avería del luxemburgués.
Hace un par de semana criticábamos al madrileño por su falta de garra, de ganas por ganar este Tour después de haber provocado el parón en Spa y dejar que Andy Schleck se reenganchara al pelotón y no perdiera sus opciones en este Tour. Allí no tuvo ambición, se olvidó de la carrera por mantener en carrera a su máximo rival y entonces lo criticamos. Ahora que lo ha hecho ¿también le vamos a sepultar? Además, cabe matizar que son bien distintas las situaciones. Lo de Spa fue una carretera peligrosa y con un sinfín de caídas en la primera semana de carrera con todo el Tour por delante. Aquí estamos ya en la tercera y crucial semana, en plenos Pirineos, con 31 segundos de diferencia entre los dos favoritos que ya han destapado sus cartas para una general que queda reducida a ambos. Una avería mecánica no es lo mismo que una carretera en mal estado, que perjudicaba a todos -incluso al propio Contador, que también se fue al suelo varias veces- .
¿Lo ha visto o no a Andy Schleck con la cadena fuera de su engranaje natural? Las imágenes parecen mostrar bien claro que cuando Contador le supera Andy lleva un ritmo demasiado lento como para ser normal en él y que solo puede ser provocado por alguna avería de este tipo. En cualquier caso, Alberto no tiene que poner justificaciones, ha hecho lo que debía: asestar el primer golpe a la clasificación general, lanzarse a por el Tour de Francia empezando desde ya, liderando la clasificación general.
Una general que, mucho me temo, no va a tener grandes variaciones al menos en los dos primeros puestos. Difícil, casi imposible parece que Contador vaya a soltarlo ya con lo que queda, una etapa, la de mañana, con Tourmalet y Aubisque de salida, perfecta para las fugas y no para los hombres de la general, la llegada a Pau y el Tourmalet. Ésta última le favorece mucho más a Contador que a Andy Schleck y sobre todo la crono, la que todos echábamos cuenta que iba a terminar por tumbar al luxemburgués. Al final ha sido antes. Yo, personalmente, apostaba que, del Tourmalet, Alberto bajaría ya vestido de amarillo pero realmente no me esperaba que fuera tan pronto. Simple y llanamente ha sido porque ha hecho lo que tenía que hacer: ganar el Tour aprovechándose de sus piernas, de sus ataques, de su condición superior y de circunstancias que a cualquiera le pueden pasar.