Se acaban los calificativos ante la ‘escenita’ que nos han regalado Carlos Barredo y Rui Costa el término de la sexta etapa del Tour de Francia. Ya que los ciclistas no le ponen emoción a las largas etapas con final cantado al sprint, pues se lo dan sin bicicletas, pero con ruedas de por medio, eso sí. Y puñetazos. No se ha visto ante las cámaras pero sí que había algunas filmando y podéis ver el vídeo, si es que no lo habéis hecho aún. No hace falta ni pediros que juzguéis, imagino que en esto estaremos todos de acuerdo que es inadmisible y vergonzoso. Por lo contado, parece se que Rui Costa ha dado un codazo a Carlos Barredo en los últimos 25 kilómetros de la etapa y el asturiano ha guardado la furia hasta el final para bajarse de la bicicleta con una rueda en la mano y encararse con él provisto de su “escudo” particular que no ha dudado en lanzárselo a la cara. El portugués tampoco se ha quedado quieto. No se necesitaban más ingredientes para cocinar una buena pelea entre ambos, que no ha parado si no llega a ser porque varios auxiliares de otros equipos y periodistas que estaban en la zona de meta los han separado.
No tiene justificación por ninguna de las partes. Un codazo no puede ser el detonante de semejante espectáculo. Os puedo asegurar de buena gana que ambos son grandísimas personas. Rui Costa es un chaval tranquilísimo, casi siempre con una sonrisa en la boca. Me cuesta horrores creer que el portugués, casi imperturbable, calmadísimo, muy manso sea protagonista de esto. Por la otra parte, Barredo es más enérgico, pero no tanto como para llegar a este tipo de situaciones. El calor del ambiente, los humos y el ánimo caldeado han hecho el resto. Un calentón en toda regla, vamos, que los ha sacado a ambos de órbita, porque para nada forma parte de la personalidad ni de uno ni de otro.
La organización ha decidido multarles con 200 francos suizos, lo que vienen a ser unos 149 euros. Con pena tengo que decir que ambos se merecen sin ningún tipo de objeción la expulsión inmediata de la carrera. No solo por el lamentable espectáculo que han montado si no por el ejemplo que dan. El precio por pegarse en carrera no es nada caro.
Hablando de cosas más alegres, hoy hemos vivido la segunda victoria de Mark Cavendish en este Tour. Ya esta de vuelta. Demostrado. Todo indicaba que repetiría victoria y no han fallado las predicciones. Es el más fuerte y su equipo es el más fuerte. Hoy ha sido una de esas grandes tardes de Cavendish, que seguramente no será la última, vistas las penurias por las que está pasando McEwen, que ya se cae hasta cuando acaban las etapas el pobre, que Farrar parece que no recupera del mortífero paso por el pavés y las cotas tras sus incidentes y, sobre todo, por el golpe de moral que supone vencer en dos sprints después de todas las penurias que ha pasado Cavendish.
¿Freire? No lo hemos mencionado en ninguna de las volatas que se han vivido, pero es que ni siquiera se le ha visto. El primer día tuvo mala suerte con la caída pero ¿y el resto? Apenas aparece en los puestos cabeceros. Cerrado, solo….lo de siempre. Pero lo de siempre le sigue dejando sin oler los triunfos.
Y para todo esto hemos tenido que esperar ¡227 kilómetros! ¿No os parece excesivo? Para todos, me refiero, no solo para el aficionado de a pie. Jornadas maratonianas para los directores, para los ciclistas, para los auxiliares…y total para acabar como todos sabíamos y sin que nada más sucediera a lo largo de una kilometrada tan grande. Desgaste, calor y aburrimiento. Ningún aspecto positivo. Yo, sinceramente, no le veo ningún sentido a meter etapas tan largas. Estoy de acuerdo en que todos los corredores que están en el Tour merecen sus oportunidades: los escaladores, los contrarrelojistas, los aventureros y los sprinters, pero para eso no se necesita poner etapas tan largas y soporíferas.
Porque sucede lo de hoy: el pelotón deja marchar a tres corredores a las primeras de cambio porque no quiere pelear por la etapa hasta la parte final, éstos tres “suicidas” de turno cogen una renta justa y necesaria para sobrevivir hasta que los equipos de los velocistas lo permitan, que no es hasta los últimos 20 kilómetros. Hasta entonces nada. Baja el ritmo, tranquilidad, siesta para el aficionado o cambios de canal en la televisión durante la retransmisión, se acumula retraso, se llega más tarde…Y todo, reitero, para que suceda lo mismo que si ponemos una etapa de 150 kilómetros. Esto, en pleno mes de julio, que hace buen tiempo y que mucha gente está de vacaciones hace que dificulte enganchar a los aficionados al ciclismo. Ya llegarán las buenas etapas, estoy de acuerdo, pero para estas hay que buscar algún tipo de aliciente que obligue al espectador a estar pendiente de la etapa. Queremos más seguimiento del ciclismo por parte de los grandes medios de comunicación pero nos olvidamos de que eso es recíproco. Cuanta más demanda, más oferta. Y con este tipo de etapas, los único que se consigue es disminuir la demanda.