“Es criticar a Cavendish en el blog y empezar a ganar”, me decía esta tarde un buen amigo al que aprovecho para mandar desde aquí un caluroso abrazo esperando que recupere esos problemas de espalda pronto. Pues sí, arte de magia, reacción….llamarlo como queráis, pero no era muy difícil predecir que la respuesta, la resurrección, el regreso de Cavendish estaba cerca. Ya lo comentábamos ayer, que lo del año pasado no fue flor de un día. No se ganan seis etapas así como así, de la nada. Y no solo en el Tour, si no en el resto de carreras donde estaba apabullaba a sus rivales en los sprints. Todos tenemos malas rachas, situaciones adversas, momentos en los que se juntan un sinfín de problemas que se presentan como montañas difíciles de superar -que ya sabéis que Cavendish, las dificultades orográficas le cuesta superarlas también en las etapas-. Eso es lo que le ha pasado.
Y bravo por él, porque ya está de vuelta y ha resurgido de sí mismo aguantando todas las críticas que le han venido encima, que no han sido pocas. Pasándolo muy, pero que muy mal después de un inicio tan aciago y una victoria, la de su estreno, tardía, como lo fue la de la Volta a Catalunya. Aquello fue una liberación. “Necesitaba ganar”, decía entonces. Es un auténtico adicto a la victoria, especialmente cuando sabe que puede, cuando es plenamente consciente de que y su equipo son los más fuertes. En Reims, donde le batió Petacchi una de esas dos partes le falló: él. Sus compañeros actuaron a la perfección, tanto como hoy, pero le faltaron unas fuerzas, como se pudo ver en el sprint final, donde acabó reventando y dejando la victoria a Petacchi. Hoy todo ha cambiado. Fuerza, velocidad y, de nuevo, unos lanzadores inmejorables.
Es cierto que más de media victoria de hoy pertenece a Mark Renshaw. Su excelente colocación y la forma en la que ha hecho progresar a Cavendish en los 300 metros finales ha sido de libro. El resto de sprinters deberían empezar a plantearse tomar la rueda de éste y no de Cavendish si quieren batirle.
¿Y qué me decís del emocionante y enternecedor momento del podium? Eso sí que es una liberación de sentimientos en toda regla. La demostración de que hasta los tipos más duros también se emocionan y lloran. Esta victoria es el final de un camino duro y difícil para Cavendish. Lleno de incertidumbres y contratiempos. Por fin ve la luz, lo que es una gran noticia. Difícil parece que vuelva a conseguir la gesta del pasado año con sus seis triunfos de etapa, al menos así las volatas estarán interesantes, pero lo que está claro es que, con este triunfo, Cavendish gana en moral y da un fuerte golpe en la mesa ante sus rivales. Puñetazo que dice algo así como: “estoy aquí, no os olvidéis de mi porque sigo siendo rápido”. Una victoria que, se puede decir claramente, tiene más importancia en el aspecto moral que en el plano de su carrera deportiva o de relleno de palmarés.