Dopaje. Redadas. Sanciones. Castigos. Sospechas. Positivos. EPO. Horribles palabras que muchas, demasiadas veces vienen ligadas al ciclismo y que nos minan la moral, que alejan a la afición y sepultan la credibilidad del deporte. Palabras que nos hacen dudar de este amor tan loco y a veces inexplicable por las bicicleta. Palabras que hacen que un padre le diga a su hijo q
ue coja un balón de fútbol antes que ser ciclista. Palabras éstas que ponen en tela de juicio nuestra pasión, que nos hacen tambalearnos. Y de repente llegan días como los de hoy. Épicos. Históricas jornadas que nos hacen recordar y caer en la cuenta por qué nos gusta el ciclismo, la agonía de los corredores, el sabor de la victoria peleada y ganada con merecimiento y el orgullo de la derrota. Espectáculo puro el que hemos vivido hoy en el Giro de Italia y etapa como pocas veces se ven en una gran vuelta y menos en su séptima etapa. Para enmarcar.
Muchas han sido las voces que han salido en contra del recorrido que la organización había preparado para esta etapa. Demasiado dura y salvaje, sí, no hay duda, arriesgada incluso para los corredores que apenas podían ver por el barro que se les colaba entre los ojos, el mismo Vinokourov lo ha reconocido. Peligrosa no solo por eso, entre el barro y la carretera mojada el riesgo era grandísimo, pero no voy a ser yo quien secunde esas críticas. La etapa que hemos vivido hoy formará parte de los anales del ciclismo gracias, precisamente al recorrido. Sin los tramos de arena también Vincenzo Nibali y Carlos Sastre, Ivan Basso y Valerio Agnoli se hubieran caído. Ése ha sido el punto decisivo de la carrera, no los sectores de arena.
Un diez a la organización del Giro, por mi parte, que por cierto no es tonta, y sabías perfectamente los riesgos que traía esta etapa si llegaba con el aliciente de la lluvia como así ha sido, pero tenía muy claro el tanto que podían anotarse y así ha sido. Nadie sabe qué pasará de aquí en adelante y lo que darán de sí las etapas montañosas -seguro que mucho juego- pero esta etapa será recordaba como una de las más espectaculares, no solo del Giro de Italia, si no de las tres grandes vueltas de la temporada. ¿Toda la gente que hoy critica a la etapa me dirá que no ha disfrutado con el espectáculo que nos ha dado? Esto es ciclismo, esto es épica, este es el deporte que amamos y que se hace grande con días como el de hoy.
Por su puesto que, un recorrido tan espectacular no hubiera sido nada sin la lluvia, condicionante a la postre decisivo, y los corredores que lo han endurecido. No sé por donde empezar sin olvidarme de ninguno.
Por Cadel Evans. Bravo. El más fuerte hoy y los anteriores siete días. Ha tenido suerte de no pillar la caída de Nibali y después poco le ha costado coger a Vinokourov, esperar a que el kazajo se desinflara con los ataques que ha realizado y con un poderoso sprint llevarse la victoria. Sinceramente, yo no apostaba por que ganara con su carácter poco atacante que, por suerte para todos, está cambiando. Confiaba más en Cunego, viendo que llegaban todos juntos y teniendo en cuenta la velocidad del italiano, superior a la de ambos. Pero el de al Lampre ha sucumbido ante el sprint de Evans. Apuesta arriesgada la del australiano pero le ha salido bien. Poderoso.
Vinokourov por su parte ha sido más querer que poder. Ya en los últimos kilómetros se le veía flaquear de fuerzas, iba justo justo, aunque se camuflaba con el barro que le cubría la cara. Poco ha tardado en materializar esas sensaciones. No me quiero olvidar de David Arroyo. Ovación tremenda se merece el talaverano por su aguante desde que ha cogido a Evans y Vinokourov. Se le veía que iba justo, más que al líder del Astana y poco podía hacer frente a los dos compañeros, malísimos para intentar acabar triunfante. Era prácticamente impensable pero el Arroyo ha aguan
tado hasta los últimos metros cuando Evans ha cambiado el ritmo de forma heroica.
Aplauso también por mi parte para el hasta hoy líder Vincenzo Nibali. La desafortunada caída y el feísimo gesto de Gerdemann acelerando el paso cuando se ha producido el incidente le ha dejado muerto al joven italiano pero se ha defendido con honor y no ha tirado la toalla. Tan feo gesto el de Gerdemann como bonito el de Vinokourov de querer pararle para esperar a que Nibali y Basso se engancharan a la cabeza y luchar en igualdad de condiciones. Demasiado retardo llevaban y la velocidad de la carrera ha dejado a ‘Vino’ inmerso por la lucha de la etapa así que poco más podía hacer, muy caballeroso de todas formas.
Nibali ha cedido el rosa con orgullo y peleando hasta el final. Una vez que se ha quedado retrasado no se ha rendido y, aunque con miedo al principio, se le veía rodar mucho más lento no se ha entregado. Igual que Michele Scarponi, otro de los que hoy merece mención especial. El del Androni se ha caído con Nibali y Basso y se ha marchado solo en busca de recuperar el tiempo. Menuda cara la que llevaba, borrada totalmente por el barro, casi inmóvil sobre la bicicleta. Impresionante. Un héroe.
En la parte final Nibali se ha olvidado de su liderato, que volaba ya en manos de Vinokourov para tirar de Basso y llegar a descolgarle. En las bajadas sabemos que el varesino es poco hábil y era lógico que Nibali acabara sacándole unos metros, pero es que hasta en el Poggio Civitavella le ha llegado a soltar y se ha visto obligado a tirar de freno y esperarle. Veremos lo que pasa en la montaña pero malas sensaciones ha dejado hoy Basso. Peor que él estará a buen seguro Carlos Sastre, que se ha dejado cinco minutos y se ha llevado otro golpe, otro más en la espalda. Al abulense no le están saliendo bien las cosas pero queda mucho Giro, recordemos que todavía no han llegado los puertos de montaña, que por cierto mañana viene el primero después de los esfuerzos de hoy y miren todo lo que ha pasado gracias, en gran parte, a los bonitos recorridos que RCS tenía escondidos para esta primera semana vibrante y llena de espectáculo como el de hoy. Todo un acierto