Buenos días a todos. No os podéis imaginar el cansancio que acumulamos ayer tras la etapa, por es
o no me pasé por aquí para contaros el día…ni siquiera me quedé un rato leyendo antes de dormir a Carlos Ruiz Zafón, y eso que me está enganchando “La sombra del viento”. Total que ayer, ni picaba para arriba la llegada ni tenía desnivel…el pobre Manuel Cardoso, confiado el dia anterior en que podría bator a Mark Cavendish porque el final se adecuaba mejor a sus caracteristicas y al final el portugués se quedó con cara de póker cuando vio la meta. Menos mal que la carrera tenía cuatro pasos previos al final y todos los corredores pudieron verla antes de preparar el sprint.
De poco les sirvió, todo sea dicho porque el dominio del HTC-Columbia fue enorme. Solo dejaron por un momento al Lampre que cogiera las riendas del pelotón en favor de su sprinter Angelo Furlan. Unos segundos, porque enseguida ellos volvieron a colocarse al frente para intimidar a todos los posibles rivales de Cavendish en el sprint. Si es que había alguno, porque el inglés se mostró intratable, como en sus grandes días, aquellos en los que parece que gana casi escapado de la enorme diferencia que saca al segundo, ayer Juan José Haedo.
“¡Que Cavendish no está bien, que hoy le puedes ganar!” le decíamos a Aitor Galdós, el sprinter del Euskaltel, por la mañana. No estaba muy confiado y razón no le faltaba. Buen cabreo se cogió después el velocista del Columbia cuando un periodista le lanzó en la rueda de prensa posterior a su triunfo un “¿Era una victoria esperada, después de tanto tiempo sin ganar”. Serio y cortante, le atravesó con la mirada y le dijo: “He ganado seis etapas en el Tour de Francia, no tengo nada que demostrar”. En parte tiene razón, pero cuando uno se pone el listón tan alto siempre hay un punto mayor de presión, no solo del equipo, si no a nivel mediático, del entorno y hasta de uno mismo. Cavendish siempre, desde la Vuelta a Andalucía donde debutó, se ha mostraod muy confiado en sí mismo y sobre todo, tranquilo, pero un sprinter, como un goleador necesita marca goles, ganar.
Por mi parte, ayer después de despertarme en Lloret de Mar pusimos rumbo a la salida, junto a la fotógrafa alemana Sabine Jacob que ya tenía controlados todos los puntos en los que podíamos ver la carrera. Yo, sinceramente, pensaba que nos íbamos a perder o que a alguno no llegabámos. Pues nada, acabamos pasando por todos, aunque en uno con alguna que otra bronca porque un señor se renegaba a arrimarse a la derecha para dejarnos pasar. “¿Qué os creéis, que soy Dios? Llevo aquí más de media hor aparado con la carrera!” Así de simpático.
Tras la victoria de Cavendish y de terminar el trabajo del día, Sabine y yo volvimos a Lloret de Mar, pasando por Girona. Cometimos el error de meternos en la ciudad, vernos obligadas a cruzarla entera y después dimos una vuelta de más por confundirnos de carretera. Pero llegamos y, aunque un poco tarde, ayer tampoco faltó el cola cao. Hoy toca “madrugar” a pesar de que la salida es a las doce de la mañana, pero nos toca un largo desplazamiento, así que, si me lo permitís, me voy a desayunar, “que tengo un hambre que me comería un caballo”, dice el motorista de Rafa Gómez, nuestro fotógrafo. ¡Yo estoy exactamente igual!