Buenas noches a todos desde Como. ¿Os suena raro? A mi también. No recuerdo si ayer os dije, que mi hotel estaba en Giussano… y al final, el techo que me cobija en estos momentos no es precisamente en esa localidad. ¿Qué cómo he llegado hasta aquí? Os cuento…
De primeras, comentaros que el viaje hasta Milán ha sido placentero, un poco largo especialmente hasta Madrid, cada vez se me hace más eterno bajar hasta la capital, y eso que antes se me pasaban volando las horas de viaje, pero las últimas veces se me está atragantando un poco. Desde allí hasta Barajas, avión y, con un poquito de adelanto con respecto al horario previsto, no por la organización, si no por el vuelo programado, he tocado suelo italiano.
Aquí me esperaba ya una gran amiga, Bea, con la que compartiré estos días mundiales. Venía con los deberes hechos. El coche cogido, fruta y un mapa de carreteras. ¿Para qué queremos nosotras un GPS si con el mapa, a la antigua, y nuestra mente poderosa e imaginativa a más no poder ya nos arreglamos? Y tanto que sí, pero primero había que coger el coche correcto, claro. Nada más salir del aeropuerto, Bea me ha presentado a “nuestro pequeño”, como ella lo ha llamado, un Toyota gris en el que había venido desde Milán. Muy bonito y agradable. Abro el maletero no sin antes preguntarle: “¿Tu maleta está aquí, atrás, verdad?”, “Sí, sí”, ha respondido ella. Y, para mi sorpresa al abrir la puerta, el maletero estaba completamente vacío. “¿Te han robado sin forzar puerta ni nada?”, le pregunto alucinada, no menos que ella, claro, porque en ese momento se le ha cambiado la cara y ha abierto los ojos como platos mientras gritaba “¿dónde está mi maleta?”.
Diez segundos han tardado en acercarse una pareja de señores, con cara de susto,
más que la de Bea, y educadamente nos han preguntado qué es lo que estábamos buscando en su coche. “¿Vuestro?”. Pues sí, resulta que el Toyota era de ellos, que se lo habían dejado abierto y el de al lado, un Opel Corsa también de color gris, el nuestro. Mientras los señores no daban crédito nosotras nos hemos tirado al suelo sin poder parar de reír. Al darse la vuelta y presionar el mando se han abierto las puertas del que era nuestro verdadero coche y los señores han acabado comprendiendo el malentendido. El hombre se ha llevado una buena bronca de su mujer por haberse dejado las puertas abiertas.
De ahí, todavía con dolor de tripa de la risa, nos hemos encaminado a Como, donde se albergaba la selección española. Solo por hoy, como bien habéis podido leer en nuestra web, porque el equipo que disputará la prueba en ruta dormirá en Lugano. Pero, por el momento, Iván Gutiérrez y Juanjo Cobo se hospedan aquí. Hemos charlado un rato con Ivan, antes de que se fuera a dormir, en la entrevista que ya podéis ver en nuestra página. Deciros que tenía un semblante serio, concentrado y, afronta la contrarreloj con una enorme seguridad en sí mismo.
A todo esto, ya eran las diez y media de la noche, ¡y nosotras sin encontrar ni saber dónde estaba nuestro hotel de Giussano! Así que después de una breve charla con la gente que ya ha llegado a Italia hemos vuelto a coger el volante de nuestro Corsa, sin confundirnos esta vez de coche y nos hemos puesto en “búsqueda y captura”, así literalmente lo hemos dicho, de nuestro hotel. Entre salir del pueblo, pasar las carreteras secundarias, salir a la autovía y ver la primera indicación al hotel ha pasado más de una hora, pero lo peor de todo ha sido que, por muchas salidas que veíamos indicándonos nuestro alojamiento, no lográbamos dar con él. Nos hemos pasado un buen tiempo dando vueltas, saliendo y entrando de la autovía, girando sobre nosotras mismas en las rotondas sin sabe qué salida coger. Éramos las chicas-peonza.
“¿Y si volvemos a Como y dormimos hoy en el hotel de la Selección?”, hemos propuesto. Automáticamente hemos llamado a Chema del Olmo, compañero de Onda Cero, que ya está hospedado aquí. Después de levantarle de la cama, nos ha informado de que todavía había habitaciones libres (vayan ustedes a saber si se lo ha inventado o lo ha comprobado de verdad, porque estaba medio dormido). Así que, en poco tiempo hemos vuelto al hotel de la Selección y a la habitación, con una cara de cansancio que no podemos con ella. Mañana nos tocará, además, madrugar para llegar hasta Mendrisio, puesto que, desde aquí, las carreteras son bastante estrechas y tenemos que ubicar nuestras posiciones, el circuito y todos los diferentes puestos. Lo que sí es seguro es que mañana no nos perderemos. ¿Dónde dormiremos? Eso ya es una incógnita.