Será el desierto, que como es siempre un eterno divagar por un paisaje calcado te hace sentirte extraña. Que caminas pero no avanzas. Así íbamos esta mañana, o mediodía mejor dicho, camino de Sierra Nevada. “Esto es un pedazo de África en España”, decía un compañero. Vaya razón que tenía. Lo único que lo diferenciaba era el repentino aparecer de los característicos invernaderos almerienses. Con el calor que he pasado yo en la salida de Berja como para soportar esa crueldad. Por que sí, en efecto, al final he conseguido engañar a alguien para ir a la salida. Llevo algo más de una semana de carrera y voy a acabar por revolucionar los calendarios de todos. Luego llega la noche y no tienen gas más que para ir a cenar…
El caso es que, con la baja de mis buenos colegas, Edu y Domingo, que han preferido asegurarse su llegada pronta a Sierra Nevada, he puesto rumbo a Berja junto a los compañeros de Reuters y de France Press, entre los que se encontraba nuestro fiel Joseba Etxaburu. Y digo lo de fiel en todos los sentidos, porque nos ofrece fotos instantáneas y no falla ningún día, aunque tenga el tobillo tocado. O caso con esguince, más bien. Y digo casi, porque si ni siquiera él lo sabe. Joseba hace de motorista para Reuters y su compañero fotógrafo, aunque a veces él también aprovecha para bajarse en algún punto de carrera y disparar alguna de sus maravillosas fotografías. En el alto de Velefique, poco antes de llegar los corredores paró unos metros después de la meta su moto para que el fotógrafo, Félix, se bajara y se posicionara con tan mala suerte que un niño pasó por delante en el mismo momento.
La pericia de Joseba hizo que al niño no le pasara nada, logró maniobrar a la perfección para que el pequeño fuera por otro sitio, pero, en ese giro se vio obligado a echar pie a tierra de forma extrema. Doblada, más bien. El resultado fue un dolor tremendo en ese instante, por mucho que él lo disimulara, y acabar el día cojeando. Esta mañana incluso ha empeorado un poco y sus compañeros le han obligado a tomarse unos anti-inflamatorios, por mucho que él los llamara “mariconadas”. Al final poco le han bajado el hinchazón y tampoco cambiaba la cara. Como siempre, sonrisa de oreja a oreja. “¿Qué tal estás Joseba?”. Se lo he preguntado una media docena de veces durante el día. “Bien”, respondía con una alegre mueca. Es más duro que una piedra. O que un ciclista. Se nota que ha convivido mucho tiempo con ellos.
Seguro que, hasta que no tenga el pie colgando o con chorros de sangre no se va a dignar a aparecer por las urgencias de un hospital o darse un día de descanso merecido, y eso que se lo hemos repetido veces, pero nada. Incluso hasta Berja se ha marchado llevando él la moto. Dice que así no le duele el pie. Allí, en Berja y a cilindradas hemos dejado a Joseba y Félix, que iban con la misma carrera y el compañero de France Press y yo nos hemos adelantado un poco para ver la carrera antes de la meta. ¡Qué placer eso de conducir sin nadie por delante ni por detrás, sin coches de frente a pesar de andar por carreteras de doble sentido! Estoy por encima de la ley, decía mi acompañante del día.
Así hasta que hemos llegado, después de ver la carrera, a Granada. Fácil. Autovía después del desvío por la ruta alternativa. Pero no por sencillo nos h dejado de impresionar. Por lo menos a mí. No me extraña que el mismísimo Clint Eastwood eligiera este lugar para rodar películas del lejano oeste, porque si mando una de mis fotos a los amigos y les digo que estoy al otro lado del charco seguro que se lo creen. Avanzábamos sin avanzar. Habrán sido unos 100 kilómetros en los que a mi me ha dado la sensación de que no estábamos andando. Pronto hemos abandonado la autovía para entrar en Granada y ver con una lejana ojeada la Alhambra. ¡Qué preciosidad! Mañana me voy a levantar pronto para darme una vuelta por ahí, ya que si no, con el ajetreo diario no da tiempo a nada y éste es uno de esos sitios que resulta un paso obligado. Desde ahí nos quedaban unos 27 kilómetros, ¡ya está hecho! En menos de quince minutos estamos en meta. De eso nada. Nos ha costado casi una hora hacerlos, entre la subida a Monachil y la de Sierra Nevada. En total, desde Almería, habremos sumado más de 200 kilómetros hoy.
Cuando hemos salido del coche teníamos las piernas casi rotas y, yo particularmente la espalda hecha añicos. Entre unas cosa y otras nos hemos plantado a las cuatro de la tarde en la llegada así que un rápido reconocimiento y a ver los últimos kilómetros, otra vez con mucho que desear para lo que se prometía. Así que ya solo queda un cartucho, el de mañana en la Sierra de la Pandera. Esperemos que aporte el espectáculo que aún queda por ver. Pero eso será mañana, disfrutando además de una nueva compañía, la de mi amiga Bea que se ha acercado hoy a Sierra Nevada y mañana cogerá la cámara para acercarnos su visión de la Sierra de la Pandera. De momento ella ya está recargando pilas, las de la cámara no, porque esas ya las tiene preparadas. Duerme plácidamente. Lo mismo que debería hacer yo después de un día desubicado.